Lo que tienen en común los personajes que elijo para representar es que son mujeres poderosas y con carácter fuerte. Al principio eran figuras antiguas o retro, pero ahora ya estoy haciendo algo más actual. La elección ha sido una búsqueda personal. Todos los días me dicen: “oye, puedes hacer esto, puedes hacer a esta otra”, pero finalmente, quien decide siempre soy yo. Si es que no sé quién es ese personaje o no siento una empatía, simplemente no lo hago. Necesito saber por qué es así, qué hace, a qué se dedica, cómo es su forma de ser, cuál es su particularidad. Me gusta que sean compatibles conmigo, con mi personalidad. Yo no voy a hacer jamás un personaje de mujer débil de carácter, tan sumisa.  No, eso no va conmigo.

Creo que todo partió hace muchos años atrás, cuando para una fiesta de disfraces le pedí a una tía que me hiciera un traje a medida de Chun Li, el personaje de Street Fighter. Yo no quería que al carrete los invitados fueran disfrazados de algo genérico como un payaso o una bruja, quería que fueran vestidos de un personaje famoso. De alguna manera yo estaba deseando que fueran de cosplay, pero yo todavía no tenía idea. Recuerdo que recibí tan buenas críticas, que me dijeron que fuera darme una vuelta a Comic-Con. Yo nunca había ido a ninguno de estos eventos. La cosa es que fui y lo pasé chancho. Fui con amigos y no los vi en todo el evento. Me saqué muchas fotos, me sentí como una celebridad. Después de ese evento pasaron como seis años de vacío en que estudié y trabajé, hasta que trabajando en el Insert Coin me pidieron que me disfrazara de Chun Li otra vez. En ese evento gané y me empezaron a llamar para que participara de otros.

Estudié dos carreras: Ingeniería Civil Industrial y Bioingeniera en la Universidad Adolfo Ibáñez, estando ahí hice un magíster en Ciencias de la Ingeniería en Bioingeniería y trabajé en proyectos de investigación hasta 2017. Me gustaba lo que había estudiado, pero igual siempre tuve el bichito. Creo de ese mundo saqué lo estructurada y metódica, mi trabajo en Cosplay también es así. Yo hago todo, confecciono todo lo que visten mis personajes. Empecé autodidacta viendo algunos videos de Youtube y después le agarré la onda. Es un trabajo de artesana. Ahora tengo mi propia máquina de coser y me diseño hasta los zapatos. Al ser un cosplayer que se confecciona sus propios diseños tienes que hacer calzado, peluquería, maquillaje, estilización de pelucas, telas, toda la armaduría en goma eva y los props, que son los accesorios.

Creo que la elección de los personajes que me interesa representar están intrínsecamente relacionados con lo que me interesa transmitir como cosplayer y también con lo que pienso de la vida. Y me gusta transformarme en ellas para poder inspirar a otras chicas. Yo soy fiel a lo que me gusta. O sea, si a mí me gustara hacer erocosplay –cosplay erótico-, podría ser coherente porque sería mi estilo, pero no. Siempre voy a tratar de hacer mis personajes lo más fiel posible, y mala suerte los demás. Siento que mi forma de proyectar el feminismo en mi trabajo es haciendo lo que yo quiero hacer y no cosificándome para ser más popular.

Es muy difícil escaparse de la cosificación en este trabajo. Al menos en mis redes sociales, el 20% o 30% son hombres de 25 a 35 años. Y aunque parezca que está cambiando, Chile sigue siendo bastante machista. Y uno no se escapa tan fácil de eso.

Igual, a mí lo que me carga es la doble moral: por ejemplo, cuando tú haces un cosplay lo más fiel al personaje posible, como es mi caso, te puedes encontrar con personajes que muestran mucho y te puedes encontrar con personajes que no muestran nada. En general, la gente que sigue mis personajes no están precisamente buscando que yo muestre mi cuerpo. Pero hay chicas que se cosifican a sí mismas sólo para ser más populares en redes.

