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Alejandra Donoso y su cruzada por mejorar la calidad de vida de comunidades haitianas

Hace cinco años comenzó a ayudar a una comunidad de haitianos en San José de Maipo, a través de una escuela de español que ella misma formó. Luego quiso ir más allá creando una bolsa de trabajo para ellos y liderando campañas de recolección de mercadería. Su próximo paso, dice, es crear una ONG destinada a enseñarles oficios.

En diciembre de 2015, Alejandra Donoso (58) estaba junto a su hijo, quien vivió un tiempo en Indonesia, cuando ambos vieron pasar a un grupo de haitianos que vivían cerca de su casa. Luego de un momento de silencio, él le dijo: “Mamá, no hay nada más difícil que vivir en un país con una cultura y un idioma diferente. ¿Qué te parece si les preparemos una cena de Navidad?”. 

Ella aceptó. Para invitarlos a la cena, confeccionó unas tarjetas de invitación y se las tradujo al francés para luego repartírselas. Esa sería la primera de muchas cenas de navidad que organizaría para ellos cada año. “A esa comida llegaron 72 la primera vez. Luego de eso me dije que estas juntas no se podían perder porque todos estaban muy agradecidos. Les pregunté si querían aprender español, me dijeron que sí y les dije que en marzo comenzaríamos una escuela”, cuenta. 

Y así fue. Alejandra es profesora de enseñanza básica e hizo las gestiones necesarias para poder conseguirse una sala en un liceo de San José de Maipo para realizar clases de español a haitianos en compañía de otro profesor, que también se ofreció a colaborar. Pero luego quiso seguir ayudando a esa comunidad organizando campañas de recolección de ropa y mercadería para las familias más vulnerables, creando una bolsa de trabajo con el fin de recopilar datos de empleo para quienes los necesitaran e incluso organizando viajes a la playa para que puedan conocer parte del litoral. También ha sido madrina de matrimonios y bautizos.

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¿Cómo funcionó la iniciativa de la escuela de español?

-Súper bien. Estoy contenta, porque varios de los que ingresaron en la escuela de español ya están capacitándose en institutos profesionales. Ellos terminaron su cuarto medio en un liceo de acá de San José y ahora hay seis que están estudiando carreras. Eso es un orgullo muy grande para mí.

¿Y la bolsa de trabajo? 

-Ha sido muy útil. Hay gente que conozco que me comenta que necesitan alguna persona para trabajar, entonces yo me tomo el trabajo de recopilar sus datos de contacto y los detalles del trabajo. Con la comunidad nos coordinamos por grupos de Whatsapp y yo ahí les comento cuando se necesita gente para trabajar, de qué se trata, los horarios, el pago y todo eso y ahí los interesados se anotan. De esa forma aparecen trabajos de jardinero, mucama, entre otros.

“Estoy contenta, porque varios de los que ingresaron en la escuela de español ya están capacitándose en institutos profesionales. Ellos terminaron su cuarto medio en un liceo de acá de San José y ahora hay seis que están estudiando carreras. Eso es un orgullo muy grande para mí”.

Ahora con la pandemia, ¿cómo lo hicieron con lo de la cena navideña anual?

-Como no íbamos a poder encontrarnos en la cena presencial, que era lo acostumbrado, se me ocurrió buscar familias que apadrinaran a una familia haitiana y que lo mismo que íbamos a comer en una cena, lo echaran en una cajita para luego repartírselas. La cajita llevaba pollo, arroz, aceite, todo lo necesario para hacer la cena de navidad. Esa iniciativa resultó muy linda para todos.

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¿Las iniciativas que coordina son sólo para la comunidad haitiana?

-Sí, porque creo que ellos son los que necesitan más ayuda. Por el tema de la barrera idiomática y también porque, lamentablemente y a pesar de que estamos en el siglo XXI, ellos enfrentan discriminación racial. Los haitianos que he conocido son personas humildes. Llegaron con la cabeza gacha a trabajar en lo que sea y acá, a pesar de que viven como viven, igual se sienten mejor que en su país porque allá muchas veces no tienen nada. Acá por lo menos tienen una casita prefabricada y un trabajo.

¿Y cómo han respondido ellos a su trabajo?

-Están súper agradecidos. Por eso sigo en esto también. Se ha dado una amistad y cariño muy especial, a mí ellos me dicen que soy la tía o la profe. Igual a veces me canso, pero después me da ánimo ver sus caras de alegría o la de los niños cuando les entregamos juguetes o un dulce. A pesar de cómo viven, muchas veces hacinados y en malas condiciones, no quieren irse a su país, les gusta vivir acá y tienen ganas de trabajar. Se nota que quieren aprender e incorporarse a la sociedad y yo feliz de poder ayudarlos en lo que pueda.

¿La comunidad recibe ayuda de otras personas?

-Sí, de algunos. La gente en San José de Maipo se han portado súper bien con ellos. Pero hay otras personas que igual me critican. “¿Y por qué mejor no ayuda a los chilenos que tanto necesitan”, siempre me dicen cosas así. El tema de la discriminación está muy presente todavía. A pesar de que estamos en el siglo XXI, todavía hay gente que los discrimina de todas formas, les molesta su presencia y me cuestionan porque los ayudo a ellos, que por qué no empiezo por los chilenos, que la calidad va por casa, que aquí y allá.

“Se ha dado una amistad y cariño muy especial, a mí ellos me dicen que soy la tía o la profe. Igual a veces me canso, pero después me da ánimo ver sus caras de alegría o la de los niños cuando les entregamos juguetes o un dulce”.

UNA COMUNIDAD QUE CRECE

Con el tiempo, algunos miembros de la comunidad de haitianos que vivía en el Cajón del Maipo, se trasladaron hasta un campamento en el sector de Casas Viejas, en Puente Alto. Por ese motivo, Alejandra decidió dividir su trabajo entre ambas comunidades. Pero hoy, la que más le preocupa es la de Casas Viejas.

“En el campamento de Puente Alto hay muchas familias haitianas y tienen un tema puntual con la basura. El camión de la basura va sólo una vez cada dos semanas, entonces, a estas alturas y con todo el calor se produjo una plaga de moscas y ratones”, cuenta. 

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¿Cómo le gustaría ayudarlos?

-La idea es poder conseguirse unos contenedores y enseñarles a cómo reciclar, porque no todos saben hacerlo. En eso estoy, con cooperación de la gente y a través de campañas. También estoy formando una ONG donde los voy a incorporar para que aprendan a reciclar, entre otras cosas.

¿En qué consistirá esa ONG?

-Va a ser para temas de escolarización y para que aprendan oficios. Hace falta enseñarles muchas cosas que les facilitarán la vida. Algunos no sabían que hay desechos que se pueden reciclar, como por ejemplo, las latas de bebida y el cartón. Ellos los pueden juntar y vender. Mi idea es comenzar a hacer campañas para enseñarles a cómo reciclar.

¿Qué espera a futuro para la comunidad?

-Los de Casas Viejas, espero que aprendan a organizarse en juntas de vecinos y así puedan funcionar mejor como comunidad. Espero que también en un futuro, además de fomentar la cultura del reciclaje, se puedan hacer controles de natalidad y operativos médicos. Los de la comunidad de San José, espero que sigan estudiando. Hay varios que ya están en cuarto medio y me gustaría que luego se capaciten en oficios y profesiones. Espero poder seguir ayudándolos y que Dios me de fuerza y salud para hacerlo.

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