Luego de ser internado el lunes 11 de mayo por un cuadro respiratorio al Hospital San José, los hijos de Héctor Pavéz le perdieron el rastro: las visitas no están permitidas en el centro de salud y los teléfonos están colapsados. Tras dos semanas de escasa información, el día 26 de mayo, mediante un funcionario conocido, la familia se enteró de manera extraoficial que Héctor había fallecido días atrás, el 24 de mayo.
Compartir
La última vez que Sonia Pavéz vio a su padre fue el 9 de mayo, antes de que fuera al SAR de Zapadores por la tos que tenía. Diecisiete días más tarde, luego de insistentes llamadas al Hospital San José, recibió información extraoficial del estado del hombre, pero no la que quería escuchar: Héctor Pavéz (90) estaba muerto.
Ante el deterioro de su padre, fue el hermano de Sonia quien lo acompañó el día 11 de mayo para ser internado en el Hospital San José. Luego de horas de espera en una ambulancia, el hombre de 90 años fue ingresado, indicándole el personal de salud al hijo que las visitas estaban prohibidas y cualquier información sería entregada vía llamada o presencialmente por el médico tratante fuera del recinto de salud.
“Dejaban sonar los teléfonos o te cortaban”, asegura Sonia. Nadie de la familia podía acudir al hospital por información de Héctor: sus hermanos estaban posiblemente contagiados y Sonia es grupo de riesgo por las enfermedades crónicas que arrastra. Así pasaron los días insistiendo, ante la nula información que tenían del estado del hombre.
Anuncios oficiales
Las notificaciones de parte del Hospital y el Servicio de Salud llegaron, pero tarde. Apenas se enteraron la mañana del 26 mediante un conocido que su padre estaba muerto, los hijos se contactaron con la Unidad de Anatomía Patológica que les confirmó la noticia.
Ya no quedaba nada más que hacer que apurarse con los papeleos y darle descanso a Héctor. Sin embargo, la hija afirma que “cuando estábamos haciendo los trámites en la funeraria, me llaman por teléfono de la Metropolitana Norte de Salud para preguntarme por mi papá, si es que estaba haciendo la cuarentena”.
El Hospital San José fue el último en entregar la noticia: “después de eso llamaron a mi hermano para avisarle de la muerte de mi padre” . Pero ya era tarde para la familia Pavéz, que se había enterado horas antes que su padre llevaba dos días fallecido.
Causa de muerte
“En el SAR le hicieron la prueba del Covid-19 a mi padre y resulta que todavía, hasta el día de hoy que está muerto, no tenemos la confirmación oficial de su enfermedad”, asegura Sonia. Incluso cuando la llamaron para verificar que el hombre, ya difunto, estaba respetando la cuarentena, no les comunicaron nada sobre resultados de las pruebas.
El certificado de defunción de Héctor indica que falleció por paro cardiorrespiratorio derivado de su neumonía con sospecha de Covid-19. El PCR se le aplicó quince días antes de su deceso y aún así el resultado no llegó a tiempo.
Ante la duda, en el funeral se llevaron a cabo todos los protocolos de muerte por coronavirus, por lo que pudieron asistir solo seis personas. Con distanciamiento los pocos deudos observaron cómo el cajón se hundía en la tierra, sin rito ni abrazos.
Sobrellevar la pérdida
Danilo Sanhueza, psicólogo de la Universidad de Chile, asegura que si ya la muerte constituye un tabú, en estos casos sobrellevar la pérdida se hace aún más complejo.
“Hay una situación muy violenta en relación con la familia, con el desconocimiento del dolor y del cuidado que implica de parte del Estado acompañar a la familia de una persona que ha fallecido a causa de esta pandemia, porque ahí la familia queda con muchas preguntas”, asegura el profesional.
Es importante para Sanhueza poder entregarle apoyo psicológico a las familias afectadas porque “puede generar un quiebre en la vida de esas personas, porque finalmente toda esta muerte queda asociada a la situación de negligencia”, pudiendo causar un duelo suspendido, donde la muerte no encuentra un cierre.



