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Jani Dueñas tras el éxito de 31 minutos y el lanzamiento de su nueva música: “Si te va bien toda la vida, yo creo que uno no aprende nada”

La actriz, locutora y ahora música Jani Dueñas deja atrás los malos recuerdos de su famoso paso por Viña. Por estos días ha sido protagonista de amor y aplausos gracias a la presentación de 31 minutos -donde históricamente interpreta a Patana- en el Tiny Desk, lo que justo coincidió con el lanzamiento del nuevo single de su música en el proyecto llamado Sombra. "El éxito de ahora a mí me hace muy feliz, porque me pilla más grande y, precisamente por esos altibajos, me pilla más tranquila", dice.

Por 11 de Octubre de 2025
Felipe Figueroa
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Buena semana, ¿no?

–Una semana particular, digamos – dice Jani Dueñas- No sé si he tenido otra semana así en la vida (se ríe). Pero sí, buena, muy llena de amor sobre todo, que es lo más impactante. Abrumador también. Así que sí, contenta.

Jani Dueñas está sentada en el living de su casa en Providencia, donde recibe a The Clinic: arte en las paredes, vinilos en el mueble, libros por todos lados, un jardín verde que se cuela por las ventanas, y dos gatos -una regalona, una esquiva-, pululando alrededor.

No es una semana usual en la vida de la actriz y locutora: el lunes se estrenó el Tiny Desk de 31 Minutos, desde donde hace dos décadas y contando es la voz de Patana Tufillo Triviño, la protagonista femenina de los títeres chilenos -y la que trata a todos de “tíos”- y de Flor Bovina, la que habla con muñecas. Han sido días de explosión de aplausos, lágrimas y un Chile unido por ver a sus títeres preferidos en un escenario mundial.

Dueñas, sentada en primera fila, resaltó por ser ese elemento femenino en un club de Toby titiritero, su voz entrenada profesionalmente y por un desplante tiny-escénico de sonrisa constante.

Coincidió con que, al mismo tiempo, Jani Dueñas está lanzando estos días el nuevo single de su proyecto musical personal, Sombra, llamado “Para no regresar”. Es donde ha estado puesto su corazón en los últimos tres años, en hacer música; el segundo disco saldrá en noviembre, llamado “Hay que morir primero”: “Para mí tiene que ver con todas las muertes y renacimientos que he tenido. Y no quiero decir renacimiento como el Ave Fénix o como de la manera espiritual, budista, sino que es más como el Coyote, como el mono porfiado”, explica Dueñas.

Es una semana particular, claro que sí: quien fue una de las mujeres más pifiadas de Chile, tras un famoso fracaso en el Festival de Viña de 2019, está brillando con distintos proyectos. Se ve feliz. ¿A quién no le gusta una buena historia de redención?

Un tiny concierto de very big éxito

Partamos por orden: la semana pasada fueron a Washington con 31 minutos a grabar el Tiny Desk en NPR. Es rápido, entre que uno va y luego sale al aire.

–Hicimos un viaje muy muy flash. Viajamos un sábado en la noche, llegamos el domingo, ahí tuvimos como un reconocimiento del lugar, pero con suerte vimos el Capitolio. Al otro día, el lunes en la mañana, fue la grabación y al tiro al aeropuerto de vuelta. Yo me quedé unos días más en Nueva York, porque quise. En realidad los viajes con 31 minutos son así, uno va a hacer la pega y vuelve. Así que sabíamos que iba a ser muy intenso.

Lo lindo de ver, como espectadores, es cómo con 31 minutos está todo tan bien pensado. Lo que se ve sencillo lleva mucho trabajo técnico: los vestuarios, dónde estaban posicionados los personajes y los actores. Entiendo que tuvieron solo dos ensayos y después ya se graba.

–Claro, “run through” se llama, dos pasadas completas, que básicamente eran para el sonido y para ver la cámara. Y sobre todo en nuestro caso los movimientos: por ejemplo que yo me paro, me voy a hacer el títere y vuelvo. Pero el espacio ya lo teníamos más o menos previsto, porque habíamos ensayado acá en Santiago una semana entera reproduciendo el Tiny Desk en las medidas exactas que nos habían mandado. Ahora llegar allí igual es distinto, no sólo es emocionante, es desafiante. Dices, chuta, realmente la cuestión es chica y éramos muchos, con títeres y todo.

