Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

El negocio de los captadores de ONG: demandas laborales, invasivas estrategias de captación y empresas que sacan réditos a través del activismo

Encontrarse a jóvenes con pecheras azules, verdes o rojas, se ha convertido en algo normal en las afueras del Metro de Santiago. Evadirlos, también. La mala fama de los captadores de socios recae en las formas que tienen para acercarse a la gente, donde utilizan técnicas de persuasión que van más allá de lo que representan. Hay motivos que dan a entender la desesperación en su actuar: la informalidad laboral, el no pago de remuneraciones e indemnizaciones, y la sobre exposición pública en las calles son algunas de las cosas que denuncian quienes ejercen este trabajo.

Por Manuel José Montes , Juan Oportot Campillay y Sebastián Palma 25 de Enero de 2025
Foto: Francisco Paredes/The Clinic
Compartir

En las vísperas de las fiestas de fin de año, la ciudad de Santiago se mueve con una urgencia implacable, y en la salida del metro Escuela Militar, un miércoles de diciembre, esa prisa cotidiana parece ser aún mayor.

Las multitudes se mueven como una coreografía invisible: pasajeros que corren hacia los vagones antes de que se cierren las puertas con su característico pitido, oficinistas que apuran el paso y compradores con bolsas repletas de regalos y papeles brillantes con diseños de renos, trineos y copos de nieve. 

Cada movimiento en Escuela Militar hace pensar que nadie quiere detenerse, pero que sí o sí debe pasar por allí, aunque sea por unos minutos. Y precisamente porque nadie desea quedarse demasiado, cualquier interrupción —un tropiezo, un retraso, una conversación inesperada— se siente como una anomalía. En ese espacio donde la velocidad lo es todo, cualquier fricción amenaza la estructura misma de la jornada.

Para muchos, entre las interrupciones más indeseables, están las de los captadores de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s). Ellos no corren, no se apresuran, sino que extienden las manos, dan sonrisas y emiten sus repetidos discursos. 

Los voluntarios se enfrentan a un público que parece impermeable al diálogo: hombres y mujeres que esquivan sus miradas, que murmuran excusas apresuradas, que mienten diciendo que ya son socios.

La misión de los captadores es detener a esos escurridizos. Que un pez caiga en la red. Y, aunque sea por un instante, lograr hablarles de la protección de los derechos de niños y niñas, de los costosos cuidados que requiere la población que sufrió quemaduras, o de la amenaza que enfrentan los pingüinos en Chile por conflictos medioambientales. 

Si es que tienen suerte, logran convencerlos. El siguiente paso, es anotar los datos de sus tarjetas de crédito en un formulario y lograr que así aporten mensualmente un monto determinado.

En Escuela Militar, entre la marea de pasos apresurados y miradas perdidas, destaca una figura inusual: una mujer de más de 50 años, con una pechera verde de Greenpeace y un pingüino de peluche sostenido entre sus manos.

Mientras el resto de los voluntarios intentan interceptar a los transeúntes, siguiéndolos con folletos y sonrisas de compromiso, ella despliega una estrategia más extravagante.

El pingüino no es solo un adorno; es su aliado y su voz. Con un peculiar ejercicio de ventriloquia, la mujer convierte al peluche en el vocero de su lucha . Coloca una voz aguda, casi chillona, y, como si el pingüino cobrase vida en ese instante, comienza su discurso:

—¡Hola!, ¿sabes que si te haces socio de Greenpeace puedes ayudar a salvar mi casa?— dice, haciendo que el peluche mueva la cabeza con cada palabra.

El pingüino –a través de la mujer– continúa, con un entusiasmo exacerbado.

—Soy el vocero de esta campaña. Me vine desde Magallanes para ayudar a los chiquillos de Greenpeace. ¡Claro que se puede colaborar con plata!, agrega. 

La estrategia logra captar a algunos peatones, quienes se detienen por la extrañeza de la escena. Sonríen con indulgencia. Unos pocos —muy pocos— se quedan a escuchar los intentos de salvación para los pingüinos de la lejana y frágil Antártica.

Captadores de ONG: ¿voluntariado o trabajo?

Captadores de Unicef en Costanera Center
Foto: Francisco Paredes / The Clinic

En Chile operan distintas ONG´s. Organizaciones como Techo, Coaniquem, Unicef, Greenpeace y muchas otras. Estas tienen diversos modos para recaudar fondos, pero el más común, y uno de los más polémicos, es el de los captadores. Generalmente, son jóvenes estudiantes universitarios, se comportan de manera invasiva y se ubican en lugares concurridos, como centros comerciales o las salidas de las estaciones más grandes del Metro de Santiago.

