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Fotos: Felipe Figueroa/The Clinic

Entrevistas

28 de Diciembre de 2024

Sylvia Eyzaguirre: “Es muy difícil recuperar los liceos emblemáticos si es que no se da una señal clara de que el mérito importa”

La investigadora del CEP, experta en educación y columnista, repasa los distintos puntos álgidos en el mundo de la educación. Desde el retroceso en el aprendizaje de los niños chilenos, a la necesidad de mejorar la selección de profesores o los aciertos y falencias del nuevo proyecto de financiamiento, Eyzaguirre explica: “En educación tenemos urgencias políticas, pero que no necesariamente corresponden con las cosas importantes que hay que hacer en educación”.

Por Isabel Plant
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“Me cuesta hablar por los demás. Pero cuando veo a autoridades presas acusadas de violación, a otras autoridades presas acusadas de malversación de fondo, cuando vemos a personas de muchísimos recursos económicos presos por estafa, a uno le queda una sensación de injusticia y también de un cierto fracaso de la democracia. Y lo encuentro sumamente preocupante”, dice Sylvia Eyzaguirre, cuando se le pregunta por la situación ambiente en el país. 

Es la última pregunta de una tarde calurosa de un viernes de diciembre, en la aún más calurosa oficina de Eyzaguirre, en el tercer piso del Centro de Estudios Públicos. Hace un rato el equipo del think tank intercambió regalos de final de año junto al árbol de Navidad, y luego hizo el camino escaleras arriba para sentarse a conversar.

Antes de terminar, Sylvia Eyzaguirre añade: “Es preocupante, porque tenemos que lidiar hoy día con problemas: tenemos una economía que está débil, tenemos una seguridad que está sumamente frágil. Tenemos un tema con la inmigración. Tenemos que tomar medidas y ponernos de acuerdo, y para eso necesitamos una democracia robusta. Y lo que uno observa en el caso de pensiones, en el caso de la reforma política, por ejemplo, es que no nos podemos poner de acuerdo. Hay una pérdida de esperanza. Y las consecuencias de eso pueden ser no muy buenas”.

Hace ya una década que Eyzaguirre es investigadora senior del CEP, experta en educación e infancia. Columnista de La Tercera, es además Doctora en Filosofía y consejera del Consejo Nacional de Educación. La entrevista, entonces, había comenzado directamente en la evaluación de lo que está sucediendo en colegios, liceos y en la educación superior.

Partiendo de la premisa de que en educación hay muchas urgencias, ¿cuáles son las primeras que hay que atender pensando en 2025?

—En educación tenemos urgencias políticas, pero que no necesariamente corresponden con las cosas importantes que hay que hacer en educación. Por ejemplo, probablemente ahora en el verano tendremos un número acotado de estudiantes que va a quedar sin cupo escolar. Hay que encontrarles una solución. Eso es algo urgente. Sin embargo, muchas veces nos abocamos a lo urgente y dejamos de atender lo importante, que es si nuestros niños están o no aprendiendo y desarrollando las capacidades que tienen que desarrollar en la escuela. Y eso es el corazón de la educación. Los resultados internacionales y también los resultados nacionales muestran que lo hemos desatendido y que Chile ha ido retrocediendo en el tiempo. Todos los indicadores muestran lo mismo.

Eyzaguirre se refiere, por ejemplo, a los últimos titulares feroces sobre cómo los estudiantes chilenos van hacia atrás. En el último mes se publicaron los resultados de la prueba TIMSS, que mide logros de aprendizaje en matemáticas y ciencias en más de 60 países, en alumnos de 4° y 8° básico. Chile está muy por debajo del promedio en matemáticas, con un aumentos del 30% al 43% de los alumnos ubicados en el nivel de rendimiento más bajo, si se comparan los resultados de 2019 con 2023. Antes, en el año 2011, estábamos en 54 %.

“Más que hablar de los promedios, que es lo que mide TIMSS, estamos hablando que casi la mitad de nuestros niños está en un nivel insuficiente, y habíamos logrado reducirlo a eso a un tercio. A eso me refiero: retrocedimos doce años. Y estamos hablando de cosas básicas, no solamente de sumar y restar, pero sí de sumar fracciones o sumar dígitos con coma, por ejemplo. No lo saben hacer”, señala Eyzaguirre.

¿Y cómo se empieza a atender ese retroceso?

