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Valentina Muñoz, la joven activista y programadora chilena nombrada defensora del desarrollo sostenible por la ONU

A los 12 años aprendió a programar y tres años más tarde inició su camino por el activismo en derechos digitales y la equidad de género. “Quiero tratar de generar instancias que puedan visibilizar el trabajo que las jóvenes ya están haciendo a nivel latinoamericano”, dice sobre su nombramiento en conversación con The Clinic.

Cuando tenía nueve años, Valentina Muñoz acompañaba a su mamá al trabajo, quien se desempeñaba en el área de ventas de Telefónica. Un día, la empresa sufrió un ciberataque y todo el mundo allí entró en pánico. Con un interés por investigar qué era lo que había pasado, Valentina recorrió las oficinas del lugar hasta que llegó a la sala en donde trabajaban los informáticos

—¿Qué están haciendo?— les preguntó. 

—Salvando el mundo— le respondió uno de ellos.

Maravillada por aquella respuesta, desde aquel momento Valentina se interesó por el mundo de la programación. A los 12 años se inscribió en un taller de robótica que impartían en su colegio, el Liceo Carmela Carvajal, donde aprendió a programar por primera vez en el software de Lego Mindstorms. Hoy, la joven divide su tiempo entre la programación, el activismo y su carrera universitaria, a la que ingresó este año: Ingeniería Civil Informática

Créditos: Archivo personal

Valentina se hace llamar STEMinista, palabra que combina la sigla STEM (áreas de la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) con el feminismo. Desde 2018 lidera la Asociación de Mujeres Jóvenes por las Ideas (AMUJI), organización que creó junto a sus compañeras del liceo. El 17 de septiembre, fue nombrada como una de los cuatro defensores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres

El cargo, que dura hasta 2023, tiene como principal función la colaboración en la campaña para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030. Junto a Valentina Muñoz, también fueron nombrados el premio Nobel de la Paz, Kailash Satyarthi, el presidente de Microsoft, Brad Smith y el grupo de k-pop, BLACKPINK. En conjunto, trabajarán en temáticas clave como la acción climática, la reducción de la brecha digital, la igualdad de género y la promoción de los derechos del niño.

Sin embargo, los comienzos de Valentina como joven programadora y ciberactivista no fueron fáciles. Mientras participaba en el taller de robótica, su equipo se convirtió en el primer grupo compuesto por mujeres en pasar a la competencia internacional First LEGO League, para jóvenes entre 10 y 16 años. Pese a la buena noticia, durante ese tiempo Valentina empezó a sufrir hostigamiento por parte del profesor a cargo del taller, quien le señalaba que no era bueno que las niñas tuvieran demasiadas ideas y que él, como adulto, sabía cómo se hacían las cosas.

La activista cuenta que de regreso en Chile, el movimiento feminista de 2018 fue un impulso para querer cambiar las cosas. “Ahí como que reaccioné, desperté y me di cuenta que el problema no era del profesor, el problema era todo el sistema, porque hay un montón de profesores así en todas partes y no importa si nosotras denunciamos, porque al final hay todo un sistema construido detrás. Entonces, ahí le dije a unas amigas del equipo de robótica que hiciéramos algo. Esa fue nuestra primera misión, armar redes dentro del colegio con niñas interesadas en la ciencia, para retenerlas y que no se desmotivaran”, cuenta Muñoz. 

Así es como surge AMUJI Chile, organización a través de la cual ofrecieron talleres, charlas y cursos completamente gratuitos, realizados por niñas y para niñas en diversas áreas y disciplinas, como la investigación científica y la tecnología. La activista señala que en el caso de Chile, la brecha de género empieza a partir de cuarto básico. Con ese dato en mente surge la organización, buscando educar a las niñas desde una perspectiva de género y con el objetivo de acortar la brecha.

Mujeres y programación

Desde su participación en la First LEGO League, Valentina Muñoz asistió a diferentes cursos y talleres de programación, aprovechando instancias de carácter gratuito para profundizar sus conocimientos en el área. Este año ingresó a la carrera de Ingeniería Civil Informática en la Universidad Técnica Federico Santa María, y aunque todavía no asiste de manera presencial, destaca el apoyo que le ha entregado la universidad en su labor como activista. 

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Como estudiante universitaria, fue invitada a participar del proyecto W-STEM, una iniciativa en la que colaboran múltiples universidades de América Latina con el propósito de fomentar la participación de mujeres en programas STEM. “Es genial, porque te juntas con tus compañeras una vez al mes por Zoom y conversas con ellas. Creo que es genial ver que no estás sola, que hay más gente en la misma que tú”, señala Valentina.

