Por: Jani Dueñas

Cuando me hablan de líderes, en la primera persona que pienso es en mi padre, Abraham Dueñas, no sólo por el hecho de ser mi progenitor y guía en la vida; cuando lo nomino como mi líder es porque realmente lo era. Yo acudía a él ante cualquier cuestionamiento, sobre todo laboral. Él me ayudó a dibujar mi camino, a tomar decisiones para avanzar pero siempre haciéndome ver lo importante que era saber dónde quería llegar y quién quería ser. Mi viejo me enseñó a tomar decisiones con mesura, a ser cautelosa y, sobre todo, a ser libre. No recuerdo haber dado un paso sin preguntarle, desde 31 minutos, pasando por la radio o mis presentaciones en solitario.

Cuando me llamaron para el Festival de Viña iba por la calle y apenas corté, caí en cuenta de que mi líder ya no estaba. Efectivamente, mi viejo murió hace más de dos años, pero como que no sentí, hasta ese momento la sensación de estar sola frente a mi destino. Fue cómo “qué hago con esta decisión tan heavy”. Y me quedé paralizada un buen rato. No llamé a nadie hasta que me dije: “mi viejo, mi líder no está. Al parecer es la hora de que sea mi propia líder”. Pensé en que mi viejo estaría orgullosa de mí, donde sea que esté, y dije que sí, que aceptaría el desafío. Él me enseñó a tomar decisiones y gracias a él, hoy soy dueña de mi presente y futuro. Soy mi propia líder. Fue un momento triste pero fue bonito.

Luego, todos mis amigos son mis líderes, mis referentes… En general es gente muy creativa, muy estimulante con la que creamos círculos virtuosos, pero hay una gran líder en mi vida actual y creo que no lo sabe: la Paloma Salas.

Ella me dice incluso las cosas que no quiero escuchar, la que me para los carros cuando me estoy pasando a caca, cuando se me suben los humos a la cabeza o no me bajo del pony. La Paloma, con su inteligencia y sentido del humor infinito, me baja de un cachuchazo, me tira una talla o me mira con cara de pico. La Paloma me llama al orden y me hace volver a mi centro, a ser quien soy, a mi lugar. Y bueno, también es una líder negativa, sobre todo en el hueveo, pero la verdad es que me hace muy feliz contar con ella y sentir que puedo confiar ciegamente en lo que me dice, porque cuando habla, pese a que no me parezca lo que dice, sé que es una opinión que tengo que considerar y tener en cuenta porque la admiro y quiero mucho.