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29 de Marzo de 2022

Luz Jiménez, radiante y premiada: “He huido rigurosa, deliberada y obsesivamente de todo lo que se llama farándula”

Luz Jiménez||

Luego de seis décadas de trabajo, en las cuales participó en las teleseries más exitosas del país, Luz Jiménez fue reconocida por su trayectoria en los últimos Premios Caleuche. En entrevista con The Clinic, la actriz de 86 años cuenta cómo enfrenta sus días alejada de la TV, repasa los hitos de su carrera -releva el rol de sus personajes secundarios- y recapitula su vida: “Pienso que estoy en el final, que más vale que aproveche y haga un buen resumen de ella”.

Por

-Luz, cuando usted recibió el premio a la trayectoria en los premios Caleuche mencionó que fue feliz durante su vida. ¿El reconocimiento le sirvió para mirar en retrospectiva su carrera?

–No es que fuese feliz. Soy feliz.

***

Luz Jiménez, 86 años. Personaje emblema del teatro chileno y de las teleseries. Protagonista en sólo una de ellas, “Bellas y Audaces”, producción de TVN que permitió disputar la hegemonía que por esos años tenía Canal 13 y que cimentó el camino para la época de oro de las teleseries del canal público. Las mismas que recorrieron el país en sus rodajes y que acompañaron a cientos de miles de personas en sus rincones, donde muchas veces sólo la señal de TVN llegaba a sus televisores. 

Sentada en su departamento, en el que vive sola y en el que a diario prepara el té, sintoniza la radio Beethoven, coloca alguna película en Netflix o deja alguna novela o guión para leer en la mesa de centro, Luz responde con elegancia y amabilidad la imprudencia del reportero que la visita.

¿Y sabes por qué soy feliz? –explica– porque amo mi oficio. Si tú tienes un trabajo continuo y lo haces bien, entregas todo lo que tienes y además te lo reciben de buena manera, empiezas a ser feliz. Empiezas a decir: “la verdad es que yo estoy haciendo lo que me gusta”. Yo hago lo que me gusta ¿Qué más que eso se puede pedir?

El camino de la actriz

En la década del 50, Luz Jimenez entró a estudiar Teatro a la Universidad de Chile, pero al poco tiempo dejó la carrera para interpretar otro papel durante muchos años. Uno mucho más tradicional.

Fue esposa y madre y mantuvo a sus cuatro hijas siendo secretaria en distintos departamentos académicos de la Pontificia Universidad Católica. Trabajó en Agraria, también en la escuela de Artes, de Diseño y en la Vicerrectoría Económica. Un ambiente plagado de calculadoras, máquinas de escribir, corbatas, maletines y, principalmente, hombres. 

Allí hizo lo que había que hacer. Tipear, tipear y tipear. La mayoría eran cosas que no la estimulaban, incluso que no entendía. Escribir a máquina le costaba, nunca fue tan rápida como sus compañeras, por lo que debía esforzarse para entregar los memorándums, las cartas e informes a tiempo. 

Así pasaron diez años hasta que una noche asistió a una presentación de una compañía de danza norteamericana. Ver esos cuerpos volando y girando sobre el aire revelaron el camino. Ella quería ser actriz. Esa misma noche tomó la decisión de volver a estudiar Teatro en la Católica. Tenía casi 40 años.  

-¿Me imagino que en aquella época fue una decisión compleja?

-No me importó eso, porque fue muy fuerte lo que sentí. Yo dije “pero si esto es lo mío ¿Qué hago escribiendo estas cosas que no entiendo?” Ahí empezó el camino. Fue un cambio muy grande porque no podía dejar de recibir ingresos. Fue todo un gran trabajo. Nada fácil y nada corto, pero lo logré. Al año siguiente (1976) entré a la escuela con media jornada y ahí partió todo. Yo era la mayor de mis compañeros y puedo decir que desde ese momento empecé a ser feliz.

¿Desde el primer día?

-Yo creo que sí. Es dura la escuela, pero si uno entra al teatro es porque le gusta eso. A mucha gente le gusta el teatro, pero cae en que “no me atrevo”, en que “no me dejan”, pero esta es una carrera de vocación, eso es lo que es. El teatro es vocación y no tiene nada que ver con la fama, ahí es donde se confunde la cosa.

-Pero igual deben haber actores que buscan la fama

-Claro que sí. Pero yo no. A mí me gusta hacer personajes. Me encanta. 