—No hay una bala de plata para el problema de los aprendizajes. Pero es empezar a atenderlo. Aquellos factores que inciden en la interacción entre el profesor y el estudiante y dejar de prestar tanta atención a un montón de otros factores que políticamente pueden ser sumamente atractivos, pero que terminan no teniendo ningún impacto en la sala de clase.

Uno de esos temas que creo es fundamental, tiene que ver con la formación inicial docente. ¿Qué están haciendo las universidades? ¿Cómo están formando a los futuros profesores? Ahora se acaba de aprobar una modificación en el Congreso que retrasa la puesta en marcha de la ley que exigía elevar los requisitos para quienes ingresen a estudiar pedagogía. Entonces, hoy día están entrando a estudiar pedagogía estudiantes que no tienen las competencias académicas básicas para poder desempeñarse bien en la sala de clases.

Pero el problema es que tampoco hay tantos estudiantes con intenciones de convertirse en profesores y profesoras. Entonces se baja la vara.

—Cuando una persona no sabe nadar, no lo puedes poner de salvavidas. Aunque te falten personas. Si tenemos un problema de cómo atraemos a jóvenes con talento académico y con vocación a la carrera docente, lo estamos maquillando al bajar el estándar y atrayendo a personas que de verdad no tienen los talentos ni la vocación para esta profesión. Si tenemos ese problema, enfrentémoslo. Pero bajar el estándar no es la solución.

El mundo de los profesores y profesoras requiere vocación, desplante. Complicado buscar el perfil perfecto. ¿Cómo escoger entonces estos talentos?

—Absolutamente. Acá tienen una vocación, te tienen que gustar los niños. Te tiene que apasionar el conocimiento. ¿Cómo tú vas a poder fomentar en los niños la capacidad de asombro, la pregunta, la reflexión y despertar el hambre por conocer? Hay una combinación entre una persona con ciertos rasgos carismáticos, que sean entretenidos para los niños, pero también con un nivel intelectual. Que permita a los niños desarrollar sus talentos. Y eso no es fácil.

Alguien así, que hoy día se dedique a ser profesor o profesora, con las remuneraciones que hay, sería un apostolado. ¿Es realista que apuntemos a eso?

—Si tú comparas las remuneraciones con otras profesiones similares, no son malas. Tienen más vacaciones que otras profesiones, tienes un trabajo estable, sales más temprano, es decir, tienes ciertas condiciones favorables. También es verdad que es muy estresante estar trabajando todos los días con niños. Sí estoy de acuerdo en que el primer año las remuneraciones están relativamente bien, pero después la trayectoria es poco atractiva, porque suben muy lento. Y creo que ahí uno podría hacer un esfuerzo. Pero no basta solamente con eso.

“Los overoles blancos, las bombas molotov, no es la norma en todos los liceos del país”, dice Eyzaguirre.

Sylvia Eyzaguirre: Volver al mérito

Otro de los temas del año tiene que ver con la violencia dentro de los colegios. Con el INBA como emblema. ¿Es la violencia en los establecimientos realmente un problema masivo, o son casos específicos?

—A ver, yo distinguiría casos excepcionales de violencia que se da en ciertos liceos emblemáticos, como los overoles blancos, las bombas molotov, que no se replica ni es la norma en todos los liceos del país. Son casos acotados y particulares que tienen que tener un tratamiento distinto a otro tipo de violencia que ocurren en los establecimientos.

Como la violencia del alumno que le pegó al profesor cuando lo dejó repitiendo, por ejemplo.

—Exacto. O hay temas de tráfico de droga al interior de los colegios, o también hay niños que están llegando armados a los colegios. O algo que no tiene que ver con violencia: los niños inquietos que no pueden estar muchos ratos sentados y empiezan a interrumpir el proceso educativo de los compañeros del tal lado. Cómo yo gestiono el aula para que mis niños aprendan. Es súper complejo. Es una realidad distinta a la que se vivía en el aula hace 30 años atrás. Creo que el tema de la autoridad ha cambiado, de cómo los niños se relacionan con sus padres y con las personas adultas.

Pero fíjate, fui a Singapur, hace unos años atrás, a estudiar cómo estaban formando a sus docentes. Ellos me decían la sociedad cambió y yo ya no puedo seguir haciéndole clases a un niño como me hacían a mí en los años 80. No puedo pretender tener cuarenta niños sentados al frente mío, esperando que ellos me escuchen, anotando. Ahí está el rol del profesor, cómo diseño mi programa con actividades que generen interés en los niños, motivación, los haga partícipes y por lo tanto pueda lograr los objetivos de aprendizaje. Pero en Chile los profesores te dicen que sus alumnos se portan tan mal que no pueden enseñar. Y lo que me decían a mí en Singapur es no, si tú quieres mantener la buena conducta y la disciplina en un establecimiento, tú tienes que poder motivar a los estudiantes en el aprendizaje.

