Árboles de hoja perenne evidencian el daño foliar que ha causado la sequía :derechos_de_autor:Proyecto GEF Montaña

Columna de Martín del Río López: Asumámoslo, no va a llover más. ¡Reaccionemos, por favor!

El clima cambió y seguirá cambiando. Lo anunciaron miles de científicos y entendidos de todo el mundo hace mucho tiempo, pero aún, con todo lo que se ha hecho y se hace, creo que no estamos ni cerca de ver y abordar el problema en su magnitud.

El mes de marzo, mi hermano geógrafo me prestó un pluviómetro y así pasé a ser parte de una misión: incorporarme en una iniciativa de ciencia ciudadana, donde desde diferentes puntos de la ciudad, distintas personas informaríamos cuántos milímetros (mm) caen en el m2 que habitamos. Muy entusiasmado, acepté felizmente. ¿Qué tenía que hacer? Los días que lloviera, tenía que tener instalado bien firme el pluviómetro (que ni un huracán lo pudiera botar), esperar que ocurriera la precipitación -desde el comienzo del frente, hasta la última garuga- y cuando ya el sol confirmara que el evento había pasado, sacar una foto e informar exactamente los mm caídos. Así aportaríamos al registro anual de aguas caídas en la capital y sería una contribución para que científicos y estudiantes puedan trabajar bajo nuevos supuestos.

Cuando acepté, lamentablemente sabía que no iba a tener mucha pega, pero nunca pensé que iba a ser tan poca. A la fecha de escribir esta columna (4 de agosto) solamente he tenido dos eventos, los cuales registré con felicidad y optimismo (el 21 de mayo registré 20 mm y el fin de semana del 24-26 junio casi 50 mm). El resto, un par de garugas y gotas que no mueven la aguja. Cabe precisar que mi estación meteorológica casera marca un poco más de agua caída si lo comparamos con datos de las estaciones más céntricas, ya que me encuentro más cerca de la cordillera.

¿Recuerdan el aluvión del Cajón del Maipo? Si sumamos lo de enero, donde llovieron más 30 de mm en la ciudad un día en pleno verano, llevamos a la fecha un total de 78,1 mm caídos (estación Quinta Normal, Dirección Meteorológica de Chile) teniendo así un déficit entre el 62% y 80%.

Para sumarle más pelos a la sopa: hablemos de temperaturas. El mes de julio de 2021 termina como el más caluroso en Santiago desde que hay registro, y ya en agosto pronostican varios días con temperaturas sobres los 25 grados. Para terminar el drama, el déficit de nieve acumula un 90%, la única reserva que tenemos para el verano y otoño siguiente. Y esto es sólo un resumen de lo que ocurre en la RM. La tragedia va desde la región de Atacama hasta La Araucanía.

Pero estas desalentadoras cifras nos siguen y seguirán sorprendiendo, ya que todo lo que estamos viviendo en la zona central de Chile no tiene precedentes desde que hay registro. Recuerdo que el año 2015 ya se hablaba de “megasequía” o bien “hipersequía”, como lo describe el científico René Garreaud del (CR)2 de la U. de Chile. Estamos en el 2021 y parece que es de no acabar. 

El clima cambió y seguirá cambiando. Lo anunciaron miles de científicos y entendidos de todo el mundo hace mucho tiempo, pero aún, con todo lo que se ha hecho y se hace, creo que no estamos ni cerca de ver y abordar el problema en su magnitud. Los estudios de cambio climático a un país como Chile y en especial a la zona central de clima mediterráneo, nos anuncian que nos afectará fuertemente, por lo que debemos acostumbrarnos a que lloverá menos pero más violentamente y se extremarán las temperaturas, arrojando así un sinfín de nuevos problemas y desafíos a resolver.

Para sumarle más pelos a la sopa: hablemos de temperaturas. El mes de julio de 2021 termina como el más caluroso en Santiago desde que hay registro, y ya en agosto pronostican varios días con temperaturas sobres los 25 grados. Para terminar el drama, el déficit de nieve acumula un 90%, la única reserva que tenemos para el verano y otoño siguiente.

