Opinión
4 de Octubre de 2024
Joker 2: Folie à Deux: Una oportunidad perdida
Por Cristián Briones
"En 'Joker 2: Folie à Deux', Todd Phillips retoma al icónico villano de Gotham, pero se queda a medio camino. Cristián Briones analiza cómo la secuela, protagonizada por Joaquin Phoenix y Lady Gaga, que prometía una explosión de ideas y un oscuro musical, desperdicia su potencial, dejando atisbos de grandes temas sin desarrollar. "Lo que está proyectado en la tela es lo que no termina por cuadrar en ningún momento. Que Arthur Fleck pasara a musical en su forma de eludir al mundo, hace tanto sentido para el personaje que esto podría haberse convertido en uno de los musicales más oscuros y potentes de los últimos años. Pero eso se queda sin eclosionar en ningún punto", escribe el columnista.
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Vivimos en tiempos de cosplay audiovisual. Las películas y series de TV referencian a otra película o serie de TV que ya tiene su lugar ganado en la cultura popular. La nueva “El silencio de los inocentes” o la nueva “Los siete pecados capitales” son prometidas cada cierto tiempo en aras ya no solo de despertar atención. Cineastas, creadores y por sobre todo los encargados de promocionar los productos que llegan a nuestras pantallas, buscan cosechar abiertamente con ello.
No es la primera vez. Tal como el cine de hoy tiene anclas en las obras de hace 25 o 30 años, esas películas también tenían sus propias deudas. Y lo mismo las que vinieron antes. Pero más allá de las similitudes e inspiraciones, había otro punto de vista. Otra intención. “Zodíaco” (Zodiac, 2007) puede deberle mucho a “Todos los hombres del Presidente” (All The President’s Men, 1976), pero eso no le impidió a David Fincher estampar un auténtico ensayo sobre la identidad del famoso asesino serial.
“Forrest Gump” puede encontrar parentesco con “Desde el jardín” (Being There, 1979), pero Robert Zemeckis va más allá de esa humilde sabiduría y apunta altísimo a contar la historia de medio siglo de los EEUU. Por mucho que los directores no pudieran dejar de lado aquello con lo que se interesaron en el oficio que profesan, eso no implicaba que fueran a plantear lo mismo que sus antecesores. Tenían algo que contar sobre la sociedad, y habían adquirido herramientas de otros que vinieron antes para hacerlo.
Quizás eso falla hoy en día. “El despertar de la fuerza’ (Star Wars: The Force Awakens, 2015) es una pálida imitación de la primera Star Wars, que más allá del hecho de que la misma obra de George Lucas ya tenía de cimientos “La fortaleza escondida” (Kakushi-toride No San-Akunin, 1958) de Akira Kurosawa y los seriales B de los ‘50, el contexto mundial puso al cineasta citando al viet-cong. Hay ejemplos modernos también. “Logan” de James Mangold tiene a “Shane” en su ADN, pero su conversación con su propio género cinematográfico y con la sociedad, dista mucho de aquel western de tomo y lomo.

Es un tanto repetitivo mencionar que “Guasón” (Joker, 2019) tiene sus referencias. No las esconde. La participación de Robert de Niro evidenciaba “El Rey de la Comedia” (King of Comedy, 1982) tanto o más que la propia premisa. “Taxi Driver” del mismo Scorsese y “Network” de Sidney Lumet completaban el cuadro. No sólo la historia era similar a sus referencias, sino que también se sumaba la estética del New York de los ‘70, en donde transcurrían esas películas. El pecado de su director, Todd Phillips, estaba en no solo parecerse a esas obras en trama y aspecto, sino en fondo. Usar la impronta de Scorsese y Lumet para decir exactamente lo mismo que ellos dijeron. Excepto por un detalle: Medio siglo de diferencia. El 2019 el mundo no era el mismo que en los ‘70. Parece una obviedad, pero debe acotarse.
El impacto de Joker estuvo en el momento en el que el mundo la recibió. Decir exactamente lo mismo, pero en un lugar distinto, tuvo una resonancia impactante. Joker ya no era tan solo una caricatura, era una fuerza tanto o más poderosa que su contraparte encapotada. No era tan solo el Payaso Criminal de Ciudad Gótica. Ahora era un referente, el caos desatado y justificado. Un líder con todas las razones del mundo para prenderle fuego a todo.
Bien lo sabemos nosotros, más de un registro fotográfico hay entre bombas lacrimógenas de ese Octubre hoy tan vilipendiado. Llevábamos pancartas siguiendo sus risas. El cosplay de Todd Phillips había encontrado su mérito en un acto de piromanía social que hacía sentido a toda una parte de la sociedad. “No lo entenderías” había calado muy, muy hondo.
Y luego, Joaquin Phoenix y Todd Phillips anuncian una secuela. En clave musical. Con Lady Gaga.