Si hablamos de la gran masa de los estudiantes más vulnerables de Chile, llegan con tanta falencia, tanta necesidad de contención, no es solamente entretenerlos. Si volvemos a hablar de violencia, quizás es otra manera de abordarlos.

—Me molesta mucho esa opinión, que es bien extendida, porque pareciera ser que con los niños más pobres de este país hay que tener hay que tener expectativas más bajas. De hecho, el otro día justamente una profesora de universidad bien prestigiosa decía: ‘Pero estos niños son muy pobres, tienen dramas familiares muy terribles, no les podemos exigir lo mismo’. Pero resulta que hay escuelas en sectores extremadamente vulnerables, donde los niños aprenden a leer y a escribir. ¿Porque un niño pobre que vive una realidad quizás dramática, no pueda aprender a escribir y a leer?

La escuela debiera ser el refugio. Son niños que tienen más dificultades que otros, no hay duda, pero hay escuelas que logran entregar y desarrollar en estos niños habilidades fundamentales para su vida. Y tenemos muchas escuelas en sectores de clase media que lo hacen muy, muy mal. Entonces, sí, educar en pobreza es más difícil, pero se puede. Y nosotros no lo estamos haciendo ni con los más pobres, ni con los de clase media. Incluso vemos los resultados de los colegios particulares pagados y están muy por debajo del promedio de los países de la OCDE.

¿Es recuperable el liceo emblemático como lo conocíamos? Una familia de clase media que quiere seguir su educación y tiene un niño con aptitudes, ¿qué hace?

—Hoy día no existe la selección por mérito. Hay un porcentaje de estos liceos de excelencia académica que pueden seleccionar a sus estudiantes a partir de sus notas de enseñanza. Pero las notas sabemos que no es un predictor muy bueno de las verdaderas capacidades y competencias intelectuales. Por lo tanto, hoy día tal como está el sistema, es muy difícil recuperar los liceos emblemáticos si es que no se da una señal clara de que el mérito importa y de que lo vamos a valorar. De que el Estado de Chile sí lo va a considerar. Y que van a haber unos pocos liceos de excelencia académica que van a seleccionar a sus estudiantes entre los que tienen más talento o más esfuerzo académico, que han sido en el pasado un motor de movilidad social y que ojalá lo vuelvan a hacer. ¿Es suficiente? No.

Hay ciertos liceos emblemáticos que tienen un problema muy grave adentro, donde hay un porcentaje de padres y de profesores que apoyan la violencia en el interior del establecimiento. Yo creo que así, con esa composición de sus estudiantes y de su comunidad, es muy difícil que puedan dejar esa violencia, y por lo tanto ahí hay que entrar a pensar en una cirugía mucho mayor. Pero son casos sumamente acotados. Son perfectamente recuperables, pero para eso hay que romper huevos.

Hablando de selección: el SAE trae cambios, ¿se puede incorporar ahí el mérito o en este momento es imposible?

—No lo veo imposible. En la última encuesta CEP a la gran mayoría de los chilenos le parece sumamente razonable.

Es decir, ese es un problema más político que educativo, en su opinión.

—Este es un problema político creado. Si tú miras quiénes están de acuerdo con que existan algunos liceos de excelencia académica que puedan seleccionar por mérito, son personas de derecha, izquierda, centro, adultos mayores, hombres, mujeres; es bien transversal. Conversando con distintas personas que trabajan en educación, de distintas orientaciones políticas, no me he topado con nadie que me diga que está en contra de los liceos de alto rendimiento académico. Porque se entiende que son pocos, ¿verdad? Uno por región, a lo más 30 en todo el país, de dos mil establecimientos. Ese es el orden de magnitud. En general, en la derecha y en la izquierda, si tú ves la experiencia internacional, Rusia, Cuba, Francia, Alemania, Inglaterra, España, EE.UU.; en todos estos países hay colegios de alto rendimiento académico, todos.

¿Cómo se demonizó tanto entonces que el Instituto Nacional tuviera selección?

