Crédito: Mónica Molina

José Maza, astrónomo: “A mí nunca me enseñaron ni una palabra en mapudungun”

El Premio Nacional de Ciencias podría haber sido uno de los 155 constituyentes de la Convención, pero prefirió concentrarse en su trabajo y publicar un nuevo libro, “Dibujando el cosmos”, donde rescata los mitos griegos como la cultura mapuche. Sin embargo, no se queda abajo del debate. A sus 73 años, ateo y crítico de la Iglesia Católica, Maza cree que el país tiene una deuda pendiente con los pueblos originarios. “Si nos supiéramos mirar al espejo, sabríamos parte de nuestra historia”, asegura.

Llegó a Santiago en 1959. “Toda mi niñez la viví en Parral”, dice José María Maza Sancho, hoy de 73 años, y cuenta que en sus primeros años capitalinos se alojaba en una casa, de donde se dirigía a estudiar al emblemático liceo Internado Nacional Barros Arana (INBA), ubicado en calle Santo Domingo.

“El número de teléfono de esa casa era 34456, cinco dígitos, pero no todas las casas tenían teléfono y no creo que haya habido 200 mil teléfonos por entonces en Chile”, comenta a The Clinic el astrónomo conocido como “Profesor Maza”. 

Popular en estos últimos años, por ser un promotor de lo que sucede más allá de nuestras fronteras terrestres, desde el 2017 José Maza ha publicado títulos como “Somos polvos de estrellas”, “Marte: la próxima frontera” y “Eclipses”, convertido en un bestseller con más de 170 mil ejemplares vendidos.

Crédito: Mónica Molina.

Ahora, el Premio Nacional de Ciencias 1999, publica “Dibujando el cosmos” por editorial Planeta, donde habla de los mitos griegos, las dimensiones del cosmos y explica cómo se midió el tiempo y se organizó el calendario en culturas de América, desde los mayas hasta los mapuches. En el epílogo del volumen bromea con las históricas abreviaturas “a.C.” (antes de Cristo) y “d.C.” (después de Cristo), señalando “Antes del celular” y “Después del celular”. 

“La tecnología nos cambió la vida. Cuando un joven me pregunta en una charla: ‘Profesor, ¿usted cree que el hombre fue a la luna?’ Yo le digo, entonces pásame el celular y desahúciate de todas las redes sociales. En este teléfono (muestra el suyo en la pantalla) yo te aseguro que hay un millón de horas de personas que trabajaron para poder desarrollarlo”, dice José Maza vía Zoom. 

El investigador también se molesta cuando la gente desconfía de las vacunas y sin argumentos claros se restan del plan de vacunación. “Es la idiotez completa cuando decían que a uno le iban a inyectar un chip molecular y que con eso nos iban a controlar. ¡Pero si a uno ya lo controlan con el teléfono celular! Mi señora ve muchas series policiales y los registros de uno están a través de la señal del teléfono”, afirma Maza, quien cree que hoy la gente es “ignorante y soberbia” y recuerda sus años de infancia cuando sus amigos se infectaron con el virus de la poliomielitis. “Tenía compañeros que quedaban con parálisis, muchos andaban con fierros en sus piernas, hasta que nos vacunaron a todos”, agrega.       

Mestizaje cultural

Hoy hasta un colegio lleva su nombre, “Instituto Científico Educacional José Maza Sancho”, ubicado en Antofagasta y el año pasado debutó en televisión con el programa “El cosmos del profe Maza” por la señal de Educa Chile y TVN.

