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Alan Iceman

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12 de Julio de 2024

El Hombre de Hielo chileno: se sumerge a tinas con agua congelada, camina semidesnudo en la nieve y vende el “poder del frío”

En un momento de depresión y adicción, Alan Earle asegura que las duchas con agua helada lo salvaron de hundirse más. Tras quedarse sin trabajo, decidió que ayudar a otras personas a través de su misma experiencia, pero más sofisticadamente, como tinas con agua congelada, iba a ser su misión. Hoy se le ve en redes sociales compartiendo su experiencia e invitando a otros a vivirla, lo que él asegura tiene un componente sanador. "Liberas dopamina en grandes cantidades, liberas adrenalina en grandes cantidades, el sistema cardiovascular se ejercita, entonces te vuelves una persona mucho más sana y resiliente", dice.

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Por Camilo Fernández
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Él no sufre con el frío, lo disfruta. Y es mucho más que un común “inviernista”. Es un hombre a quien se le puede ver un día en el centro de esquí la Parva a torso desnudo y en shorts caminando por la nieve, y al día siguiente adentro de una bañera con agua helada. Él se apoda Alan “Iceman”.

Su verdadero nombre es Alan Earle (37) y sigue e imparte el método Wim Hof, quien hoy es un holándes de 65 años, conocido por su tolerancia a las temperaturas heladas. Para el chileno, su modelo a seguir.

“Wim Hof es un loco nórdico, un viejo, ahora está viejo. Y el loco se empezó a meter en el agua fría hace, no sé, hace 40 años. Y empezó a cachar el poder del frío y con el tiempo se adaptó tanto que empezó a quebrar récords mundiales“, describe a su ídolo.

Fue en 2017 que un amigo le presentó este método y lo convenció de las bondades del agua helada, que para él son curadoras y motivantes.

“Empecé a investigarlo y ese año fue cuando yo me empecé a duchar con duchas de agua fría ya casi a diario. Fue de curioso, de ver qué pasaba. Partí con las respiraciones, se sentía súper bien, entonces vi un documental de él y el loco tiraba a gente al lago con hielo y la gente salía sintiéndose increíble. Ahí dije, ‘oye, qué interesante esta cuestión, voy a empezar a aplicarlo yo’“, recuerda.

“Yo me empecé a sentir súper bien, me despejaba, me daba un shock de energía en las mañanas y se sintió súper bien“, agrega.

El balde de agua fría: lo despidieron

Fue en esa época que su empresa de poleras quebró. Si bien perdió cosas, “el agua fría fue como algo que me acompañó durante como todo el proceso que tuve después de depresión, de sentirme una caca, de ver todo negro”. Además, dice, que “empecé a abusar de la marihuana, y me di cuenta de que estaba adicto. Entro en rehabilitación, y en el fondo, en el periodo de rehabilitación, empecé a concentrarme en mi salud”.

Para ello, Earle se puso muy disciplinado. Comenzó a comer bien, a hacer deporte, a hacer pilates, a bajar de peso y sin nunca dejar las duchas heladas. Pero ahora quería dar un paso más allá.

“Quiero meterme en hielo, quiero vivir lo que es el hielo y quiero tener el hábito de meterme todos los días en el hielo. En eso, empecé a cotizar con estas máquinas que enfrían el agua, y era súper cara”. La solución fue crear su propia “nave”. “Me compré un freezer usado, 6 cotas sin interés, yo no tenía lucas. Mis amigos me decían, ‘hueón, estás loco’. Yo les respondía, ‘esto es una inversión para mi salud. A largo plazo voy a gastar menos plata en salud que lo que me costó el freezer, así que déjenme tranquilo'”, relata.

Así, el sujeto empezó a hacer un desafío para redes sociales: 30 días metiéndose a agua helada. “Pasó que al día 19 me echan de mi pega. Llevaba como dos meses y me echan”. “Lo curioso de esa vez, porque me han echado otras veces, fue que en vez de sentir bajón, sentí solo poder. Y al toque me dije a mí mismo, ‘guau, esto me lo enseñó el agua'”, indica.

Esto, según él, porque “el agua te hace más resiliente al estrés. Porque de forma controlada y deliberada tú sometes tu cuerpo a un estrés y a través de la respiración lo relajas”.

El hombre de hielo

Tras este sentimiento de poder, se decidió convertir en “Iceman”, el hombre de hielo. Sin mucho dinero, abrió una agenda online y empezó a cobrar lo que fuese o trueques por meterse a su “nave”. “Y la cuestión se llenó”, afirma. “Primer mes, 50 personas. Segundo mes, 100 personas. Y creciendo todos los meses. Con el tiempo empecé ya a decir, ‘oye, en vez de buscar trabajo, quizás me pueda dedicar a esto, le voy a dar una chance'”.

Así desde ese momento, Earle comenzó a vender “naves” y a atender a personas. “Con el tiempo pude hacer de esto algo que me sustente para vivir y que fuera súper conectado con mi propósito, que es ayudar gente a través de mi proceso, que yo viví todo lo que es la depresión, adicción a droga. Ayudar a otras personas para que el agua fría sea su motor de vida, que los ayude a materializar proyectos, tener los ingredientes necesarios… porque liberas dopamina en grandes cantidades, liberas adrenalina en grandes cantidades, el sistema cardiovascular se ejercita, entonces te vuelves una persona mucho más sana y resiliente”, dice.

Pese a lo que dice conocer, él aún no está certificado oficialmente en el método Wim Hof, pero está tomando un curso online, que después culmina con uno presencial. Asegura que esto no es peligroso, y que lo hacen solo por cinco minutos, que es “un rango súper seguro” y siempre atendiendo a lo que “dice el cuerpo”.

De todos modos, advierte que personas con problemas cardiovasculares, de hipertensión o similares, deben siempre consultar a doctor si esto es recomendable.

El Wim Hof chileno

“En el invierno yo me fui a un retiro con Wim Hof a Polonia en invierno, donde nos metimos al agua fría en la bañera, nos metimos en el río, subimos una montaña sin polera con shorts y todos vivimos lo que es exponernos al frío”, señala el “hombre del hielo”. Esto es lo que quiere replicar en Chile, luego de que allá conociera a un holandés entrenado, a quien va a traer para una retiro.

La experiencia que ofrece involucra exposición al frío, como meterse a baños con hielo; subir la montaña en una caminata de dos a tres horas sin polera y shorts; y por último, concentrarse en la respiración. El costo es de 500 dólares o 475 mil pesos.

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