Por Berenice Ojeda

Los múltiples relatos presentes en el documental corresponden a los de familiares, profesoras, amigos, compañeros de militancia y exilio, que coinciden en la descripción de características propias de un líder nato, lejos de las caricaturas y prejuicios que suelen acompañar a personajes ligados a la resistencia. El pensamiento riguroso, comprometido y sensible, parece haber sido la vocación profunda del Comandante “José Miguel”. Así queda en evidencia en el documental de la joven cineasta chilena (29), Michelle Ribaut, trabajo que recorre la historia personal y política del máximo referente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez: Raúl Alejandro Pellegrin Friedmann.

La memoria de su corta vida, estuvo marcada por la impronta de un compromiso político que con seguridad contribuyó a perfilar su ideario y la convicción absoluta de la vía elegida. Sus abuelos fueron anarquistas y sus padres militantes de izquierda que partieron a Cuba a trabajar por la revolución triunfante. Luego retornan a Chile para vivir la experiencia de la Unidad Popular hasta el quiebre ocurrido tras el Golpe de Estado.

Su itinerario continúa en el exilio, a los 15 años, cuando junto a su familia parte a Alemania luego de sufrir persecución política. Es su regreso nuevamente a Cuba el momento en que inicia su formación militar y política al ingresar a la Escuela de Inter Armas Antonio Macedo en donde obtiene distinción “sobresaliente”. Posteriormente, se suma al Ejército de Liberación Nacional en Nicaragua, experiencia que constituye una efectiva práctica para su posterior llegada a Chile e incorporación al Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

El intenso devenir de Pellegrin es el que Ribaut releva en su trabajo, que según declara: “Viene a saldar una deuda con la historia de la resistencia en Chile”.

Imagino que por tu edad es el primer trabajo documental que realizas

-No, mi primera obra fue un cortometraje documental autobiográfico que dura media hora. Es La historia de mi abuelo que desaparece en un accidente aéreo en Chiloé el año ‘71. Un avión Cessna que hasta el día de hoy no aparece. No se sabe lo que pasó. Eso desencadenó una serie de factores en mi familia. En el documental relato la herencia de este dolor. Cómo eso repercutió en mi vida y particularmente en la relación con mi mamá. Es un documental en otra línea, en la línea de memoria también, pero autobiográfica. Esa fue mi memoria de título.

¿Qué circulación tuvo esa primera obra?

Estuvimos en algunos festivales. En Fedochi ganamos el Premio Regional y en Femcine sacamos una mención honrosa. No lo moví más, porque me cuesta un poco el tema de los festivales. Tengo mis reticencias con ellos…

¿Por qué?

-Si bien en ellos puedes establecer redes y contactos, creo que son espacios muy autorreferentes, y aunque era un documental autobiográfico y puede sonar un poco contradictorio, creo que el público al que apuntan no es un público tan abierto. A veces se forman espacios donde se generan audiencias distintas, pero creo que esos festivales sirven más para exhibir el ego del propio autor que para el impacto que pueda causar tu obra. Sé que a veces es necesario, pero los circuitos alternativos o los festivales no competitivos me parecen más interesantes, sobre todo para el documental de Raúl Pellegrin.

¿Cómo nace el interés por la figura de Raúl Pellegrin?

-Bueno, Raúl en general no es un personaje tan conocido en la historia de Chile. Yo lo conocí a través de amigos y compañeros, y particularmente conocí su liderazgo en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Entrando por la historia del Frente llegué a Raúl.

El año 2012 o 2013, fui a una romería el 11 de septiembre. Siempre termino yendo a la tumba de Raúl, ya que alguna vez supe donde estaba. Es parte de un ritual llegar a su tumba. En esa oportunidad estaba su hermana Carla y yo ni siquiera salía de la universidad y le dije: “me gustaría hablar contigo, porque alguna vez quiero hacer un documental de tu hermano”. Se me ocurrió en el momento, nunca lo había pensado, la verdad (risas), fue una choreza. Pasaron tres años, desde que le dije que iba a hacer el documental, hasta que me decidí efectivamente a hacerlo. Para entonces sentí que tenía la experiencia necesaria, o más bien me atreví. Aunque no sé si solo baste la experiencia para esto.