Al contrario de lo que pregonan sus pecheras, muchos de los captadores no trabajan directamente para las ONG´s. Es decir, no son voluntarios, sino que su labor es su fuente de ingresos. Para llegar a esto, las organizaciones contrataron a empresas externas encargadas de reclutar a jóvenes captadores. 

Este modelo de negocio resulta atractivo para estudiantes universitarios y personas que buscan complementar rentas, pero su forma de operar conlleva varios cuestionamientos. Uno de ellos, y el más habitual, es el disfraz del activismo. 

La verdad es que no estoy ni ahí con el tema del activismo. Yo me metí porque necesitaba ganar plata, tener algo extra. Soy estudiante, y la plata no abunda—, dice una joven que trabajó para Coaniquem y que pidió no revelar su nombre.

Otra de las cosas que han potenciado las suspicacias ante este modelo de trabajo son los discursos que se comparten. Consultados por The Clinic, dos jóvenes pertenecientes a Coaniquem y World Vision respectivamente, y quienes no quisieron individualizar sus nombres, comentaron que desde las capacitaciones “te dicen que te aproveches de la contingencia para captar a la gente, independiente de lo verídico o falso que pueda ser”.

—A veces inventábamos campañas para sensibilizar a la gente—, dice el testimonio de la joven que trabajó en Coaniquem. —Nos decían que les dijéramos a las personas que necesitábamos donaciones para los tratamientos de los niñitos quemados, y ni siquiera sabíamos si existían o no—, agrega. 

—Me acuerdo que mi primer día fue raro. Fue justo en estas fechas del caso de este niño Tomasito (en alusión al caso de la desaparición de Tomás Bravo en 2021), y como estaban todos choqueados con la noticia, nos dijeron que usáramos eso como argumento para enganchar a la gente—, dice otro universitario quien trabajó para la ONG World Vision, que se dedica a la promoción de los derechos de la niñez.

“La gente siempre quiere ayudar a los niños, aprovéchense de eso”, nos decían en la capacitación—, agrega.

Uno de los elementos que más irritan a los peatones en el trabajo de los captadores son las formas de conseguir personas. Los más osados se abalanzan para buscar a sus posibles socios. Para esto, utilizan diversas técnicas de persuasión.

Mujeres captan hombres. Hombres captan mujeres. Esa era la orden. A las bonitas les decían que se aprovechen de eso, que tiren piropos, que usen de todo para conseguir a nuevos socios—, dice la joven entrevistada que trabajó en Coaniquem.

—El problema es que con eso una se exponía demasiado. No faltaban los típicos viejos verdes que se te acercaban esperando algo más. O que te tocaban sin tu consentimiento. A mí me pasó una vez, en el Metro Los Leones—, agrega. 

La principal fuente de ingresos de los captadores son las comisiones. Bonificaciones monetarias que les dan por cada persona que “fidelizan”. Esta práctica en algunos casos conlleva que si los reclutadores no logran convencer a nadie, no reciben remuneración por ese día, es decir, pueden pasar ocho horas de trabajo sin recibir un peso.

Nueve días. Nueve días estuve sin ganar ni uno. Era heavy porque podía pasar jornadas eternas y salir sin ganar nada. Y en la empresa no había sueldo base—, dice el joven universitario de la ONG World Vision.

The Clinic tuvo acceso a un documento de Coaniquem titulado como “Contrato de Prestación de Servicios a Honorarios a Captador Coaniquem de Socios Cooperadores”. Dicho archivo constituye la oficialización laboral de las funciones de los captadores. Sin embargo, un detalle a destacar es que en sus condiciones de pago especifican que, de no ser aprobado el mandato de un nuevo socio, se pueden descontar montos del sueldo del captador.

Sandro Baeza / The Clinic

Las críticas y malas caras al trabajo de los captadores de socios no vienen solamente de afuera, sino que también se dan dentro de la orgánica. Este modelo ha generado numerosos reclamos por parte de trabajadores de estas empresas. Muchos de estos reclamos han terminado en demandas.

Las demandas laborales que enfrenta el activismo

Foto: Francisco Paredes / The Clinic

Una revisión en causas laborales da cuenta de decenas de demandas a estas empresas tercerizadas. Uno de los casos más llamativos es el de una joven oriunda de la ciudad de Concepción que comenzó a trabajar como captadora en junio de 2021. En terreno recorrió distintas —y distantes— ciudades del país, en donde figuran la costa de Viña del Mar y Calama.

