Crítica a “El cuento de las comadrejas”: El cine según Campanella

Crítica a “El cuento de las comadrejas”: El cine según Campanella

A diez años del estreno de El secreto de sus ojos llega a las pantallas el nuevo filme de Campanella, con actores, ya que en el año 2013 realizó Metegol, animación de carácter familiar. El cuento de las comadrejas es un remake de la argentina Los muchachos de antes no usaban arsénico que fuera estrenada un mes después de iniciada la dictadura, y que se volviera una película icónica en el país trasandino. Fue dirigida por José Martínez Suárez, maestro y mentor de Campanella, y es una comedia de humor negro con el mejor elenco argentino del siglo veinte.

En esta ocasión, la pieza es protagonizada por un reparto coral compuesto por Graciela Borges, quien se roba todo el protagonismo, Oscar Martínez, Marcos Mundstock y Luis Brandoni. Un grupo de ancianos que habitan una gran mansión a las afueras de Buenos Aires, y que tuvieron un pasado común y esplendoroso en el cine de antaño. En esta nueva versión se modernizan algunos temas y se integra a una pareja de jóvenes ambiciosos, de una empresa inmobiliaria, que, mediante enfrentamientos y manipulaciones, esperan obtener la venta del bien raíz. Sigue siendo una comedia oscura, con personajes queribles y tratados con respeto en el montaje, por lo que la sospecha respecto de todos nace de manera tardía y solamente de la mano de los descubrimientos que hacen estos jóvenes, ven como el dicho “más sabe el diablo por viejo que por diablo” se hace realidad. Estamos ante un tributo de Campanella a su maestro, una obra que pretende homenajear al cine con el cual creció y al que parece aspirar intentando, tal vez, traer a la vista elementos que parecen olvidados por las nuevas generaciones, a la vez que nos presenta una obra de excelente calidad, con adultos mayores que no por eso son más buenos o más malos que aquellos que aún no empiezan a pintar sus canas. Es un ejercicio que quizás venga de la solvencia económica y la libertad que le puede dar a un director el ganarse un premio Oscar, y el reconocimiento mundial, puesto que nos ofrece transparentemente su mirada y concepción sobre lo que para él es o debería ser el cine. Tras ver la película, podríamos preguntarnos ¿Qué es el cine para Campanella? Diálogos mordaces: Sus películas tienen personajes altamente definidos, sobre todo por sus palabras, y esta no es la excepción. Hay muchos chistes que se solucionan verbalmente, pero también en los diálogos hay un humor oscuro que se logra colar, dando cierta inteligencia, y posible lectura en más de un nivel, a las palabras que escuchamos en concordancia con lo que vemos. Personajes entrañables: La presentación y tratamiento de los protagonistas y antagonistas deja muy claro quiénes son, y sus motivaciones, desde la primera escena. Podemos odiar a alguno, pero la cámara no deja de amarlos, nos permite juzgarlos si así quisiéramos, pero sin olvidar que, en esta historia, que él nos está contando, son sujetos bien construidos más allá del bien o mal que pudieron haber hecho. Construcción de espacios: La casa es un personaje más, un lugar que contiene a este grupo de ancianos y que los mantiene atados a un momento, muy atrás en el tiempo. Puede ser agobiante a ratos y en otros llena de rincones con secretos muy bien guardados. Secretos que viven entre ellos, y que acuden a la vejez para vivir como si los hubiesen olvidados y así, continuar con la rutina. Es entonces una película que nos entrega lo mejor de su director, sin embargo, está lejos de ser perfecta y no porque se vea en comparación a la original, sino porque en su propuesta nos deja detalles, cuestiones a medias. Con la valentía que da el no haber hecho nunca una película, me pregunto ¿Qué nos queda a medias? Uso de clichés: Si bien se nota que son utilizados a propósito, al no llevarlos al extremo se suceden uno a otro sin entregar mayor consistencia a la trama, y son nada más que un mecanismo creado con el fin de permitir una conexión directa con el público, un simple juego con el guion. Extensión: Si existe algo más debatible es la duración de una película, el número exacto de minutos que debe durar depende simplemente de aquello que necesite la historia para desarrollarse, atendiendo, además, a que existe un espectador quien no debería tener un momento para preguntarse cuánto tiempo lleva viendo el filme. Los 129 minutos que dura El cuento de las comadrejas obedece a su intención coral, y que asimismo parece apresurarse en su parte final. ¿Y Ricardo Darín?: Su actor favorito no está en esta cinta, y no es un punto en contra, sino que simplemente siempre es bueno hablar de él, quien protagonizó, entre otras, El hijo de la novia, la hermosa El mismo amor, la misma lluvia y la ya tan mencionada El secreto de sus ojos. Me permito un párrafo para recordarlo. Campanella es un creador que siempre vale la pena visitar, y este año nos entrega una obra que ha sido coescrita, coproducida y dirigida por él, en donde nos entrega lo mejor de su oficio, con todo lo que ha aprendido en estos años, y de la mano de un elenco maravilloso. Título original: El cuento de las comadrejas Año: 2019 Duración: 129 min. País: Argentina Dirección: Juan José Campanella Guion: Juan José Campanella, Darren Kloomok Historia original: Augusto Giustozzi, José A. Martínez Suárez Reparto: Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni, Clara Lago, Marcos Mundstock, Nicolás Francella Este artículo fue publicado originalmente en Culturizarte, un blog chileno especializado en cultura. Si quieres ver contenidos culturales, visita www.culturizarte.cl. Síguelos en Facebook Síguelos en Twitter Síguelos en Instagram
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