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6 de Julio de 2024

Cecilia Amenábar: “Boric es un Presidente de curso más que de un país”

Fotos: Felipe Figueroa/The Clinic

Reacia a dar entrevistas, la exmujer de Gustavo Cerati habla con The Clinic sobre su carrera como DJ, de sus hijos y del paso de los años. Critica ácidamente la música urbana y el reggaetón ("Es asqueroso. Digo, ¡qué te pasa! Aprende a modular") y también al presidente Boric: "Lo reprobaron dos veces en abogacía, ni siquiera terminó la universidad. No lo veo capacitado para manejar un país". Recuerda que le pedía a su padre -muerto en un accidente de aviación- conocer al líder de Soda Stereo y cuenta que todas las noches le reza a Dios. Y tiene una cruzada: recuperar la cultura para Chile.

Por Felipe Rodríguez

El día del primer contacto telefónico con Cecilia Amenábar de inmediato exhibe muestras de afabilidad. Aunque advierte dos cuestiones. Dice que no le gusta dar entrevistas porque todas titulan con Gustavo Cerati, su célebre expareja y padre de sus dos hijos –“los periodistas se reían cuando dije que soñaba tres veces a la semana con él”, recuerda-. Y aunque entiende que habrá momentos que se le pregunte por el ex Soda Stereo, avisa que ese segmento debe ser breve y retratado como una anécdota de la conversación.

La modelo, DJ y conductora de televisión llega a la entrevista en tono relajado. Viste un buzo Adidas azul oscuro, lentes ídem y en el edificio nadie la reconoce. Eso, asegura, le encanta. En el último tiempo, ha dividido su tiempo entre Santiago y Buenos Aires por actividades domésticas. Su casa en Vichuquén, donde compartió con el músico argentino, se ocupa muy poco tiempo al año y el encierro y el desuso la obligaron a estar allá para refaccionarla. “No me gustan mucho esos trámites, pero no me queda otra”, señala.

Accede a hablar porque esta noche de sábado junto a un team de clásicos de la música electrónica local de los 90, como Pier Bucci y Christian Powdtich, será protagonista de las fiestas Fomo, que se realizan en un subterráneo de un modernísimo edificio en el límite de Providencia con Las Condes. “Tocaremos en un piso -6. Ojalá que no tiemble esa noche”, dice ante las risas de Powditch, un compinche de esos años de raves y vuelta a la democracia.

Amenábar, cuyo padre murió en un accidente de avioneta a los 33 años –ella tenía 5-, cuenta que la música siempre fue un arte valorado en su familia. “Mi papá viajaba a Estados Unidos y traía montones de vinilos que acá nadie pescaba”, indica. Y cuenta que el primer gran recuerdo musical de su vida fue cuando su abuela llegó a su casa, tras un viaje a Nueva York, con un regalo especialmente pensado para ella: un cassette de Prince. “Mi abuela fue bailarina. Siempre tuvo contacto con el arte. Ese día llegó a mi casa y me dijo: ‘Escucha a este negro. Es genial’. Era modernísima. Yo tenía 14 años y quedé sorprendida”.

—¿Cómo partiste como DJ?

—Se dio por casualidad cuando me separé. Con Gustavo peleábamos por los CDs, viajábamos a Londres y Nueva York y volvíamos cargados de discos. Un amigo llamado Tudy Martínez, argentino, se fue a vivir a España y me deja sus vinilos y su tocadiscos. En Buenos Aires no teníamos. Me enseña a mezclar algo, a enganchar los bombos, que no lo hacía muy bien y todas las noches, mientras los niños dormían, llegaba de mi trabajo en el canal (á) de Argentina y me desvelaba tocando. Soy algo obsesiva y aprendí.

Un amigo de él, un 25 de mayo de 2001, me dice que haga una muestra de fotos antes de su show en un local de Buenos Aires antiguo, muy bonito. Le digo que quiero poner música y preparé un set argentino de dos horas de Sandro a Miranda hasta GIT. Algo pasó que toda la gente terminó bailando alrededor mío y vino el dueño y me dice que me quiere contratar para que toque todos los sábados. Al mes, tocaba en tres bares a la semana. Y así empecé. Luego, toqué en discos, que era una presión más fuerte. Me compré equipos y viajé a Berlín a ver a amigos DJs como Luciano y Ricardo Villalobos. Él fue una inspiración para mí. Aprendí mucho mirándolo.

—¿Te gusta escuchar la música actual?

—Sí, pero estoy muy decepcionada de todo. Por eso, ahora estoy haciendo un disco de música new age. Hay muy pocas que me gustan.

—¿Qué opinas del reggaetón, de la música urbana?

—Es asqueroso. Entiendo que esa música la consuma una generación a la que no pertenezco, pero la forma de hablar que tienen. Digo, ¡qué te pasa! Aprende a modular. Y esas letras, por favor.