-Y en su caso, ¿usted tuvo barreras para estudiar?

-Yo no tuve negativa de mi familia. No, no tuve problema en ese sentido. Pero con los años me di cuenta que hay mucha gente que sí. Yo he hecho muchos talleres a adultos mayores y ese punto de vista es muy frecuente. Demasiado. 

-¿Siente que es un privilegio poder actuar?

.Justamente. Porque te lo repiten: “Yo lo que más quería era estudiar teatro, pero no me dejaron” o “no me atreví”. Entonces claro que es un privilegio poder hacerlo. Eso es verdad.

Mientras estudiaba Teatro en la Universidad Católica, Luz participó en la obra Tres Marías y una Rosa, dirigida por Raúl Osorio. La obra, cuya primera temporada comenzó en el teatro El Ángel -ubicado en Huérfanos con San Antonio-, fue un rotundo éxito en la dictadura. Esto pese a que su trama era evidentemente opositora. 

–Nosotros pensábamos que nos iban a cortar –rememora Luz–, porque en esa época cortaban todo lo que se les ocurría. Yo creo que ellos (los militares) encontraron que era una obra popular media divertida. “Ya, vayan a hacer sus cuestiones raras”, dijeron. Y bueno, la estrenamos.

El éxito de la obra fue rotundo, Luz y sus compañeras de elenco viajaron por distintos países de Sudamérica, Norteamérica y Europa, donde el público en su mayoría se conformó de chilenos exiliados que repletaron las salas: 

–Cada vez que mostrábamos la obra, era un desahogo –comenta la actriz– recuerdo que estaba lleno de exiliados en todas partes, entonces era una obra que tocaba muy hondo. Muy fuerte. Fue maravilloso. Ahí partió todo para mí. Desde entonces hubo una valoración de mi oficio y cuando volví me empezaron a llamar de las teleseries.

El bello recuerdo de su exitosa primera incursión en el teatro contrasta con una denuncia que Loreto Valenzuela, una de sus compañeras de elenco, haría en contra de Raúl Osorio  varios años más tarde, en una entrevista con la Revista Ya.

¿Tiene algo que decir sobre esa denuncia? 

-Ese tema ya se aclaró. El tema ya salió de la oscuridad. Es algo que no me pertenece. Y por respeto a ella prefiero no hacer más comentarios. 

La magia del soporte

El camino de Luz Jimenez no se puede separar al del desarrollo de las teleseries nacionales. Luego de su gira teatral por el mundo, participó en el reparto de Villa Los Aromos (1981), la primera telenovela a color de TVN y el que también fue su debut en la pantalla.

Luego vinieron actuaciones en La gran mentira (1982), El juego de la vida (1983) y su participación en La torre 10 (1984), la primera telenovela de Vicente Sabatini, con quien trabajó años más tarde en la llamada edad de oro de las teleseries chilenas. 

En la década de los ochenta siguió haciendo teatro y actuando en el cine. El año 1988 actuó en su primer y único protagónico en la recordada Bellas y Audaces (1988), donde interpretó a Kiki Blanche, una ex vedette de la revista Bim bam bum, dueña de una exclusiva peluquería de Santiago. 

Esta teleserie fue un ícono, su estreno incluyó helicópteros y una performance en la torre Santa María. Además la banda sonora de la serie lanzó un cassette que incluyó el tema principal Y que sé, yo que sé, de Eduardo Valenzuela, marcando un suceso de superventas. 

¿Cómo fue hacerse conocida?

-La verdad es que eso era lo que menos me importaba.

Pero más allá de la fama, se debe sentir algo acompañar a las personas que la miraban. Más en una época donde TVN era el único canal en varias regiones, ¿no? 

-Qué lindo lo que me dices de acompañar. Ah, claro que sí, es que ha sido muy largo y todo esto fue creciendo. En un momento la gente fue viendo más y más teleseries. Hubo una época en que todos miraban la teleserie del siete a las 8. Tú, seguramente estarías haciendo las tareas o no habías nacido.

-No, yo vi Romané. Era chico sí, pero llamo Sebastián y me decían “Seastián”. Me molestaban, por eso me acuerdo.

-Ja,ja,ja. Eso pasó mucho, el otro día hablé con una niña se refería así a alguien. “¿Cómo era que le decías?”, le pregunté: “Seastián”, me dijo. Qué genial que eso trascendió.

– Pero antes de llegar a eso, ¿cómo fue la experiencia en Bellas y Audaces? 

