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Mónica Hernández, la profesora de Educación Física que entrena a supervivientes de cáncer de mama e impulsa el paracanotaje en Chile

La entrenadora creó en 2017 el grupo Fortale Senos Chile. “Me siento con la responsabilidad de agradecer, porque el canotaje me ha brindado mucho”, dice en conversación con The Clinic.

El deporte ha sido una constante en la vida de Mónica Hernández. Nacida en San Antonio, su cercanía al mar trajo consigo una fuerte conexión con la naturaleza. Aprendió a nadar desde pequeña y sus tardes las pasaba en Santo Domingo enfrentando las olas, sumergida en el agua. Si no estaba nadando, su panorama ideal era pasar las tardes andando en bicicleta o en patines con amigas. Las rodillas con moretones, los codos con costras, pero siempre feliz.

Aunque el deporte siempre estuvo, el canotaje llegó a su vida de forma inesperada. Mientras estudiaba Pedagogía en Educación Física, uno de los cursos que tuvo en primer año fue el de canotaje. Para aprobarlo, era necesario bajar el río Claro y el río Maule, una regata que abarca desde Talca a Constitución. Su objetivo era pasar el ramo y desligarse por completo de la disciplina. Sin embargo, al bajar el río, Mónica se apasionó por completo.

Hoy, a sus 56 años se dedica al Stand Up Paddle, disciplina deportiva que deriva del canotaje. Fue seleccionada nacional de canotaje en la década de los 1990 y participó en múltiples campeonatos, incluido el Campeonato Mundial de Canotaje en 1993, en Dinamarca. Ya retirada, hace cinco años que comenzó a dedicarse al voluntariado como entrenadora en el paracanotaje y en la disciplina del Bote Dragón, deporte de origen chino en el que un equipo de 12 personas maneja el bote paleando al compás de un tambor. 

“Siempre estuvo ahí, medio pasivo. Al estar en las Olimpiadas y ver a toda esta gente, mi corazón y mi alma de voluntariado como que se activó mucho más. Antes era solamente remar, trabajar, participar, ir a competir a un lado y a otro, pero las ganas de voluntariado se acrecentaron en estos últimos años”, dice Mónica desde Noruega, donde actualmente entrena para competir en la categoría máster del Campeonato Mundial de SUP y, además, realiza capacitaciones en la disciplina. 

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Todo comenzó en 2016, cuando se enteró del movimiento internacional de las Remadoras Rosas y conversó con personas dedicadas a practicar el Bote Dragón. Diferentes estudios científicos respaldaban los beneficios que esta disciplina traía para prevenir el avance del linfedema, afección que aqueja a las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama. Todo ello la inspiró a crear Fortale Senos Chile, grupo dirigido a las supervivientes de cáncer interesadas en practicar el deporte. Empezó a grabarse en Laguna Carén, sola en su canoa, invitando a estas mujeres a sumarse a la iniciativa. Pasaron las semanas y, pese a los esfuerzos, nadie llegó. 

Sin embargo, un día Cecilia Valdés, colega de Mónica y superviviente de cáncer de mama, fue. Desde ese minuto, todo fue cuesta arriba. A través de los contactos de Cecilia, poco a poco se fueron sumando nuevas integrantes, hasta que con la llegada de Paula Farías todo cobró más fuerza. Su participación en diferentes agrupaciones para mujeres con cáncer de mama las dio a conocer y actualmente suman 25 integrantes en el grupo conformado en Santiago. 

“Es un orgullo grande, cuando uno se plantea algo no tiene que desistir. Hubo momentos en que no llegaba nadie, no había caso. Y no bajé los brazos, seguí esperando. Siento mucho orgullo de la perseverancia, de la tenacidad, de ser así de tozuda y decir que voy a seguir, porque sé que tengo la misión y la certeza de que esto puede resultar. En el fondo, me siento con la responsabilidad de agradecer, porque el canotaje es el que me ha brindado mucho”, dice Mónica. 

Mujeres dragón

Paula Farías tiene 53 años y en 2014 fue diagnosticada con la enfermedad, una noticia que consideró “devastadora”. Su tratamiento duró seis meses y, a lo largo de este, tuvo que enfrentar una operación, quimioterapias y radioterapias. Sin ninguna experiencia en el canotaje (solo se había subido una vez a un kayak, en Pucón) asistió al llamado de Mónica y juntas formaron un equipo hasta hoy inseparable. Actualmente es la presidenta de Fortale Senos Chile y se encarga de coordinar los equipos a nivel nacional.