En el mundo cosplayer hay envidia como en cualquier ambiente en el que tú estás inmerso, no nos quedamos atrás. Hay algunos excéntricos, como les llamo yo, que escapan de la norma, pero, ¿sabes lo que me gusta del mundo cosplay? La mayoría, al menos, es gente sana. Cuando recién me estaba metiendo me dijeron: “oye, ten cuidado”. Yo tenía miedo y con él, lo primero que hice fue apartarme. Mi universo era en las redes sociales, en mi casa, a veces concursaba en instancias como Comic Con o Festigame, pero no interactuaba con otros cosplayers, por ese miedo que me habían inculcado. De a poco fui perdiendo ese miedo y encontré gente la raja. De repente, por envidia crean páginas falsas para burlarse del trabajo que hacemos. Hay un blog que es bastante mala leche, que se llama Nido, donde postean de forma anónima y ahí todos los post son para tirar abajo a los cosplayers. Siempre que tengas redes sociales con muchos seguidores, va a pasar que te chaqueteen. O sea, si pretendes gustarle a todo el mundo no vas a llegar a ningún lado, creo yo. Mi postura es definir bien cuáles son los valores y gustos que me definen. Mala suerte a quien no le guste mi estilo.

En general, en mi vida personal y fuera del personaje, no me gusta tanto el contacto con la gente, pero cuando estoy en cosplay, lo disfruto. Es raro. A veces pasa que se me acercan personas que no son de mi gusto, claro, pero cuando estoy vestida de Supergirl, no estoy viendo si esa persona me atrae o no. Me gusta sentir que a la gente le gusta mi trabajo, lo veo en sus ojos. Si sonríe y me ve, y quiere sacarse una foto conmigo, lo que va a conseguir de vuelta es una sonrisa también.

En lo personal no me ha tocado tener experiencias incómodas,  pero sí he visto que a otras chicas de repente les sacan fotos debajo de la falda, o que gente loca, no sé, las psicopatea o peor, que las acosa. En ese sentido yo igual tengo carácter fuerte y cuando veo que alguien se quiere aprovechar, digo que no al tiro. Igual yo tengo 28 años, pero hay muchas chicas que tienen 16 años o que incluso ya son mayores de edad pero que son muy tímidas y se dejan, y no dicen nada. Entonces por eso me gusta estar cerca de chicas, para salvarlas de repente. No es que me crea superheroína pero, parece que es necesario. En muchos de los eventos que hacemos ya se tienen localizados quienes son estas personas que se pasan, porque en estos eventos el público siempre es el mismo. Cuando los ven les piden que se retiren pero no pueden estar haciéndolo todo el rato, por eso es necesario que exista un apoyo en la comunidad.

Asistir con mi pololo a este tipo de eventos tiene pros y contras, o consecuencias por así decirlo. Al comienzo iba sola a todos y claro, ahí no tenía quién “me cuidara”, y con eso me refiero a que me cuide las cosas o me acompañe. En un evento, por ejemplo, un fotógrafo llevó a una de las cosplayer para afuera a sacarle fotos y terminó violándola. Entonces, han pasado cosas feas, pero cuando empecé a ir con mi pareja a estos eventos, noté una gran diferencia en cuanto a la cantidad de fotos que me pedían, porque pensaban que era celoso. Incluso habían niños que le preguntaban a él si me podían sacar fotos, no me preguntaban a mí. ¿Y por qué no me piden a mi? Si yo no soy propiedad de nadie. En ese momento no lo asumí pero después pensándolo, era como: ¿qué? ¿soy una cosa? Eso sentí. De a poco él asumió que podría ser como una amenaza para mi pega y él mismo empezó a tomar distancia. Estar con él me hace sentir acompañada y protegida, porque de alguna forma y aunque no lo quiera admitir, estar con la presencia de un hombre cambia mucho las cosas. Al menos en este mundo, porque uno ya se siente expuesto poniéndose un traje y que te saquen fotos todo el día, imagínate sola.

Antes venía del laboratorio, del mundo ingenieril, súper encerrado y no tenía contacto con nadie. Hacer esto también fue una respuesta a no querer quedarme sola, quizás mi propio llamado de: “necesito más contacto con la gente”. Soy súper introvertida, ya no sé si tan tímida, antes sí, pero esto del cosplay me ha ayudado mucho a vencer eso. Siento que me falta todavía. Creo que debo potenciar el histrionismo, con el desplante, la performance. Esto me ha ayudado justamente porque es algo que me gusta tanto que incluso me ha hecho olvidar, por ejemplo, que no me gusta el contacto con la gente. Siento que cuando estoy disfrazada busco que haya esa interacción, lo paso bien, no me importa nada. Pero solamente funciona cuando estoy con traje. Eso es lo curioso, porque me cambia la personalidad. Me ha hecho perder tanto el temor, que me he subido al escenario a cantar, hacer shows. Para mi es como una máscara. O cómo ser un superhéroe: no eres superhéroe si no estás con el traje.