Marcela Anabalón

María Olivia Mönckeberg, autora de “Karadima, El Señor de los Infiernos”: “Cuesta hablar mal de los muertos, pero de verdad éste era un personaje siniestro”

La periodista y autora del libro “Karadima, El Señor de los Infiernos” hace un repaso del personaje que encarnó la historia reciente de desprestigio de la Iglesia chilena, marcada en los últimos años por los abusos y encubrimiento institucional. Asimismo, analiza las estructuras de poder que construyó el ex párroco de El Bosque y que lo mantuvieron por años en la cúspide de la élite.

La muerte de Fernando Karadima despertó los fantasmas de abuso, poder e impunidad que marcaron la historia del antiguo párroco de El Bosque, quien murió sólo con una condena del Vaticano -expulsado de la institución el 2018-,  sin haber pedido nunca perdón ni reconocido los abusos sexuales acreditados que cometió. Aquí, la periodista y escritora María Olivia Mönckeberg, quien investigó el caso para su libro “Karadima, El Señor de los Infiernos” (Debate, 2011), revisar a este personaje que encarnó la que acaso fue una irreversible crisis de confianza de la Iglesia Católica en Chile.

¿Qué simboliza Fermando Karadima en la historia de desprestigio de la Iglesia?

Un punto muy importante significó el que se develara lo que estaba ocurriendo en su momento en la parroquia de El Bosque, donde este personaje era el amo y señor, ese señor de los infiernos, como le puse de título al libro. El asunto es que a partir de allí, se abrió todo lo que pudimos conocer sobre los abusos de la Iglesia Católica. Cuesta hablar mal de los muertos, pero de verdad éste era un personaje siniestro que hizo mucho daño, desde luego a la Iglesia pero, sobre todo, a las víctimas, a las que conocemos y a las que no conocemos. 

Fíjate que él tenía una organización de sacerdotes, que era la Pía Unión Sacerdotal, que eran como 40 personas y él aparecía como un gran proveedor de vocaciones sacerdotales. Entonces, hasta ese minuto, hasta el 2010 fue encubierto también por el ex Arzobispo de Santiago, el Cardenal (Francisco Javier) Errázuriz, y después vimos que también por el propio ex cardenal Ezatti. Nunca hubo una actitud de la jerarquía de la Iglesia Católica que fuera muy condenatoria de lo que había estado pasando aquí, porque él había logrado generar toda una estructura de poder en que le obedecían en el nombre de Dios, cometía los abusos de conciencia para luego entrar en el abuso sexual. Creo que lo que configuró Karadima ahí era como una secta.

¿Cómo fue que Karadima logró instalarse en las esferas del poder?

Él ya en el tiempo de la dictadura era muy cercano a personas que apoyaban a Pinochet, hay ejemplos de situaciones puntuales, pero que son bastante simbólicas, como cuando acogió en la torre de la iglesia de El Bosque a una de las personas que habían estado metidas en el asesinato del general René Schneider en 1970. Después, él se rozaba con gente con dinero, con influencias, personas ligadas a grupos económicos, como el caso de la familia Matte, los dueños de la papelera. Recordaba en la mañana cuando salió la señora de Eliodoro Matte a defenderlo, porque al comienzo decían que esto era poco menos que mentiras, cuando salieron a denunciar estos primeros denunciantes. Él tenía amistades en esferas del poder, me acuerdo que hasta el senador Manuel José Ossandón (RN) lo defendió, aunque él se arrepintió y después pidió disculpas. 

¿Qué logró que el testimonio de Hamilton, Cruz y Murillo impactara tanto en la sociedad chilena, siendo que anteriormente ya habían historias de abusos en la iglesia?

Influyó que se atrevieran a dar la cara para denunciarlo. Fueron tan fuertes esos testimonios que yo creo que por eso impactaron. También el hecho de que la mayoría de las víctimas directas de Karadima fueran chiquillos de colegios particulares, de medios acomodados. Ayudó en eso el rol de los medios de comunicación, los periodistas jugamos un rol, porque ese primer reportaje de la Paulina Allende Salazar en TVN fue muy importante, y luego se logró romper barreras con eso. Además instaló el tema del abuso.

“Nunca hubo una actitud de la jerarquía de la Iglesia Católica que fuera muy condenatoria de lo que había estado pasando aquí, porque él había logrado generar toda una estructura de poder en que le obedecían en el nombre de Dios, cometía los abusos de conciencia para luego entrar en el abuso sexual. Creo que lo que configuró Karadima ahí era como una secta”.

A la luz del tiempo ¿Cómo evalúa el rol de la Iglesia para gestionar el Caso Karadima?

El rol de la Iglesia Católica por lo menos lo veo con mucho escepticismo y preocupación, porque de verdad llegaron tarde a tratar de hacer algo y el reconocimiento fue tardío. En el caso Karadima hubo personas que dejaron de ser sacerdotes; Eugenio de la Fuente dejó de ser sacerdote y tengo entendido que un hermano de los Kast también. Y esto es un tema que ya no es una opinión, pero hoy no podemos decir “la iglesia” por el efecto de la Pandemia, pero te aseguro que la concurrencia sería bastante menor que hacer diez o quince años. 

Desde luego, hay estudios que están denotando cómo ha bajado la cantidad de personas que se dicen católicos que creen en la iglesia. También ha perdido efecto como voz la Iglesia. Antes era una voz hasta en situaciones políticas. Hoy, ¿Qué voz de la Iglesia hemos visto? Apenas la gente sabe quién es el arzobispo de Santiago (Celestino Aós). Efectivamente tienen muchos colegios, tienen la Universidad Católica, pero no tienen el poder que tenían hace quince años.

Él se rozaba con gente con dinero, con influencias, personas ligadas a grupos económicos, como el caso de la familia Matte, los dueños de la papelera. Recordaba en la mañana cuando salió la señora de Eliodoro Matte a defenderlo, porque al comienzo decían que esto era poco menos que mentiras”.

¿Qué le parece que, hasta el momento de su muerte, sólo haya sido condenado por el Vaticano?

Es súper complicado, porque Karadima fue condenado en un juicio civil nomás, pero no se ha hecho justicia. La condena del Vaticano también llegó tarde porque hay una cultura del encubrimiento y eso es una de las cuestiones que yo veía cuando hice la investigación de ese libro. Piensa tú que Karadima, además de nunca haber sido juzgado, nunca quiso reconocer ni pedir perdón por todo el daño que había hecho y eso ocurre con otros abusadores también. Entonces uno dice ¿Cuál es el que falta? Porque ojo, esto no es pasado, esto está pasando aún, porque existen grupos más chicos, también sectarios, de la Iglesia Católica. Están más escondidos, pero existen. Entonces hay que fijarse muy bien en lo que está ocurriendo y en lo que puede ocurrir en la formación de los jóvenes y de los niños.

¿Se refiere a un grupo en particular?

Hay varios, están por ser investigados, pero por supuesto que hay.

¿Qué señal dio la justicia chilena con este caso?

Ninguna. No ha dado señales.

¿Cree que la legislación se está poniendo a la altura de estos casos con la discusión sobre la imprescriptibilidad de los delitos sexuales? Actualmente se tramita en la Cámara una moción parlamentaria en esta línea.

Sí, por supuesto no deberían prescribir, pero no es sólo los delitos sexuales. También existe el abuso de conciencia y muchas otras cosas que deberíamos defender si defendemos los Derechos Humanos. No es sólo el abuso sexual. 

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