Mario Amorós presenta biografía de Pinochet: “Chile aún no se ha liberado de su pésimo legado”

En su último libro, el historiador dedica más de ochocientas páginas a analizar la huella del general Augusto Pinochet en la sociedad chilena, de quien le llama la atención su mediocridad intelectual y su carácter despiadado y cruel.

El escritor e historiador español Mario Amorós (46) confiesa que se obsesionó con la figura del general Augusto Pinochet. «Me levantaba a las seis de la mañana a escribir», recuerda.

Sabe que el fallecido dictador fue un personaje «cruel y despiadado», pero también un sujeto clave para comprender el último medio siglo de la historia chilena, atravesada por sus luchas sociales.

Un recorrido que lo obliga a cuestionarse, además, respecto de la impunidad sobre la que fue forjada la transición política en su España natal.

«Allá, ningún represor fue condenado», admite.

«PINOCHET CONTROLÓ TODO»

¿De dónde sacaste la motivación para involucrarte con un personaje como Pinochet?

Es un desafío evidente hacer una biografía de Pinochet. Es decir, relatar su vida, su trayectoria militar y su actuar como dictador.

Creo que es un libro necesario, porque puede contribuir al debate, ahora que en Brasil o Chile se alzaron muchas voces que asumieron una parte de los mitos del pinochetismo. Es decir, que la izquierda y la derecha fueron culpables del Golpe, que la democracia no se acabó el 11 de septiembre, sino que estaba en crisis, y que la izquierda no respetaba la democracia. Todo eso es parte del discurso que construyó la dictadura para legitimarse.

Pero reconozco que hasta ahora yo solo había biografiado personajes que quiero, como Salvador Allende, Pablo Neruda o Miguel Enríquez. Esta es la primera biografía que hago de un personaje que detesto. Pero más allá de eso, uno tiene que ser riguroso.

Yo creo que solo hay una biografía de Pinochet que puede llamarse como tal, que es la de Gonzalo Vial, la que tiene casi veinte años.

¿Cómo fue el proceso de escribir de quien detestas?

No sé si llamarlo la pasión por la historia. Me levantaba a las seis de la mañana para escribir. Después de veinte años leyendo sobre Chile, sabía bien dónde tenía que ir a buscar la documentación… Y cuando encuentras algo que ningún otro historiador ha podido ver, pues sientes una gran satisfacción. Por ejemplo, la hoja de vida de Pinochet es la primera vez que se consulta, que se presenta en una investigación. Eso es un aporte.

Igual que cuando encontré, aunque el personaje es diferente, los papeles sobre Neruda en los archivos soviéticos. Ahí hay documentos muy importantes para la historia de Chile, a los que nadie le ha hecho caso. Yo se lo he comentado a todo el mundo, pero la historia le interesa a poca gente ¿no? La fuerza para escribir este libro salió de ese interés por la historia, por Chile. Es un trabajo, que me parece hermoso.

En esta búsqueda ¿qué es lo que te pareció más distintivo de él?

Su mediocridad intelectual. Eso ya lo dijo Juan Cristóbal Peña, cuando investigó sobre la vida literaria de Pinochet y describió el proceso de narración de sus libros.

Yo cito ampliamente sus artículos en el memorial del ejército chileno. Hay una cita del sabotaje y contra sabotaje, que es un texto que podría haber escrito un niño de diez años en el colegio.

También la mediocridad de sus discursos públicos, como dictador. Leí toda la prensa de la época, durante diecisiete años. Centenares de noticias, discursos y entrevistas. Era insoportablemente repetitivo.

¿Por qué crees que un personaje como Pinochet logró gobernar tantos años un país como Chile?

Era el comandante en Jefe de un ejército de formación prusiana, muy verticalista, donde la orden del superior no se discutía. Sin embargo, los que prepararon el golpe no contaban con Pinochet. A última hora decidieron consultarle, para que, en el caso de que no quisiera participar, por lo menos se quedara al margen. Y, luego, la tarde del 11 de septiembre, se reunieron los miembros de la Junta Militar y le designaron presidente. Supuestamente, iban a rotar ese cargo, pero poco a poco se despertó en él una ambición de poder incontenible. Se puso la banda tricolor, en el primer viaje que hizo a Brasil, en marzo de 1974. En junio de ese año, fue nombrado Jefe Supremo de la Nación, un título que evocaba a dictadores tropicales, como Rafael Trujillo.

Pinochet controló todo muy bien, fue hábil como político dentro del ejército. Marginó a los generales de su generación que idearon el golpe, como Bonilla y Arellano. Luego consiguió una fidelidad completa del ejército hacia su persona.  Además, la derecha social y política se entregó completamente a la dictadura, también la Democracia Cristiana, pero hasta 1974 y 1975.

Pinochet, como digo, tuvo el apoyo de todos los sectores de la derecha. Los nacionalistas de Pablo Rodríguez y los gremialistas fueron leales a su figura como dictador. Nunca se discutió eso, ni siquiera cuando fue el candidato al plebiscito de 1988.

