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“Era llegar a otro planeta”: Las confesiones de un marinero chileno que trabajó en una embarcación china

El paseo de flotas chinas por la Zona Económica Exclusiva chilena ha llamado la atención de muchas personas. Se dice que son flotas de gobierno, y no cuentan con representantes visibles con los que se pueda hablar sobre sus actividades. Un trabajador chileno, Alexis Olivares, trabajó durante dos años en un barco chino, y relató varias de las complejas experiencias que lo llevaron a querer escapar.

Desde hace algún tiempo, ha llamado la atención la recurrencia con que ciertas flotas chinas transitan por la Zona Económica Exclusiva chilena. Si bien esto no es una práctica extraña, sí ha levantado diversas preguntas en torno al trabajo que ocurre en aquellos navíos.

Para conocer cómo es el trabajo, Radio Bío Bío conversó con el ex trabajador de una flota china, Alexis Olivares, quien se desempeñó durante casi dos años en una de estas embarcaciones.

La flota de 200 barcos que describe Olivares, trabaja llamando a un satélite que envía información sobre la temperatura del agua, cuyos resultados determinan el desplazamiento de la misma.

El trabajador embarcó con 27 años, firmó un documento en Uruguay que nunca vio y cuando le solicitaba el papel al capitán, éste nunca se lo enseñó. “Capaz que ni existiera”, reflexiona Olivares en el citado medio.

Fue en el Puerto La Paloma en Uruguay donde subió a la nave china que ya tenía 26 tripulantes. Como todos hablaban chino mandarín, Olivares debió aprender el idioma.

“Era como llegar a otro planeta, porque ni siquiera tenían cucharas ni tenedores”, sostuvo. Desde Montevideo, navegaron a Isla Ascensión, a medio camino entre África y Brasil.

Olivares detalló que trabajaban casi 18 horas diarias y se levantaban a las 4:00 de la madrugada. El desayuno era un pocillo con arroz y dos pedacitos de pescado, también bebían agua de arroz, ya que se aprovechaba al máximo el grano.

El joven, que trabajaba como marinero de cubierta, preparaba los aparejos y los tipos de redes necesarios para sacar los peces. Cuando llegó a Australia, Olivares comenzó a sentir deseos de escapar, pero no era posible.

Cuando Alexis le pidió su pasaporte al capitán, él se negó a devolvérselo, de manera que el chileno estaba retenido en la flota. Si bien recibía un sueldo, el trabajador no tenía la libertad de desembarcar sin sus documentos.

Tiempo después, en una isla al sur de Australia, la nave de Alexis se encontró con otro barco chino. Allí, el trabajador conoció a cuatro panameños que también querían escapar.

Entre los cinco hablaron con un cónsul, quien le solicitó los documentos al capitán del barco, quien en esta ocasión no le negó los documentos al diplomático y Alexis pudo desembarcar en 2001.

Olivares asegura que as flotas “trabajan en el límite de lo legal”, y que “se meten igual a la zona de restricción en la noche, siempre”. Según Alexis, como no son de ninguna empresa, no hay un gerente con quién hablar.

El entrevistado dijo que “los obligan a trabajar tanto de día como de noche”, pues el satélite les envía información de la temperatura del agua 24/7, y aseguró que el capitán golpeaba a trabajadores chinos cuando no los veía trabajando.

Además, Olivares rememora que en su paso por la embarcación no había un médico, y la única medida de salud era el reposo. A modo de anécdota, el trabajador comentó que para aliviar un dolor fuerte de estómago, le dieron arroz.

Después de su paso por la embarcación china, el marinero viajó a España y consiguió un trabajo en la marina mercante.

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