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Opinión

15 de Junio de 2024

Columna de Hugo Herrera: Las décadas bravías que se aproximan

Foto: AgenciaUno.

"La Crisis del Bicentenario (2011 a la fecha) es lenta, porque es una crisis de legitimidad política. Ella tiene muchas similitudes con la Crisis del Centenario (1910-1932), también una crisis larga, pues era de legitimidad política", compara Hugo Herrera en su columna de hoy. El abogado y escritor añade: "Urge parir las reformas políticas básicas, en educación, seguridad, salud, sistema de gobierno, que permitan legitimar el orden político y asentar las bases sobre las cuales esperar el crecimiento cultural, espiritual y material de la nación".

Por Hugo Herrera

Pasa cuando el Presidente piensa en sus ideas, en las grandes que le duran semanas y en las chicas, que días u horas, quizás. Pasa también cuando los parlamentarios –más allá de sus cualidades personales– operan como un cúmulo que en el neto da para dudas. Ocurre en el período en que una nueva generación avanzó hacia el poder y con tácticas astutas se lo tomó, sin saber muy bien de qué se trataba el asunto.

Piñera llegó al gobierno liderando un conglomerado que recelaba del Estado. Y Boric alcanzó La Moneda encabezando a un grupo que creía en algo parecido, aunque de otro signo: en que el Estado, en algún momento, sería superado en una situación post-institucional.

Lo decía Atria y le creía Jackson, ignorando que la primera forma de institución, la que impide radicalmente lo “post-institucional”, es el lenguaje (es imposible una vida sin reglas e instituciones en la misma medida en que es imposible una vida sin las reglas prácticas y hermenéuticas del lenguaje). En la derecha, de su lado, muchos siguen pensando –como Friedman– que, si la economía neoliberal anda bien, el resto vendrá casi por añadidura.

Y así es nuestra elegante discusión: entre partidarios de la emancipación público-deliberativa y del control del mercado como camino a la superación del mercado y la institucionalidad, por una parte; y, por otra parte, los defensores del mercado como infraestructura del orden político.

En el intertanto, la historia transcurre. Nuevos desafíos nos pasan como por arriba: la Inteligencia Artificial, las fábricas de retroalimentación inteligente, la auto-reflexión mecánica, los sistemas de guerra y espionaje electrónico, las armas indetectables, el reemplazo del trabajo humano.

Nuestras FF.AA. tratan de avanzar, pero no son capaces aún de construir su flota, sus aviones, sus vehículos acorazados, los sistemas de defensa del futuro, que garanticen efectivamente la soberanía. Hay algunos brotes verdes. En la Armada, con la idea de construir las naves de combate.

Hay iniciativas de colaboración relevantes, como Athena Lab. Pero falta avanzar decisivamente, con inversión masiva del presupuesto de ciencia y tecnología, hacia la articulación de poderes que en el pasado tuvimos, y en virtud de los cuales Chile fue capaz, en épocas oscuras y todo, pero gracias al esfuerzo de sus ingenieros y militares, de mantener fuera de sus fronteras no a uno, sino a dos potenciales invasores. 

Foto: AgenciaUno

La Crisis del Bicentenario (2011 a la fecha) es lenta, porque es una crisis de legitimidad política. Ella tiene muchas similitudes con la Crisis del Centenario (1910-1932), también una crisis larga, pues era de legitimidad política.

Una semejanza llamativa es que, apenas saliendo de aquella, el país se vio situado en un contexto internacional con fuerzas que lo desbordaban: el comunismo y el nacionalsocialismo. Hoy son principalmente norteamericanos y chinos quienes quieren influir en nuestras tierras, con inversiones “ecologistas”, para quitarnos en la práctica el sur, vedándolo a la colonización nacional; para intervenir en la explotación de nuestros recursos naturales, minerales sorprendentes, de los que aún no sabemos bien, en verdad, para qué sirven o servirán.

Cuando eso ocurre, nuestros políticos piensan en el hidrógeno verde y el litio en un sentido cuasi-mágico, como especie de maná que nos cayó o caerá del cielo. Es arraigada en el país la idea de alcanzar la riqueza de un manotazo, como lo hicieron los valientes capitanes de conquista, más que con método y disciplina. Eso, cuando no somos capaces sino de exportar cátodos, a veces tierra de cobre; y no podemos abastecer bien de agua –¡de agua!– al país.

Además de habernos sacado de la Crisis del Centenario con alguna –comparativa– rapidez, los líderes del siglo XX, Ibáñez, Alessandri, en su medida Aguirre Cerda, Ríos, fueron también capaces de mantenernos al margen del conflicto mundial que asoló continentes enteros. Uno mira, en cambio, hacia La Moneda y las dudas son severas. No se aprecia ahí, por más buena voluntad que se perciba, la capacidad de conducción necesaria, la fuerza de iniciativa, el poder de impulsión requeridos, la visión de Estado que es menester poseer para conducir eficazmente a la nación y alcanzar su despliegue. 

Está pendiente hace años, urge, parir las reformas políticas básicas, en educación, seguridad, salud, sistema de gobierno, que permitan legitimar el orden político y asentar las bases sobre las cuales esperar el crecimiento cultural, espiritual y material de la nación. Alessandri e Ibáñez produjeron, en un breve espacio de tiempo: nueva Constitución (capaz de durar cinco lustros), las bases de un incipiente Estado social, una pléyade de instituciones que todavía conforman el núcleo orgánico de nuestro Estado. ¿Qué habrá hecho nuestra generación gobernante cuando deje sus cargos?

Sin esa base, ¿cómo pedir todavía, encima de esas capacidades más usuales, visión estratégica, geopolítica, de desarrollo territorial y defensivo en una época que advendrá como de incertidumbres y amenazas crecientes? ¿Qué visión de Estado, qué pensamiento nacional serán los que sustentarán los diálogos democráticos y republicanos acerca de las reformas políticas exigibles para que el país se mantenga viable, así como sobre de su seguridad, todo eso para las décadas bravías que se aproximan?

Mientras tanto, los partidos e independientes sacan cuentas y hacen proyecciones a partir de los resultados de las primarias, leen las encuestas y sueñan con aumentar sus cupos. 

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