Jorge Donoso Pacheco

Jorge Donoso, autor de “Los Dos Funerales del Presidente Allende”: “Se proyecta una figura que no es la que él vivió como dirigente político”

De esta forma, el histórico militante DC aborda la figura del líder de la Unidad Popular, recordando que el Mandatario socialista afirmaba que 'son pseudo revolucionarios los que creen que la revolución surgió con ellos'”, reivindicando así el legado de la ex Concertación ante la interpretación crítica de la izquierda de aquel periodo de la Transición. También revela detalles de su nuevo libro, como que un grupo de pobladores se congregó en el cementerio Santa Inés de Viña del Mar para exigir un responso digno en los días posteriores al Golpe de Estado de 1973.

Jorge Donoso Pacheco (81) vivió varios momentos claves de la historia política de nuestro país, desde antes que Salvador Allende llegara a la presidencia.

En el gobierno de Eduardo Frei Montalva se desempeñó como jefe de gabinete de los cuatro ministros de Justicia y del Interior. Más tarde, con Patricio Aylwin, ejerció como asesor jurídico del Secretario General de Gobierno.

A lo largo de su vida se ha desempeñado como un militante histórico de la Democracia Cristiana. De hecho, fue uno de los militantes que firmaron la emblemática “Carta de los 13”, en la que algunos demócratas cristianos rechazaban el golpe militar, contrario a la postura que sostuvo la directiva del partido. 

Donoso Pacheco es Periodista de la Universidad de Santiago y estudió Derecho en la Universidad de Chile. Fue director de Fortín Mapocho y subdirector de La Nación. Además, presidió el Colegio de Periodistas y el directorio de Televisión Nacional.

Hoy en día dedica su tiempo a escribir libros que reflejen lo que él vivió en la época de la dictadura militar, como un proceso de ejercitar la memoria. 

En ese contexto, acaba de lanzar su nuevo libro “Los Dos Funerales del Presidente Allende” (Editorial Forja), en el que revela detalles inéditos del entierro semi secreto que se le hizo al líder de la Unidad Popular en 1973 en el cementerio Santa Inés de Viña del Mar, en máxima tensión con la naciente dictadura militar.

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Una semana después de lanzar su texto, y después de sortear algunas dificultades tecnológicas, Donoso Pacheco se conecta a un link de Zoom para conversar con The Clinic sobre su libro y el contexto actual que vive el país.

-¿Qué es lo que busca retratar el libro a través de los dos funerales del Presidente Allende?

-Está pensado, naturalmente, en hacer un paralelo entre lo que fue la actitud de la dictadura, que no tenía ninguna consideración respecto a la condición de Presidente de la República Salvador Allende, que era en cierto sentido más explicable porque ellos lo habían depuesto. Pero tampoco ninguna consideración humana. O sea, querían hacer el entierro, porque no puede llamarse funeral, lo más rápidamente posible y sin consideración de darle tiempo a la familia para hacerlo como correspondía.

-O sea, ¿no solamente aborda el ámbito político, sino de lo deshumanizante de la dictadura?

-Exacto, lo que se contrasta con el funeral que hizo Aylwin. Siendo que fue adversario de Salvador Allende y que, además, fue opositor a su gobierno, incluso lo dijo en el funeral, toma las medidas necesarias apenas asume con el objetivo de darle la sepultura que correspondía. Por su condición de Presidente y la consideración humana que se tiene con respecto a cualquier persona.

-¿Trata de reflejar cómo Aylwin respeta la calidad de Presidente de la República, al contrario de la dictadura?

-Si, sí, exactamente.

-En la presentación de su libro se habló de que estos dos funerales marcan el inicio y el fin de la dictadura. ¿Cuál es el significado histórico que relata su libro con estos dos hechos?

-El relato que yo hago trata de ser objetivo en el sentido de dejar que las conclusiones las tome principalmente el lector. Pero resalta el tratamiento distinto que tiene la dictadura, en el sentido de poco menos que tratar de eliminar de cualquier participación a su enemigo. Y en cambio, dentro de la democracia existe, existía y debiera existir siempre esa consideración, que va más allá de las posiciones políticas de uno y otro. Ahora, en ese sentido, hay una señal de comenzar un período de mayor respeto a la persona, de mayor consideración, de respeto también con la institución de la Presidencia de la República y, en general, de los símbolos democráticos.

