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Política

27 de Abril de 2022

Quedarse enfrascados en los diagnósticos: el peligro que acecha al gobierno en sus primeros 50 días

Foto del gabinete presidencial en el consejo de gabinete realizado el martes 26 de abril.

Fue el propio Presidente Boric quien debió salir a pedir acciones concretas a sus equipos. Algo que no llama la atención al escrutar una seguidilla de declaraciones de autoridades más propias de comentaristas o candidatos en campaña. Analistas advierten: “La ciudadanía a un gobierno le pide que se haga cargo, no que describa lo que pasa”.

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“Se acabó el período de instalación”, fue la frase que escogió el Presidente Gabriel Boric para coronar la conferencia de prensa tras el primer consejo de gabinete ampliado desde que llegó a La Moneda.

Expresiones como “acciones concretas” o “gran sentido de urgencia” se sucedieron en una intervención que se contraponía de manera evidente a lo que ha sido la tónica de varias intervenciones de autoridades en estos casi 50 días en el poder.

Intervenciones donde abundan la búsqueda de diagnósticos o la descripción de problemas más que los esperados anuncios.

Bien lo dijo hace sólo unos días la ministra de Desarrollo Social, Jeanette Vega, al anunciar su rol como coordinadora interministerial en la Macrozona Sur: “Hemos venido a constituir gobierno para recoger el diagnóstico de cómo está la situación y también para asegurar cómo podemos responder mejor”.

Una frase, entre varias, que daba cuenta de una impronta de mayor transversalidad en la toma de decisiones, pero que colisionaba con las no pocas urgencias que vive el país: pandemia, inflación, seguridad pública o escasez hídrica, sólo por citar algunas.

Así lo describe Josefina Araos, investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES): “estas dificultades que tiene el gobierno, más que la falta de un proyecto claro, tienen que ver con cierta inconsciencia de la complejidad que significaba tener el poder”.

Palabras a las que se suma Kenneth Bunker, analista político y director de Tresquintos. “Lo que están viviendo es un choque con la realidad, porque es una coalición que no sólo tiene poca experiencia en gobernar, sino que están gobernando después de haber sido una oposición muy dura”.

La primera alerta: la encuesta de Jackson

La frase de Vega fue quizás el último ejemplo de varios que estaban poniendo el énfasis en el diagnóstico más que en la ejecución. El primero hay que ir a buscarlo a los días iniciales, cuando todo eran expectativas en cuanto a las primeras señales. Y fue en voz del propio ministro Segpres, Giorgio Jackson, encargado de darle viabilidad parlamentaria a las promesas de campaña.

Como era de esperar, en la primera semana de trabajo, el hombre más cercano al Presidente y articulador con el Congreso se juntó con los legisladores. Sin embargo, en lugar de informarles sobre las prioridades del nuevo Ejecutivo -una práctica habitual en cada gobierno que asume- difundió una suerte de encuesta entre sus interlocutores para conocer sus prioridades.

“Es importante que el Ejecutivo recoja los planteamientos de los diputados (…) queremos construirlas después del diálogo con ambas Cámaras”, explicó el ministro el 15 de marzo, sobre cuáles serían las urgencias del oficialismo.

Un método que no dejó de llamar la atención, aún más considerando que la necesidad de tomar la iniciativa era -y sigue siendo- imperiosa ante un parlamento particularmente fraccionado y díscolo.

Una realidad que quedó dramáticamente en evidencia al tramitarse los proyectos de retiro de las AFP: dichas incómodas iniciativas para el Gobierno no sólo se tomaron la agenda del primer mes, sino que demostraron la incapacidad de aunar apoyos más allá de los propios.

Cristián Valdivieso dice que la encuesta de Jackson en su primera semana de Congreso “instaló la idea de un gobierno que no tiene tan claro el rumbo”.

Una alerta que se venía encendiendo hacía semanas en las filas oficialistas con particular vehemencia: la ausencia de un “trabajo prelegislativo” e, incluso, un “inmovilismo legislativo”.