La pechera azul y la tarjeta de identificación eran su distintivo. Su labia y su sonrisa fueron su sello. “Para mí ser parte de Unicef es trabajar por una causa noble (…) los captadores dejamos la energía en la calle”, rezaba una descripción de su perfil como trabajadora en la web de Unicef.

Sin embargo, esa energía que decía desplegar no fue retribuida, explicó la mujer en una demanda que presentó en 2023 a la empresa intermediaria entre ella y Unicef: Innovación Social y Fundraising SpA, o Twisters, según su nombre de fantasía.

Al tiempo de entrar a trabajar comenzó a notar situaciones que la incomodaron: la ausencia de un contrato de trabajo en el tiempo correspondiente. Recién en junio de 2022, a un año exacto de que empezó a trabajar, y tras ser ascendida como responsable zonal del norte de Chile, es que se formalizó su función mediante un contrato indefinido. Un año de espera, cuando, según el artículo n°9 del Código del Trabajo, el empleador tiene 15 días hábiles para escriturar el contrato de trabajo a partir de la fecha de incorporación del trabajador.

Según explica Edmundo Budinich, abogado laboral, cuando alguien trabaja “bajo dependencia o subordinación”, su relación laboral con el empleador debe formalizarse mediante un contrato laboral.

Los problemas continuaron, pero la mujer seguía contenta en su trabajo, le gustaba que sus responsabilidades tuvieran un fin superior, que ayudaran a más gente. Por eso no renunció en el 2022 cuando se dio cuenta de que la empresa no otorgaba vacaciones.

Tampoco al sufrir momentos incómodos con las personas que intentó captar, el más grave de ellos, ocurrido en pleno centro comercial de Calama.

—¡Ojalá violen a tus niños!—, le dijo en mayo de 2023 una mujer que transitaba el Mall Plaza Calama. La joven, afectada, buscó ayuda y respaldo en la empresa, pero, según dejaría constancia en su demanda, la ignoraron

Poco después del evento en Calama, en octubre de 2023, la joven fue despedida. La noticia se le comunicó en una reunión junto al directorio de Twisters. Le ofrecieron un finiquito y un mutuo acuerdo, siendo este último un poco más alto en dinero para incentivarla a firmar. Le dieron 20 minutos para aceptar el escrito o se acaba el trato, y al tratar de defenderse le dijeron que “cualquiera aceptaría este acuerdo”.

Dos meses después, en diciembre, presentó su demanda. Razones fueron varias, pero la principal recae en la informalidad laboral en la que se mantuvo durante un año. A esto se le suma que, cuando se le presentó el finiquito y el mutuo acuerdo, había una laguna. El periodo laboral que comprende desde junio de 2021 a junio de 2022 no había sido considerado. Según el documento de la demanda, los meses en los que trabajó sin contrato no fueron tomados en cuenta por sus empleadores.

Entre los motivos de su queja se deja entrever el despido “injustificado, indebido e improcedente”, como también las prestaciones adeudadas. Esto, por los no pagos de indemnización de los años de servicio, los feriados legales, la semana corrida y los reajustes.

Cuando echaron a la joven, la carta de despido que recibió decía que una de las causales era la baja productividad. En su demanda, la mujer renegó reiteradas veces de estas acusaciones, pues argumenta que con su llegada creció la captación de socios. Incluso, expresó que fue seleccionada como una de las mejores captadoras de Chile. 

Otra situación que motivó la demanda fue el deterioro de su salud mental. Según el documento de la causa, la sobrecarga de funciones y la exposición pública le desencadenaron en un colapso. En julio de 2023 pidió una licencia médica por un trastorno adaptativo. Escitalopram y Clotiazepam diarios decía el papel de la receta, los que a la fecha sigue consumiendo. 

Pero no fue lo único. En agosto de 2023 tuvo que acudir a urgencias después del trabajo tras sentir latidos irregulares. Otra receta más: relajantes musculares para aliviar las tensiones del estrés. El consumo de los medicamentos le provocó cambios en su día a día y en su vida social, producto de las alteraciones de ánimo y los dolores físicos.

Por último, la gota que rebalsó el vaso —según la demanda de la joven— que provocó su despido fue acusar a su jefe de “no cumplir sus tareas en compras de pasajes y alojamientos”. Esto, pues la gestión de la movilización del equipo en la mayoría de los casos era gestionada por la mujer, situación que se repitió numerosas veces. Aquello le provocó que su sueldo se viera disminuido notoriamente durante el periodo en el que estuvo trabajando en el norte.