En 2020, el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género publicó los resultados de la “Radiografía de género en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación”. De acuerdo al informe, en el área de la Tecnología, solamente el 24% de los estudiantes matriculados en carreras de pregrado a lo largo del país corresponden a mujeres, mientras que un 76% de los estudiantes son hombres

“El problema era todo el sistema, porque hay un montón de profesores así en todas partes y no importa si nosotras denunciamos, porque al final hay todo un sistema construido detrás. Entonces, ahí le dije a unas amigas del equipo de robótica que hiciéramos algo. Esa fue nuestra primera misión, armar redes dentro del colegio con niñas interesadas en la ciencia, para retenerlas y que no se desmotivaran”.

-En Chile, la programación es un espacio bastante masculinizado. ¿Crees que las oportunidades laborales para las mujeres programadoras son escasas?

-Creo que las oportunidades laborales para mujeres no son escasas necesariamente, las oportunidades están. De hecho, por lo mismo es tan importante que se involucre la programación en nuestra cotidianeidad, desde la escuela básica. Es una habilidad que se está requiriendo y que se va a seguir requiriendo, porque el mundo se ha digitalizado y es el lenguaje que vamos a hablar a partir de ahora. El punto es que hay todo un sistema que está preparado para que las mujeres no puedan acceder a estas oportunidades laborales. Hoy en día, la mayor cantidad de trabajos se consiguen a partir de LinkedIn, y la cantidad de mujeres digitalizadas con un perfil en esta plataforma son mucho menores que la de hombres programadores.

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-¿Cuál es la importancia de visibilizar el rol que tienen las mujeres en la tecnología y la ciencia?

-Es importante, sí, pero además es una deuda histórica que se tiene con las mujeres en el mundo de la ciencia y la tecnología. Siempre se dice que no es un lugar para nosotras, pero cuando revisas la historia detenidamente, te das cuenta de que nosotras hemos construido el mundo de la programación, por ejemplo. La programación la creó Ada Lovelace, fue la primera programadora de la historia. El WiFi lo tenemos gracias a Hedy Lamarr. Hemos estado en la historia siempre y se nos ha borrado de manera sistemática. Entonces, creo que ahora tenemos que aprovechar también la digitalización, la masificación que nos dan las redes sociales para poder entre nosotras armar redes que nos permitan ser visibles en la historia de aquí en adelante.

Ciberactivismo

A partir de su trabajo en AMUJI Chile, para Valentina Muñoz es también importante derribar la mirada adultocentrista que en muchas ocasiones subestimó su trabajo. “Conocer realidades tan distintas, realidades también muy similares, encontrar pares, redes y el encontrar apoyo. Más que nada el darnos cuenta de que no éramos las únicas haciendo esto. Siempre te van a meter en la cabeza que eres la única niña interesada en estos temas, que hay muy pocas mujeres en esto”, dice. 

En el área de la Tecnología, solamente el 24% de los estudiantes matriculados en carreras de pregrado a lo largo del país corresponden a mujeres, mientras que un 76% de los estudiantes son hombres. 

Al formar nuevas redes se dio cuenta de la motivación que tenían otras niñas por aprender. “Después te das cuenta que no es cierto, que somos muchas. Probablemente, cada vez somos menos a medida que vamos creciendo, porque nos meten en la cabeza esa idea de que estás metiéndote en un lugar que no te pertenece”, agrega la joven. 

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Así, para la activista en derechos digitales es importante partir con medidas que acorten la brecha desde la niñez. “Yo encuentro genial que se hagan iniciativas a nivel adulto, como los ingresos especiales a la universidad, el promover cargos en alta dirección, son cosas que se tienen que hacer. Pero estamos llegando súper tarde, más de 15 años tarde, entonces creo que tenemos que poner el foco en las niñas. Así como somos protagonistas de la problemática, también podemos ser protagonistas de la solución. Si seguimos arreglando las cosas después no cortamos nunca el ciclo, siempre va a haber algo que está funcionando mal”, dice. 

-¿Cómo se puede trabajar en la disminución de la brecha de género desde etapas como la niñez?

Primero que todo, creo que se tiene que incluir a niños, niñas y adolescentes en las discusiones respecto a la formación académica. Siempre armamos los planes académicos alrededor de las discusiones que tienen profesores, directores y políticos. Al final, quienes reciben la educación son los niños, entonces por qué no les preguntamos a ellos qué necesitan. Yo siempre he pensado que en la cabeza de los niños debe haber una cantidad de soluciones que no se nos ocurren. Debe andar por ahí volando la cura para el cáncer, la descripción de los neuroderechos. Debe haber una cantidad de ideas maravillosas que nos estamos perdiendo porque no los estamos involucrando políticamente.