Archivo personal Paula Farías

Los beneficios que entrega el deporte, tanto físicos como emocionales, son algo que Mónica aprecia en cada una de las mujeres a las que entrena. El paleo con los brazos permite el drenaje del líquido que se acumula en estos producto del linfedema, enfermedad que generalmente se presenta después de la extracción de ganglios en los brazos durante el tratamiento del cáncer de mama. Los estudios han demostrado que, aunque no se puede evitar, disciplinas como esta pueden frenar su avance. 

Por otra parte, el trabajo en equipo y la contención son una parte fundamental. “La natación también es un movimiento que ayuda muchísimo pero estás solita, en el kayak también. En el Bote de Dragón van todas juntas y todas pasaron por lo mismo. Producen una energía y una simbiosis donde se apoyan, se miran, se entienden y se confabulan. Esa confabulación que hacen en el universo es tan importante, que provoca una sanación”, asegura la entrenadora. 

“Siento mucho orgullo de la perseverancia, de la tenacidad, de ser así de tozuda y decir que voy a seguir, porque sé que tengo la misión y la certeza de que esto puede resultar. En el fondo, me siento con la responsabilidad de agradecer, porque el canotaje es el que me ha brindado mucho”.

El bote simula la forma de un dragón: tiene ojos, boca e incluso cola. Mónica asegura que el amor que las mujeres de Fortale Senos Chile tienen por el bote es indescriptible: “Tú las ves y después te sorprende el amor que le tienen al bote. La pasión, dan la vida por él, lo limpian, lo cuidan, le ponen la capa para que no se llene de agua si es que llueve, que no se llene de hojas porque hay viento. Le hacen poesías, le escriben”. 

Para su entrenadora, el bote en que ellas reman representa el proceso que enfrenta cada una de estas mujeres. “El Bote de Dragón son muchos animales transformados en él mismo, entonces tiene cara de caballo, tiene colmillos, tiene cuernos de alce, escamas, una cola, todo en un solo ente llamado dragón. Lo mismo pasa con ellas, ellas sufrieron una transformación, pasaron por el cáncer, una evolución y ahora ellas salieron transformadas”, dice. 

Aunque también cree que es importante dar a conocer los riesgos que todo deporte implica: varias de las mujeres no saben nadar, por lo que utilizan chalecos salvavidas de alta flotabilidad para prevenir accidentes en caso de volcamiento. Para Mónica es fundamental, además, que cada integrante sea autorizada por el médico tratante antes de practicar la disciplina, por lo que exigen un certificado médico que respalde esa decisión.

Un movimiento que crece

Mónica cuenta que hoy están presentes en cinco regiones. El primer grupo fuera de Santiago se formó en Temuco, donde las 15 mujeres que lo integran viajan a Nueva Imperial para subirse al bote y palear en equipo. También están en Calama, El Maule y Santo Domingo. Y está la intención de formar un nuevo grupo en Viña del Mar. Todo gracias a la coordinación de Mónica, quien consigue a los entrenadores para los equipos, y Paula, presidenta de Fortale Senos Chile, que está a cargo de sumar a las nuevas integrantes.

Archivo personal Paula Farías

“Es una experiencia, de verdad, maravillosa. Al principio todas hablábamos solo de cáncer, en todas las conversaciones. Después, pasado un tiempo, nada. Lo único que queríamos era meternos al bote y remar, era otra la conversación. Esto llena las vidas de todas, he visto a muchas superarse, varias con linfedema que empezaron con muchos problemas y que después tenían una gran movilidad en sus brazos”, dice Paula.

A diferencia del caso de Temuco, donde ya contaban con un Bote de Dragón, los esfuerzos que tuvieron que hacer las primeras integrantes de Fortale Senos Chile para conseguirlo fueron gigantes. “Tuvimos que trabajar mucho, hacer crowdfunding, hacer colectas, hacer rifas, ir a las municipalidades”, cuenta Mónica. Finalmente, fue la Municipalidad de Lo Barnechea la que recaudó los fondos para que pudieran adquirir el bote, gracias a la organización de la Corrida Contra el Cáncer de Mama en 2019.

“El Bote de Dragón son muchos animales transformados en él mismo, entonces tiene cara de caballo, tiene colmillos, tiene cuernos de alce, escamas, una cola, todo en un solo ente llamado dragón. Lo mismo pasa con ellas, ellas sufrieron una transformación, pasaron por el cáncer, una evolución y ahora ellas salieron transformadas”. 

Rehabilitación para el alma

Lorena Bibiano tiene 38 años y es una de las participantes más nuevas del grupo. Fue diagnosticada con cáncer de mama en 2019. Muchos de sus familiares fallecieron de cáncer, situación que la motivó aún más a superar la enfermedad. Mientras se encontraba en tratamiento, los médicos le comentaron que sería necesaria la rehabilitación de sus brazos. 

