Nacional
17 de Enero de 2024De peluquerías de los 80 a nuevas barberías: cómo la migración cambió el oficio de cortar cabello
La Peluquería Ricardo Hernández y la barbería El Club de la Barba son la cara y el sello de una misma moneda: la primera representa los clásicos cortos estilos pelo, mientras que la segunda representa cabellos con textura y degradados. Ambas son parte del rubro de la barbería, que hoy sigue experimentando cambios producto de la migración. The Clinic habló con ellas en detalle para conocer sus historias y los cambios que han tenido que atravesar.
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Ricardo Hernández (50) lleva el mismo nombre que su difunto padre y su peluquería, una de las más antiguas de todo Santiago. Llena de imágenes de artistas musicales icónicos -y también icónicos por su peinado-, la Peluquería Ricardo Hernández ya lleva 43 años en la Avda. Francisco Bilbao 2708 con sus tradicionales cortes de pelo y su estampa familiar.
“No siempre le va bien a uno en un negocio. Hay momentos más o menos, y hay momentos malos. Como en todas las cosas”, confiesa el peluquero en conversación con The Clinic. “Han sido más los momentos buenos que los malos. Sin duda”, agrega.
Si bien Hernandez empezó a trabajar en el local y seguir los pasos de su padre cuando tenía 27 años, y hace un par se hizo cargo del negocio junto a su hermano, este ha logrado que una de las peluquerías más antiguas de Santiago aguante las últimas pruebas del tiempo: la gran cantidad de nuevas barberías extranjeras. Estas últimas, de hecho, son su mayor desafío.
“La peluquería (como rubro) cambió mucho en estos últimos cinco años, porque cambió el estilo y la forma de cortar el pelo. La migración; los colombianos, los venezolanos, los dominicanos, trajeron nuevas tendencias. Y tuvimos que aprender a actualizarnos”, explica. “Antes era mucho más tradicional, era todo plano, parejo, no había mucha diferencia entre una cosa y la otra. Un poquito más corto, un poquito más largo. Pero ahora hay mil formas de cortar el pelo”, expone.
Eso no es del todo negativo para el rubro, según Hernández: “Como nos ha perjudicado la proliferación de barberías, también nos ha beneficiado. En el sentido de que le ha dado un nuevo aire a la peluquería todas estas nuevas tendencias”. Agrega que antes el rubro era monótono. En sus propias palabras, “chato”. “Esto ha tenido que a hacer movernos y sacarnos de nuestra estructura clásica”, analiza.
Por eso, el peluquero cuenta que estas tendencias fueron introducidas en un principio en su local: “Fue el mejor momento de la peluquería. Tuvimos unos cinco años excelentes, pero yo decidí hacer la pérdida y encasillarme en lo que realmente sabemos hacer: la peluquería clásica”, explica.
Hernández dice que esta situación ha afectado a la propia peluquería, aunque no del todo. Sus clientes de siempre, la ubicación del local y sus trabajadores -que son primos y colegas de confianza-, aún le aseguran éxito: “Hemos perdido un poquito de jóvenes, pero han aumentado más los niños y los mayores”. De hecho, cuenta que ese es el tipo de usuarios que concurren a la Peluquería Ricardo Hernandez: “La mayoría es entre 30 y 60 años, profesional (…) Hay de todo: hay gente que lo atendió mi papá y yo lo sigo atendiendo, y otros que no”. Eso sí, explica que los hombres más jóvenes son los menos fieles. Incluso, cuenta que hay algunos que tienen más de tres peluqueros predilectos.

El Club de la Barba
Mientras la Peluquería Ricardo Hernandez se erige en el mundo de las barberías con su estilo ecléctico y vintage, evocando un carácter clásico de los años 80, El Club de la Barba apuesta por un personalidad sobria. Con sus seis asientos de metal recubiertos con cuero negro y detalles de madera ocre, la peluquería garantiza cortes y peinados contemporáneos: la textura, los degradados y los diseños son su experticia.
“Ha cambiado mucha la exigencia del cliente, [antes] llegaba y decía: ‘Quiero corto a los lados, y un poco más largo arriba’. No se peinaba. Ahora, el cliente llega y te especifica el número de peine qué quiere”, explica Alirio Godoy (33), quien lleva trabajando en El Club de la Barba de Providencia hace cinco años, pero se ha dedicado a la barbería en Venezuela casi la mitad de su vida. “Quieren un degradado como más suave. Quieren mucha textura, que el cabello quede con mucho movimiento. Anteriormente no ocupaban cera. Antes te decían: ‘Salgo de la ducha y así no más’. (…) Es mucho más preocupado”, relata.
Esta creciente preocupación ha aumentado la demanda de barberías. Un ejemplo de ello es el mismo Club de la Barba, que viene expandiéndose por todo Santiago hace más de cinco años. Además del local en Providencia, la marca tiene una franquicia en Bellas Artes, en Ñuñoa y Viña del Mar.
Godoy explica la razón por la existe una gran proliferación de estos locales en Chile: “En Venezuela encuentras barberías como aquí hay farmacias”, comenta entre risas. Agrega, también, los motivos por los que el cliente chileno ha cambiado: “Allá hay mucha preocupación por lo que es la presencia. Cuando la gente va a una fiesta o tiene algún evento, tienen que ir arreglados. Y eso es lo que se está inculcando ahora en Chile, eso es lo que está creciendo”, concluye Godoy.