-Yo hasta ahí había hecho papeles de campesina, de nana, había hecho muchos de nana. Siempre hice secundarios, papeles chicos. La verdad es que yo los disfruté todos y no andaba detrás de un protagónico ni nada.

¿Qué le gustaba de esos papeles?

-A mí me gusta hacer distintos personajes, entonces hice muchas cosas extremadamente diferentes. Bellas y Audaces, claro, ése fue un lindo desafío porque era muy sofisticada, era mucho más de lo que yo soy en la vida real. Y el aspecto, la figura, la ropa, todo eso fue muy entretenido para mí. Fue muy lindo.

Hay muchos que precisamente la recuerdan por su rol de nana en varias teleseries, ¿cómo ve eso?

-Es lindo ser una nana. Recuerdo una película de una nana que había estado toda la vida en la casa de un joven y desde que era chico lo había cuidado. Y entonces la película trata de como él miraba las fotos que había de todos los tiempos. La escena mostraba las fotos de toda la vida y las recorría una por una y ella no estaba en ninguna. ¿Te das cuenta? Había estado desde que era muy joven en esa casa. Y él ve que no hay ni una sola foto de ella. Lo encontré tan lindo y triste.

-Es doloroso.

-Sí po. Y eso pasa en verdad. Entonces te das cuenta que la nana es la nana nomás en muchas casas. Uno va aprendiendo cosas nuevas y siendo actriz por eso terminas amando mucho a las personas.

-Respecto a estos secundarios, me llama la atención porque muchas veces esos son los personajes que uno más recuerda y que sostienen la historia. ¿Usted cómo lo ve?.

-Es verdad, los norteamericanos lo llaman “de soporte”. El 98% de mis personajes son secundarios. Y nada, es muy lindo. Uno disfruta la historia, disfruta estar con los compañeros, disfruta la grabación (…) Ahí aparece el concepto de “¿Por qué lo haces? ¿Por qué trabajas ahí?” ¿Es para lucirse o es porque eres un actor o actriz y haces bien tu trabajo?

-¿Allí está el punto de no buscar la fama que hablaba antes?

-Eso. Esa es la diferencia y la disyuntiva, digamos. Uno lo pasa mejor simplemente cuando quiere hacer su personaje bien hecho.

La edad de oro

Durante la segunda mitad de los 90 y comienzos del 2000, TVN vivió su época más dorada con producciones como La Fiera, Romané, El Circo de las Montini y varías otras lideradas por el guionista y director Vicente Sabatini. 

Luz Jiménez mira con nostalgia la relación que forjó con Sabatini y reconoce, entre risas, que aquella época se pude comparar “con la generación dorada del fútbol”. 

El motivo de sus buenos recuerdos, reconoce, va más allá de los puntos de rating, los elevados presupuestos o incluso el reconocimiento de la audiencia. Según explica, su añoranza tiene más que ver con un método de trabajo. Con el rigor de la actuación.

–Vicente es tremendo. Él lo que hacía era mostrar Chile. Tuvo esa visión de mostrar nuestro país y qué es lo que pasa de norte a sur. 

¿Recuerda algún personaje con más fuerza?

-Los que más me gustan son la Male Pasca, de Romané, y la de la Fiera, la Mirta Jaramillo. Esos son los que más, pero hay otros también. Por ejemplo, me gustó mucho hacer la Teresita de los Andes, me gustó mucho.

-Son personajes bien distintos los tres que menciona.

-Sí. La última fue una teleserie muy mística, muy inimaginable, o sea, estar dentro del convento de las Carmelitas fue tremendo. Con Paulina (García), las dos entramos, porque ella era la Teresita y yo era la superiora. Fue una serie muy única y como te digo, muy mística, de otro mundo. La gente ya ni se acuerda, pero fue bien linda y muy impactante. Estar ahí en el santuario vestidas de monja, cantando en la Iglesia.

-Siempre me he preguntado si en Romané, con ese gitaneo en el acento, no se mataban de la risa de repente.

-Ah, por supuesto, si uno lo pasa muy bien. Pero también en esa teleserie estuvimos más de un mes con cuaderno y lápiz en mano yendo a clase para hablar en gitano, en romané.

-¿Y quién hizo esas clases?

-Es que Vicente cubre todo. Teníamos un equipo de gitanos, una familia completa y las familias de gitanos son muy grandes, entonces de ahí teníamos quién nos enseñara. Otra que nos enseñaba los bailes, siempre hubo por lo menos tres gitanos en la grabación.