Incluso para aquellos que no profesamos admiración por la primera parte, acá prestamos atención. Principalmente porque sí Phillips seguía por el mismo camino de tomar prestado al cine de los ‘70, existía una obra maestra que podía servir de puntal: una agónica reflexión autobiográfica sobre el narcisismo y sus consecuencias: “El show debe seguir” (All That Jazz, 1979). Era la “era hora del espectáculo, amigos”. Pero Todd Phillips hizo Joker cuando nadie tenía un centímetro de fe en él. Con 50 millones de dólares de presupuesto, recaudó más de 1.000. Y aún con muchas narices arrugadas en la crítica, ganó Venecia, y cosechó un par de merecidísimos Oscar. Phillips se había ganado el derecho a no hacer una película que se nos ocurriera a cualquiera de nosotros. Sino a hacer una completamente propia.
Esta secuela es una película completa, total y absolutamente de Todd Phillips. Y ojalá el resultado fuera para aplaudirle.
Es impresionante el potencial desperdiciado en “Joker 2: Folie à Deux” (Joker: Folie à Deux, 2024). La cantidad de ideas desaprovechadas. Y no, no me refiero a las ideas que como audiencia pudiéramos tener preconcebidas, sino expresamente de las que están en pantalla. Algunas que no van a tener cabida con las grandes audiencias, que puede ser la explicación de anunciar un musical, traer a Lady Gaga y quedar a medio camino tanto en forma como fondo con ello. O que los guionistas (Scott Silver y el mismo Phillips) tomaran la aparentemente descabellada idea de “desempoderar” al Joker. Pero esas son reacciones que pertenecen a las butacas.
Lo que está proyectado en la tela es lo que no termina por cuadrar en ningún momento. Que Arthur Fleck pasara a musical en su forma de eludir al mundo, hace tanto sentido para el personaje que esto podría haberse convertido en uno de los musicales más oscuros y potentes de los últimos años. Pero eso se queda sin eclosionar en ningún punto, empantanado en una narración que se frena e intenta acelerar como si fuera una cacharra en pésimas condiciones.
La idea de la reclusión de Fleck como la perpetuación del abuso sistemático, representado en Brendan Gleeson es un tremendo postulado. Que no llega a nada.
Katherine Keener como un ejemplo de un progresismo que empuja la misericordia sin tener piedad del daño colateral ni medir las consecuencias de no hacer cambios estructurales previos es una arista interesantísima. Que no va a ninguna parte.

Los juicios televisados como un travestismo de espectaculo colectivo, que alimenta los ratings por sobre la responsabilidad social, tampoco tienen ningún desarrollo. Todo son atisbos de conversaciones como si fuera un feed incontrolable en el que uno no puede volver a encontrar el posteo que quería revisar.
Y luego está Lady Gaga como Lee Quinzel. Harley Quinn. En una interpretación magnífica. Y en una aproximación que es uno de los puntos altos de la película. Personificar la inquietante fantasía de la seducción de esta locura que Joker desató, es una nota aparte en el film. Y otra que se pierde en la indecisión. Lo de Gaga en un musical al borde del fetichismo por el fuego y la violencia se transforma en apenas una ilusión. Si tan sólo su punto de vista hubiese sido desarrollado. O se hubiera cohesionado con la otras buenas ideas que tiene ‘Joker 2: Folie à Deux’, y que pareciera que Phillips simplemente no se atrevió a contar:
Puedo entenderlo con una de ellas. El lidiar con las consecuencias. No son ya los tiempos para plantear que esa explosión de violencia de Arthur Fleck, y que lo llevó a convertirse en el Joker, puede tener una explicación, que no una justificación, en el mundo que no le dio cobijo a alguien como él. Ya no vivimos en ese 2019. Hoy, tan solo 5 años después, no le seguiríamos con maquillaje y un cartel. Somos más los que le propinaríamos una paliza en el callejón. Y es lo que va a ocurrir con las reacciones de la audiencia, que llenarán RRSS y cada plataforma de video acusándola de toda clase de vilezas, incluyendo fallar al canon. Un acto de ignorancia que ni vale la pena rebatir ya.
No sé si Phillips huyó despavorido con su pancarta, pero, de nuevo, puedo entender si así fue. Creo que ensaya algo cuando sale de Arkham y se va al Juzgado, cambiando el escenario sin poder atenazar eso en la narrativa. Y lo intenta con los personajes de Sophie Dumond (Zazie Beetz) y Gary Puddles (Leigh Gill), los daños colaterales de los que poco o nada se habla en una secuela. Ambos, en especial su ex-compañero payaso, dan atisbos de un juicio personal de Phillips a su propia obra. Pero que se pierden en la falta de perseverancia u objetivo del relato.
Y lo otro es el remate. Lo que más ira va a desatar. Y una de las pocas cosas que aplaudiré de este descalabro. El atrevimiento de Phillips para hablar de que la creación está viva y es mucho más grande que su autor, quien puede tener o no el derecho a arrepentirse de haber participado en su creación, pero deberá lidiar con las consecuencias.Si tan solo esas ideas, la seducción de la violencia, la fantasía de la locura, la creación exabrupta y sus consecuencias, estuvieran en una película que no se arrastrara por más de dos horas. Si tan sólo fuera el musical que se dedica a prometer una y otra vez. Si tan solo hubiera hecho del mundo un escenario, como se promociona a sí misma. Y quizás lo es. Quizás ‘”Joker 2: Folie à Deux” es una de esas rutinas de Arthur Fleck en el escenario. Espero haya quienes se rían de alguno de los chistes.