Para Cristián Valdivieso, director de la encuesta Criteria, esta actitud reveló dos cosas. “Lo primero es que hay que dedicarle más tiempo a los parlamentarios, porque los partidos están fragmentados y cada parlamentario es un personaje en si mismo: eso es un desafío. Y lo segundo es que esto instaló la idea de un gobierno que no tiene tan claro el rumbo, que está tratando de abuenarse buscando cuáles son las prioridades de los demás. Lo que el Ejecutivo debería tratar es tener una hoja de ruta más clara, poner prioridades y esas conversarlas con el Parlamento”, explica.

“El diálogo no es una solución”

Con un Estado de Excepción vigente, ya al asumir, los equipos de Interior estaban al tanto que la violencia en La Araucanía sería una de las carpetas más complejas.

Sin embargo, a casi un mes y medio -con la fallida visita a Temucuicui incluida-, hace sólo unos días la ministra Izkia Siches aseguró en El Mercurio que “seguimos con la misma línea: buscar los orígenes y las soluciones políticas. Ello requiere dialogar con todos quienes estén disponibles al diálogo. No podemos forzar a nadie”.

Un enfoque que el senador DC y otrora intendente, Francisco Huenchumilla, pulverizó en una sola frase: “El diálogo es un método de trabajo, no una solución a los problemas de los habitantes de La Araucanía”.

Falta de solución. Eso parece haber ocurrido también con las comentadas palabras de la Delegada Presidencial para la región del Biobío, Daniela Dresdner (RD) a Cooperativa, dando cuenta de las falencias del Ejecutivo a la hora de adoptar medidas.

“A nuestro gobierno le está faltando llegar un poco más rápido a todos los lugares que dijimos que íbamos a llegar y que no hemos llegado”, reconoció Dresdner hace 15 días.

Una honestidad de la que ya había hecho gala y que parecía no dar cuenta de sus nuevas responsabilidades de gobierno: “No tenemos ninguna manera de controlar lo que está ocurriendo en la zona”.

El área de seguridad ha sido particularmente fértil en este tipo de declaraciones que recuerdan más a comentaristas de actualidad que a autoridades.

“¿Qué es lo que se está haciendo?”

“Chile está viviendo el peor momento en seguridad desde el retorno a la democracia”, sentenció Eduardo Vergara. Desde luego la frase no llamó la atención por su contenido, sino por quien la decía: el subsecretario de Prevención del Delito. Una sentencia que había profundizado en la radio Universidad de Chile, pero agregando lo siguiente: “hay que reconocer la verdad, porque para trabajar de forma efectiva hay que reconocer la realidad”.

Tanto fue la extrañeza por sus dichos que en Tele13 Central le mostraron las cifras y se le dijo que durante los entonces 28 días de la administración actual, el aumento de delitos fue de un 64%, mientras que el alza en 2021 había sido sólo de un 40% “¿Cómo responde a eso?, ¿qué es lo que se está haciendo?”, consultó el periodista Alfonso Concha.

Vergara salió rápidamente al paso destacando que “es imposible medir la acción de un gobierno en un lapso tan corto”. Y ante la pregunta sobre cuánto tiempo le parece correcto hacer comparaciones, el subsecretario aseguró que “lo razonable y lo responsable son periodos anuales, que nos permitan comparar un año con otro”.
Frases que terminaron opacando una acción concreta de la subsecretaría comandada por Vergara: la creación del Consejo Asesor en Prevención, Seguridad Pública y Equidad, instancia técnica multisectorial que tiene por objeto la distribución equitativa de las policías.

“Una comunicación… de campaña”

¿Qué hay detrás de esta seguidilla de declaraciones? “Tantas críticas al gobierno pasado hicieron creer que ellos llegarían y sería automáticamente mejor. Lo que estamos viendo es que las expectativas están superando la realidad”, explica Bunker.

“El gobierno sigue muy en esta idea de hacer comunicación de campaña”, dice Marco Moreno sobre las declaraciones de ministros y autoridades.

Un problema que también tiene su deriva comunicacional. “El gobierno no ha podido dar con el tono ni el estilo de comunicación cuando se gobierna y tienes poder. El gobierno sigue muy en esta idea de hacer comunicación de campaña”, sentencia el Director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central, Marco Moreno.

