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Opinión

19 de Mayo de 2024

Perfil: Ximena Aguilera, la sobreviviente. Por Kike Mujica

Créditos: Agencia Uno

Kike Mujica escribe un perfil sobre la ministra de Salud, Ximena Aguilera, quien ha ganado reconocimiento por su logro con la ley corta de isapres. "Así todo, y contra muchos del oficialismo, Aguilera logró aprobar un proyecto que si tuviera un nombre de consenso sería 'lo menos malo': la ley corta. Con ello el gobierno presumirá que evitó un colapso sanitario. Y callará que fue contra su deseo original: no matar a las isapres, pero sí dejarlas morir por obra y gracia de la tercera sala de la Corte Suprema", escribe el periodista.

Por Kike Mujica

No ganó. Sobrevivió”, dicen tres parlamentarios de distinto signo cuando pregunto por la situación actual de la ministra de Salud, Ximena Aguilera. Los políticos suelen desconfiar -y detestar a veces- de los que no provienen de su mundillo. A los que no comprenden su código morse. A los que no tienen cuentas por pagar o por cobrar. Aguilera es uno de esos especímenes. “No sabe los códigos de la política. Es poco flexible”, me dice un senador oficialista. “Es muy inteligente, pero es más doctora que política”, agrega un diputado.

Así todo, y contra muchos del oficialismo, Aguilera logró aprobar un proyecto que si tuviera un nombre de consenso sería “lo menos malo”: la ley corta. Con ello el gobierno presumirá que evitó un colapso sanitario. Y callará que fue contra su deseo original: no matar a las isapres, pero sí dejarlas morir por obra y gracia de la tercera sala de la Corte Suprema.

Mañalich la quiso

Ximena Aguilera nació en 1964.  Su madre, Lucía Sanhueza, contaba en la prensa que “fue la primera de mis 4 hijos en leer y escribir, aprendió rapidísimo y casi sola. Terminó la enseñanza media a los 16”. 

Es Médico Cirujano de la Universidad de Chile y especialista en salud pública. Entre 1999 y el 2008 fue jefa del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud y en 2005 participó en el proceso de reforma de la salud. Transversalmente se le reconocen sus altas competencias. “Es una gran profesional, con diversas asesorías en organismos internacionales”, dice un prestigioso doctor. 

Debe ser de las pocas, sino la única, funcionaria de primera línea de este gobierno que trabajó en la Universidad del Desarrollo (2012-2022), un plantel creado por conspicuos miembros de la UDI. También debe ser de las pocas que colaboró en el gobierno de Sebastián Piñera: el 11 de marzo de 2020 se sumó al Consejo Asesor Covid que creó esa administración. Antes, en Piñera 1.0, el ministro Jaime Mañalich le ofreció trabajo: “Le pedí que se incorporara a la Subsecretaría de Salud Pública, no como subsecretaria, pero sí como jefa del departamento de Epidemiología, pero declinó; prefirió el mundo académico”.

La hija del locutor

¿Quién es ella?, fue la pregunta de muchos periodistas cuando el subsecretario Manuel Monsalve, en septiembre del 2022, mencionó su nombre como la nueva cabeza de la cartera de salud. Llegaba a suceder a la socialista Begoña Yarza -la ministra que menos duró desde la vuelta a la democracia: 6 meses-.

A las pocas horas, se conoció el dato que los reporteros relevaron: es hija del conocido locutor radial Pablo Aguilera.

¿Cómo llego ahí? Hay diversas versiones, todas con pocas certezas. Un diputado dice que fue Carolina Tohá quien la puso en el radar presidencial. Cercanos a Tohá lo desmienten. Otro dice que Guido Girardi. También suena Mario Marcel y la diputada del PPD y exministra, Helia Molina. 

Lo que es cierto es que Aguilera no tenía currículo político ni partido. Y eso pesa en un ministerio que obliga a conjugar fino lo político con lo técnico. Solo cinco de los 17 ministros de salud, desde 1990, no han tenido militancia: una es ella.

Pocos le auguraban éxito. Parecía ser que luego formaría parte de la lista de espera de los candidatos a dejar el Palacio. 