—Creo que fue una mala decisión, y que fue una decisión apresurada. Se estaba discutiendo el tema de la inclusión, se discutió sobre todo el terminar con la selección discriminatoria que algunos colegios podrían estar haciendo en la enseñanza media. Y de eso pasamos entonces a lo talibán. Se terminó toda selección. Incluso cuando conversas con los parlamentarios de esa época, de izquierda, muchos te van a decir ‘nos equivocamos, no sabíamos que nos estábamos echando el Instituto Nacional’. Entonces, a mí me parece que está el escenario para poder volver a conversar si Chile debe o no tener liceos de alto rendimiento académico, que no mueve la aguja en términos de la calidad de la educación, pero sí mueve la aguja en hacer más heterogénea la élite. Y eso es importante en un país con tanta desigualdad como Chile.

“Parte de la debacle educacional que vivimos tiene que ver con los años de pandemia”, apunta Sylvia Eyzaguirre.

—Educación parvularia y volver a las aulas.

—…Parte de la debacle educacional que vivimos tiene que ver con los años de pandemia, que golpearon a alumnos y alumnas de todo el mundo. En Chile, como ya se ha repetido y se han hecho mea culpas varios, las escuelas estuvieron cerradas en tiempo casi récord. Las consecuencias hoy se miden en cifras negras de deserción escolar, inasistencias y padres que no están enviando a niños a la educación parvularia.

Habiendo ya escuchado por un tiempo la necesidad de “volver a las aulas”, ¿cómo se revierte el daño?

—Creo que hay que partir mandando las señales a la ciudadanía de que la educación es sumamente importante y que la educación es lo último que se cierra y lo primero que se abre. ¿Y qué es lo que observamos? Que para las elecciones, cuatro días los niños sin colegio. ¿Después de toda esta catástrofe que hemos vivido, qué señal política es esa? ¿Te acuerdas cuando vino el virus sincicial y seguía mezclado con la influenza? Entonces vamos a adelantar las vacaciones y las vamos a prolongar. Llueve un poco y se cortan las clases, no solamente en un sector donde puede efectivamente haber un problema grave, sino que en toda la comuna o en toda la región. Da lo mismo ir a la escuela, esa es la señal.

En el caso de posibles catástrofes, o con los virus importantes, si se toma la precaución y no pasa nada, te dicen que exageraste. Pero si no se toma la precaución y se mueren niños, no salvaste vidas. Entonces, igual también es una decisión delicada por parte de las autoridades.

—Estoy de acuerdo. Pero resulta que la gente sí podía ir a trabajar, la gente sí podía ir al cine, la gente sí podía ir al McDonald’s, pero a la educación no. La señal política es muy ambigua para la familia. Cada vez que hay cualquier cosa, se suspenden las clases. Pero no se suspende nada del resto. Hay que partir por dar una señal clara de que la educación es fundamental.

Según las cifras, las familias chilenas no están mandando a los niños a la educación preescolar. ¿Por qué? ¿Es por falta de financiamiento?

—Se observa una reducción importante de los niños que están yendo a esa educación. Lo que ha aumentado enorme como respuesta en la Casen es que consideran que no es importante, que están bien cuidados en la casa. Ven la educación parvularia como una alternativa al cuidado del hogar. Y no es eso. Especialmente a partir de los tres años, donde la evidencia dice que efectivamente ir a un centro formal de educación parvularia de calidad hace que el niño se desarrolle y adquiera competencias que no va a lograr probablemente en su casa. Además que puede pasar lo que tú dices: hay cupos limitados para los jardines infantiles que tiene Junji e Integra. Se priorizan a ciertas familias. Pero para familias de clase media, por ejemplo, pagar un jardín es súper caro. Eso no solamente tiene repercusiones en ese niño que le haría bien ir al jardín infantil, sino que también en quien se hace cargo del niño, en la vida laboral de las madres.

El nuevo financiamiento

Parte de las críticas de los expertos de educación cuando se estaba debatiendo el presupuesto era que porque se va la mayor parte de los recursos a educación universitaria y se les asigna mucho menos a educación parvularia y escolar. ¿Cómo damos vuelta? ¿Hay que hacerlo al revés?

—Cuando dices que a te importa la desigualdad, la pobreza y lo que le pasa a las mujeres, lo que debieras hacer entonces es priorizar la educación parvularia, donde cada peso que tú inviertes tiene un retorno social muchísimo mayor que el retorno en la educación superior. Piensa que en la educación superior, cuando tú metes cantidades de plata, le está llegando el 50 % a los jóvenes. ¿Y a qué 50%? Al que accedió a la educación superior, y van a tener las rentas más altas del país. A esos estás ayudando.

Con gratuidad es un poco más diversa que ante la elite universitaria.