The Clinic contactó a la empresa “Twisters”, desde donde se comprometieron a dar declaraciones al respecto. Sin embargo, al momento en que se publica este reportaje, no hubo respuesta de parte de la empresa.

Un patrón repetido en las ONG

El caso de la joven captadora de Unicef no es único. Otra mujer vivió una situación muy similar trabajando para la fundación Greenpeace Pacífico Sur, o simplemente Greenpeace, como es conocida. En julio de 2017, la joven comenzó a prestar servicios para Tools 4 Change SpA, empresa que se encargó de gestionar la contrata de captadores para Greenpeace y otras fundaciones. 

Por casi dos años trabajó bajo la informalidad, ya que tenía un contrato de prestación de servicios a honorarios. No obstante, por la relación que tenía con la empresa, y según lo estipulado en el Código del Trabajo, ameritaba un contrato formal

En enero de 2019, después de 20 meses, la mujer pasó a trabajar con contrato laboral, esta vez con PTS Gestión Administrativa Spa—empresa que también prestaba servicios a Greenpeace—. Sin embargo, en abril del mismo año, fue despedida por “necesidades de la empresa”.

Tras ser desvinculada, la mujer demandó a la ONG y a las dos empresas —Tools 4 Change SpA y PTS Gestión Administrativa SpA— por despido injustificado. La salida de la joven fue ajetreada, porque su despido nunca fue notificado formalmente. La empresa fue multada por eso.

Otro punto que aborda la demanda fue el descuento no justificado de sus remuneraciones. Según indica la demandante, al trabajar como captadora tenía bonificaciones monetarias por cada cliente que fidelizaba. Sin embargo, mes a mes, le descontaban ilegalmente de estas bonificaciones las cuotas que los clientes captados por ella no pagaban a las fundaciones, materia en la que ella carecía de control.

De agosto de 2017 a febrero de 2019, los descuentos que le hicieron ascendieron a $501.375, llegando incluso a sufrir un recorte de $127.125 en un solo mes (abril de 2018). 

Otro punto que incluye la demanda es el de la “semana corrida”, derecho de remuneración laboral para quienes trabajan los domingos o festivos. La ley indica que este derecho aplica tanto para los captadores con remuneración diaria como para quienes están afectos a sueldos mensuales. 

Según indica la joven en su demanda, entre agosto de 2017 y abril de 2019 no se le pagó ninguna bonificación por domingos o festivos, por lo que pidió una indemnización de $2.291.280. Además, por no haber sido avisada de su despido con la debida anticipación (un mes), exigió una indemnización de $1.295.187.

En total, la mujer demandó a las empresas por $15.744.525, monto que incluía el reconocimiento de sus años trabajados, los domingos y festivos no pagados y las indemnizaciones por la tardanza en dar aviso de su despido.

Finalmente, tras la resolución del Juzgado de Cobranza Laboral y Previsional de Santiago, la empresa PTS Gestión Administrativa SpA fue sentenciada a pagar $3.755.625 a la demandante, que constituye aproximadamente a un cuarto de lo que exigió la joven.

Greenpeace no es la única ONG que trabajó con empresas externas para manejar a sus captadores. Unicef también aplica esta práctica. Esto se evidencia en el caso de  una joven que llegó en 2016 a trabajar para la empresa “Más Recursos Fernando Cáceres Bofill Servicios Empresariales E.I.R.L.”, que tiene a cargo la misión de captar socios que aporten mensualmente a Unicef.

La mujer acusa haber trabajado por casi cuatro años sin un contrato laboral, pues la empresa utilizó la misma estrategia mencionada anteriormente que consiste en realizar contratos civiles con pagos por boletas de honorarios. Tras su salida, demandó a la empresa y a Unicef por $17.521.267.

En su demanda, la mujer acusó trabajar bajo informalidad laboral y no pago de la “semana corrida”. Además, expuso que en la empresa había personas que sí trabajaban bajo contrato laboral, pero se trataba de supervisores o cargos más altos.

Misma situación vivieron otras tres personas que también demandaron a Más Recursos Fernando Cáceres Bofill Servicios Empresariales E.I.R.L. y otras que demandaron a Sumando Ganas Ltda., otra empresa fundada por Fernando Cáceres y que se dedica al mismo rubro.

The Clinic contactó a Fernando Cáceres Boffil, representante legal de ambas empresas. El empresario no quiso referirse a las demandas en su contra y se limitó a decir que su empresa “se liquidó por la pandemia”. La misma situación se dio con Unicef, desde donde no quisieron dar declaraciones sobre las denuncias que recibieron.