-¿Cuáles son los datos fundamentales del primer entierro del Presidente Allende?
-Los datos principales son que le ponen a la familia la necesidad de ser el funeral lo antes posible y en forma, como ellos pretendían, secreta. No tienen ninguna consideración con la viuda o con los hijos del fallecido y eso lo hizo ver Isabel (Allende) en la presentación del libro. No les proporcionan movilización para trasladarse al aeropuerto. Y ahí hay que destacar, yo creo, una vez más, la actitud del Edecán aéreo, Roberto Sánchez, que es el único de Edecán que se mantuvo al servicio del presidente Allende cuando éste le dijo a los Edecanes que podían retirarse de sus respectivas misiones. Roberto Sánchez se preocupa de que la viuda pueda movilizarse hacia el aeropuerto. Él la acompaña hasta el cementerio.

Vuelvo a decir que ellos (la dictadura) tratan de que esto sea lo más desconocido posible. Ahí hay un primer gesto de la Primera Dama, de la viuda del Presidente, que es cuando están procediendo al entierro; toma unos cardenales de una tumba vecina, los pone sobre el ataúd del Presidente, y les dice a los sepultureros: ‘Ustedes representan al pueblo de Chile y están enterrando aquí al Presidente de la República’.

“Cuando los sepultureros terminaron el trabajo van a almorzar y, al regreso, hay un grupo de pobladores que exigía que le hicieran una misa o cualquier tipo de oficio religioso o ceremonia al Presidente Allende”

-Suena estremecedor…

-Por supuesto, yo lo siento a pesar de que lo he recordado y dicho muchas veces, me produce lo mismo. O sea, la actitud de la señora Hortensia fue muy digna, muy ejemplar para cualquiera que estuviera en esa situación. 

Quería destacar también que, a pesar de que quisieron hacer esto en forma semi secreta, cuando los sepultureros terminaron el trabajo van a almorzar y, al regreso, hay un grupo de pobladores, un grupo importante, que exigía que le hicieran una misa o cualquier tipo de oficio religioso o ceremonia al Presidente Allende. ¿Por qué para mí es importante esto? En ese momento estabamos con toque de queda. En segundo lugar: ¿cómo supieron ellos? ¿cómo se enteraron? Porque como digo, no se lo habían dicho a nadie. Ellos llegaron y se mantuvieron firmes respecto a que se le hiciera algún tipo de ceremonia, lo que no fue posible. Pero habla bien de su actitud y le costó a varios que los llevaran presos. Carabineros llegó advertidos por el del director del cementerio. Esto habla muy bien de hasta qué punto Allende se había impresionado y fundido con el pueblo chileno.

-O sea, para usted eso destaca la influencia de Allende…

-Sí. Ahora, hay otra cosa bien importante: que a la viuda le impidieron ver en cualquier momento el cuerpo del Presidente. Le insistieron en que estaba sellado y era imposible. Pero al sacar el ataúd, que no era muy bueno, este se abrió y los pobladores vieron la cara del presidente, un poco deformada por el balazo que había recibido, pero absolutamente reconocible. Todo esto lo plasmaron ellos en una declaración jurada, que yo también incluyo en el libro, que fue además para mí la principal motivación de hacer el libro. Porque muchos años después, en uno de los órdenes que hace mi señora en la casa, apareció esta declaración y yo dije: esta historia hay que contarla.

-¿Quiénes asistieron al entierro oficial?

-Yo empecé toda esta indagación después de haber recibido el encargo del ministro Secretario General de Gobierno, Enrique Correa, quien a su vez había sido encomendado por el Presidente de la República a organizar el traslado (desde Viña a Santiago). Recordemos que esto se hace 17 años después de que ocurrió el primer entierro. Entonces, hubo un funeral oficial en que vinieron muchas delegaciones extranjeras. Entre ellas de Francia, por ejemplo, que vino el que en ese momento era el primer ministro, Michel Rocard, con la señora de quien en ese momento era el presidente francés, François Mitterrand. En el cementerio en Viña del Mar, para exhumar los restos y traerlo a Santiago, estuvieron los ministros del Interior, Enrique Krauss, Secretario General de Gobierno, Enrique Correa, un dirigente del Partido Socialista, que era Jorge Arrate, y la familia.

-¿Y en el primer entierro?

-En el primero solamente estuvo la viuda, la hermana del Presidente, Laura Allende, que se suicidó años después en La Habana, el edecán aéreo del Presidente, Roberto Sánchez, y dos representantes del Ejército, dos de la Marina y dos de la Fuerza Aérea.

-¿Esos representantes estaban vigilando o rindiendo honores?

-No, no, no. Ni si quiera en el funeral oficial hubo honores de las Fuerzas Armadas. Yo me imagino que ellos no quisieron dar honores, pero principalmente la familia no quiso que hubieran honores militares, no les parecía adecuado. Ellos aparecieron como una especie de testigos.

-¿Cuál era su relación con Allende? ¿Usted lo pudo conocer?