“Parece que a los niños les gustó y eso me llena de alegría”, dice el protagonista de la serie animada, que antes de ser reconocido y de aparecer en televisión, durante cuatro décadas impartió la cátedra de Historia de la Astronomía en la Escuela de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

En sus aulas, José Maza les hablaba a sus alumnos de Arquímedes, de Ptolomeo, de Zeus, de Aristarco, de las constelaciones y los planetas. “En una de mis primeras clases, en los años que estaba partiendo, yo les conté a los alumnos la historia de cuando se descubrió el planeta Urano, y que su nombre iba a ser Georgium Sidus, en honor a Jorge III. En fin, un alumno me preguntó: ‘¿Por qué, profesor, acaso Urano no era un buen nombre?’. Yo le dije: Bueno, porque los planetas anteriores son Júpiter y Saturno, pero como se está acabando la clase en la próxima te doy más detalles”, cuenta Maza, quien profundizó en los estudios de mitología griega, que son el origen de sus apuntes y la base de su nuevo libro, “Dibujando el cosmos”.

El investigador también se molesta cuando la gente desconfía de las vacunas y sin argumentos claros se restan del plan de vacunación. “Es la idiotez completa cuando decían que a uno le iban a inyectar un chip molecular y que con eso nos iban a controlar. ¡Pero si a uno ya lo controlan con el teléfono celular! Mi señora ve muchas series policiales y los registros de uno están a través de la señal del teléfono”.

-Al parecer el pasado siempre tiene una mirada más sabia. Usted cuenta en su libro que en el Olimpo ya existía igualdad de género entre diosas y dioses, ¿no?

-Es curioso, mientras más uno lee la mitología griega, efectivamente, las mujeres eran muy poderosas. Zeus era un personaje que hoy estaría preso si existiera, porque veía una mujer atractiva y prácticamente las violaba. No pedía permiso, iba y arremetía. Uno, eufemísticamente, dice ‘se casó’ con tal o cual… Tuvo hijos con cuanta mujer se le cruzó en el camino, diosas, semidiosas, todo era cancha. Sí era cierto, que la mujer era poderosa, pero también es cierto que el respeto hacia ella era bastante magro. En el mundo griego todas las debilidades humanas se reflejan en alguna historia. Yo narro, por ejemplo, la de Jasón y Medea.

-En su libro se refiere a la importancia de la astronomía en América, en pueblos como el mapuche. ¿Qué opina de que ahora estemos repasando nuestra relación con los pueblos originarios?

-Me parece fantástico, porque creo que es una deuda que tiene Chile. Yo cuando chico estudié en Parral y siempre bromeo con que me hablaron del ornitorrinco, pero nunca me dijeron que Pichilemu significa “Bosque pequeño o árboles chicos”, que Curicó es “Agua negra”, que Manquehue es “Lugar de cóndores”, que en Melipilla “Meli es cuatro y pilla son los diablos, los cuatro diablos”. Si nos supiéramos mirar al espejo, sabríamos parte de nuestra historia. A mí nunca me enseñaron ni una palabra en mapudungun. Chile nunca ha querido reconocer que hay un mestizaje cultural muy importante. Lo mapuche es relevante y ha permeado nuestra cultura.

-¿Está de acuerdo con que se pueda masificar en la educación la enseñanza del mapudungun?

Recuerdo que una vez escuché a un ministro de Educación que decía que iba a ser muy necesario que en Chile aprendiéramos chino mandarín para hacer negocios con China. Yo creo que es un extravío mental pensar semejante cosa, quien quiera hacer negocios con China que aprenda chino o contrate traductores. Los chilenos, de Arica a Punta Arenas, necesitan elevar su nivel cultural y dentro de la cultura mapuche hay elementos que, a través del mapudungun, no nos vendrían nada de mal aprender. Yo no sé contar hasta 10 en mapudungun. Pero, también hay que guardar las proporciones porque creo que es muy importante que los niños sepan inglés. Hay que fomentar igualmente la lectura.    

Dios y la Iglesia

“El cielo sirvió para que todos los pueblos reflejaran en él sus historias de vida”, escribe José Maza en “Dibujando el cosmos”, volumen que incluye una serie de ilustraciones de Claudio Álvarez, que permiten comprender mejor las constelaciones como la de Orión y sus alrededores o la explicación del profesor Maza de la distancia entre la luna y el sol.