Después de buscar en muchos sitios, encontró la cuenta de Instagram de Fortale Senos Chile, donde Paula la invitó a sumarse durante los fines de semana. “La verdad es que fui y más que hacer un deporte, era ir a conocer a mujeres maravillosas que te orientan, te ayudan, están en la misma situación que tú o algunas ya pasaron por eso y en ellas ves vida. Entonces tú dices: ¿Ves? Yo también puedo ser así”, dice.

Aunque la pandemia puso un freno a las actividades durante todo 2020, poco a poco están retomando las reuniones. Pese a la distancia y no estar en el agua, los diferentes equipos se reunían por Zoom para mantener el contacto y ese espacio de acompañamiento que se brindan las unas a las otras. “Hicimos hartos entrenamientos virtuales para no dejar de practicar la técnica y para juntarnos, porque también es un movimiento de apoyo. Hay muchas mujeres que están solas y en pandemia es más triste todavía”, cuenta Paula.

Archivo personal Paula Farías

“Mónica es una parte fundamental de Fortale Senos Chile porque es el alma, el cerebro de todo. Cuando estamos montadas en el canotaje hay una inyección de energía, de que lo vamos a lograr, entonces creo que eso es lo que uno necesita en este proceso, porque a veces tú no puedes, ya estás cansada, pero necesitas personas, ángeles en tu vida que te orienten, que te den ánimo, y ella de verdad que ha sido una parte fundamental en este proceso”, dice Lorena sobre el rol de la entrenadora.

Abanderando el paracanotaje

Otra parte crucial en la vida de Mónica es el paracanotaje. Después de trabajar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, se interiorizó en el movimiento paralelo que existía en las Olimpiadas: el deporte paralímpico. Se dio cuenta de que en Chile el paracanotaje era casi inexistente, con seleccionados nacionales que no contaban con un mayor reconocimiento. Así, impulsó un movimiento desde Santiago, desde la Federación Chilena de Canotaje, donde actualmente ejerce como secretaria.

“Adoro a mis alumnos y ellos me adoran a mí. Ahora que no estoy con ellos me echan de menos, me preguntan cuándo voy a volver. Cuando se bajan de la silla de ruedas o se sacan la prótesis y se suben a un barco, ellos recuperan la libertad. Ver sus caritas de emoción y ver que quieren volver al otro día y que buscan un nuevo desafío, no tiene precio”, dice Mónica sobre los jóvenes deportistas a los que entrena en Chile. 

Cuenta de Instagram @paracanotaje_chile

Con un trabajo imparable para impulsar el paracanotaje en el país e incluirlo en los campeonatos de la federación, finalmente fue escuchada. En 2020 se le nombró como directora de paracanotaje en la federación, mientras que este año se convirtió en la presidenta de paracanotaje en la Confederación Panamericana de Canotaje.

Pese al constante apoyo a la disciplina, asegura que todavía es necesario avanzar en el país, ya que el paracanotaje no será considerado en los próximos Juegos Parapanamericanos Santiago 2023. “En Santiago 2023 el paracanotaje no está considerado, siendo que nosotros tenemos exponentes increíbles. Actualmente tenemos una representante en el paracanotaje que va a disputar el podio en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, ella es Katherine Wollermann y resulta que en 2023 el paracanotaje no va a estar”, se lamenta. 

“Cuando se bajan de la silla de ruedas o se sacan la prótesis y se suben a un barco, ellos recuperan la libertad. Ver sus caritas de emoción y ver que quieren volver al otro día y que buscan un nuevo desafío, no tiene precio”

Después de competir en 1993 como seleccionada nacional en el Campeonato Mundial de Canotaje en Dinamarca, Mónica se reencontrará casi treinta años después con el mismo evento en septiembre. Esta vez desde el otro lado de la ribera, apoyando desde el muelle a los alumnos que entrena con tanto amor y dedicación. “Mientras más banderas nosotros tengamos levantadas con el paracanotaje, más probabilidades tenemos de que en los campeonatos internacionales sean considerados”, dice con la esperanza de que la disciplina sea reconocida en Chile. 

“El canotaje me brindó muchas cosas. Era una niña de escasos recursos, cada vez que viajaba al extranjero eran esfuerzos que tenía que hacer mi familia para poder participar. Me abrió las puertas, pude aprender el inglés, viajar a muchos países, entonces es una manera de retribuir. Me siento orgullosa, pero en el fondo, lo que estoy haciendo en el fondo es devolver la mano por lo que el canotaje a mí me brindó”, dice Mónica haciendo un repaso por su vida. Sin duda, la mano está más que devuelta.

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