-¿Y qué hacían en ella?

-Vigilando, vigilando. Porque Vicente es así, nada era al lote. Eso también me producía una confianza y un placer muy grande. La exigencia de él, el rigor. Yo vi después otra versión que no sé de dónde era, de Colombia o México, y era otra cosa. Con él antes de partir con la teleserie había un trabajo de mesa largo. Dos meses.

-¿Cómo era eso?

-Había una mesa de trabajo con los primeros diez capítulos y todos estaban conociendo al personaje, hablando y dialogando. Repitiendo  la misma escena (…) con eso cuando grabamos ya sabíamos qué hacer, cómo hacer, cómo hablar, cómo movernos. Había mucho trabajo previo y eso cuesta. Es un mes entero que hay que pagarle a los actores, pero es un tiempo muy importante.

-¿Y usted siente que eso se ha perdido un poco con el tiempo?

-Mira, es que yo hace tiempo que ya no estoy en las teleseries. Diez años por lo menos. Pero él trabaja así.

-¿Pero usted lo debe notar también viendo?

-Mmm. Sí se nota. Claro. Había una cosa… Es difícil decirlo. Como no estoy, no tengo nada que opinar, si ya no estoy allá adentro.

Trayectoria de Luz

Hace una semana, el pasado lunes. Luz Jimenez recibió el galardón a la Trayectoria en los premios Caleuche. En la premiación la mujer se paró sobre el escenario con sus seis décadas de carrera y dijo:  “Es muy lindo hacer teatro, porque uno habla de la vida, uno aprende a respetar a la gente, a amar. Entonces, sinceramente, les digo gracias, he sido muy feliz”. 

Sus palabras fueron improvisadas. A días de la premiación, en su departamento reconoce que no tenía pista alguna de que sería la galardonada, incluso cuenta que pensó en no ir a la ceremonia y que aceptó a última hora tras “la insistencia y amabilidad” de la organización. 

En la recepción de la ceremonia cuenta que vio a muchos de sus compañeros de profesión, la mayoría viejos conocidos y otros jóvenes a quienes sólo ha visto por la televisión. De todos, comenta hoy, recibió cariños

Ya en la entrega de los trofeos recuerda que no entendió muy bien cuando dijeron su nombre. Que sintió pánico de atravesar el salón, subir el escenario y recibir el galardón. Más que nunca en 60 años se sintió nerviosa en un teatro.

“Me acuerdo que me saqué la mascarilla, se la entregué a mi amiga que me acompañó y partí para allá. Me costó eso. Después pesqué la baranda, me subí. Me doy vuelta y estaba todo el mundo aplaudiendo. Fue impactante”, recuerda Luz.

¿Y eso que usted está acostumbrada a subirse a escenarios?

-Sí, claro. Pero cuando uno está en una obra uno está en un personaje, con un grupo, con un diseño que tú conoces. Yo estaba muy nerviosa y llegó el momento de que tenía que hablar y no tenía nada preparado.

¿Todo fue improvisado?

-Claro, me salió del alma, pero todo eso que dije es lo que yo siento. Que en el teatro uno cuenta la vida. Eso es. Y tiene que ser muy de verdad eso. Para ser de verdad hay que observar con mucho respeto a las personas y quererlas. Eso. En el fondo eso fue lo que dije nomás. Porque eso es lo que yo siento. 

-¿Cómo han sido sus días después del premio?

-Ese premio es de las cosas más impactantes que me ha pasado en mi vida, ese día y esa noche. Sobre todo porque yo he huido rigurosamente de todo lo que se llama farándula y de todo lo que es publicidad o notoriedad, eso más bien. He huido deliberadamente y rigurosamente, obsesivamente, porque no me gusta. Eso es lo que pasa. No me gusta lo que produce, encuentro que es pura challa, pura faramalla. No me dan ganas tampoco, me carga la fama, me carga.

-Pero es dicotómico ser una actriz con una carrera tan dilatada y que no le guste la fama, ¿no?

-Claro, pero mira, yo te digo que no me gusta la fama, pero cuando me hablan en la calle yo lo agradezco de corazón.

¿No le gusta la industria de la fama?

-Eso, exactamente. Eso es de lo que yo huyo. Nunca había escuchado eso. Bueno, la industria de la fama no me interesa, ¿Me entiendes? Por eso para mí fue tan fuerte lo que pasó esa noche, porque yo vivo bastante escondida, pero por opción.