-Personalmente no tuve la oportunidad de conocerlo. Por supuesto, él era una persona de una vasta trayectoria política y siempre me interesó su figura, su actuación. La única vez que habría tenido la oportunidad de conocerlo fue el 29 de junio con el Tanquetazo. En esa oportunidad nos juntamos en la casa de Bernardo Leighton y la directiva de la DC. Ahí Aylwin llamó a Allende para rechazar la sonada que se había producido. Y en la tarde, ya con más tranquilidad, con don Bernardo estuvimos de acuerdo en que yo pudiera ir a La Moneda a hablar con Augusto Olivares, que era el director de Televisión Nacional y yo trabajaba ahí en la Fiscalía, era bastante a Olivares. Cuando llegué, me dijo que el Presidente, cuando supo que yo iba, quería saludarme, pero estaba descansando porque se estaba preparando para una concentración, donde él haría uso de la palabra.

-Usted, además, es uno de las figuras que firmó esta famosa declaración de los 13 demócratas cristianos que rechazaron el Golpe de Estado, mientras que la postura de su partido era más favorable o justificaba el golpe

-Yo creo que la mejor manera de caracterizar la declaración del partido respecto al golpe es: aceptación del golpe. Eso yo creo que es más preciso, aunque a poco andar tomó ciertos compromisos con la dictadura en el sentido de permitir a algunos militantes que tomaran cargos de gobierno, pensando que podían influir para que no se produjeran los abusos y las atrocidades que ocurrieron de todos modos. 

Yo tengo un libro sobre este acontecimiento, se llama “Los 13 del 13” y ahí la figura central es de Bernardo Leighton. Esta fue una declaración hecha al margen de la directiva de la DC. Bernardo era un militante disciplinado. Pero en esta oportunidad, él creyó que su deber antes que ninguna cosa, era rechazar con fuerza el golpe militar. Y en este sentido, tuvo una diferencia con Radomiro Tomic, porque Tomic era partidario de ir al Consejo Nacional y pelear ahí que esta declaración fuera la del partido. Llamó, se pusieron en contacto telefónico Bernardo con Tomic y don Bernardo le dijo ‘Radomiro, estas personas están en otra posición, en otro lugar, así que vamos a hacer la declaración de todas maneras’. Por eso la firma de Radomiro Tomic está en una segunda hoja, porque lo hizo después

“Si no hubiera existido esa declaración (de los 13), habría sido mucho más complicado que los socialistas, e incluso los comunistas y los radicales, tuvieran una apertura para conversar algo consistente (con la DC)”.

-Hoy se critica a la DC por su rol en estos últimos 30 años. En su opinión, ¿cuál fue la relevancia de los 13 para que la DC se mantuviera como un partido todavía progresista?

-Bueno, yo creo que en ese momento quizá no lo medimos, no es que lo hiciéramos por eso. Pero la consecuencia fue lo que usted señala, de que eso permitió tener algún lazo, alguna forma de relación con la izquierda, específicamente con los personeros de la Unidad Popular, que hizo posible después la Concertación y la recuperación de la democracia en Chile. Yo creo que si no hubiera existido esa declaración, habría sido mucho más complicado que los socialistas, e incluso los comunistas y los radicales, tuvieran una apertura para conversar algo consistente.

-¿Cual es su opinión de Yasna Provoste como abanderada DC y lideresa del bloque de centro izquierda?

-Yo tengo la mejor opinión de ella. La conocí cuando ella era intendenta de Atacama. Yo fui por razones de trabajo, porque en ese tiempo estaba en Codelco. Y me impresionó. Ella era muy joven en ese momento, una persona muy talentosa y de hecho lo ha demostrado después. Yo creo que tiene todas las condiciones como para ser una muy buena Presidenta de la República y creo que ha ido asentando una posición muy, muy concreta y positiva, de proponer salidas, proponer soluciones a los problemas que tiene Chile.

-En base a su experiencia, ¿quién representa mejor las ideas socialistas de Allende? ¿Boric o Provoste?

-Bueno, Yasna Provoste es demócrata cristiana, pero yo creo que hay cosas que se desconocen de Salvador Allende. Se proyecta una figura que no es la que él vivió como dirigente político. Hay un discurso a los estudiantes de la Universidad de Concepción que es muy importante, que yo reproduzco en mi presentación en el libro, y que hace, digamos, tres cuestiones que a mí me impresionaron mucho. Primero, a los estudiantes de izquierda, que él llamaba revolucionarios, les dice que su primera obligación es estudiar y lo insiste varias veces. Segundo, hay un rechazo absoluto de él al uso de la violencia, dice ‘no queremos la violencia, no necesitamos la violencia’. Y otra cosa que es muy importante, es que él rescata los valores patrios, habla de los padres de la patria. Pero él dice que ‘son pseudo revolucionarios los que creen que la revolución surgió con ellos’.