¿A partir de ese momento comienzas la investigación, la recolección de datos, entrevistas o ya tenías material y camino avanzado?

-En ese tiempo estaba terminando mi primer documental. Comencé a buscar trabajo. A partir de ahí, me interesé mucho por el tema rodriguista, no recuerdo específicamente por qué, pero recuerdo que fue el libro de Tita (Mi hijo Raúl Pellegrin. Comandante José Miguel, LOM Ediciones), la mamá de Raúl, que terminaba de leer cuando iba en la micro y dije “voy a hacer un documental de Raúl Pellegrin”. Pedí ayuda a un compañero para hacer la investigación y ahí se inició todo.

¿Qué te marcó de ese libro?

-Es un libro que debe entenderse desde la perspectiva de una madre, entonces no puede dejarse de lado la emocionalidad que trae, pero también es un libro que retrata toda la vida de Raúl de una manera muy sencilla, muy cercana. Que tú dices “¡Oh, yo igual sentía así, me pasaban cosas parecidas! ¡Qué niño más entretenido! ¡Qué hombre más interesante! Los matices de Raúl como persona en ese libro me cautivaron. Cabe la casualidad, que es no tan casualidad la verdad, que la vida de Raúl recorre los triunfos de una época de la izquierda latinoamericana. La Unidad Popular, la Revolución Cubana, Nicaragua… Entonces, es como que él va creciendo con la esperanza del triunfo, de la victoria…

Al parecer su camino estaba claramente trazado desde muy joven…

-De hecho lo matan a los 30 años. Yo tengo 29 y para tratar de entender un poco, frente a tanta desidia e individualismo que existe hoy, me pregunto ¿qué es lo que me haría decidir morir por una causa? O tal vez vivir por una causa, porque él no quería morir, evidentemente. ¿Qué es lo que me desvela? Esa pregunta fue el punto de partida del documental. Entonces le escribí a Carla. Demoró un par de semanas en responder y comenzamos. Nos juntamos en un café en el centro de Santiago y empezó todo. Pasaron casi cuatro años hasta el estreno realizado hace poco.

Por lo que entiendo, la primera etapa del trabajo fue imbuirte de datos y literatura. Aparte del libro de Tita, la madre de Raúl, ¿a qué otras fuentes recurriste?

-El libro de Luis Rojas, “De la rebelión popular a la sublevación imaginada”; “Los fusileros”; “Operación siglo XX”, y principalmente de entrevistas, pero también la lectura del pensamiento político de Raúl. Y vi todo lo audiovisual que existía en referencia al Frente. Siempre con apoyo y ayuda de la familia y del investigador.

Una vez terminada esta etapa de lecturas y entrevistas, imagino que ya tenías un perfil más definido de Raúl ¿qué características te resultaron significativas?