Dueñas, de brazos arriba, en el Tiny Desk de 31 minutos.

La llegada de 31 minutos al pequeño espacio de conciertos más viral del mundo se dio dentro de un mes de programación latina (que incluyó también a Rubio, desde Chile). Triviño y compañía son, por supuesto, un gran éxito en Chile y en México, pero la duda es cómo los gringos iban a recibir la propuesta: “Fue bonito, empezaba a bajar gente de los otros pisos, como curiosos a ver qué era. Algunos llevaron a sus hijos. Y se armó un público de unas 30 o 40 personas de la radio. Ellos estaban muy impresionados de lo chistoso que era, incluso no entendiendo el idioma. Y de lo creativo. Cómo aprovechamos también el espacio de la repisa y del escritorio para agregar detalles, los libros que son títeres, un sándwich que es títere, la lámpara que se mueve todo el rato”, explica Dueñas.

“Estaban súper encantados de esta genialidad que en realidad es la base de 31 minutos, que para nosotros no es nada sorprendente, porque lo venimos haciendo hace 20 años. Es muy bacán; ahí el área de diseño, de producción, de utilería, también de vestuario, lo produjo la Cata Devia, que es una escenógrafa seca. Todo muy bien pensado. Es un círculo muy virtuoso de gente muy talentosa, mucho más allá de los que aparecemos en cámara”.

Hace unos meses, Álvaro Díaz comentaba que él tiene el honor de ser el rostro de 31 minutos, como creador con Pedro Peirano, pero que es un colectivo.

–Es mucho más grande que todos nosotros individualmente.

Se ve que fue muy emotivo para todos ustedes, también, ver la respuesta. Alguno decía que son todos egos muy distintos y búsquedas creativas muy distintas, pero que por alguna razón u otra, cuando están todos en un escenario, fluye.

–Ayer hablábamos de eso, porque tuvimos una pequeña celebración. Nos juntamos a ver el Tiny Desk y nos juntamos a celebrar esto, porque más allá de que sabíamos que es un hecho importante, no sabíamos calcular. Yo creo que todavía ninguno de nosotros, ni el Álvaro ni el Pedro, nadie, pensaba que las dimensiones de esto iban a ser tan grandes para Chile.

Gente que se pone a llorar, literalmente.

–Es que es como que Chile hubiera ganado el Mundial, siento yo. Faltó que fueran a Plaza Italia. Pero hablábamos de eso, cómo la diversidad de talentos y de carreras artísticas persistentes, y de egos, como tú dices, de individualidades, al momento de hacer algo para 31 minutos es ceder y entregar lo tuyo en pos de lo colectivo. Y en pos de nunca perder de vista que es un material para niños, a pesar de que hayan tallas para adultos.

“Yo creo que sí hay una intención de ser político, en el sentido de que todo es político, sin ser ni partidista ni transmitir ideología. Obviamente en las tallas había que hacer algo que tuviera que ver con situaciones contingentes. Pertenecemos a un momento en el tiempo, a pesar de que pareciera que somos eternos, porque con 31 minutos llevamos demasiados años haciendo esto. Y eso es mucha parte de la genialidad y de la inteligencia del Pedro (Peirano) y el Álvaro (Díaz), que son los guías constantes de esto. Y que son también los que ayudan a que ninguno de nosotros -pues cada uno tiene sus carreras-, perdamos de vista que somos parte de este grupo, y que este grupo es más grande que nosotros solos”.

31 minutos tiene mujeres, comenzando por Alejandra Newmann, productora ejecutiva, además de otras que no se ven para el público. Pero en el escenario, ese toque femenino igual lo aportas tú. Supiste entrar a este grupo de hombres como una más. ¿Cómo ha sido para ti eso? ¿Ser la Lulú?

–Ha sido un viaje, porque está muy unido también a mi crecimiento personal y a mi relación con mi feminidad. Trabajamos juntos desde los 30 años, hasta ahora que todos tenemos 50 o más, hemos crecido juntos. Y ahí también pasa como en las familias, con los hermanos, en algún momento tienes una forma de tratarte que es pegándote con almohadas o haciéndote ataques de cosquillas, o incluso de repente agarrándote, pero el amor que nos tenemos es superior a todo. Nos conocemos demasiado bien en las buenas y en las súper malas.

