Karla Melo, actriz: “Yo soy flaite. Yo conozco la calle”

La artista recuerda su paso por El Reemplazante, luego que ganara el Copihue de Oro a la mejor serie de la década. Aquí habla del premio, de su juventud, de la política, de la rabia, de ser chula, de ser sexy y de su firme propósito de ser cantante.

“¿Aló? ¿Quién habla?”, dijo al teléfono la actriz Karla Melo, diez días atrás, en un martes de rutina. Una voz de hombre normal le dio el aviso: “Usted ha ganado un premio, señorita Melo”. “¿Ah, sí?”, respondió ella, escéptica, suponiendo que allí se elaboraba una estafa, tal vez la estaba llamando un convicto nutrido de telefonía, o un sicópata en plena cuarentena, y entonces agregó, “¿Y se puede saber qué premio gané?”. “Mire”, le dijo la voz con calma, “le hablo desde el diario La Cuarta. Usted y sus compañeros, es decir, todo el conjunto de la serie El Reemplazante, emitida felizmente en televisión abierta entre los años 2012 y 2014, han ganado el premio…¡a la mejor serie de la década!”. “¿Qué? ¿De qué premio me habla, señor?”, se contagió Karla Melo, sensibilizada de pronto ante el espejismo de la gloria. La voz, y en esto nos permitimos un matiz hollywoodense, debe haber suspirado. Debe haber hecho una pausa emocional antes de informar con contundencia:

-¡Han ganado El Copihue de Oro!

Karla Melo de inmediato perdió el control y soltó un alarido. Exclamó, verídicamente, una frase nacional:

-¡¡¡Me estás hueveando!!!

Karla Melo con el Copihue de Oro.

Es que Karla se torna sensible porque ella debutó en la actuación destacada con la serie El Reemplazante. Tras la serie, tras ese éxito que duró dos temporadas, 24 capítulos, y que implicó que los jóvenes la vitorearan, Karla actuó en ocho teleseries y protagonizó cuatro video clip. Se hizo famosa. Ya ha dado, según calcula, alrededor de cien entrevistas. Pero su primer paso fue en la serie. Karla Melo, en realidad, es El Reemplazante.

-¡La felicito por este premio!- aportó con cortesía la voz.

Karla, según parece, y como ocurre en estas victorias, empezó a dar las gracias con la mente. Vislumbró a su familia, posada en el aire: “Y quiero, especialmente”, quizás pudo imaginarse en el discurso, “dar las gracias a Marcela Muñoz, mi abuela, apodada Güeli, quien me crió a solas desde que tenía ocho años. Quiero extender los agradecimientos, uf, al elenco, al equipo, a los cabros en su totalidad, a mi hermana, y a Taylor, mi perrita, y a Cuchita, mi gata, por estar siempre allí”. Karla Melo tiene una familia compacta, con los integrantes justos –una abuela, una hermana, una prima, los hijos de la prima, un tío, dos animales-, y, además, tiene a una mamá en el cielo y a un papá en su propio mundo.  A todos ellos les dio las gracias.

-Votaron 135 mil personas por la serie El Reemplazante…- insistió la voz.

-¡¡¡Me estás hueveando!!!

-Y, bueno, entre nos, derrotaron a la serie Los 80…- detalló imprudentemente la voz.

Es, ni más ni menos, que la obtención de un Copihue de Oro amplificado por diez. El Premio Oscar del pueblo, la estatuilla sin oro. Este premio proviene desde el living de la clase media, desde la chilenidad con tele: Karla Melo debe estar conmovida porque este premio lo otorga el televidente del montón. “Uf, es verdad, eso es lo valioso”, piensa, sensible, Karla Malo, con el lacrimal inflamado. Y, pues, ganó El Reemplazante, con toda la pandilla. Ganó el Charlie, el Maicol, y ella, claro, que en la serie encarnó a Flavia Tello, la indomable. 

-Señorita Melo…- continuó esa voz al teléfono- ¿le puedo enviar el premio a su casa?

-¡¡¡Mándemelo!!!

Entonces Karla Melo, la premiada, y esa voz, originada en el diario La Cuarta, cortaron.

Y Karla llamó a los cabros para contarles.

El puño alzado

Karla Melo -34 años, soltera, actriz titulada que aún paga el CAE, signo Virgo, admiradora de Tamara Acosta, de Amparo Noguera, una celebridad en Instagram- revela, ya enfocada desde el Lenovo por el reportero, que los cabros quedaron felices. Los cabros, especifica, son los otros personajes, la pandilla. Y Karla además opina que esa serie la hizo feliz. Esto dice Karla Melo en torno a la serie.