—El cincuenta por ciento ya logró estar ahí. El otro cincuenta por ciento que no entró a la universidad, que no entró al CFT, que está trabajando, no le llega un peso de esa inversión del estado. El punto es: ¿tienen los estudiantes en Chile, cuando son chiquititos, las mismas oportunidades de ingresar a la educación superior? No, no las tienen. El decil más pobre entra muchísimo menos la educación superior Si tú me dijeras, bueno, nuestra educación parvularia es atómica, nuestra educación escolar también. Entonces ahora llegó la hora de invertir en educación superior. Pero no es así. En nuestra educación parvularia tenemos de las tasas de participación más bajas de la OCDE. Y sabemos que ahí tenemos que hacer la inversión.

Ha sido crítica del nuevo sistema de financiamiento, el FES, que viene a reemplazar el CAE. ¿Por qué cree que el proyecto no funcionaría?

—El FES tiene varios objetivos y a mi parecer solamente cumple uno. Efectivamente mejora la recaudación del Estado. Y por lo tanto hace que sea menos costoso para el Estado financiar estos créditos o estos préstamos, y eso me parece que es un aporte. Pero tiene otros problemas, diría yo. El primero, y el más grave de todos, es que implique una merma de recursos al sistema de educación superior brutal. Porque el FES solamente financia hasta el arancel regulado, y por lo tanto, la diferencia entre el arancel regulado y el arancel real es una pérdida de recursos del sistema. Ya la gratuidad tuvo un impacto tremendo en las universidades, y eso implicó un enorme déficit de recursos. Si tú le agregas el FES, simplemente las universidades no pueden mantenerse como lo están haciendo hoy día.

Eso va a afectar de todas maneras la investigación. Vas a tener que reducir el número de profesores y dedicarlos a hacer clases. Y resulta que eso no conversa con la ley de acreditación que aprobamos hace poco tiempo atrás.  En segundo lugar, haces que las instituciones sean absolutamente dependientes de los recursos del estado. No tienes posibilidad de no depender, porque eliminas el copago completamente.

¿Y si al Estado de Chile le viene una crisis financiera y tiene que recortar los recursos? Otro tema que tiene de inequidad, es el diferente tratamiento que tienen los estudiantes. Un estudiante que no tiene buena remuneración con el CAE queda endeudado mucho tiempo. Con el FES, ese estudiante está muy protegido, y eso es algo positivo. Yo lo replicaría para el CAE. Pero el estudiante del 10 % superior, que tuvo una trayectoria laboral exitosa: con el CAE puede terminar de pagar su deuda en cinco años y la mochila no se le hizo pesada. Con el FES es una mochila pesadísima. Esa persona tiene que pagar el 8 % de su sueldo. O sea, puede terminar pagando tres veces más que lo que pagó el estado. Y está bien que haya algo de solidaridad, pero esto ya casi pasa a ser usura.

Mencionó la gratuidad y cómo ha afectado financieramente a las universidades. ¿Pero cómo ve usted en la parte positiva de esto? Que haya toda una nueva generación de chilenos que antes no podrían acceder a la universidad que ahora sí lo han hecho.

—Es que los datos no muestran eso. Lo que muestran es que cuando se creó el CAE, ahí cambió la composición, ahí creció la matrícula enormemente. Y se incorporó a personas de niveles socioeconómicos más bajos. Después de la gratuidad, lo que uno observa es que no ha aumentado la matrícula. Tampoco ha aumentado de forma importante el porcentaje de alumnos de bajos recursos que han ingresado a la educación superior.

El CAE  entonces permitió más acceso, pero los dejó más endeudados. Evitando que se dieran grandes movilidades sociales futuras para los con menos recursos.

…Lo que muestran los datos agregados es que la Educación Superior en Chile, con la expansión que tuvo, todavía sigue siendo un premio en la remuneración. El estudiante que termina su educación superior tiene una remuneración significativamente más alta que una persona que no tiene educación superior. Creo que el punto crítico son los estudiantes que se endeudaron y no terminaron. El mercado no reconoce los años de estudio y reconoce el título. Ahí sí es importante hacer algo. De hecho el FES reconoce esta diferencia entre haber terminado y no haber terminado la educación superior. 

Pero el CAE para las personas sin recursos fue una tremenda oportunidad para ingresar a la educación superior y para poder aspirar a trabajos y remuneraciones mucho más satisfactorias y significativas. Sí, con una mochila en algunos casos que no les fue bien, demasiado pesada. Y eso hay que mejorarlo. Pero la solución que están presentando creo que es inviable.

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