“Tal como tú dices, yo llegué a 31 minutos desde un lugar que era ‘como ‘soy una mujer que puede trabajar con hombres’. Que también corresponde a una época, una generación, donde nos enseñaron que ser parte del grupo de hombres era ser bacanes. A mí me llegó después esta idea que trajo la nueva ola del feminismo de que los grupos de mujeres son importantes, de que las amigas son importantes, que los círculos femeninos virtuosos para los trabajos son importantes. Yo venía de un colegio mixto y de una historia de vida, mis hermanos también son hombres, tengo una sola hermana mujer, estaba acostumbrada al leseo, al echar la talla de camarín, me llevaba bien con eso”.

Una época donde para las mujeres era más taquillero o daba algún tipo de superioridad el saber resistir al camarín.

–Pedro escribió algo muy bonito en Instagram, que tenía que ver con este grupo, constantemente es como echar la talla, a pesar de que tenemos una disciplina germánica. Pero ese echar la talla es súper competitivo también. Y yo ahí a veces juego, a veces abandono y a veces soy espectadora, no más. Pero yo tengo que decir que la capacidad de humor o la forma técnica incluso de escribir chistes, yo la he aprendido en 31 minutos.

“Estar en ese grupo de seres humanos a veces como mujer no es tan fácil, pero siento que tampoco importa mucho el género en ese lugar. Igual ellos también han aprendido, siento yo, de mí, cosas que yo les he transmitido como mujer y como amiga y como hermana chica también. En toda la época del Me Too obviamente tuvimos conversaciones, fueron los primeros amigos hombres a quienes yo les cuestioné cosas o les dije, ‘chiquillos, ¿se han preguntado qué está pasando?'”.

¿Y cómo se lo tomaron?

–Muy curiosos. Muy interesados. Ellos vienen de un mundo de hombres-hombres, entonces son personas que han podido, también, con esta presencia femenina de la Ale y con las mujeres que trabajan fuera de cámara, aprender mucho. Y no hay más mujeres, no porque no quieran trabajar con mujeres, sino porque yo no quiero compartir (se ríe). No. No entra mucha gente nueva a 31 minutos a esta altura. Y la gente que entra es porque es amiga, como que no hay una cosa de casting abierto, es como un grupo de amigos que trabajan juntos.

Los aprendizajes de Jani Dueñas

Uno de los posteos virales de esta semana dice: “La Jani Dueñas tiene 50 años. CSM en el Tiny Desk de 31 minutos se ve de 35, cómo lo haceeee”.

Respuesta: “Basta no trabajar”.

Respuesta a esa respuesta: “Literalmente está trabajando en el Tiny Desk”.

Otra respuesta: “No tiene hijos, está soltera, es plena con su vida, puede gastar sus ingresos en skincare, deporte, buen vino. Trabaja en lo que quiere. Ideal”.

Otra respuesta: “El hate sirvió de retinol”.

Otra respuesta: “Un nuevo crush, si me lo permiten”.

Parte del personaje que vive en la memoria pop colectiva chilena, es el de la Jani Dueñas del Festival de Viña del Mar 2019: una feminista, whisky en mano, que dijo que no le gustaban los niños. Hasta ese entonces, Dueñas había pasado de ser actriz y locutora, a ser la voz de “La Divina Comida”, a ver despegar su carrera como comediante, que incluía “El club de la comedia” y un especial de Netflix destacado por la revista Time, en pleno auge del standup en Chile. Quedó, luego, inexorablemente conectada a esa caída libre.

–Cuando se habla de grandes fracasos del espectáculo chileno, tu nombre siempre va a estar asociado a eso. ¿Es algo que llevas de otra manera mucho tiempo después? ¿Cómo estás desde este otro lado, esta semana?

–Aquí yo voy a hacer una separación de lo que la gente ve como noticia y lo que realmente pasa en tu vida. Luego del Festival y de ese fracaso, humillación pública, circo romano, la gran mayoría de la gente dio por hecho que yo quedé sin pega, que nadie más iba a querer trabajar conmigo. Y yo no perdí ninguna pega. Yo ya estaba en 31 minutos, yo ya estaba en “La Divina Comida, yo ya estaba haciendo talleres de voz. Eso no cambió nada, lo único que cambió fue una percepción pública, de gente que tal vez no me conocía tanto y que me conoció por ese hecho histórico, triste y lamentable. No quiero decir con esto que no haya sido duro para mí y sí cambió mi vida de una serie de formas, pero no es tan sencillo, ni tan lineal, como ‘en Viña te fue mal y ahora te está yendo súper bien’. Como que la vida te debía una y lo que pasó entre medio es como que no existiera.