-¡Había mucho talento!

O esto dice Karla acerca del grupo de actores:

-¡Se hizo el medio casting!

E incluso, al recordar las reacciones de los televidentes, Karla Melo exclama:

-¡Todavía me paran!

Cuando la detienen, o cuando le escriben, a Karla Melo le dicen este tipo de frases: “Yo soy como tú”, “me pasaba lo mismo en el colegio” o bien, “este país es como las huevas”. Ante lo cual Karla asume una actitud comprensiva. Y les dice: “Yo soy normal, cabros”. Y tolera una fotografía esbozando una carcajada.

-¿Se siente querida por la gente?- preguntamos.

-Más que la cresta.

Este reportero habló con jóvenes cuyas edades fluctúan entre los 18 y los 22 años. Y les preguntó: “Muchachos, ¿qué opinan de Karla Melo?”. Y un joven dijo: “Es la raja”. Otro joven dijo: “Es achorada”. Ocurre que, en esa serie, El Reemplazante, Karla Melo fue una chora con jumper. La del kóyak en la boca.

-¿Qué cambió le generó El Reemplazante?- preguntamos.

Karla Melo medita. Y dice.

-Me fijé en la política.

-¿Antes no se fijaba en ella?

-No. Antes no pescaba. Antes no me daba cuenta de lo que pasaba.

Antes Karla Melo era simplemente la nieta de Marcela Muñoz. Era una joven cuya madre había muerto por un cáncer repentino cuando ella tenía ocho años. Y entonces su abuela se encargó de su formación. Karla Melo era la estudiante de la comuna de Recoleta, la que vivía frente a los block, frente a los que robaban si un vecino les caía mal, los que vendían los pitos, los que le silbaban a las piernas de una mujer. Karla Melo, en fin, no se metía en problemas: era una nieta que vivía tranquilamente frente al televisor. Veía Rojo. Veía a Álvaro Ballero decir Yo Soy Ballero. Era una joven chilena, como tantas, sin su mamá y con su papá ocupado en otro lugar.

-Yo era tan chica cuando murió mi mamá…- desliza, murmura.

Y añade:

-Recién ahora me doy cuenta lo que eso pudo significar.

-¿En qué sentido?

-Conductas que yo tenía. No sé. Ahora me explico por qué yo hacía bullying. Porque hacía ciertas cosas.

Y se calla.

-Uf…

Y suspira.

Y entonces, claro, vino la actuación, vino la serie, vinieron las alabanzas. Y vino, sin querer, pero queriendo, la política.

-Antes en mi casa no se hablaba de política. Hoy, en mi casa, o en la casa de mi abuela, todo el rato se habla de política. En todos los carretes se habla de política. En todas las sobremesas se habla de política.

-¿La cabeza se le llenó de ideología?

-Empecé a sentir que las cosas cambiaban.

-¿Las cosas cambiaron?

-Uf. Qué difícil. Creo que Chile, en algún nivel, cambió.

-¿Chile es un país mejor?

-Eso ya es más complejo.

-¿Chile empeoró?

-Yo creo que Chile cambió su mentalidad. Creo que hay mucha gente que quiere cambiar las cosas.

“Antes en mi casa no se hablaba de política. Hoy, en mi casa, o en la casa de mi abuela, todo el rato se habla de política. En todos los carretes se habla de política. En todas las sobremesas se habla de política”.

La serie El Reemplazante la volcó hacia la justicia. La serie El Reemplazante difundió a los pingüinos y anunció a los encapuchados. Ella, el 2019, ya politizada, fue a las marchas. Estiró el puño en el aire. Estuvo con el feminismo. La gente la reconocía, aunque ella alega:

-¡Si tampoco soy Lucho Jara!

-¿La serie, sin pretenderlo, anunció el Estallido Social?

-O sea- remarca- vino el Estallido y dijimos: “¡Huevón, esto ya lo grabamos!”

La serie El Reemplazante recibió 135.000 votos.

Ya habían grabado el malestar, la furia, el desencanto. El Maicol enojado, el otro frustrado, la Flavia con el kóyak. Y, en la vida real, ella también está enfurecida: Karla Melo, por ejemplo, vive con normalidad en Providencia, pero debe pagar un crédito universitario hasta el 2034. “Pago como 40 lucas mensuales. Y si me atraso un día, tengo que pagar 60 lucas”, reclama.

“Vino el Estallido y dijimos: “¡Huevón, esto ya lo grabamos!” .

Karla ha tenido que pegar un grito:

-¡País culia…!

Y luego se calma:

-Igual es bonito cachar que la serie influyó en la gente.