-Es bien complejo, porque yo no quería endiosarlo, todo lo contrario. Con decir todo lo contrario no quiero decir que no quiera endiosarlo tampoco, ni ponerlo en el lugar que él merece en la historia de este país, particularmente en la historia de la resistencia de Chile. Hay que entender que no son superhéroes ficticios, ni de plástico. Son hombres y mujeres. Entonces, por ahí estuvo el desafío; tratar de llegar a esa sensibilidad, porque él era un hombre muy sensible, muy tímido. Eso me llamó mucho la atención y era algo que repetían todos, que él era muy bueno para escuchar, muy puntual y muy tímido. Son características muy difíciles de ver el los líderes de hoy. Él no era un jefe, era un líder. Es un liderazgo que no creo haber visto en nadie, entendiendo que estás (él estaba) en un contexto en el que decides tomar las armas para la defensa del pueblo, entiendes que estás con hombres y mujeres de carne y hueso. Entonces él tenía una cualidad que me llamó mucho la atención y que tiene que ver con esto de saber escuchar. Él sabía las características de cada persona, de todos con quienes trabajó. Uno de sus compañeros nos dijo que hubo una acción particular que consistía en la recuperación de unos vehículos, y él contaba que no se pudieron recuperar todos los vehículos porque un compañero cometió un error, lo pillaron. ¿Qué hicieron cuando llegaron?, a pesar de la recuperación de cuatro vehículos de los cinco, todos pensaron que la misión estaba bien cumplida, pero Raúl dijo ¡no, devolvamos todos los vehículos! porque si relacionan al compañero que cayó, con estos otros vehículos, está en riesgo su vida.

Llama la atención la capacidad reflexiva de Pellegrin, lejos de los estereotipos convencionales que asocian a los revolucionarios con acciones carentes de sentido, con una violencia sin norte ni justificación

-Es todo lo contrario y eso también era algo interesante de reflejar, porque también hay mucho mito respecto a la lucha armada, como si fuera un fin en sí mismo. Pero no es un fin en sí mismo, es una herramienta para obtener el poder. Poder que ahora la izquierda no plantea obtener como medio para cambiar las cosas desde la raíz.

De hecho sería impensable que alguien asuma y declare una postura de rebelión frente a los atropellos y el descontento hoy experimenta la ciudadanía. Cualquier acción tendiente a esto sería catalogada de violencia y por ello desechada y condenada sin ningún matiz….

-Hay mucho matiz y muchos tipos de violencia. A diario en Chile vivimos la violencia. Es violenta la pobreza, es violenta la injusticia, la desigualdad. Eso es muy violento. Cada vez hay más gente viviendo en las calles. Pero siempre es más fácil acusar a los otros de violentos.

Para mí, en el contexto de dictadura, que un grupo de hombres y mujeres tomen las armas, es nada más y nada menos que el legítimo derecho a la rebelión y a autodefensa.

Anteriormente mencionaste el papel timorato de la izquierda hoy en Chile, políticamente hablando. Por lo que has descrito hasta ahora, y fundado en los testimonios y acciones descritas en el documental, el pensamiento y accionar de Pellegrin era profundamente político. El deseo de alcanzar la victoria, el poder para transformar las cosas, sus formas de operar, son marcadamente políticas…

-Él era un político, no era un militar a secas. Si bien su rango era político-militar, en Cuba se especializó en el área política, por eso era capaz de tener una mirada tan amplia del momento que le tocó vivir y también una mirada a largo plazo.

De todo el material que recabaste ¿hay algo que dejaste fuera y quieras mencionar ahora?

-No sé si algo en particular, porque todo lo que elegimos en conjunto con la montajista fue en esta línea, cómo poder mirarlo de igual a igual, con la dificultad que esto trae, que nos planteamos: “si él pudo, yo también puedo”. En el fondo es un llamado a ser activos. Políticamente a ser reflexivos, a escuchar, a creer que las cosas sí pueden ser distintas. Para mí eso significa Raúl Pellegrin, la esperanza.

¿Ese llamado lo tenías claro desde el comienzo de este trabajo o emergió una vez terminado el documental?

-Se fue aclarando en la medida que el documental empezó a tomar forma. Creo que me di cuenta de eso porque era lo que yo necesitaba también. Siempre he creído que hay una deuda muy grande con la historia de la resistencia en Chile, y que la memoria ha ido un poco solo desde una arista que ha sido recordar el miedo, pero no recordamos la Unidad Popular, por ejemplo, no recordamos que la izquierda venció. Nos dicen: ”¡cómo fuimos tan jóvenes y alocados, mira las cosas que hicimos!”, recordemos el miedo, recordemos lo que pasó…

Tal vez eso obedece a la normalización que se pretendió con la llegada de la democracia. No hay cabida para otro camino que no sea éste…

-Ese el problema cuando una dictadura deja el poder de la forma como lo hizo la dictadura de Pinochet. Fue perpetuar el modelo.

