“Migración, fútbol y el Chile que sueño”, así se tituló la columna que nos escribió a propósito de la selección de Francia, campeona de la Mundial de Rusia, reconocida por la diversidad racial de sus jugadores. En ella, afirmó ante todo Chile: “Hoy, cuando la inmigración se ha convertido en el gran conflicto del último tiempo y cuando los que tuvimos la suerte de nacer en un país un poco más estable vemos con temor y recelo al inmigrante que llega y ‘amenaza’ los pocos y superficiales beneficios conseguidos hasta aquí, el fútbol nos enrostra que la integración no es sólo posible, sino también necesaria para alcanzar nuestros objetivos… Con este antecedente, y en medio del jolgorio por la victoria de la Francia multirracial, me ilusiono con un Chile en donde el que adopte la patria como suya sólo tenga que dar explicaciones a la ley en caso de incumplirla, pero en ningún caso por sus orígenes”.

De raíces haitianas y mapuches, Beausejour siempre ha asomado como un elemento atípico en la fauna de futbolistas locales por su sapiencia fuera y dentro de la cancha, pero no lo vamos a descubrir nosotros, y menos a esta altura.

Su última muestra de grandeza la exhibió días después del asesinato de Camilo Catrillanca, cuando Chile se enfrentó a Honduras en Temuco, el 20 de noviembre de este año. Horas antes del encuentro, la ANFP había confirmado su negativa de realizar un minuto de silencio por el comunero. Beausejour, entonces, con el arrojo y la sencillez que lo caracteriza, salió a la cancha luciendo el apellido de su madre estampado en la camiseta, de evidente ascendencia mapuche: Coliqueo.

Pocos se acuerdan que Chile ganó ese partido, o que le cobraron tres penales –uno de ellos muy mal pitado-, pues en la retina de todos quedó el gesto del lateral izquierdo, o bien, el círculo de jugadores que convocó Gary Medel (otro de nuestros líderes peloteros) en el centro de la cancha, contraviniendo el dictamen de la ANFP.

Con gestos como éste, Beausejour ha ejercido un rol que quizás nunca buscó, pero que se tornó inmensamente necesario y cada vez más contingente. Sin buscar reconocimiento, y desde un espacio poco acostumbrado a las definiciones, Bose da un paso al frente cuando otros prefieren pasar desapercibidos.