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Columna de Francisco Méndez: Buena noticia para la oposición: la Concertación ha muerto

No existe la imposición de lo “lo que se debe hacer”, por lo que no es la vieja Concertación la única que puede mantener las cosas sin que se desborden.

Todo se hizo mal. Las primarias de la Concertación, llamadas “consulta ciudadana”, no fueron una fiesta, una celebración, ni menos un pequeño picoteo entre amigos. No había nada que celebrar, nada que aplaudir. Aunque trataran de convencerse de lo contrario, lo concreto es que la centroizquierda no sobrevivió a estos tiempos convulsionados.

Si bien Yasna Provoste ganó estas elecciones, lo hizo con 90.000 votos de un total de 150.000. A diferencia de lo que creían en las filas falangistas, la senadora no fue Bachelet, ni representó una salvación de un sector que, finalmente, nadie quería salvar. ¿Por qué? Porque el eje PS-DC no hace sentido. Los tiempos en que este era efectivo y eficiente ya pasaron. La transición desapareció y la institucionalidad que había que resguardar hoy está siendo cuestionada. Cabe agregar que el corazón de la discusión ideológica está, o al menos debería estar, en la Convención Constitucional.

Convengamos que los socialistas y los democratacristianos, salvo quienes fundaron la Concertación en los 80, no se caen tan bien como antes. Los saludos de cortesía son con los dientes apretados, puesto que, en el partido de Salvador Allende, al menos sus bases, saben que la sangre nueva del socialismo está circulando por otras venas. Y les parece más atractivo lo que pasa a su izquierda que lo que sucede a su derecha.

No está mal que suceda. Era tiempo de que lo que alguna vez fue exitoso, cayera, se derrumbara. Es la historia en tiempo real, frente a nuestros ojos, dispersa, pero con un mensaje, a veces difuso y otras claro, que subyace: el futuro está en otra parte. El orden de ayer no puede restablecer la gobernabilidad en estos días. Los miedos posdictatoriales no funcionan cuando el fantasma que los esparcía se deslegitimó.

Si bien Yasna Provoste ganó estas elecciones, lo hizo con 90.000 votos de un total de 150.000. A diferencia de lo que creían en las filas falangistas, la senadora no fue Bachelet, ni representó una salvación de un sector que, finalmente, nadie quería salvar. ¿Por qué? Porque el eje PS-DC no hace sentido.

Es cierto, hay cosas que siguen ahí, presentes. Sebastián Sichel representa a un sector que está buscando la sobrevivencia, la reactualización, vistiendo las lógicas de antaño con ropas nuevas. Quienes están detrás de su discurso quieren mantener lo que se está cuestionando, pero maquillándolo, volviéndolo más agradable, menos ortodoxo y más cercano.

Detrás del relato de la “nueva derecha” (¿de nuevo?) permanece la idea de que hay cosas que no pueden ser discutidas. Y el ambiente nacional dice todo lo contrario. Por lo tanto, la discusión ideológica hacia el futuro tiene que ser entendiendo que el desmoronamiento de lo que podríamos llamar el “Antiguo Régimen” (teniendo en cuenta que, como siempre pasa, se lleva a cabo con los ciudadanos creados por este) estableció que la cancha de Jaime Guzmán, aquella en que, aunque perdiera ganaba, ya no existe. No existe la imposición de “lo que se debe hacer”, por lo que no es la vieja Concertación la única que puede mantener las cosas sin que se desborden.

¿Cuál es la izquierda que puede conducir el barco de transformaciones? La que tenga claro que los procesos no son lineales, y que, aunque no exista la antigua imposición disfrazada de “consenso”, de todas maneras, se deberá llegar a acuerdos, como realmente se debería, en igualdad de condiciones.

Convengamos que los socialistas y los democratacristianos, salvo quienes fundaron la Concertación en los 80, no se caen tan bien como antes.

Esa izquierda no es pura, ni virginal, a pesar de que quiso creerlo en un comienzo. Su virtud no radica en la juventud de sus integrantes, sino en su manera de entender la política; y también en que parecen comprender algo fundamental: no serán los que deberán reemplazar a los que derrotaron a Pinochet en las urnas (pero perdieron ideológicamente ante él). Estarán obligados, en cambio, a crear y administrar un nuevo escenario político. Y a hacerlo con una perspectiva que sepa combinar la carga política y simbólica del pasado, ese que pesa o enorgullece, con el desafío del futuro.

Después de todo no es una mala noticia que haya muerto la Concertación.

* Francisco Méndez estudió Derecho en la Universidad Andrés Bello y es analista político. Ha colaborado en medios como El Dínamo, La Tercera PM, El Desconcierto, entre otros, y trabajó en la consultora de comunicaciones, Conecta Research.

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