“Lo que yo siempre trato de transmitir es que estos conceptos que tenemos de éxito y de fracaso son muy estáticos, son muy rígidos. El éxito y el fracaso para mí son lo mismo, estás allá arriba, estás allá abajo y eso pasa todos los días. Como comediante yo también había vivido la experiencia de que te vaya mal en un show. Lo que pasa es que no con 15 mil personas viéndote y con toda la tele después hablando de ti un mes entero. Eso fue lo más duro para mí, lo que pasó en las redes sociales y en la televisión. El éxito de ahora a mí me hace muy feliz, porque me pilla más grande y, precisamente por esos altibajos, me pilla más tranquila. Entonces esto que está pasando hoy día como fenómeno con 31 minutos o conmigo como figura, no me afecta en sentir que ahora sí lo logré”.

Al día siguiente de su presentación en Viña, Jani Dueñas se subió al escenario de un show que tenía agendado junto a su amiga y colega Paloma Salas. El lugar estaba repleto. “Yo creo que todavía estaba en shock. No me acuerdo de nada esa noche. Y ahí fue la primera vez que me di cuenta de que esto era mucho más grande de lo que yo pensaba. Cuando dije en la conferencia del Festival, ‘de ‘oye, esto es solo un show’, yo sé que sonó soberbio y que todo el mundo me odió por eso, pero yo lo decía de verdad. Porque decía ‘bueno, mañana tengo otro show y ya veremos cómo me va y la próxima semana tengo otro y ayer tuve otro'”.

Pero esa noche, además de los fanáticos de la dupla Dueñas-Salas, llegaron medios, cámaras, programas de farándula y persiguieron a la comediante, quien se tuvo que subir a un taxi. “Era como persiguiendo a los Beatles, pero como si odiaran a los Beatles. Ahí fue la primera crisis de pánico que tuve. Yo nunca me imaginé que iba a ser así. Luego vino lo de las redes sociales”.

Felipe Figueroa – The Clinic

Dueñas siguió subiéndose a escenarios un tiempo, rompiendo el hielo con lo sucedido en el Festival. Se fue y volvió de vacaciones, cerró y volvió a abrir redes sociales, pero el ruido seguía ahí. No solo odio, amenazas de todo tipo. “Toda esa parte fue muy amarga, la verdad. Me cambió mucho, me afectó mucho la seguridad en mí misma como autora, como artista. Y eso es lo que más a mí me ha dolido recuperar”, dice.

Habías estado armando el personaje de lo hablábamos: la que sabe aguantar el camarín, la piscolera, la chora. Quizás queriendo demostrar algo a contracorriente de lo que había en la sociedad chilena.

–Yo soy parte de una generación de comediantes que empezamos a hacer comedia buscando una persona arriba del escenario. Y eso en mi caso tuvo que ver con agarrar todo lo mío que era un poquito rebelde o irreverente o incorrecto para la sociedad de ese momento en Chile, y exagerarlo. Entonces la mujer entre los hombres, la tatuada, la rockera, la que toma pisco, la que tiene el pelo corto, que no tiene hijos, que no se casa, todo eso empezó a ser parte de este personaje comediante. Son partes de ti, pero no son todo el rato.

“Yo sí tengo que reconocer que a mí ese personaje me atrapó en un momento. Creo que el punto cúlmine de eso fue el especial de Netflix, y luego lo que pasó con esta mini explosión de éxito internacional, fue como: ¿y qué va a pasar ahora? Y vino lo del Festival de Viña casi inmediatamente. Ahí yo tomé muy malas decisiones, lo he reconocido en otras entrevistas. Pero más allá de eso, yo creo que ese cisma fue más que la pifia o la humillación pública, fue ya, ahora me tengo que replantear si este personaje todavía me sirve o me representa, y si es esto de lo que yo quiero seguir hablando”.

Claro, si esta persona quiero ser.