El tema del agua es y será el principal tema en discusión a futuro en Chile y el mundo. Como país llevamos varios años discutiendo sobre si es sequía o saqueo, no me cabe duda que argumentos y hechos sobran que confirman un mal y abusivo manejo del recurso, y ojalá se enmiende lo antes posible en pro de las personas y los ecosistemas. Pero lo que creo que no podemos rebatir, ni los más anárquicos lo pueden defender, es que está lloviendo mucho menos, los glaciares se están derritiendo más rápido, el bosque esclerófilo se seca y es el fin de una endémica biodiversidad en la zona central. Chile se seca y no lo estamos tomando en serio.

En esta primera columna que me toca publicar en este diario, quiero poner más urgencia en este tema, cambiar el paradigma, esto no había pasado nunca y es muy grave lo que estamos viviendo. Quiero plantear algunas preguntas (entre muchas que hay) en relación al agua en la ciudad que, a diferencia de otras problemáticas, sí creo que tienen respuestas rápidas y soluciones que, si como país tomamos como prioridad y empezamos a trabajar desde ya, pueden hacer la diferencia.

¿Cómo es posible que en el 2021 las normativas de construcción del país no exijan desde hace años medidas para reutilizar las aguas grises y negras? Si somos líderes en el mundo en normas de construcción para terremotos, por qué no podemos serlo también en medidas de ahorro de agua en todas las dimensiones. Países como Australia o España lo hacen hace muchos años, podríamos estar a la vanguardia junto a ellos en darle al agua varios ciclos. Por dar un ejemplo, el geógrafo Pablo Osses de la Universidad Católica de Chile explica: “¿Cuántas veces se ocupa el mismo litro de agua en Israel? Se ocupa 7 veces, en Chile 2.5 veces.”

¿Cómo no existe una campaña constante donde se incentive el ahorro de agua? Algunos dirán que el consumo doméstico es bajísimo frente a la agricultura o la minería. Pero si desde todos los hogares y las industrias hubiera consciencia permanente sobre el tema, nuestra relación con el “recurso” agua sería distinto.

¿Cómo es posible que siga habiendo planes reguladores que permitan a las inmobiliarias construir en pie de monte o destruyendo el bosque nativo del clima mediterráneo? El más susceptible a desaparecer con el cambio de clima y que más ayuda a contener la desertificación de los suelos. ¿Cómo no todas las municipalidades exigen en sus normativas que deben utilizar especies de bajo consumo para el paisajismo de la ciudad? Asumámoslo, va a llover menos y seremos más parecidos al norte de Chile que al sur.

Hay muchas más preguntas y hay varias interesantes iniciativas y proyectos en proceso, pero falta mucho. Este es un gran problema que hay que tomar en cuenta desde ahora ya, porque hasta ahora se aborda en cámara lenta, políticamente no es tema principal, se menciona, se ve en titulares, pero al fin y al cabo no se actúa ni se aborda con urgencia. Por favor no esperemos otro año seco más para actuar.

¿Cómo es posible que en el 2021 las normativas de construcción del país no exijan desde hace años medidas para reutilizar las aguas grises y negras? Si somos líderes en el mundo en normas de construcción para terremotos, por qué no podemos serlo también en medidas de ahorro de agua en todas las dimensiones.

Con un proceso constituyente en curso y frente a unas próximas elecciones presidenciales, creo necesario, urgente y responsable que los candidatos nombren entre sus principales medidas el cómo vamos a afrontar el problema de la falta de precipitaciones (con consecuencias socio-ambientales enormes) y cómo afrontamos el cambio climático.

Queda invierno y toda la primavera por delante, mi misión y mi pluviómetro seguirán a la espera con mucho entusiasmo… y esperanza.

* Martín del Río López es Fundador y director de Ladera Sur

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