Fue un político muy hábil que supo mantenerse en el poder, manejarse con una opinión internacional que lo repudiaba. Estados Unidos lo apoyó hasta 1976 con Richard Nixon, Gerald Ford y Henry Kissinger, pero con el presidente Jimmy Carter hubo un cambio. Y aunque con Ronald Reagan las cosas mejoraron para Pinochet, a partir de 1985 la Casa Blanca apostó por una transición pactada en Chile.

No podía ser presidente vitalicio y entonces introdujo ese plebiscito de 1988 que fue su error, porque permitió que una oposición, unas fuerzas democráticas que se habían levantado desde 1983, lo derrotaran.

UN ESFUERZO TITÁNICO

Otro de los temas obligados —y más actual— es la trastienda de su detención en Inglaterra.

Los papeles de Londres son importantes. Es la primera vez que se revisan —creo yo— los documentos de la Cancillería chilena sobre esa época.

Y ahí se ve el esfuerzo titánico del gobierno de Eduardo Frei Ruiz—Tagle por salvar a Pinochet. Cómo se movieron desde el primer momento, haciendo todo lo posible en España y en Inglaterra, para que lo devolvieran a Chile. 

¿Por qué crees que la élite política le perdonó a Pinochet tanto en democracia y por qué salieron a buscarlo a Inglaterra? 

Primero, la transición pactada, apoyada por Estados Unidos. También ese pacto implícito que fueron las reformas constitucionales de 1989. Por cierto, insuficientes, como luego sostuvieran personas como Ricardo Lagos.

Y recordemos, además, cómo fue Chile entre los años 1990 y 1998. Es decir, un país donde imperó un modelo económico, que no se podía poner en discusión, basado en el mito del puma latinoamericano. Y, además, la impunidad de Pinochet, que siguió siendo comandante en Jefe del Ejército. 

Las transiciones, yo soy honesto, son muy difíciles. De hecho, vengo de un país donde se hizo una transición con impunidad absoluta para los represores de la dictadura. He pensado mucho sobre eso, en España hay miles y miles de desaparecidos, republicanos en las cunetas. Y no hay un solo represor de torturas que haya sido juzgado, ni siquiera los de la década de 1970. Por suerte, para Chile, la historia cambió en Londres.

¿Qué sucedió allí en tu opinión?

Pinochet fue siempre muy precavido, se cuidaba las espaldas. Pero se fue a Londres de paseo, sabiendo que había una querella en España. Le dijeron que no podía… Pero, bajo la protección de un supuesto pasaporte diplomático, que no funcionó como tal, por primera vez se confió y ahí vino la orden del juez Baltasar Garzón. 

De todos los papeles que revisaste en Cancillería, ¿qué fue lo que más te sorprendió?

Primero una cosa que le comenté a Garzón en Madrid:  La connivencia entre la Fiscalía de la Audiencia Nacional Española, que se oponía a lo que hacía Garzón, con la embajada y el gobierno de Chile. Por ejemplo, si Garzón mandaba un cable a la Interpol, ese cable la Fiscalía lo enviaba a la embajada y la embajada lo enviaba a Santiago. Estaban perfectamente conectados. Después, por ejemplo, la carta que envió José Miguel Insulza al secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, en diciembre de 1998, donde le explicó las razones por las que el gobierno de Chile creía que Pinochet tenía que volver. 

Y luego, las últimas semanas, la relación con Margaret Thatcher, la que también fue muy interesante.

Y cuando tú ves a un socialista, como Insulza, escribirle al secretario general de Naciones Unidas para justificar el retorno de Pinochet ¿Qué piensas? 

Uno se sitúa en esa hipótesis. ¿Qué hacer en esas circunstancias? ¿someterse a las órdenes de un presidente y de su gobierno o renunciar? Yo quiero creer que hubiera renunciado como hizo Carmen Hertz, que era la directora jurídica de la Cancillería.

Yo no conozco las razones de Estado, y tampoco quiero ser muy duro, pero creo que el gobierno de Chile se equivocó. Pinochet debió ser extraditado y juzgado en España, porque había razones jurídicas para hacerlo. Después fue Ricardo Lagos el que también estuvo comprometido en eso. 

Aquellos años yo estaba en España, con la colonia chilena, en las movilizaciones del caso Pinochet. Para mí es una etapa inolvidable de mi vida.

Yo creo que una persona situada en esa posición tendría que haber renunciado y haberse negado a defender a Pinochet, porque todo se puede maquillar con el discurso de las razones de Estado, pero al final estás salvando a Pinochet de un juicio. 

Si el proceso contra Pinochet fue importante ¿qué hubiera sido un juicio contra Pinochet en Europa? Para la conciencia de los derechos humanos, para el avance del derecho penal internacional, hubiera sido algo histórico. 

Hay tres personajes clave en la vida de Pinochet: Lucía Hiriart, Manuel Contreras y Jaime Guzmán. ¿Cómo equilibró él esos tres intereses que a veces eran muy contrapuestos?