Hay que agradecer y ser generoso” 

La emoción de Luz Jiménez tras el reconocimiento fue genuina.

En el living de su departamento no hay recuerdos, afiches o posters de sus teleseries y obras. En cambio hay colgados cuadros de sus hijas, una guitarra, varios libros y cd’s y el galardón de los Caleuche que está dispuesto en la mesa de centro.

Sirviendo té verde, galletitas de chocolate sin azúcar y escuchando música clásica, cuenta que en estos últimos años alejada de la TV ha participado en obras de teatro y en películas. 

Luz disfruta tomar té verde y escuchar la Radio Beethoven.

Cuenta también que suele recibir guiones para interpretar papeles. Actualmente se encuentra leyendo uno que dos estudiantes de teatro le dejaron por si se animaba a interpretarlo.

“Me lo pidieron y a mí me dio tanta emoción porque las encontré tan esforzadas y tan entusiasmadas y tan jóvenes. La historia es bastante simple, felizmente”, cuenta.

Me decía que estuvo participando en obras y en cine. ¿Qué fue lo último que hizo?

-Baviera. Un corto que lo grabamos una parte en el GAM y otra parte en una casa en Recoleta; era sobre Colonia Dignidad. Es muy lindo. Es una cosa de cine que dura 50 minutos y es sobre una mujer que llegó a Colonia Dignidad cuando tenía 5 años y que hoy debe ser como yo. Y los autores, los cineastas, tuvieron la idea de hacer esta historia con 3 actrices, que son la misma mujer.

-Hace un rato me comentaba que vive escondida por opción. ¿Cómo es su vida escondida?

-Me gusta leer, tengo hartos libros. Ahora estoy leyendo un libro que es de la Patricia Cerda, escritora chilena, Las Infames. Bueno, nunca me falta qué leer. También tengo mi jardín en el patio del edificio. Me gusta mucho escribir también, tengo muchos cuadernos en los que escribo cosas que pienso y lo que me pasa. Y me gusta el cine, me gusta ver películas, he estado mirando.

-¿Usa Netflix?

-Sí. Ahí en Netflix vi una película de Ucrania que me impactó mucho. Se llama “Winter on fire”. Es del año 2014, la guerra que tuvieron ellos y que ahora están otra vez ahí. Es tan doloroso, pero échale una mirada, ármate de valor.

-Usted vive sola, pero durante la entrevista la han llamado varias veces sus hijas. ¿Cómo es su relación con ellas?

-Sí. Hay dos que viven fuera del país, pero siempre hablamos, siempre nos llamamos, tenemos grupos de WhatsApp. No alcanzo a aburrirme yo. Y me gusta vivir así, estoy acostumbrada a estar sola. Me gusta.

-Me imagino que también tiene tiempo para pensar, hay mucha gente que rehúye a estar solo.

-Sí, yo tengo que empujarme a salir. Y lo otro bueno, es que yo acá puedo hacer todo caminando.

¿Le gustaría volver a hacer teleseries?

-Sí, sí, podría ser. Pero yo creo que ya hice todo. Además, no hay muchos papeles para gente vieja, anciana, mayor. Hay pocos roles para eso.

-Vieja, anciana, mayor. Dice tres sinónimos, a sus 86 años ¿Siente que representa eso?

-No, no me siento para nada así. Me siento muy activa. Muy feliz.

-Me imagino que proyecta vivir así para siempre.

-Sí, pero uno está llegando al final. Tengo muchos años.

-¿Ha pensado en la muerte?

-Por supuesto, pienso bastante. Pienso que estoy en el final, que más vale que aproveche y haga un buen resumen de mi vida. Hay que aprovechar y estar consciente del valor de la vida y de la salud. Y disfrutar y agradecer. Ser generoso.

-¿No le provoca miedo?

-No. Porque tiene que ser así.

-¿Y qué saca al limpio de ese resumen?

-Reflexionar sobre lo que ha sido tu vida y tratar de dejar algo bueno y positivo a tus hijos, a tus nietos, eso.

-¿En una palabra, cómo ha sido su vida?

-Yo creo que ha sido muy buena. Que he tenido cosas muy buenas, he sido feliz. He sido feliz con mi trabajo, que me gusta mucho. He tenido suerte también de haber estado en ese período de teleseries tan bonitas y de haber hecho unas obras de teatro de me gustan mucho. ¿Cómo no voy a estar agradecida?


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