“Si uno analiza las fallas de comunicación, por ejemplo de Izkia Siches, incluso cuando criticó al Poder Judicial, eso es típicamente comunicación de campaña y no entender que lo que tienes que hacer es conseguir apoyo”, agregó.

En este sentido, el académico toma las declaraciones del subsecretario Vergara para sustentar su hipótesis. “Son muy de la línea de intentar ganar el poder, porque lo que te dice esa frase es que tenemos este problema y lo vamos a enfrentar cuando seamos gobierno… ¡pero ya son gobierno! Lo que Vergara debería haber dicho es que tenemos este problema y lo vamos a resolver de esta manera, y para eso necesitamos el apoyo de la ciudadanía”, profundiza el cientista político.

“Me parece que muchas de estas declaraciones han sido más bien espontáneas, no necesariamente responden a un diagnóstico. La espontaneidad y la política no van siempre de la mano”, dice Rossana Castiglioni.

Un problema comunicacional que Valdivieso explica por “la inexperiencia que han manifestado en muchas acciones. Eso ha contrastado con quienes sí la tienen como Mario Marcel y Jeannette Jara, pero el resto ha mostrado ansiedad por anotarse puntos. Eso explica esta lógica de seguir haciendo diagnósticos. La ciudadanía a un gobierno le pide que se haga cargo, no que describa lo que pasa”.

Rossana Castiglioni, cientista política y Decana de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la UDP, coincide en el elemento de la inexperiencia, agregando otro factor: “Me parece que muchas de estas declaraciones han sido más bien espontáneas, no necesariamente responden a un diagnóstico. La espontaneidad y la política no van siempre de la mano. Hay que pensar en las consecuencias que puede acarrear una respuesta, por más honesta que sea”

Una puesta en escena “tensionada por múltiples identidades”

Los problemas comunicacionales y de relato de un sector pueden estar relacionados con su falta de identidad dentro de la misma. Sobre todo en un gobierno que debe lidiar con dos coaliciones en constante tensión y parlamentarios díscolos.

En ese sentido, Valdivieso asegura que “toda la puesta en escena hoy día está tensionada por múltiples identidades que conforman al gobierno. Hay una suerte de fractura comunicacional que atenta contra el diseño porque no están todos alineados y eso dificulta una estrategia comunicacional coherente. Entonces, lo que vimos en segunda vuelta, una narrativa bien clarita, hoy en día no está. Lo que falta es articular un relato más único del gobierno”.

Sobre la identidad del gobierno, Cristóbal Bellolio, cientista político y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, complementa: “cada gobierno y cada elenco tiene su sello”.

“Toda la puesta en escena hoy día está tensionada por múltiples identidades que conforman al gobierno. Hay una suerte de fractura comunicacional que atenta contra el diseño”, sentencia Valdivieso.

A esto agrega que “a veces también en la política se requieren períodos más reflexivos. La acción muchas veces tiene que conciliarse con la reflexión”, y que “quizás lo que haya que hacer hoy día sea parar, mirar y reflexionar. Aunque pensaría que ojalá esto se hubiera hecho antes, no cuando estás gobernando. Uno no va al gobierno a reflexionar, uno va a ejecutar”.

Para Kenneth Bunker, el gobierno no está precisamente buscando una identidad. “Más bien están lidiando con una situación políticamente frágil, que tiene que ver con que el Frente Amplio, como eje de gobierno, está flanqueado por un lado por el PC, y por otro por la centroizquierda”. Y eso se refleja en la comunicación tipo comentaristas: “Tienen que tener cuidado con lo que han declarado antes, con no darse tanto vuelta la chaqueta, pero tampoco pueden hacer enojar a sus socios de gobierno”.

Rossanana Castiglioni tiene clara la identidad del gobierno, aunque pone en duda la capacidad para concretarla: “Es un gobierno que procura ser más abierto y transparente, o al menos eso se está buscando. Tiene una genuina preocupación por temas más vinculados al bienestar social, y que está tratando de ofrecer respuestas a una profunda crisis de legitimidad. Pero otra cosa muy distinta es si está logrando lo que busca”.

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