–Y se caricaturizó mucho. Piensa que era el año del feminismo, el 2018 fue un año súper relevante en eso. Entonces, sin saberlo, se me presentó también en Viña como la feminazi. No con esas palabras, pero se construyó un poquito un relato, al cual yo contribuí. Porque por algo salí con un vaso de whisky, con la mitad de la cabeza rapada y vestida como dominatrix, porque yo quería hacer ese statement con mucha fuerza. Tanta fuerza que fue rechazado. Y ahí me vino a mí la crisis un poco más autoral y de identidad. Ahí está el mayor crecimiento. ¿Eso fue hace siete años? Para mí es como que hubieran pasado veinte, porque siento que ahora yo me conozco de otra manera, que ya no tengo ese personaje, que he crecido y he madurado un montón, y que me he vuelto más suave conmigo misma.

“Por ejemplo, lo que más me emociona a mí de lo que pasa con 31 minutos hoy día es, y que antes no veía esto con tanta claridad porque era más vanidosa o más inmadura, es lo importante para mí y lo conmovedor que es para mí ser parte de un trabajo que le da tanta alegría a la gente. Entregar amor, alegría y felicidad hoy día, en un mundo como el que estamos viviendo. Es un súper honor. Nunca en mi vida pensé que iba a tener este regalo. Antes en realidad lo que me interesaba era hacer reír, que me quisieran, que me encontraran mina. Pero hoy en día creo que ese éxito me da exactamente lo mismo. Lo que me gusta es poder haber construido algo con mi vida que es bonito, que es valioso para mí, y sentirme más segura y más tranquila”.

Natalia Valdebenito comentaba hace unas semanas, que se dio cuenta de que se había convertido en el rostro de cosas que eran mucho más grande que ella, como el feminismo. Y que eso se escapa de las manos.

–Y nunca fue la intención. Tal vez yo entiendo eso que dice la Nata y a mí creo que me pasó lo mismo, con mi propio cuento. Cuando uno está arriba de la pelota, las luces son muy fuertes y uno pierde a veces la noción de la distancia de las cosas. O deja de escuchar a los demás y te vuelves un poquito más ensimismada, y ahí aparece el ego y aparece cierto rasgo narcisista. Ser comediante, hacer reír, querer que todo el mundo te quiera, pero saber que no es así porque eso es imposible. Son trabajos súper difíciles y hay que tener harto cuero chancho, pero ese se forja ante las cosas malas que pasan. Si te va siempre bien toda la vida, yo creo que uno no aprende nada.

“A mí cuando me caen pianos de arriba la cabeza, que han sido varios, lo agradezco, porque si no yo creo que no sería tan feliz como soy ahora. ¿Si me hubiera ido bien en Viña, dónde estaría yo ahora? No tengo idea, no sé si quiero saber porque estoy mucho más feliz acá. Qué bueno que nos pasó eso porque este es mi lugar”.

Después de un tiempo, Dueñas se dio cuenta que había ciertas cosas que no estaba procesando sobre todo lo sucedido. Sobre el personaje que mostraba. Seguían apareciendo crisis de pánico antes de enfrentarse al micrófono. Y decidió dar un alto; desde entonces, se ha presentado nuevamente en algunos lugares como comediante, pero sus intereses ahora están en otros espacios: “Sé que siempre puedo volver y siempre voy a ser chistosa para mí, para mis amigos, el humor siempre va a estar en mi vida, pero creo que en mi parte creativa, artística, tenía muchas ganas de explorar terrenos nuevos. Entonces la comedia está en descanso ahora, pero no es algo que yo he decidido que nunca más voy a hacer”, dice.

Adiós comedia, hola Sombra

En pandemia Jani Dueñas estaba sola, y los shows de 31 minutos sin posibilidades de volver. La vida en escenarios parecía truncada por mucho tiempo. “Y ante ese vacío y ante también todo mi proceso personal, emocional, psicológico, post Viña del Mar, digo, ‘ya, ‘qué hago?”, recuerda.

La pasión de Jani Dueñas por la música es de larga data: hay fotos de shows escolares, en el Manuel de Salas, con ella cantando frente al público. Como parte de su trabajo en 31 Minutos también se interesó más por cantar y tomó clases formales. La idea de lanzar música propia comenzó a aparecer. “Caché que siempre había tenido pendiente esta deuda de hacer música. Tiene mucho que ver que en 31 minutos, porque además mis compañeros ahí fueron los primeros en impulsarme, decir no sólo eres una actriz que canta bien, tienes realmente talento para esto, y se nota que quieres hacerlo”.

