Columna de Cristián Arcos: Carta a mis hijos que no vieron jugar a Maradona

EFE

Columna de Cristián Arcos: Carta a mis hijos que no vieron jugar a Maradona

Ustedes no vieron jugar a Maradona. Espero puedan entender mi pena ahora que murió. No podré jamás explicarles cómo jugaba porque, simplemente, Maradona no tiene explicación. Es Maradona. Con luces y sombras. Con amor y fanatismo perpetuo.

Es difícil explicarles lo que fue Maradona. Es imposible empezar por algún lugar y definir un final. Suena a trabalenguas, pero Maradona no fue el mejor, pero sí el más grande. Ustedes no lo vieron jugar y trataré de explicarles un poco lo que generaba Maradona.

Maradona no era alto. Era bajito y medio regordete. No le pegaba con la pierna derecha. No hacía goles de cabeza. No era como esos futbolistas que parecen superhéroes. Y pese a esto, fue el mejor futbolista de todos con enorme distancia.

Les cuento que a los 16 años debutó en Argentinos Juniors y fue goleador del campeonato. Metió 43 goles en 45 partidos. Que fue campeón del mundo juvenil en 1979 y que en 1986 ganó el Mundial de México con un equipo que jamás habría sido campeón sin su presencia.

Pero yo sé que ustedes quieren escuchar otras cosas, no estadísticas. Les cuento que cuando se fue del Barcelona al Nápoli de Italia, el estadio se llenó sólo para su presentación. Maradona bajó de un helicóptero, sin uniforme de futbolista, con una bufanda del club colgada al cuello. Se acercó a un escenario que estaba en la mitad de la cancha, dominó la pelota en un par de ocasiones y la lanzó cielo, ante la estruendosa respuesta de la multitud. Era el prefacio de lo que vendría.

Ustedes se deben preguntar cómo puedo admirar tanto a un tipo mal portado, incorrecto, adicto, excesivo. Es una buena pregunta y quizás no tengo la explicación más certera, pero sí les diré la verdad: no lo sé. Simplemente me sale, me nace, irradia, se contagia. Nadie logró conmoverme en una cancha de fútbol como lo hizo Maradona y ustedes saben que amo este juego mucho más que cualquier otro.

Maradona luchó contra la FIFA antes que todos. Se cuadró siempre con los futbolistas del lugar que fuera. Quiso armar un Sindicato de Futbolistas Mundiales. Le dijeron loco. El tiempo le dio la razón en todo.

Ex extraño, pero su imagen en mi memoria sigue siendo la del futbolista. Joven, ágil, rápido, gambeteador, ilusionista. Magia pura. No lo puedo ver inflado, maltrecho o como lo vimos la última vez, caminando con mucha dificultad. No puedo, Simplemente no puedo.

Les he mostrado mil veces el gol a los ingleses en México 86. Sé que los tengo aburridos de hablar de Maradona a cada rato, pero ahora que está muerto siento que nada será igual. Será todo tan distinto. Tan diferente sin él. Aunque ya no juegue, aunque no sea chileno, aunque no comparta todo lo que dice y hace, fue muy importante en un momento clave para muchos. Una parte de mí también acaba de morir.

Una vez hizo un gol con la mano en un Mundial. En ese mismo partido hizo el gol más bonito en la historia de los mundiales. Una vez agarró una pelota de golf, en una universidad norteamericana, y empezó a dominarla delante de todos, que miraban boquiabiertos su malabarismo. Una vez, jugando contra Chile se dio un pase a sí mismo con el pecho y salió corriendo para el otro lado. Una vez se agarró a combos con el Rey de España mirando el partido desde el palco. Una vez se zambulló en una cancha llena de agua por la lluvia para festejar un gol cuando era entrenador. Una vez se puso a saltar con una pelota pegada en la cabeza y el balón no se movía. Sé que suena increíble, pero les juro que todo eso es cierto.

Nunca he gritado los goles de otro país que no sean los de Chile, a excepción de los goles que hacía Maradona. Eso los gritaba con todo y ni yo entiendo por qué.

Maradona dijo que la pelota no se mancha, una frase que ustedes han escuchado de mi boca cientos de veces.

Ustedes no vieron jugar a Maradona. Espero puedan entender mi pena ahora que murió. No podré jamás explicarles cómo jugaba porque, simplemente, Maradona no tiene explicación. Es Maradona. Con luces y sombras. Con amor y fanatismo perpetuo.

Quizás con esto aprendan a conocer un poco a Maradona y de paso conocerme a mí también. Porque todos somos, en parte, lo que admiramos. Y al Diego lo admiré como a ningún otro.

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