En eso yo creo que tenemos algunos ejemplos recientes de personas que creen que todo partió con ellos, qué hacen tabla rasa de las cosas que se hicieron antes. Entre ello, desconocer el importante avance que tuvo el país con los gobiernos de la Concertación. Entonces yo creo que Allende habría tenido una actitud muy distinta a la que algunos suponen.

-O sea, ¿Allende estaría más cerca de Yasna Provoste?

-Siendo parte de la coalición, por supuesto. Él era un militante y también tenía disciplina. Entonces no me cabe duda que estaría con Yasna Provoste siendo socialista. Pero es complicado, yo no quiero abusar de su figura. Porque claro, los mejores intérpretes son los propios socialistas.

-¿Qué tan justificadas son estas críticas que se hacen a la DC por su rol los últimos 30 años?

-Puede que me falle la memoria, pero no recuerdo que haya habido oposición de la DC a los cambios. Las diferencias que han habido, hasta donde yo recuerdo, han sido por las acusaciones constitucionales que no se han aprobado por votación de algún demócrata cristiano. Y yo creo que eso es una situación de contingencia, que uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Pero no son trabas para los procesos de cambio. Recordemos que formó parte tanto de la Concertación como de la Nueva Mayoría.

-Pero, por ejemplo, se han opuesto a temas que se han calificado de valóricos, como el aborto o el matrimonio igualitario. También está el episodio del expresidente de la DC en la Nueva Mayoría, Ignacio Walker, cuando reconoce que no se leyó el programa…

-Hay otra cosa sobre las acusaciones constitucionales, que no puedo dejar pasar. Quien hizo uso y abuso de ellas en el gobierno de Allende fue la derecha. En un período de menos de tres años hizo como 12 acusaciones. En ese tiempo yo formaba parte del Consejo Nacional del partido y recuerdo que la mayoría fueron rechazadas por la DC. Tiene que ser una cosa muy grave para aprobarlas. Entrando a lo que me señalas, creo que lo más desconcertante de toda esta situación, es lo que dijo en un momento Ignacio Walker como presidente del partido. Pero eso no significa, en ningún caso, que el partido haya desconocido los acuerdos de lo que estaban en el programa de la Presidenta Bachelet. Yo no recuerdo que en los procesos de cambios la DC se haya opuesto.

La DC nació con el objetivo de hacer cambios. Eso se ve en sus símbolos: el de la flecha roja atravesando dos obstáculos, que reflejaban a las dos posturas más importantes de esa época, el marxismo y el neoliberalismo.

-En la presentación de su libro, el ex ministro Enrique Kraus dice que este es relevante “no sólo en la perspectiva del pasado, sino fundamentalmente en la coyuntura del presente”. ¿Cuál es la importancia de su libro con la actualidad?

-Yo creo que él se refiere a un hecho que yo señalaba al principio. A esta amistad cívica que existía en ese tiempo. La que permitía que adversarios políticos, en una coyuntura como es la muerte de uno de ellos, sean capaces de poner otra actitud. Capacez de recoger los valores que tuvo durante su vida y, como lo hizo Aylwin, de darle la ceremonia que correspondía. En comparación a la actitud que existe actualmente, que es muy lamentable, en que hay mucha descalificación, hay mucha rabia para referirse a los adversarios. Yo creo que Enrique se estaba refiriendo precisamente a esa situación.

-Se ha hablado mucho sobre que Yasna Provoste pertenece al sector más progresista de la DC. Comparándolo con su época, ¿cree que ella hubiese firmado la carta con ustedes?

-Yo espero que Yasna hubiera estado en contra del Golpe. Ella tiene una buena trayectoria democrática, incluso fue víctima de alguna manera de una injusticia que la dejó sin ejercer cargos públicos por cinco años. Después del castigo volvió a la actividad política. Entonces, yo pienso que no habría habido vacilación en su actitud y habría estado con nosotros. No quiero decirlo por petulancia ni mucho menos. Pero el propio Presidente Aylwin, en el libro “El Encuentro de los Demócratas”, reconoció que la actitud que correspondía era la nuestra.

-¿Usted cree que la DC debería respaldar más a Yasna Provoste respecto de sus principios? Es decir, ¿la DC debería alejarse de su postura más conservadora?

-Yo creo que la Democracia Cristiana, por sus definiciones, nació con el objetivo de hacer cambios. Eso se ve en sus símbolos: el símbolo de la flecha roja atravesando dos obstáculos, que reflejaban a las dos posturas más importantes de esa época, que eran el marxismo y el neoliberalismo.

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