Dueñas entonces unió fuerzas con un viejo amigo, Cristóbal Carvajal, a quien conocía de la época escolar y quien tiene sólida experiencia como productor musical en nuestro país. Así nació Sombra, con voz y letras de Dueñas, con un sonido electrónico alternativo, con estética en blanco y negro. Su primer EP vio la luz en 2022.

Hablaste en su momento de cómo, con tu partner creativo, no tenían nada que probar. Decías estamos viejos, estamos haciendo música porque nos gusta. Como qué loco ser cantante a estas alturas de la vida, y qué rico, también.

–Uno tiene rollo a veces más chica, con las etiquetas. Pero si yo soy comediante, ¿cómo ahora voy a ser músico? Y en realidad se puede hacer lo que tú quieras. Y de eso me empecé a dar cuenta también con los años. Entonces empezar a hacer música a los 47, sacar otro disco ahora a los 50. Hace dos años terminé mi carrera de Artes Visuales. Estoy volviendo a hacer danza. Me encanta también cuando las cabras me dicen que hay una cierta inspiración ahí, porque yo le tengo terror a la vejez, no así a no probar cosas nuevas.

¿Terror al deterioro del cuerpo?

–El deterioro del cuerpo, el deterioro de la mente. Y creo que todavía no resuelvo mi relación con la muerte, porque no me quiero morir. Y tal vez porque no me quiero morir nunca, siento que tengo que ser algo distinto, esta cuestión nueva. Entonces vamos a sacar otro disco, voy a hacer un nuevo programa radio, voy a inventar este proyecto. De repente no las hago todas porque tengo mis ritmos ahora, sobre todo que entiendo también la importancia del descanso y de la vida privada y me gusta mi tranquilidad, pero nunca quiero pensar que la edad es impedimento para aprender algo nuevo o incluso para cambiar de giro. Yo creo que esa libertad me la dio el fracaso, porque yo antes era muy rígida y lo que no se dobla se quiebra y yo me quebré. Pero ahora como que siento que puedo fluir, porque ya nada va a ser tan terrible como eso.

¿Y cuáles son tus expectativas para Sombra? Justamente porque vienes de otro lugar. ¿No hay más expectativa a que esté en el mundo y que la escuche un par de gente?

–No, claro que hay más. La primera expectativa obviamente es que exista y es poder convertir en algo real un proceso interno importante. Hoy día lo que yo pretendo con Sombra es como conectar con la gente desde otra sensibilidad. Me gustaría que cacharan que hago más cosas de las que ellos piensan y que estuvieran interesados. Creo que este momento con 31 minutos es importante para decir oye, mira, yo además hago todas estas cuestiones bajo este gran paraguas artístico. No es como voy a hacer esto y quiero ser famosa, voy a hacer esto y quiero mil reproducciones en Spotify. Voy a hacer esto y quiero que la mayor cantidad de gente lo escuche y quiero ser feliz y estar tranquila y poder seguir haciendo lo que me gusta.

El nuevo single de Sombra se llama “Para no regresar”. Foto: Javiera Polvorín.

El nuevo disco de Sombra, “Hay que morir primero”, se lanza en noviembre, con el primer adelanto lanzado recién: “Para no regresar”. Esta vez Dueñas tomó un poco más las riendas que en la primera entrega. “El primer disco también fue como una explosión de algo que yo tenía guardado, pero también estaba muy insegura de mí como músico y como cantante”, dice.

Tomó clases de canto, de piano y se volvió más segura de su propuesta. Sigue trabajando con Carvajal y con Nicolás Alvarado; pero si antes en las fotos de Sombra Jani Dueñas se escondía un poco, ahora está al centro. “Yo siento mucho más mi identidad en este disco, porque yo he empoderado más mi voz y hablo más de mi proceso. Entonces cuando hablo de amor estoy hablando de cosas que sí me han pasado. Y sí hay un relato en el disco que tiene que ver harto con todo lo que estamos hablando: se llama ‘Hay que morir primero’, y eso para mí tiene que ver con todas las muertes y renacimientos que yo he tenido. Me he muerto muchas veces en esta vida y he vuelto a vivir y al final lo único que quiero es enamorarme y bailar. Y este disco se trata de eso”.


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