—El rock está muerto…

—Sí, por eso las bandas nuevas no me sorprenden. Solo cosas como Ariel Pink, gente más loca, que hace cosas más jugadas experimentales. De Chile, me gusta Andrés Nusser. Del reggaetón me gustan cosas como Rosalía. Te lo bailo. Me gusta su ritmo porque es más sofisticada, tiene buenas letras y búsqueda artística.

—¿Sientes que la juventud no tiene mucha reflexión?

—Está muy uniformada. Mira su estética. Ahora todas las chicas quieren tener las bocas grandes, la nariz para arriba. Pasa por un tema de inseguridad y de lo que les inculcan los padres. Yo también tenía cosas que no me gustaban de mí, pero jamás me haría nada. Me banco mis arrugas, mis canas. Me parece más bonita una vieja tipo Vivienne Westwood –responsable de la estética punk-. Mi hija Lisa una vez me dijo ‘mamá, mis amigas se están operando la nariz. Me la quiero operar’. No le di permiso. Tenía 17. ‘Cuando seas grande, te vas a arrepentir de ese episodio traumático’, le dije. Yo me tomo mis piscolas y fumo, pero como sano, hago yoga y subo cerros. Eso es lo que hay que hacer para mantenerse.

Con un pie en Argentina y otro en Chile, Amenábar ha visto la mutación que lucen estos países durante los últimos años. La llegada de Javier Milei al poder trasandino y su discurso ultraderechista es un momento que, como dijo la escritora Mariana Enríquez, se debe a la desesperación de la ciudadanía. Para ella, Latinoamérica está en un pésimo momento político.

“La mayoría de los presidentes son bastante mamarrachos”. En su opinión, no se salva ni Boric. “Creo que hay que tener una edad mínima para ser Presidente. Boric es un Presidente de curso más que de un país. Yo no vivo en Chile, pero me parece que es gente poco capacitada. A Boric lo reprobaron dos veces en abogacía. Ni siquiera terminó la universidad. No lo veo capacitado para manejar un país. Milei, por otro lado, es un mamarracho. Perú, Bolivia lo mismo”.

—¿Crees que estamos como en la época de las dictaduras?

—Son ciclos. A Chile lo comparo con Argentina y lo veo igual de mal. Recuerdo cuando aterricé en Chile post pandemia. Llevaba un año y medio sin venir. Era como un pueblo en Cochabamba (sic). Retrocedimos 40 años. Todo cerrado, apedreado. La cultura no existe. No hay revistas. El argentino, pese a todo, sigue leyendo y abriendo cafés literarios. Acá, en cambio, los apedrean. Lo que importa es el billete y la incultura. Es terrible. Vengo a Chile y traigo amigos argentinos, organizo tocatas. Hago lo que puedo en los pocos bares que quedan. Es porque quiero aportar a mi país, quiero aportar cultura.

—¿Sientes que la música que tocas no es de élite?

—Creo que el tecno es masivo.

—¿Qué pasaría si fueras a poner música en La Pintana?

—La gente está ávida de cultura, de información. Cuando hay algo que se hace con cariño, lo sabe reconocer. En Chile tenemos los ojos vendados. Lugares tradicionales como La Casa Cena no existen. La misma arquitectura. Las pocas casas bonitas que quedan no se restauran. No hay leyes que las protejan. Está todo cochino, apedreado. Este país parece un basurero. Tú vas a la playa y hay pañales con caca. ¿En qué país estamos viviendo? Es un problema educativo.

—¿Crees que un joven de 18 años, que tiene vocación por ser profesor, estudiaría pedagogía si sabe que ganará 700.000 pesos?

—Hay que equilibrar los sueldos. Chile es muy yanqui después de la dictadura. Hoy la gente se entretiene en un mall porque no tiene donde ir. El Bellas Artes estuvo cerrado todo el año. Hay que ponerse las pilas. Me da pena Chile. Tenemos que trabajar por el país.

—¿De qué manera podrías aportar?

—Estoy aportando con mi cultura. Traigo músicos al Liguria cada tres meses. A bares, a la costa. Lisa, mi hija, viene a poner música. Benito viene a tocar. Cada uno con lo que se desempeñe. Conversando con la gente, diciéndoles a los demás cómo es la vida en otros lados. Hace bien compararse y superarse. El chileno no tira pa arriba. Cuando Gustavo me venía a ver a Chile era casi un país moderno. Había revistas, se vendían revistas importadas, se hicieron las primeras raves. Venía gente de afuera. Pintamos para ir bien.

—¿Qué nos pasó?

—Fue la entrada del mall y el reggaetón. Ese estilo es una cosa muy chata, muy ordinario como deja a la mujer, las letras son totalmente machistas, no va con los tiempos.

2024 es un año especial para Cecilia Amenábar. Se cumplen 25 años de Bocanada, el disco debut solista de Cerati y 31 años del single “Te llevo para que me lleves” –y de su matrimonio- que la hizo popular en la región, en aquel video donde aparecía embarazada de su hijo mayor, Benito.