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“Es una deuda histórica que se tiene con las mujeres en el mundo de la ciencia y la tecnología. Siempre se dice que no es un lugar para nosotras, pero cuando revisas la historia detenidamente, te das cuenta de que nosotras hemos construido el mundo de la programación, por ejemplo”. 

Pese al esfuerzo y la carga emocional que supone el activismo, Valentina asegura que no cambiaría por nada el trabajo que hoy realiza. “Ser activista es un dolor constante, pero al menos siento que estoy haciendo algo. Yo siempre pienso: ¿hubiese preferido nunca ser activista y no darme cuenta de las cosas que están pasando? Y digo que no. La verdad, me gusta haber despertado, darme cuenta de las cosas que están pasando, porque si no, no va a haber nadie haciendo los cambios. Y a veces nos tiene que doler un poco, pero tenemos que despertar para que las cosas cambien”, señala. 

-¿Qué dificultades se te han presentado en este proceso?

-Creo que el adultocentrismo ha sido un tema, esta idea de que los niños no tienen que hablar de política. Como yo empecé muy chica era como “sí, qué lindo, vuelve cuando seas más grande, cuando tengas una carrera”. Y eso estuvo muy presente, todo el tiempo. Otra cosa que es más de Chile, es el clasismo. A Chile le encanta hacer famosa a la gente que ya es famosa. Somos muy de poner en la palestra a los personajes más europeos y tenemos gente que está haciendo cosas bacanes acá. No necesariamente me refiero a mí. Me refiero a Antonia Larraín, a activistas medioambientales como Catalina Silva, tenemos tanta juventud haciendo cosas geniales y seguimos diciendo “Viva Greta Thunberg”.

La primera latinoamericana

A través de un video en su cuenta de Instagram (@chica.rosadita), Valentina le contó a sus seguidores que había sido nombrada como una de las defensoras por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Aunque emocionada, señala que también estaba nerviosa en un principio. “Las Naciones Unidas trabajan muy desde la institucionalización de las causas. Y eso es algo que muchas veces me he cuestionado, pero siento que el trabajo lo están haciendo. Entonces, eso es algo que sí valoro. Para mí, lo más importante es lo que significa simbólicamente”, comenta. 

Durante la Asamblea de las Naciones Unidas, Valentina Muñoz participó de una conversación junto a la ex-primera dama de Sudáfrica, Graça Machel / Créditos: Youtube

Desde su nueva posición como SDG Advocate, el pasado miércoles, la activista dictó una charla para la Asamblea General abordando la crisis de brecha digital que trajo la pandemia y la necesidad de establecer los derechos digitales a nivel mundial, haciendo un llamado a las autoridades mundiales a que actúen e inviertan en la solución de esta problemática en sus territorios. 

“Creo que es importante que hayan elegido a una persona tan joven, que hayan elegido a una latinoamericana, porque soy la primera latinoamericana dentro de los SDG Advocates. Y creo que eso significa mucho más. Al final, creo que también acepté mucho no por mí, sino por lo que eso significa. La verdad, fui muy racional al momento de aceptarlo: pensé en la visibilización de las causas, en también soy una mujer. Creo que me da la oportunidad de poder generar un trabajo mucho más global”, señala. 

“Estamos llegando súper tarde, más de 15 años tarde, entonces creo que tenemos que poner el foco en las niñas. Así como somos protagonistas de la problemática, también podemos ser protagonistas de la solución. Creo que hay que partir desde ahí, porque es el momento en el que las cosas empiezan a fallar. Si seguimos arreglando las cosas después, no cortamos nunca el ciclo”.

Gracias a  su nueva posición, en la cabeza de Valentina dan vuelta múltiples ideas. Uno de sus grandes proyectos es generar una primera Convención de Derechos Digitales a nivel mundial, donde líderes de diferentes ámbitos y países se reúnan para discutir sobre la necesidad de establecer estos derechos y el mejor camino para hacerlo. Además, comenta que le gustaría hacer un mapeo en Chile y Latinoamérica sobre la situación actual con respecto a la brecha digital, con el fin de construir una ruta de guías para dar con futuras soluciones

-A partir de tu rol, ¿cómo buscas representar las inquietudes de las jóvenes latinoamericanas?

-Creo que más que representarlas, espero ser una movilizadora. Ya hay jóvenes latinoamericanas haciendo cosas muy bacanes y espero poder reunirlas, visibilizar sus voces. Más que ser yo el rostro, que se note que yo solo significo algo. Y que en realidad hay muchas Valentinas en otros países, hay Julietas, hay Martinas, hay Catalinas. Hay un montón de Gretas y creo que eso es importante. Quiero tratar de generar instancias que puedan visibilizar el trabajo que las jóvenes ya están haciendo a nivel latinoamericano.


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