Por otro lado, desde Coaniquem explicaron que jamás han trabajado con empresas externas para la contrata de captadores, donde agregan que quienes trabajan en su ONG tienen un horario fijo con remuneraciones establecidas. 

WWF, ONG que también utiliza captadores para reunir socios, y, al igual que Unicef, gestiona sus contrataciones a través de una agencia externa que define el acuerdo específico con los trabajadores.

Por último, al ser consultados al respecto, desde Greenpeace se señaló que en 2021, al percatarse de las malas prácticas que realizaban las empresas externas, se tomaron medidas para garantizar el cumplimiento de los derechos laborales.

Actualmente no mantenemos contratos con las empresas aludidas. Como resultado
de los procesos de auditoría a los proveedores con los que trabajamos y a la evolución respecto de la
jurisprudencia en materia laboral, desde Greenpeace hemos tomado todas las medidas para
garantizar el cumplimiento de las normativas vigentes
“, dice Greenpeace en un comunicado oficial enviado a The Clinic.

Todos los contratos que la organización suscribe con proveedores, exigen el cumplimiento irrestricto
de la normativa laboral
. Asimismo, hemos implementado protocolos, los que se encuentran en
constante actualización, para evaluar el comportamiento y las prácticas de los proveedores de
manera previa a su contratación y durante la prestación de servicios. Es así, que desde el año 2021
no registramos causas de esta naturaleza
“, agregan.

Un negocio disfrazado de activismo

Foto: Francisco Paredes / The Clinic

Rehabilitación, derechos de los niños, biodiversidad y vivienda son algunas de las consignas bajo las que trabajan las ONG’s en Chile. Sin embargo, cuando empresas utilizan las causas de caridad para lucrar, se generan casos como los expuestos anteriormente. Estos no solamente se limitan a empresas externas, sino que algunas ONG´s como Coaniquem contratan a sus propios captadores.

En un principio entré con la intención de trabajar por dinero, pero me terminó gustando mucho que tuviera una lucha social. Me llamaba mucho la atención esa parte altruista que veía—, relata una joven que trabajó en Coaniquem pero que no quiso individualizar su nombre.

Con el tiempo me di cuenta que la parte del diálogo directo y la captación de socios es super turbia. No responde a los valores de Coaniquem en absoluto—, agrega. 

La joven ingresó a trabajar en 2023 y, al igual que los casos expuestos anteriormente, estuvo durante un año como captadora de socios sin un contrato que formalice el oficio. Tiempo después asumió como líder de equipo, cargo encargado de subir los mandatos de los nuevos socios a la plataforma web de Coaniquem.

Como líder duró seis meses. Una situación la motivó a renunciar a sus funciones, y es que algunos superiores fueron descubiertos realizando malas prácticas hacia los mismos captadores, especialmente a los nuevos

—Resulta que había mandatos que nunca se llegaron a concretar porque los socios no tenían plata o porque quedaban rechazados por una mala firma. Sin embargo, esto no fue así. Cuando fui líder junto a otras personas nos pusimos a revisar mandato por mandato, y solo estaban los de precios más bajos. Los más altos salían pendientes y con el tiempo se aprobaban, pero como si los hubiese hecho otra persona—, dice la joven.

Esto bajaba mucho el sueldo porque si no se alcanzaban las metas no se obtenían los bonos que Coaniquem entregaba—, agrega.

Problemas como estos provocaron la renuncia de la joven de Coaniquem. Sin embargo, al igual que los casos anteriores, también tuvo problemas con recibir su finiquito. En este caso, por una causal que el documento especificaba.

Tras su paso por Coaniquem, la joven realizó funciones de captadora en World Vision y Techo respectivamente. Para ambas ONG’s trabajó de manera indirecta, vale decir, por medio de una empresa que prestaba servicios para contratar personas. No obstante, de ambas renunció producto de las cosas que presenció, en su mayoría a los malos tratos y transgresiones a los derechos laborales. 

He trabajado prácticamente dos años y te puedo asegurar que abusan tanto de los trabajadores, como del discurso que utilizan. Te la pintan bien bonita con el discurso social, pero es super penca porque nadie dice nada. Al final, la mayoría de quienes trabajan ahí son puros cabros chicos recién salidos del colegio—, dice la joven.

De Techo renunció recién el pasado lunes 20 de enero. Al consultarle si seguirá como captadora en un futuro, su respuesta es enfática y negativa.

No es lo que me gustaría para mi futuro—, relata la joven. —Es una presión constante y al final uno nunca sabe si va a ganar plata durante el día. Es un negocio turbio porque es terrible como juegan con las causas sociales—, respondió. 

Comentarios

Notas relacionadas