Actualmente Karla Melo no es de derecha ni de izquierda, tan sólo es una chilena con punto de vista.

-¿Qué piensa?

-Hay que entender a los que están con rabia.

-¿Está conectada con el mundo del encapuchado?

-Tengo un amigo que fue encapuchado. Un actor.

-¿Ha actuado en teleseries?

-Es desconocido. Fue primera línea. Le llegaban piedras. Se hacía tajos en la cabeza. Yo le decía: “¡Te van a cagar un ojo!”. Y él decía: “Yo tengo que estar ahí, hay que luchar”. Después, con el tiempo, fue yendo menos. ¿Pero te digo algo?

-Por favor…

-Una vez vi una entrevista a un cabro del SENAME. Y él decía que no tenía nada que ganar y no tenía nada que perder. Y me hizo pensar.

-¿Qué concluyó?

-Que es heavy.

-…claro…

Y explota.

-¡Este país es muy penca!

-Suéltelo…- la motiva la prensa al verla en un estallido íntimo.

-¡Los cabros tienen derecho a estar enojados! ¿Y sabes qué?

-Qué…

-¡Puta, sí, que lo quemen todo! Yo no seré la que les salga a decir que no lo hagan.

“¡Este país es muy penca!”

De algún modo su frase flota en el aire. Karla Melo tuvo un brote de Flavia Tello. La actriz y el personaje se encadenaron en un segundo de ira. Ambas han pedido justicia.

Abran paso

Desde que salió en la tele a Karla Melo le mejoró la voz. La teleserie Gemelas hizo posible que Karla fuese una cantante de gira por Chile, entonando hits de Tropical Mex.

-Quiero cantar- dice ahora.

-Cante, por favor.

-No ahora. Yo hice una canción.

-¿Cómo se llama?

-“Vos no sabís querer”.

Karla Melo admite que quiere ser una Britney Spears con hondura. Una artista completa. No pone todas las fichas en televisión, en una tele, más encima, que fabrica leseras.

-A mí siempre me dan los papeles de flaite, de chula y de sexy…pero, bueno, es así…

-¿Y usted es flaite?

-La verdad es que sí.

-¿Por qué es flaite?

-Porque yo conozco la calle.

-¿En qué sentido? ¿Usted vive al aire libre?

-Siempre la he conocido.

“A mí siempre me dan los papeles de flaite, de chula y de sexy…pero, bueno, es así…”

-¿Cómo es la calle?

-La calle es crecer con carencias. Y aprender de eso. La calle es la realidad. 

-Disculpe, pero ¿quiénes son los flaites?

-Los flaites son los que empatizan con los problemas de la gente. ¿Sabes qué?

-Dígame.

-Ser flaite se siente.

-Mira, yo también, en ese sentido, me considero una persona en vías de ser flaite, Karla- revela el reportero, que es un hombre con los bolsillos estresados.

-Es que ser flaite es lo normal, es lo que le pasa a todo el mundo.

-¿Y usted es chula?

-No. Eso es como una moda.

-¿Cuál es la moda? ¿El chulerío?

-No sé, vestirse con Versace y ser una picante.

-¿Y es sexy?

-Sí. Yo me siento sexy.

Hace una pausa. Por un segundo forzó los labios para darles volumen.

La calle es crecer con carencias. Y aprender de eso. La calle es la realidad”. 

-¿La televisión chilena hoy es muy mala?

-Uf. Yo no veo televisión abierta. Pero sí puedo decir que las series son buenas y las teleseries se hacen a la rápida. Pero hay algo que me molesta…

El reportero supone que vendrá una exclamación.

-¡Me molesta que siempre estén los mismos en la tele!

Karla Melo en las grabaciones de la teleserie “Tranquilo Papá”. Crédito: Agencia Uno.

-¿Se refiere a Pancho Melo?- pregunta antojadizamente el reportero.

-¡A varios!

Reclama su espacio: abran lugar para Karla Melo, la indomable en la vida real, la chora que ama la frase que canta: “¿Y vos qué sabís de querer, culiao?”.

-Oiga, si fuera Directora de un canal, ¿qué medidas toma?

-Caras nuevas.

-Y si fuera Ministra de Educación, ¿qué medidas toma?

-Uuu…la media cagadita…lo primero que diría: ¡Nadie tiene más deudas! ¡Eso se acabó!

Y ríe fuerte, como si fuera Flavia Tello. Y, claro, abran paso a esta enfurecida, a Karla Melo, la cantante, la justiciera. La misma nieta de siempre. La elegante flaite que ahora grita: “¡Gracias a todos por el Copihue de Oro!”. Y que sonríe, dice chao, y por un tiempo vuelve a desaparecer.

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