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30 de Mayo de 2024

Soy profesional y decidí ser dueña de casa: las mujeres que dejaron de “demonizar” la vida doméstica

A pesar de los avances en igualdad de género, el trabajo doméstico sigue recayendo en gran medida sobre las mujeres, afectando su bienestar y salud mental. Frente a esto, cada vez más mujeres profesionales optan por restarse del mundo laboral para dedicarse a las tareas del hogar y el cuidado de los hijos.

Por Catalina Reid
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“Cuando trabajaba a jornada completa, también tenía que hacerme cargo de la mayoría de las tareas domésticas. Era un estilo de vida muy agotador que me dejaba poco tiempo libre“. Así cuenta Francisca Rodríguez, que hace dos años dejó su trabajo como ingeniera comercial para dedicarse a ser dueña de casa. Su testimonio es reflejo de una creciente tendencia en las mujeres profesionales, que optan por restarse del mundo laboral para dedicarse a sus hogares y sus familias.

Pese a que en las últimas décadas se han hecho importantes avances en materia de género, el trabajo doméstico continúa siendo una labor que recae en gran parte en las mujeres. “Mi marido es muy bueno en su trabajo, pero no tiene talento ni interés en las tareas de la casa. Las pocas veces que me ayudaba, tenía que volver a hacerlo yo, lo que significaba doble trabajo para mí“, relata Rodríguez.

El último estudio Women @ Work: A Global Outlook de Deloitte, que encuestó a 5.000 trabajadoras de 10 países, reveló que las mujeres siguen cargando con la mayor parte de la responsabilidad del cuidado de los niños, las tareas domésticas y, cada vez más, el cuidado de otros adultos, incluso si son las principales fuentes de ingresos del hogar. Esta carga doméstica repercute directamente en su la salud mental. Las mujeres con más responsabilidades domésticas declaran un menor bienestar mental y son menos capaces de centrarse en su carrera profesional.

“Es muy difícil conciliar el trabajo remunerado con el no remunerado. Entonces replegarse al trabajo doméstico parece una decisión razonable considerando las dificultades que enfrentan las mujeres que deciden o tienen que hacer ambas“, explica la socióloga Tania Hutt.

El miedo a los prejuicios

Rodríguez y su marido discutieron sus opciones y finalmente decidieron que lo mejor era que ella dejara su trabajo y se convirtiera en dueña de casa. “Como nunca en mi vida me había planteado ser ama de casa, al principio me costó mucho asumirlo. Pensaba que era degradante desempeñar un papel tan tradicional, que no merecía respeto. Me sentía inútil sin un trabajo a tiempo completo, como una fracasada que no contribuye a la sociedad y vive de mi marido como un parásito. Sobre todo porque ni siquiera tenemos hijos”, confiesa Rodríguez.

El valor del trabajo doméstico se ha visto sistemáticamente disminuido en la conciencia pública por su falta de reconocimiento económico. En una época de capitalismo interiorizado, nuestra determinación de la autoestima a través de la productividad económica produce una falsa equivalencia entre el mérito y el precio del trabajo. Además, varias jóvenes temen que su decisión de restarse del mercado laboral no será vista con buenos ojos desde el punto de vista del feminismo, que lleva años luchando por la inclusión de las mujeres en el mundo profesional.

¿Es válido decidir quedarse en casa?

Isabel Plant, creadora de Mujeres Bacanas, sostiene que la lucha del feminismo es abrirles todas las posibilidades a las mujeres. “La historia nos ha enseñado que las que vinieron antes de nosotros que se dedicaron a cuidar de su casa y sus hijos, sin que se les permitiera otra cosa, terminaban insatisfechas y con ciertas frustraciones. Pero el feminismo no es una demonización a la vida casera, no es una demonización de la familia tradicional, no es una demonización de la maternidad. Es abrir las posibilidades para que las mujeres puedan elegir en libertad su camino y puedan dedicarse a lo que ellas les gusta cuando les gusta y tengan las opciones para tomar”.

“¿Es válido decidir ser dueña de casa? Sí, siempre y cuando sea una elección. Ser dueña de casa antes era una especie de destino inexorable y ahora es una opción que yo la he tomado en momentos. He decidido que es lo mejor para mí y en otros momentos he decidido que no y creo que va a depender de cada mujer. Sería terrible vivir en un mundo donde nos obligaran a tener que trabajar o a quedarnos en la casa“, señala Francisca Feurhake, conocida en redes como La Vieja Cuica y creadora del podcast Libre Asociación, en el que abordó esta temática.

Francisca Rodríguez declara que hoy se siente feliz con este nuevo rol. “Con el tiempo me di cuenta de que lo que hago es muy apreciado, significativo y gratificante a su manera. Los dos contribuimos a nuestra manera y ponemos nuestras propias reglas en casa. Aprendí que no hay necesidad de sentir las presiones sociales con las que había crecido, porque al final hacemos lo que es mejor para nosotros. Ya no tengo un jefe que controla todo lo que hago. Soy mi propia jefa y puedo ocuparme de las cosas como mejor me parezca, tengo un marido que confía en mis decisiones y la energía necesaria para ocuparme de las cosas sin preocuparme también de ganar dinero”.

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#Dueña de Casa#feminismo

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