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Opinión

13 de Agosto de 2026

Columna de Carlos Durán: Crítica, autocrítica y política

Foto autor Carlos Durán Por Carlos Durán

Carlos Durán, exjefe de gabinete de Boric, escribe sobre la polémica que desató la autocrítica del expresidente en la presentación del libro de Eugenio Tironi La Resaca.

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En ciencia, la crítica es un componente central en la revisión permanente de los métodos, los criterios de producción del saber y sus resultados. En las humanidades, tan denostadas estos últimos días, la crítica es el motor del pensamiento y un componente central de la deliberación en torno a los principios que definen, fáctica y normativamente, la vida en común. Sin crítica, y por supuesto sin la autorrevisión de nuestras certezas, los fundamentos de nuestras reflexiones y los resultados del ejercicio propio de la ciencia, no hay saber ni menos pensamiento posible.

En política ocurre algo similar. De hecho, el espacio político-público es en sí mismo un hábitat en el que la crítica ocupa un lugar protagónico. En ocasiones desarrollada en ambientes consociativos y armónicos, en ocasiones en contextos de fuerte antagonismo o incluso de desacuerdos en torno a los términos mismos del debate, la crítica está en la esencia misma de la interacción política. Es más, sin el espacio de la crítica, la impugnación y la confrontación de ideas no solo no hay democracia, sino que la política misma desaparece y se convierte en tecnocracia, autocracia o autoritarismo.

Así como la crítica es consustancial a la política y a la democracia, la observación crítica respecto a nuestros propios fundamentos y acciones, al igual como en la ciencia o en las humanidades, es un componente indispensable o, al menos, debiera serlo. En política, la ausencia de crítica respecto a nuestras propias acciones, a nuestras convicciones y proyectos, pasados y futuros, necesariamente se convierte en dogmatismo y porfía.

Pero la autocrítica, en nuestros tiempos, no parece ser algo muy fecundo. Lo que sí sobran son las exigencias de autocrítica, los furibundos llamados al reconocimiento de errores propios y la apabullante escasez de mirada sobre las propias acciones. Hace unos pocos días, sin ir más lejos, un medio de comunicación advertía, sobre la reflexión del expresidente Boric en el marco de la presentación del interesante libro “La Resaca” del sociólogo Eugenio Tironi, que su “autocrítica” “se quedó corta”. Como si la medida de la crítica del otro fueran las convicciones propias. Como si lo que el otro quisiera decir es justa, precisa y exactamente lo que nuestros propios oídos quisieran escuchar.

Y es que lo que muchas veces está en el fondo de los llamados a la autocrítica es un simple artilugio retórico. No se quiere escuchar argumentos, ni reflexionar sobre el fondo, sino que ver al interlocutor decir lo que precisamente se quiere escuchar: que mi argumento, que mi “verdad”, que mi propio balance sea recogido, así sin más, por el otro. Pues, si no, es “insuficiente”, “se queda corta” o simplemente no es una “verdadera autocrítica”.  Artilugios para ganar pequeñas batallas.

Durante el estallido social, amplios sectores del empresariado y de la derecha política chilena, con la notoria excepción del Partido Republicano, realizaron profundas autocríticas identificando su parte de responsabilidad en la crisis social de aquel entonces. El entonces presidente de la CPC Alfonso Swett, por ejemplo, reconoció respecto a las causas de la crisis, que “no tuve la capacidad o la valentía, la fuerza de darle más importancia… la forma que explota es sorpresiva, pero el fondo no es sorpresivo”. Todo ello, hablando en primera persona. Muestra de valor y entereza.

El propio presidente Piñera fue muy profundo en reconocer “la falta de visión” de su sector político y de la clase política en general. Una autocrítica que no solo se expresó en grandes discursos, sino que en espacios de reflexión y conversación tales como el generado durante la ENADE 2020, en el que abundaron las reflexiones autocríticas respecto a la coyuntura que se estaba viviendo.

De aquellos debates y conclusiones queda poco al día de hoy. Y menos en la derecha radical hoy en el gobierno. Pareciera como si el giro de los tiempos políticos borrara las profundas reflexiones en torno a la desigualdad, los abusos, el respeto a la diferencia y la elitización de la sociedad chilena, desafíos todos estos aún pendientes. Como si ahora se tratara de exigirle autocrítica a los adversarios y guardar bajo la alfombra las propias. Como si la mirada sobre las convicciones propias ya no fuera necesaria. 

La crítica y la autocrítica son componentes centrales de la política. Escucharlas también. Y sostenerlas en el tiempo, aún más. Solo así los pontificantes llamados a la autocrítica podrán dejar de ser más que poco creativos artilugios retóricos.

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