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Opinión

14 de Junio de 2024

Columna de libros de Silvana Angelini | “Los parientes pobres” de Rafael Gumucio: Reconociendo nuestra idiosincracia

El último libro de Rafael Gumucio "Los parientes pobres" es de lo que escribe hoy la columnista, Silvana Angelini. La novela se basa en la historia de un padre de 92 años a punto de morir y sus hijos. Para la periodista los personajes "buscan respuestas en una figura que nunca les dará una solución a sus traumas", escribe. Y añade: "Cada personaje del libro se puede reconocer en nuestra idiosincrasia. En ese sentido, lo más profundo y perdurable, nuestra cultura está inmersa en 'Los parientes pobres': cada hermano, tío o tía, casa y barrio es reconocible".

Por Silvana Angelini

El nuevo libro de Rafael Gumucio gira en torno a un padre de noventa y dos años, a punto de dejar este mundo, y a los once hijos que ha criado. “Los parientes pobres” vuelve a visitar un tema que está presente en la literatura de diferentes maneras.

Franz Kafka escribió en 1919 la “Carta al padre”, en la cual encara a su progenitor: “Queridísimo padre, hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo (…) yo también creo que tú no tienes en absoluto la culpa de nuestro mutuo distanciamiento (…) sería posible, no que dejaras tus incesantes reproches, pero sí que los suavizaras”.

Kafka describe la relación con su padre desde diferentes puntos de vista, a veces opta por un lado más compasivo y amoroso, y otras tiene una mirada dura, amarga y temerosa. Esta misma dualidad se percibe en la novela de Gumucio respecto a su figura principal. La descripción de cada uno de los hermanos en relación a la imagen paterna es pendular, algunos lo idolatran, otros lo odian y algunos son más sentimentales y amorosos.

En la novela, los personajes nunca miran al padre con suficiente distancia, nunca salen del rol de hijos, y están buscando constantemente su aprobación y reconocimiento. De cierta manera buscan respuestas en una figura que nunca les dará una solución a sus traumas, por eso algunos indagan mecanismos para perdonarlo y otros lo rechazan.

Una de las nietas reflexiona: “Todo con tal que me quedara a cargo de los que se están muriendo en esta casa, a cambio de que les dejara volver a ser niños o adolescentes juntos y lejos, a cambio de no ver nunca más a su padre morirse”.

Los hijos en “Los parientes pobres” se comportan como niños, no se ponen de acuerdo entre ellos, pelean constantemente, idolatran la figura del padre y todos de una manera u otra buscan aprobación. Y para matar al padre, en términos freudianos, se necesita una adultez, una mirada con altura, distancia y con la frialdad que la mayoría de estos personajes no posee. Por eso mismo el lector está constantemente esperando el momento en que todo se derrumbe y los niños se conviertan en hombres y mujeres.

En gran parte de la novela, sobre todo al inicio, el padre es descrito a través de la mirada de los hijos. Cuentan que es de profesión escultor, de gran talento y fama. Vive de una pensión de la Universidad de Chile, ha tenido una vida amorosa con altos y bajos y varios matrimonios fallidos. Al comienzo de la novela los hijos se dan cuenta que el padre se enamora de su hermana en un asilo de ancianos (ambos tienen demencia senil).

Rafael Gumucio. Foto: Felipe Figueroa/The Clinic

La historia se inicia con este dilema y cómo los hermanos conversan en una especie de chat familiar para resolver el problema. Es interesante los diferentes estilos que tiene la narración, desde el diálogo entre hermanos (que se asemeja a una novela coral), el relato y mirada de una de las nietas (con un tono muy literario y profundo), el retorno a una conversación entre dos hermanos (ya no en formato chat), y textos en cursiva que imitan la tarea de un taller literario.

Los saltos de formato en la narración permiten que el libro avance de manera rápida y orgánica, y se suma a esto dos elementos: el humor y el tipo de lenguaje. En toda la tragedia del padre que envejece (y que en un momento desaparece), la familia desmembrada, que arrastra las tragedias del pasado y las luchas con la familia política, hay mucho espacio para el humor. Sobre todo, al inicio de la novela, donde los hermanos discuten qué harán con su padre en el asilo y el escándalo del enamoramiento con su hermana.

Destaca en este sentido uno de los hermanos, Raúl, un hippie que vive en Costa Rica, que viaja a Chile a pie para ver a su padre y le escribe poemas como: “Papá, nací de ti como un árbol nace del rayo. Papá, nací de ti como la lluvia sobre el techo de mi casa. Papá, nací de ti como yo nazco de mis niñas todos los días”. Claramente el autor está parodiando todo este universo que representa Raúl, que se relaciona con lo siútico, rococó y exagerado, mientras los otros hermanos se desquician tratando de llegar a un acuerdo.

Otro elemento que llama la atención es el lenguaje de la novela. Julio Cortázar comentaba en el documental “Topografía de una mirada” de 1980: “El contacto más profundo (con América Latina) es lingüístico. Es decir, yo sigo escribiendo en argentino, ese español que hablamos y escribimos en mi país. Y eso crea una correspondencia inmediata entre lo que yo hago y mis lectores”.

De la misma manera Gumucio usa palabras cotidianas chilenas, garabatos y modismos, por ejemplo: cómo cresta, superlindo, cagaste, chulo, huevada, y más. El lenguaje oral se lee en la novela, y se va mezclando armónicamente con las descripciones literarias.

Cada personaje del libro se puede reconocer en nuestra idiosincrasia. En ese sentido, lo más profundo y perdurable, nuestra cultura está inmersa en “Los parientes pobres”: cada hermano, tío o tía, casa y barrio es reconocible, lo que permite que la lectura sea familiar, identificable, y que inevitablemente cada uno piense en sus propios parientes pobres. 

Rafael Gumucio
Los parientes pobres
Penguin Random House
248 páginas
$13.500

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