¿Cómo observas ese proceso?

-Sepultaron todas las esperanzas que había de hacer un cambio realmente profundo, le mintieron al pueblo, nuevamente. La Concertación es de las cosas más nefastas que le ha pasado a Chile en términos políticos, siempre fue servicial al modelo, nunca quiso siquiera tocarlo levemente.

Contrariamente a los objetivos que perseguía Pellegrin con sus acciones…

-Fue de los que se arriesgó, y creyó como revolucionario en que el cambio no vendría de la mano del plebiscito, en lo que, por cierto, no se equivocó. Si ya estaban persiguiendo a tanta gente… Si la Concertación fue cómplice y no solo cómplice, fue participante activa de toda la represión que se dio con el movimiento social en los años ´90.

De hecho el primer tiempo, luego de concluida la dictadura, una de las primeras misiones fue socavar cualquier foco de resistencia…

-Exactamente, y lo hicieron muy bien. Basta recordar a “La Oficina”. Me da asco ver a Marcelo Schilling en el Congreso, criminal que fue su director, militante del mal llamado Partido Socialista, qué vergüenza. Cuántas y cuántos compañeros presos, perseguidos, asesinados. De hecho hay partes en que algunos militantes del Frente nos cuentan que fueron perseguidos por algunos compañeros con quienes se formaron en Nicaragua. Había mucha desconfianza, realmente eran tiempos muy complejos, porque la derrota fue una de las peores cosas que nos ha pasado. Pero no hay que quedarse ahí. Yo creo que ya es el momento, de nosotros, como nuevas generaciones, ir planteándonos cuáles son los caminos a seguir. Ya sabemos del miedo, sabemos del terror, no hay que olvidarlo, pero la memoria no puede girar solo en torno a eso. Y con esto no quiero sonar a que no es importante, porque efectivamente la justicia es algo que falta en este país, pero la justicia también se hace recordando por qué luchaban esos hombres y mujeres, y creo que el ocultamiento de esa verdad se ha hecho con una intención política, porque el miedo es mucho más servicial que la resistencia.

Volviendo al documental, ¿hay una razón de fondo para no incluir o nombrar a Cecilia Magni?, considerando que sí se nombra su relación en Nicaragua, con la madre de su única hija

-Es algo que nos han consultado bastante, no quisimos mencionarla como no mencionamos a muchos otros compañeros que fueron muy relevantes. Es la historia de Raúl, no es la historia del Frente, no es la historia de Cecilia, que por lo demás merece su historia propia y dejar de ser asociada siempre como la compañera de, la pareja de. No quisimos de manera muy consciente hablar de ello.

¿Tuviste algún apoyo, postulaste a Fondart u otro fondo?

-Postulamos a Corfo y Fondart durante dos años y no… todo el apoyo que hubo fue de personas. Compañeros, compañeras, familia, amigos, amigas. Hicimos una especie de crowdfunding, pero no usando estas plataformas, y así pudimos recaudar una parte del dinero. Hubo un aporte por parte de la familia de Raúl, y los profesionales que nos aportaron también con todo su trabajo. Dando presupuestos muy bajos comparados con lo que se cobra normalmente en el mercado… y una parte importante que salió del bolsillo de nosotros, del equipo…

La solidaridad, el compañerismo y el compromiso fue lo que sacó adelante este documental.

Respecto a la musicalización y la participación de Vicente Feliú, ¿cómo se gesta esta idea?

