Exclusivo: Vaticano decide intervenir a los Maristas

Una vez terminada la primera etapa de la investigación previa, que concluyó en septiembre, los “hermanos” debieron mandar la información al encargado provincial y después tomar una decisión frente a los numerosos testimonios recibidos sobre abusos sexuales cometidos por miembros de la congregación. Sin embargo, aun no hay sanciones. En una fuerte señal desde Roma, que fue notificada ayer a los Maristas, el Papa ordenó promover un proceso penal ante la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Durante la tarde de ayer, después de tres meses sin ver luces respecto al futuro de sus denuncias, las víctimas del llamado “caso Maristas” recibieron una primera noticia alentadora. Desde el departamento de Prevención de Abusos, dependiente de la Conferencia Episcopal, les informaban que la Congregación para la Doctrina de la Fe había dispuesto acompañarlos pastoralmente en nombre de la Iglesia, pero además, el propio Papa Francisco había dispuesto que una vez concluidas las investigaciones previas generadas a partir de sus denuncias, se promueva un proceso penal ante la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Tres meses después de que el sacerdote salesiano David Albornoz terminara la primera etapa de la investigación previa que recababa antecedentes de abusos sexuales en la Congregación de Hermanos Maristas, aun no existen sanciones para todos los sacerdotes acusados, a pesar que –según el expediente canónico al que accedió The Clinic– los relatos recogidos dan cuenta de abusos reiterados por parte de algunos de sus miembros.

Ante las pocas noticias que han recibido las víctimas desde los Maristas y el Ministerio Público respecto al caso, la noticia fue la primera en compensar en algo el periplo agotador que han seguido los sobrevivientes para relatar lo que vivieron. “Los Maristas debieron sancionar o expulsar a parte de sus miembros después de la investigación previa, sin embargo nada de eso pasó”, dice Isaac Givovich, uno de los denunciantes, quien también cuenta acerca de los portazos que recibieron después del Consejo Provincial de la congregación que se desarrolló en el centro de Santiago en diciembre pasado. Givovich relata que les comentaron que, simplemente, no harían nada: “Nos dijeron que como no sabían qué hacer con los hermanos esperarían el pronunciamiento de la justicia, pero el estándar moral de  ellos no puede ser el mismo que el de la Fiscalía, porque además saben que los casos están prescritos y se ampararon en ello”.

Una de las hipótesis sobre la decisión del Papa y que se maneja al interior de la iglesia, es que los procesos de investigación de las congregaciones han sido hasta ahora muy largos. En este contexto, intervenir la congregación se convierte además en una potente señal hacia otros grupos religiosos que pueden eternizar sus propias indagaciones sin concluir jamás o en tiempos que no ayudan a la reparación de los sobrevivientes.

EL EXPEDIENTE DEL VATICANO

Los antecedentes que ha recopilado el Vaticano son contundentes. Entre ellos hay relatos  como la del religioso Abel Pérez, quien confesó lo que consideró como “un problema” que estaba en conocimiento de sus superiores. “Respecto a niños y adolescentes que yo haya tocado, pueden ser 20 o 30 entre todos los colegios donde estuve”, señaló en el proceso que publicó The Clinic.

En total son más de 12 los religiosos mencionados con conductas abusivas y hasta el momento la única sanción drástica ha sido la del propio Abel Pérez, quien fue expulsado de la Congregación en junio de 2018. Los “hermanos” también determinaron la salida de otro sacerdote, Luis Cornejo, pero el Vaticano no la aceptó por las condiciones de salud en que se encuentra: está en estado vegetal.  

La Congregación de los Hermanos Maristas fue notificada recién ayer de la decisión del Vaticano y entre sus miembros hay convicción de que “han hecho” lo posible, pero también creen que estos procesos en general son lentos. Sin embargo, con esta decisión el Papa les dice que sus “tiempos” de investigación ya no son lo que se espera, menos porque la Iglesia chilena es una de las que más ha decepcionado a Roma en el contexto latinoamericano.

Esa misma lentitud es la que perturba a los sobrevivientes. “Los Maristas van más lento que el Vaticano, que ya es lento para hacer justicia”, dice Eneas Espinoza, quien dice haber sido abusado cuando apenas tenía 7 años por Adolfo Fuentes. Eneas cree que solo algunos ganan con el retraso de justicia: “La dilación es tiempo a favor de los delincuentes, que siguen viviendo amparados y protegidos por la Congregación Marista, en contacto con el resto de la comunidad. Eso es un peligro no solo para los casos conocidos, ya que mantienen activas sus redes, sino que también pueden cometer nuevos delitos”.

Comentarios
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