Cuando habla de su descendencia, la DJ se pone feliz. Suelta algunos argentinismos y se pone orgullosa. Adelanta que su hija Lisa está preparando su álbum debut –“algo que tiene asustado a Beni”, bromea- y define a su hijo como “un artista”. “Son distintos. Lisa con lo de su papá se fue para adentro, tuvo fobia social con su apellido y con que la reconozcan. Beni es más volado y frontal. Se parece a mí”.

—¿En ser directo?

—Sí, era la rebelde de la familia. A los 15 años, me iba a Matucana a ver a Los Prisioneros, estaba lleno de pacos. Me arrancaba. Mi mamá decía ‘¿Dónde vas? Te van a meter presa’. Tengo amigos de todo tipo. No solo amigos de Providencia o Las Condes, donde vivo. Estoy con el pueblo. Me podís ver rubia, pero ando en micro, no tengo auto.

—¿Te reconoce la gente?

—Algunos. Paso piola. No me gusta la fama, ni ser conocida. No me gusta hablar de mí ni hablar de Gustavo ni de mi vida con él. Eso es del pasado y yo no vivo en el pasado.

—En la biografía de Cerati de Sergio Marchi, “Algún tiempo atrás”, los músicos dicen que eras lo opuesto a Yoko Ono.

—Llegué sin conocer a nadie a Buenos Aires. Entré a trabajar a una productora, fui al canal cultural a proponer un programa con un VHS. Nunca me colgué de Gustavo. El terminó siendo amigo de mis amigos. Se colgaba más de mí que yo de él.

—Nunca se ha conocido tu vida sentimental…

—Mi vida privada es privadísima. No me voy a casar nunca más. Yo, de hecho, no me quería casar. El amor no se firma. Me casé porque mi mamá me presionaba y Gustavo quería casarse. Cuando me embaracé, mi mamá me preguntaba cuándo se casan. Soy de la idea que hay que casarse solo una vez en la vida. He tenidos romances, pinches, aventuras. Pero me lo guardo para mí. La vida amorosa no es pública.

—¿Tienes planes de hacer una autobiografía alguna vez?

-No, mi vida me la guardo para mí. Para la gente que me rodea. Nunca leo biografías. Salvo Beethoven, que es para entender cómo era la vida en su época. Tengo recuerdos propios, los mejores y no lucraría. Cuando Gustavo tuvo su accidente, me ofrecieron portada de revista Gente con mucha plata y les dije: ‘olvídate’. Mi vida privada es mía. Dentro de mi casa no entra nadie.

—Conociste a Cerati a los 17 años. ¿Pensaste que vivirías esa vida junto a él?

—Me lo tomé tan natural, nunca me engrupí. La sencillez de mi mamá se me impregnó por los poros. Sé que pasé a la historia por estar cerca de Gustavo. Es un lindo recuerdo y la gente todavía cree en el amor y en las parejas icónicas. Tengo primas y amigas que han tenido hijos con personas que no estaban ni ahí y yo miro a mis hijos y veo en los ojos de mis hijos a Gustavo. Lo mío era amor de verdad.

—¿Sufriste con tu separación?

—Sí, porque estaba sola en otro país. No tenía apoyo familiar. Mi mamá me iba a acompañar, mis primas. Separarse es muy duro, pero también liberador. Ahora no conviviría con nadie. La convivencia obligada es esclavizante. Tengo amigas que no pueden estar solas. Yo no, me encanta estar sola. Con momentos para mí, invitar gente a mi casa. Disfruto mi soledad porque es creativa. Nunca me aburro. En la vida es lindo estar solo. Mientras tenga salud, que es lo más importante.

—¿Sientes que la vida te ha dado más de lo que esperabas?

—Sí, el encuentro con Gustavo fue mágico. Yo venía de algunas pérdidas emocionales. Siempre le rezaba a mi papá que yo quería conocer a Gustavo. Quiero que él se enamore de mí, le pedía. Cuando pasó dije, ‘hay algo raro’. Parece que Dios existe.

—¿Crees en Dios?

—Sí, rezo todas las noches. Pido y doy gracias. Y te juro que se me cumplen. Tengo suerte porque derivo las cosas en otros. Tengo fe. La figura de Jesús es mi ídolo. Cuando vi Jesucristo Superestrella o cuando leí lo capo y cool que era Jesús, dije hay que ser como él.

—¿Tus hijos creen en Jesús?

—Benito es medio anti Jesús, pero el otro día me dijo, creo que me está faltando un poco más de espiritualidad. La gente se siente muy vacía si no das para recibir. Lo que te entrega la doctrina cristiana. Compartir la mitad del pan. Me he quedado pobre porque he regalado todo. Mantengo a algunos amigos argentinos que no tienen plata, vienen a almorzar a mi casa y creo que se devuelve. He sido generosa y nunca me ha faltado.

—¿Hay vida después de la muerte?

—No tengo idea. Vengo de soñar con mi mamá, con Gustavo y con Benito. Sueño cinco veces a la semana con Gustavo. Está metido en mí hasta la médula. No me liberé de él ni él de mí.

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