Versus Crispi

Principios del 2023. Ximena Aguilera decide poner sobre la mesa un número que provoca urticaria en La Moneda. Ella cifra en 400 millones de dólares, más o menos, la deuda que deberían pagar las isapres por el cobro en exceso a los afiliados. Eso había determinado la Corte Suprema en 2022. 

El monto molesta a varios en Palacio. Es muy bajo. Por esos días, confirman tres fuentes del oficialismo, la opción de dejar caer a las isapres rondaba en el FA y al PC y la quiebra se analizaba como un camino aséptico para concretar lo que estaba escrito en el programa de gobierno. 

Tres suscriptores de esa idea acorralaban a la ministra: el asesor presidencial Miguel Crispi, el subsecretario Víctor Torres y el director de Fonasa, Camilo Cid. 

Un diputado ejemplifica la relación tirante entre Crispi y Aguilera: “Ella citó a un grupo de parlamentarios a una reunión en el Congreso en Santiago y de repente aparece Crispi. Nadie sabía que asistiría. Ni ella. Él se sentó y comenzó a opinar. De hecho, tuvo un intercambio verbal con el senador Juan Luis Castro, que se molestó por su presencia”.

Por esos días, dicen los parlamentarios, Aguilera estaba sola en el gobierno. Solo Mario Marcel era aliado. “Ella siempre fue partidaria de no matar a las isapres”, dice un diputado. “Porque con números y cifras argumentaba que eso significaba un colapso sanitario”, agrega.

Pero en parte importante del gobierno el horizonte de un país sin isapres relumbraba y también encandilaba. Pero luego, la evidencia de los números que Aguilera y varios expertos exhibían y el megacostalazo político que provocó la elección de los consejeros constituyentes en mayo del 2023, a muchos hizo asumir, a regañadientes, que tenían el título de la canción (el fin de las isapres) pero no la letra (¿cómo?). 

Aguilera sobrevivía, siempre lacónica y silenciosa, alejada de la prensa.

La mujer y sus circunstancias

“El Presidente comprendió la magnitud del problema, el efecto sistémico que provocaría en el sistema sanitario en su conjunto y el impacto que tendría sobre las personas”, me dice una persona que conoce los mentideros de La Moneda.

En el segundo semestre del 2023 se asentó la idea de que las isapres no podían caer. Aguilera pudo respirar. Con el subsecretario Torres pactó una paz armada. Comenzaba así el largo camino para aprobar la ley corta. Un senador me dice que Crispi desapareció del rádar y ella no involucró a Camilo Cid, director de Fonasa, en las conversaciones.

Anulada la tríada, y con las circunstancias a favor, Aguilera tuvo que cuadrar el círculo. Contra el tiempo. Lo logró el lunes pasado. Un triunfo amargo para muchos en el oficialismo. “Ella tiene el mérito de haber sobrevivido. No murió en el intento. La desventaja de la inexperiencia política quizá le sirvió porque siempre se mantuvo bajo perfil y no buscó brillar”, dice un diputado de la comisión de Salud.

“A Aguilera le reconozco que siempre tuvo la voluntad de evitar la crisis sanitaria, pero de ahí a asegurar que esto, la ley corta, vio luz por su muñeca política, le digo que no. Este era un final anunciado de una historia que se alargó más de la cuenta. Con ella o sin ella habría pasado igual”, dice un parlamentario.

El apoyo de Boric fue fundamental para sostenerla. ¿Cómo se lleva con el presidente?, pregunto a alguien que conoce La Moneda. “Tienen una relación fluida y permanente. Suelen hablar diariamente y, en algunas oportunidades, más de una vez al día. Tienen trato directo. A Boric le interesan los temas de salud y ella le recomienda documentos y textos”.

Luego de la aprobación de la ley corta, sus bonos subieron. “El manejo técnico y la capacidad de diálogo de la ministra permitió un acercamiento más político con el Frente Amplio, el cual debe seguir profundizándose”, me dice alguien cercano al oficialismo quien agrega que “ha afianzado relaciones con, por ejemplo, Tohá, Vallejo, López”.

Diecisiete ministros de salud ha habido en los 34 años de democracia. El que más duró fue Jaime Mañalich, en Piñera 1.0: cuatro años. Solo ocho de los diecisiete lograron sobrevivir 20 meses. Entre ellos, Ximena Aguilera.

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