La imagen muestra a Rodrigo Mayorga y, detrás, a Kast celebrando su victoria en primera vuelta

Agencia Uno

Columna de Rodrigo Mayorga: El día después de Kast

La retórica del ‘son ellos o nosotros’ no es rara en Kast: basta con recordar que su primera franja electoral concluyó con la frase “escuchen los tambores. Una rebelión viene en camino”, línea que parece sacada de Corazón Valiente (la película de Mel Gibson y favorita del candidato) y que no auguraba (ni lo hace ahora) una segunda vuelta poco polarizada.

Todavía quedan algunos votos por contar, pero ya tenemos la certeza más importante: Chile vivirá una segunda vuelta este 19 de diciembre y serán José Antonio Kast y Gabriel Boric quienes se enfrentarán en ella. Por primera vez desde el regreso de la democracia, el balotaje no incluirá a ningún representante de las dos coaliciones dominantes del Chile pre-estallido social (las ex Concertación y Alianza Por Chile). El avance del abanderado de Apruebo Dignidad no es una sorpresa en un país donde el Apruebo ganó por una goleada a lo Alemania contra Brasil en el Mundial del 2014. Lo que sí ha sorprendido a muchos es, sin duda, el triunfo de José Antonio Kast (sí, yo sé que las encuestas lo habían predicho, pero antes de esta elección hasta la pulsera de los once poderes tenía más credibilidad que ellas).

Una segunda vuelta con el candidato del Frente Social Cristiano en la papeleta abre al menos dos potenciales riesgos a corto y mediano plazo. A corto plazo, el peligro fundamental es el de una campaña electoral fuertemente polarizada. En un escenario de balotaje contra Sichel o Provoste, la candidatura de Boric se habría visto obligada a moderar su discurso en pos de apuntar al votante de centro. Con Kast en la papeleta, la situación cambia. El hasta ayer presidente del Partido Republicano agradeció anoche a sus votantes con un discurso de tono más cauto y moderado, pero no por ello dejó de lado alusiones a Cuba, Venezuela y el Partido Comunista como ‘males’ que sólo su candidatura sería capaz de superar. La retórica del ‘son ellos o nosotros’ no es rara en Kast: basta con recordar que su primera franja electoral concluyó con la frase “escuchen los tambores. Una rebelión viene en camino”, línea que parece sacada de Corazón Valiente (la película de Mel Gibson y favorita del candidato) y que no auguraba (ni lo hace ahora) una segunda vuelta poco polarizada.

El problema de plantear una elección en lógica de polarización, es que al contendor no le quedan muchas más opciones que entrar en la disputa o partir con una clara desventaja. Pero no hay aquí escoceses liberándose de británicos (o norteamericanos liberándose de británicos, porque vaya que le tiene mala Gibson a los ingleses), sino que un solo país decidiendo quien lo liderará. Transformar una campaña en una batalla campal por la ‘libertad’ (otro de los conceptos que Kast usó recurrentemente en su discurso anoche) puede ser una buena idea para ganar una elección y/o sentirse como Mel Gibson, pero pésima para la cohesión social, la gobernabilidad futura e incluso las relaciones interpersonales de los votantes. A menos de que haya un giro evidente en la retórica de campaña kastista, quedará en manos de la ciudadanía el contener esta polarización al mismo tiempo que cada quien intenta potenciar las opciones del candidato al que apoye. Lograr hacerse cargo de ambos objetivos a la vez y de manera efectiva será una tarea titánica, más propia de esos malabaristas que mantienen platos girando que de los ciudadanos comunes y corrientes que habitamos este país.

A corto plazo, el peligro fundamental es el de una campaña electoral fuertemente polarizada. En un escenario de balotaje contra Sichel o Provoste, la candidatura de Boric se habría visto obligada a moderar su discurso en pos de apuntar al votante de centro. Con Kast en la papeleta, la situación cambia.

A mediano plazo, hay un riesgo aún más importante. Y es que aunque las elecciones presidenciales nos hayan hecho olvidarlo un poco, nuestra Convención Constitucional sigue en funciones, avanzando a paso firme en la redacción de la propuesta de Constitución que deberemos votar el próximo año. Uno de los temas que la Convención deberá decidir es si se modifica o no el régimen de gobierno del país y, en caso de que lo haga, si ello implicará llamar a nuevas elecciones presidenciales y/o parlamentarias. Legalmente hablando, la Convención puede hacerlo, pero en el caso de que José Antonio Kast alcance la primera magistratura, el conflicto político es evidente. No digo que una propuesta de nueva Constitución que reduzca el mandato del líder del Frente Social Cristiano terminará necesariamente con él llamando a sus partidarios a su defensa y con estos asaltando el ex Congreso vestidos con gorros de búfalo (porque en Chile, además, tendrían que ser gorros de vacas felices que dan YesMilk), pero sí podría provocar que el Plebiscito de Salida termine convirtiéndose en un referéndum sobre la continuidad del presidente, siendo ese tema y no los contenidos de la nueva Constitución lo que defina la opción de los votantes. En un escenario donde la desinformación sobre el trabajo de la Convención ha sido más común que encontrarse al Compadre Moncho en la calle, no hacernos cargo de esto supone arriesgarnos a que uno de los procesos políticos más importantes de la historia de nuestro país se convierta en un mero concurso de popularidad, más propio de una película de Sandra Bullock que de las de Mel Gibson.

El día después de Kast nos presenta desafíos importantes a quienes consideramos que la polarización y la retórica belicista erosionan la democracia y a quienes creemos en lo realizado por la Convención y la sociedad civil durante el proceso constituyente. Hacernos cargo de esto supondrá no solo participar electoralmente en la segunda vuelta, sino que actuar y convocar a los demócratas de todos los bandos a pelear contra la polarización política y la desinformación mal intencionada que ha buscado dañar el trabajo de la Convención. Más que de tener esperanza o de enfrentar miedos, se trata de hacernos cargo de nuestra responsabilidad política y actuar acorde a ello, entendiendo, de una vez por todas, que este país necesita menos Corazones Valientes y más, muchos más ciudadanos activos y conscientes.

*Rodrigo Mayorga es profesor, historiador, antropólogo educacional, autor de “Relatos de un chileno en Nueva York” (con el seudónimo de Roberto Romero) y director de la fundación Momento Constituyente (http://www.momentoconstituyente.cl)

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