Sobre Lucía Hiriart yo no hablo mucho en el libro, me refiero al noviazgo porque es una biografía cronológica. Después cito entrevistas de ella, a partir del Golpe. Yo ahí me remito al libro de Alejandra Matus, que es un perfil magnífico de esa señora. 

Jaime Guzmán es más fácil, es más corto. Fui a la fundación Jaime Guzmán y me entregaron artículos de prensa y muchas cuestiones más, pero no me hablaron de otras cosas que tienen que haber existido, los papeles de su relación con Pinochet, yo no los pude ver. Él fue el principal asesor político de Pinochet hasta 1982, el año de la gran crisis. 

Guzmán tuvo un papel muy importante en la definición del modelo político del régimen, desde el primer momento de la declaración de principios de la Junta Militar. En el tema de la comisión constitucional que se creó a finales de septiembre de 1973 y la formación de los, entre comillas, frentes de masas del gremialismo.

Guzmán fue un tipo, me duele decirlo, brillante intelectualmente, capaz de levantar una alternativa de masas a la Unidad Popular, con el gremialismo, la movilización de las clases medias. Una persona integrista católica que supo, entre comillas, evolucionar.

En sus columnas periodísticas en La Tercera o Qué Pasa, él marcaba la pauta a los seguidores del régimen. Por ejemplo, en junio de 1990 escribió unas columnas atroces, no recuerdo el diario, donde dijo que el responsable de la aparición de fosas comunes en Pisagua no era la dictadura, que había fusilado a esas personas, sino que la Unidad Popular, que creó el clima de guerra en el país.

O sea, el tipo hasta el final fue un defensor de la dictadura de Pinochet y un defensor de la represión. 

¿Y el lazo de Pinochet con Contreras?

Cuando tú lees los artículos de Pinochet en el memorial del ejército chileno, te encuentras con textos mediocres. En cambio, hay uno de Manuel Contreras, escrito con otro general, que cito en el libro, que es un artículo asombroso. Que incluso se pudiera publicar, porque es sobre la guerra de Vietnam. Y dicen, la cita no es textual: La guerra contra la guerrilla se gana matando guerrilleros.

Contreras fue un tipo que quedó primero en la Academia de Guerra de su generación, que fue a perfeccionarse a Estados Unidos. Uno de los oficiales más brutales de la Guerra Fría. Pinochet sabía muy bien a quién le encargaba la creación de la DINA.

La Junta Militar, además, jamás tuvo ningún poder sobre la Dina. Pinochet estaba directamente al corriente de la represión. Y Contreras fue el hombre que se encargó de construir esa organización criminal. 

EL CHILE ACTUAL

¿Cuál crees tú que es la huella de Pinochet en la historia de Chile? 

Una huella muy negativa. Primero haber encabezado un golpe de Estado, que revocó un gobierno constitucional y democrático. Un gobierno que estaba intentando crear una sociedad más justa, en democracia, con respeto al pluralismo político.

Después, ser el jefe de una dictadura militar brutal, que hizo crímenes atroces. Él además con una crueldad particular, graficada en la operación «Retiro de televisores» de los años 1978 y 1979, cuando se descubrieron los cuerpos escondidos en los hornos de Lonquén y Pinochet dio la orden secreta de exhumar los restos de los detenidos desaparecidos, que estaban en fosas clandestinas, para destruirlos, hacerlos desaparecer, definitivamente.

Eso fue de una crueldad espantosa. Después, obviamente, el Chile actual es obra o es producto en parte de esa dictadura. Como sabemos el modelo económico es el que delinearon los Chicago Boys.

Un modelo económico con la universidad más cara de América Latina, con una salud pública muy endeble, donde tú te curas de un cáncer, si tienes plata, y con pensiones ínfimas. Chile aún no se ha liberado del pésimo legado de Pinochet. 

Cuando uno imprime un libro, el texto deja de pertenecerle y se convierte en propiedad de los lectores, ¿qué esperas tú que encuentre o sienta un lector hoy o en veinte años?

Bueno, primero, invito a la gente a que lea el libro, ya que cuando puse la tapa del libro en las redes sociales me dijeron de todo. Tuve que poner la parte de atrás para que algunas personas entendieran su contenido.

Creo que es un libro riguroso y exhaustivo. La lectura no es difícil, aunque tiene ochocientas páginas, porque yo no tengo un estilo complicado.

Espero que sirva para entender mejor la figura de Pinochet, comprender la historia reciente de Chile y del Ejército.

Que sirva a muchas personas que aún tienen una visión amable del dictador. Que les ayude a entender que fue un personaje negativo para la historia de Chile, que fue un personaje despiadado y cruel.

Es un libro que recorre un siglo de historia prácticamente de Chile, desde su infancia en Valparaíso hasta el año 2006 que muere, por tanto, ahí hay casi un siglo de la historia de Chile a través de la figura de un personaje tristemente célebre.

Ficha Técnica:

Título: Pinochet. Biografía militar y política

Autor: Mario Amorós

Sello: Ediciones B

PVP: $24.000

Págs: 836

Comentarios
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