Opinión
10 de Mayo de 2025
Día de la Madre en el barrio Meiggs: un completo desmadre
Por Rita Cox F.
La columnista Rita Cox aborda el colapso y caos en el barrio Meiggs en plenas ventas por el Día de la Madre. "Durante las tres semanas previas a la celebración Meiggs recibe cerca de 16.830 personas promedio por hora; 168.300 personas diarias", detalla. Y agrega: "¿Y si todo esto que pasa en el barrio Meiggs sucediera en Nueva Costanera frente a Casa Costanera? ¿Alguien alguna vez ha visto un solo ambulante en esas veredas?".
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Al borde de una tumba en el cementerio Parque El Manantial de Maipú, asado con parrilla y música. Reportan que sonó “Mambo para los presos”, de Yiordano Ignacio. Cuatro comerciantes provocan la suspensión temporal del servicio de Metro en Estación la Cisterna, de la Línea 2, luego de que se montaran sobre el techo de un tren. En La Serena, atacan el Faro, Monumento Histórico Nacional. Nadie sabe por qué, pero con dedicación removieron los estucos de cemento de sus paredes. Todo, esta semana. Anomia pura, implacable. El término lo inyectó con lucidez el abogado y columnista Carlos Peña en su intento por hacer una lectura del llamado estallido social de octubre de 2019 y, aunque La Moneda no está en riesgo hoy como sí lo estuvo hace cinco años, la carencia de normas sociales y su degradación escalan de manera angustiante. Cada día sube el umbral.
Lo que ocurre en el Barrio Meiggs, debido a la locura de las ventas del Día de la Madre, es el mejor ejemplo de esa anomia, que se coló e instaló donde el Estado se dejó estar o fue negligente. Lo más escandaloso se pudo ver durante la tarde del viernes 2 de mayo, con una horda de vendedores informales tomándose la pista de buses en la Alameda, entre el frontis del Mall Plaza Alameda hasta Bascuñán Guerrero, comunas de Estación Central y Santiago. Una feria en la mitad de la principal avenida de la capital a vista, paciencia y estupefacción de automovilistas y transeúntes.
Siete días después, el viernes 9, tras una tensísima e interrumpida visita para evaluar las necesidades del sector y el estatus del comercio ilegal, el presidente del Senado, Manuel José Ossandón (RN), terminó declarando a los medios presentes que allí “no se aplica el Estado de Derecho. Esto es como el Temucuicui santiaguino, no entra la policía como debe ser ni la autoridad a aplicar la ley”. Convocado por la Asociación Gremial del Barrio Meiggs, esta es la primera vez que un presidente de la Cámara Alta marca presencia en estas cuadras. Ossandón apeló al rol de Luis Cordero y del Ministerio de Seguridad Pública.
El desmadre ya había partido un mes antes, de manera paulatina y sin tregua. Primero con los ambulantes bloqueando el paradero de la locomoción colectiva en el frontis del Arauco Estación, para luego, por falta de fiscalización, crecer de manera descontrolada. El lunes 5 de mayo la postal cambió, pero no era menos compleja. Gracias a la intervención de la 21° Comisaría de Estación Central, los equipos COP y los guardias municipales, la calle estaba despejada, pero se produjo un efecto globo: desde la 1 de la madrugada los comerciantes comenzaron a copar la vereda, desde Exposición hasta Bascuñán Guerrero, el interior del barrio Meiggs y el bandejón central de la Alameda.
El martes 6, como pude ver horrorizada, la concentración de vendedores era tal que avanzar caminando era casi imposible. Pasadas las 13 horas, donde hubiese un espacio, por mínimo que fuese, un vendedor, y a la espera una veintena esperando con carros y bolsas algún lugar. Olvídense de la posibilidad de desplazamiento para una persona con coche de guagua, silla de ruedas, burrito o dificultad de movilidad. ¿Una emergencia, como el incendio del Mall del Juguete de agosto de 2024? Imposible el ingreso de un carro de bomberos, una ambulancia, un equipo de emergencia o un auto policial.
Durante las tres semanas previas al Día de la Madre, Meiggs recibe cerca de 16.830 personas promedio por hora; 168.300 personas diarias. El mayor flujo se concentra en las calles San Alfonso, Meiggs, Salvador Sanfuentes, Bascuñán, Unión Americana, Alameda y Grajales. Desde allí se distribuyen los productos a los comercios mayoristas y minoristas del país.
La sensación de tierra de nadie es aterradora. El rol de la presencia policial y de los guardias municipales es un misterio. Ahí están, pero como actores secundarios de esta trama sin fiscalización, sin detenciones. Entre pijamas de polar (de lo que parece un enorme proveedor para todos), pantuflas, medicamentos, zapatillas de marca -algunas falsas y otras originales-, ropa deportiva con logos falsificados de Nike, Adidas, Columbia, North Face, Armani Exchange y líneas completas de Stanley (los mugs cuestan $7.000 al detalle), penetra el olor de la marihuana y el de la fritanga de las cocinerías. Los guardias “Ninja”, me explica un vecino del sector, hay que saber diferenciarlos: están los contratados por los comerciantes legales y los pagados por las mafias para proteger a los suyos.
