El pasado viernes 15 de febrero se dio a conocer por la Corte de Apelaciones de Santiago, el fallo de la acción de protección interpuesta por la Asociación de Abogadas Feministas (ABOFEM) en contra de la Pontificia Universidad Católica de Chile, por el procedimiento disciplinario que resolvió sobreseer al sacerdote Rodrigo Polanco, por la denuncia de acoso sexual en su contra.

En la denuncia de la estudiante, se relatan tres situaciones de acoso vividas entre los años 2015 y 2017. La investigación interna fue llevada adelante por María Donoso, y concluyó con un sobreseimiento por supuestas “inconsistencias” de parte de la alumna de teología. Finalmente y pese a la apelación de la estudiante, el 31 de octubre del 2018, el rector de la PUC, Ignacio Sánchez , y la ex ministra del TC y ex presidenta del mismo organismo, Marisol Peña, confirmaron la resolución. El recurso de protección interpuesto por ABOFEM, fue contra todos ellos.

Según La Tercera, en el fallo de primera instancia, la Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, redactado por el ministro Hernán Crisosto, acogió el recurso de protección que interpuso la abogada patrocinante María Soledad Molina y la apoderada Florencia Pinto, ambas de ABOFEM.

María Soledad Molina señaló a este medio que, “desde Abofem estamos muy conformes con este triunfo de primera instancia, que significó acoger nuestro requerimiento ante la Corte, por tres votos unánimes, acogiendo dos de nuestros cuatro argumentos. Principalmente la vulneración a la igualdad ante la ley y al derecho a la honra y a la vida privada de nuestra representada y de su familia. Por cuanto esta garantía se vio gravemente afectada en el proceso disciplinario que dirigieron las autoridades de la Universidad Católica y así expresamente lo señalan los ministros en su fallo. Consideramos además un logro que dentro del fallo se mencione y caracterice en qué consiste la violencia de género, que se llame a denunciar y sobre todo se proteja a las víctimas que tienen el coraje de denunciar. Y por lo tanto, lo mínimo que se espera de una institución les preste el apoyo o al menos respeten la dignidad de quién está denunciando. En ese sentido estamos espectantes a lo que viene en el proceso y consiste básicamente en verificar qué va a decir la Corte Suprema en el supuesto de que la contraria apele a la decisión y busque revocarla.

Por lo demás, agregan que es muy llamativo como el fallo incluye novedosos considerandos llamando a no normalizar la violencia y a no invisibilizar la violencia de género y llama a que las mujeres que han sido sistemáticamente acalladas, se atrevan ahora a denunciar por ellas, por sus abuelas y madres y por las que vendrán.

La decisión de la Corte de Santiago no es definitiva, pues cabe la posibilidad de que las partes apelen a Corte Suprema, buscando revertir el fallo.