-Mira, todo el documental se realizó así, como un poco por casualidades fuimos encontrando la gente adecuada para ir… El haber llegado a Vicente se lo debo a Pancho Villa, porque nos encontramos en una marcha de No más AFP con la Paty (Carmona) y el Pancho, y nos reunimos, porque yo estaba buscando quién pudiera hacer la música y pensaba en Silvio Rodríguez quizá, pero tampoco estaba tan convencida, y Pancho me dijo “Pero escríbele a Vicente. Él es la persona idónea…” Y dije, Chuta, obvio, qué buena idea”… Y como te digo, ha sido todo el documental así, una cadena de solidaridad, de fraternidad. Vicente escribió a los dos días sumándose de inmediato al proyecto, ni siquiera me preguntó mucho más.

EL tema central se llama “El Sueño Retornado”

-Yo sólo le pasé los insumos necesarios y a él se le ocurrió este concepto del “sueño retornado”, y cuando lo escuché y leí la letra dije: “¡pero si Raúl es esto!, es el sueño retornado, justo lo que nosotros queríamos transmitir.

Te sientes satisfecha con el resultado, ¿crees haber logrado transmitir la idea original?

-Sí, yo me siento contenta, creo que siempre se puede ir mejorando. Siempre tuve el miedo de no estar a la altura de un ser humano como Raúl.

Destacas con fuerza esa característica de Raúl, la de ser humano profundo, consecuente

-Sí, y eso me hizo admirarlo y aprender de él desde otra perspectiva. Ha sido muy bonito conocerlo. Sentirlo tan cercano, y eso tratamos de transmitir en el documental, y que su vida es profundamente política. Desde la simpleza hasta lo más profundo de su pensamiento cuando ya toma su propio camino y decide seguir el camino luego del quiebre del Partido Comunista…

¿Cómo van con el plan de difusión?

-En el camino se sumó Angélica y Mauricio que son de Aconcagua Cine y TV, que han dispuesto, al igual que otros, de su tiempo y de su vida gratuitamente para este proyecto por convicción. Ellos son los encargados, particularmente Angélica, del tema de la distribución y difusión. Yo al principio te decía que tengo mis reparos con el tema de los festivales, porque alimentan la egoteca, pero no sé qué tan funcionales sean para un proyecto como éste. Creo que no son excluyentes de otro tipo de espacios que para mí son más relevantes como universidades, liceos, juntas de vecinos, sindicatos…

Una llegada más directa a la comunidad…

-Así quiero, llegar a la comunidad más directamente. Si me invitan, iré donde lo hagan…

Hubo un intento por exhibirla en la Cineteca, ¿qué pasó ahí?

-Hemos tenido varios cambios de fecha, que creo van de la mano con el cambio de gobierno. Con esto no quiero decir que con Bachelet las cosas eran distintas o era la panacea… no, porque las cosas no eran fáciles con ellos tampoco, pero claro, acá entró un fascismo un poco más duro. Por lo menos los otros (gobierno de Bachelet) tenían un poco de vergüenza al mostrar su lado neoliberal y fascista. Acá llegaron con un peso más fuerte y simplemente no pudimos encontrar fecha, porque la cambiaron hasta dejarla como indefinida…

¿Tienes otro personaje en mente, otra idea para un futuro documental?

-Mira, fueron tres años trabajando en esto. Todavía no me he puesto a pensar en algo concreto. Estoy decantando y viviendo un poco después de la vorágine de este tiempo, que ha sido precioso. Yo agradezco infinitamente tener la posibilidad de haber sido una de las personas que fue parte de este proyecto, porque el documental no es mío solamente. Pero muy incipientemente te podría decir que siempre he tenido como la curiosidad… y también creo que es parte de una deuda con los que fueron ayudistas en el Frente Patriótico, que fue gente muy anónima que participó y que sin ellos muchas acciones no se hubiesen podido llevar a cabo. Ahí hay un tema que considero importante; los ayudistas del Frente. Por ahí hay una luz, pero voy a darle el tiempo que necesita, para que este documental tome su camino y recorra lo que tenga que recorrer.