Se respira la tensión siempre. No es que entre juguetes, loza y artículos de escritorio a buenos precios uno pueda disfrutar de una experiencia de compra. Aquí eso no corre. Un guardia a cara descubierta me lo confirma. Lleva seis años trabajando en Meiggs, carga con ocho puntos en la cabeza y un tajo en el brazo izquierdo como consecuencia de ataques de delincuentes, pero acusa que nunca había estado tan mala la cosa.

Se estima que el 70% de quienes ejercen el comercio ambulante aquí son de origen venezolano, colombiano, peruano y ecuatoriano. El director ejecutivo de la Asociación Gremial del Barrio Meiggs, Cristián Pizarro, me cuenta que solo por atender un “toldo azul” reciben una remuneración diaria de $30 a $40 mil pesos y pueden ganar un sueldo de entre $900 mil y $1.200.000 mensuales. Además, se calcula que quienes les proveen de infraestructura, mercadería y protección, suelen tener ganancias que fluctúan entre los 12 y 15 millones de pesos al mes. También está la figura del “toldo azul” que importa directamente desde China para distribuir mercadería a otros comerciantes ilegales y que, según Pizarro, alcanzan ventas mensuales por 150 millones de pesos.
Para nadie es un misterio que estas cuadras son dominadas por clanes familiares chilenos. Organizaciones, me explican, que arriendan el espacio en vía pública por cifras que van desde los $800 mil hasta los cinco millones de pesos mensuales. Los más peligrosos, y “con redes en distintas instituciones fiscalizadores”, dice Pizarro, se encuentran en las calles Salvador Sanfuentes, Campbell & Garland y San Alfonso, el corazón del barrio. Por supuesto que ropa y chucherías no es lo único que aquí se encuentra: cigarrillos, drogas y hasta una armería en la vereda se ve.
En lo inmobiliario, las consecuencias son dramáticas. Antes de la pandemia, el precio de venta de una propiedad, dependiendo de su ubicación, fluctuaba entre las 120 y 190 UF el metro cuadrado. El arriendo variaba entre las 3,5 a las 6,9 UF. Hoy la venta se sitúa desde las 70 a las 119 UF y el arriendo, en el mejor de los casos, llega a las 2 UF. Sumemos que las entradas a esas tiendas que pagan arriendo y entregan boleta, tienen, en su mayoría, sus vitrinas y puertas de ingreso bloqueadas por los ambulantes. Lo mismo ocurre con la entrada a veinte estacionamientos del sector, para un total de 730 autos. Se habla de unos diez millones de dólares mensuales estancados para los inversionistas inmobiliarios que apostaron por el negocio.
El Cesfam, en la esquina de Unión Americana con Salvador Sanfuentes, luce enrejado y con acceso restringido tras varios ataques al personal de Salud. La Escuela República de Colombia, en Bascuñán con Grajales, que acoge a niños de alta vulnerabilidad, tiene su frontis como exhibidor de la venta ambulante.
La asociación gremial ha estado trabajando con el alcalde de Santiago, Mario Desbordes (RN), para avanzar hacia el proyecto de Gran Manzana, parte del ambicioso plan diseñado por un grupo de arquitectos y urbanistas de la Universidad Católica con el objetivo de organizar el sector. En lo político, esta semana se reavivó el fuego cruzado entre Desbordes y la exalcaldesa Irací Hassler sobre las responsabilidades de esta debacle, como si eso solucionara algo. Y, en entrevista con CNN Chile Radio, el presidente de la Asociación para el Desarrollo de Barrio Meiggs, Adolfo Numi, aclaró que la crisis de hoy “tiene una profundidad y unas dimensiones que no solo se resuelven con fuerza pública” y que “no podemos responsabilizar ni al señor (Mario) Desbordes ni a la señorita (Irací Hassler), porque esto incluso viene de antes”.
¿Desde hace cuánto antes y por qué no se hizo nada? La respuesta nadie la ha sabido responder con contundencia, como tampoco qué pasa con la comisaría que se prometió inaugurar en la Plaza Argentina, frente a la Alameda, a pasos de la entrada poniente al barrio Meiggs. Hace un año está el container, pero sin operar. Un proyecto de seguridad que prometía sumar las fuerzas del Mall Arauco Estación, la Municipalidad de Estación Central y el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago. El lugar contaría con una central de vigilancia con cámaras y personal policial y de seguridad. Dicen que está congelado por temas administrativos.
¿Y si todo esto que pasa en el barrio Meiggs sucediera en Nueva Costanera frente a Casa Costanera? ¿Alguien alguna vez ha visto un solo ambulante en esas veredas? Yo jamás. Ojalá no sea cuestión de tiempo.