Sin duda, los libros de Maza son atractivos para todo público y es producto de su vocación pedagógica. “Chile nunca ha querido tener una buena educación”, afirma el doctor en Astronomía formado en la Universidad de Chile y en la Universidad de Toronto, Canadá. 

“Lamentablemente, con premeditación y alevosía, no se quiso educar al pueblo en Chile durante todo el siglo XIX y al comienzo del siglo XX teníamos un nivel de analfabetismo muy alto. Creo que es un derecho humano, que todos los seres que nacen en esta tierra sean educados al más alto nivel para desarrollar todo su potencial”, agrega Maza, alumno destacado del INBA.  

Crédito: Mónica Molina.

-¿Y le produce esperanzas el proceso constituyente y la redacción de una nueva Constitución?

-Creo que de los 155 constituyentes no exagero en decir que por lo menos 120 de ellos son gente preparada, criteriosa e inteligente y están dispuestos a trabajar. Siempre hay media docena o una docena de personas, de por aquí y por allá, que quieren revolver el gallinero. Pero, en general, los integrantes de la Convención son muy buenos. A mí me hacían barra para que fuera constituyente y luego algunas listas me ofrecieron participar como candidato, pero hacer campaña en pandemia no era nada fácil. Quizás hace 30 años yo hubiese estado metido en la Constituyente, no sé si me habrían elegido, pero a mí me hubiese gustado estar.      

“Es curioso, mientras más uno lee la mitología griega, efectivamente, las mujeres eran muy poderosas. Zeus era un personaje que hoy estaría preso si existiera, porque veía una mujer atractiva y prácticamente las violaba. No pedía permiso, iba y arremetía”.

-¿Ahora se arrepiente de no estar en la actual Convención?

Yo en 40 años, tendría 113 años, entonces en 40 años más espero estar muerto. Yo no me proyecto ni siquiera a 20 años. Tengo 73 años, me proyecto a 10 años plazo y me pareció que, con estos pronósticos participar en la Convención, creo que invertía un tiempo muy precioso de mi vida. Además, ahora tengo el desafío de saber qué voy a escribir, qué es lo que viene.   

-¿Y usted cree en Dios?

-Mi familia nunca me llevó a la iglesia. En Parral tenía un gran amigo de familia católica, Sergio Serrano, y cuando yo iba a la casa de él, me sentaba a su mesa, y el padre de la familia, don Sergio, hacía una oración. Yo igual participaba. Luego estudiando, tratando de entender el mundo, no me ha sido posible acercarme a Dios. Si Dios existe yo me siento distante de él, pero veo con el paso de los años cómo las personas se quieren aferrar a la idea de trascendencia, sobre todo cuando pierden a un ser querido, uno quiere que exista el más allá, pero yo creo que es una necesidad más del corazón. Me considero absolutamente un ateo y muy alejado de la Iglesia Católica.   

-¿Por qué?

-Se han dicho una y mil veces los abusos que han cometido sus integrantes, como sucedió con Fernando Karadima, y ¿cuál fue la reacción de la Iglesia? No creer, no ayudar a las víctimas. “Esto no es verosímil”, decía el cardenal (Francisco Javier) Errázuriz. Si yo estoy lejos de la Iglesia, estas situaciones de abuso de la Iglesia Católica en Chile me alejan aún más.

Los chilenos, de Arica a Punta Arenas, necesitan elevar su nivel cultural y dentro de la cultura mapuche hay elementos que, a través del mapudungun, no nos vendrían nada de mal aprender. Yo no sé contar hasta 10 en mapudungun. Pero, también hay que guardar las proporciones porque creo que es muy importante que los niños sepan inglés. Hay que fomentar igualmente la lectura.    

“Dibujando el cosmos”

José María Maza

Editorial Planeta

128 páginas.

$ 14.900

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