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Opinión

11 de Mayo de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Perfil de Alfredo Moreno: ¿Por qué Moreno?

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

El columnista Kike Mujica perfila a Alfredo Moreno, exministro y copresidente de la Comisión para la Paz y el Entendimiento, iniciativa que impulsó el Gobierno del Presidente Gabriel Boric y que le trajo al propio Moreno tensiones con la derecha, su sector, por ser uno de los pilares y haber promovido las soluciones para el conflicto en La Araucanía.

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11 de marzo del 2018. Sebastián Piñera asume el gobierno. A sus asesores les recalca dos objetivos sociales urgentísimos -con todo lo que implica esa palabra para Piñera y para sus colaboradores-: refundar el Sename; y hacerse cargo de los problemas y, sobre todo, de las soluciones, en La Araucanía. Apenas jura, Piñera visita un centro del Sename. Le encomienda a Alfredo Moreno, ministro de Desarrollo Social, la titánica tarea de reinventar un servicio que, más que salvar a los niños, los condena. De por vida.

Para remarcar señales claras sobre el conflicto mapuche, el 12 de marzo Piñera destituye a la plana mayor de Carabineros, partiendo por el hasta ese momento intocable general director Bruno Villalobos. La policía sufría una mega crisis por la “operación Huracán”, un escándalo delincuencial -y cantinflesco-organizado por carabineros con jinetas, que incluía la falsificación de WhatsApp que inculpaban a dirigentes mapuches.

Tras eso, decide que su primera gira presidencial sea a La Araucanía. Viaja el 24 de marzo, con el ministro del Interior, Andrés Chadwick, y las cabezas de Carabineros y la PDI. 

Piñera le pide a Moreno que lo acompañe.

El mandatario organiza un acto en un teatro en Temuco. Ahí da a conocer el plan que tiene en mente. Y las personas que se encargarán de dicho plan. 

Tiene los nombres anotados en las hojas subrayadas de su discurso.

Sin embargo, cambia de opinión.

Piñera resuelve entonces que Alfredo Moreno será el encargado. Moreno, sorprendido, se entera que, además del Sename, tiene otra misión igual de imposible.

Se lo hace ver al presidente: dos fierros calientes. “Nunca hemos hablado de esto, no conozco el tema”, cuentan que le dijo.

Pero Piñera no cejó.

En ese momento, al ejecutivo estrella, al gran negociador, al solicitado director empresarial, Piñera y la vida le abren un nuevo desafío.

Un desafío en mapudungún.

Alfredo Moreno y Francisco Huenchumilla

Debut en la política

Alfredo Moreno Charme nació en 1956. Estudió ingeniería comercial e ingeniería civil Industrial en la Universidad Católica. Luego cursó un MBA en la Universidad de Chicago. 

Es uno de los ejecutivos y directores con más credenciales en el país: acopia pasos, entre otros, por el Banco de Chile, Falabella, el Grupo Dersa y Penta.

Cuando Piñera asumió en 2010 sorprendió con un gabinete más “gerencial” que político. Las parkas rojas y los pendrives. Moreno estaba en la lista de los debutantes en los menesteres públicos con un cargo brilloso y codiciado. Canciller de la república.

Cuentan que muchos políticos de carrera -cercanos a Piñera- quedaron con el traje listo.

A Moreno le tocó coordinar la defensa de Chile en la Corte Internacional de Justicia por el diferendo sobre el límite marítimo con Perú.

Recuerdo un par de conversaciones que sostuvo con periodistas para explicar los alcances de la defensa, lo que el país podía perder o ganar. Se notaba muy a caballo. “Dentro de sus cualidades, resalto dos de Moreno: lo estudioso e informado y lo enfocado a la meta”, me dice un cercano a Piñera.

Gestionó el ingreso a Chile de la Visa Waiver y el ingreso de Chile a la Alianza del Pacífico.

“Eso fue su gran acierto”, dicen desde el piñerismo.

Catrillanca

Cercanos a Moreno cuentan que antes de 2018 -cuando Piñera le asignó la tarea de La Araucanía- lo único que él sabía sobre los mapuches era su tradición ecuestre. “Son grandes jinetes”, dijo más de alguna vez.

Moreno es fanático de los caballos. Su escuadra ecuestre Palmas de Peñaflor es reconocida a nivel mundial. Un dato: si le mencionaban “Chile” a la fallecida Reina Isabel II, lo más probable es que hablara de caballos. Y eso por Moreno. Su escuadra participó varias veces -invitados por la realeza- en las celebraciones de la monarca.

En los shows de los caballos, incluían al mundo ecuestre de los mapuches.

Amigos de Moreno dicen que él partió de casi cero en el conflicto de La Araucanía. No tiene campo en la zona y en su veta empresarial nunca debió abordar el tema.

Miembros del gobierno de Piñera 2.0 relatan que después de la orden de abocarse al conflicto en La Araucanía, Moreno le propuso al mandatario que quería vivir buena parte de la semana en Temuco.

Su idea era conversar con el grueso de los actores del conflicto. Sobre todo, porque campeaba la desconfianza en la zona. Nadie creía en el otro. Todos eran víctimas y victimarios. Y viceversa.

La idea no fructificó. Moreno, por orden del presidente, debía compartir sus roles. Instaló una oficina en Temuco y comenzó a conversar. Y a documentarse.

Pero el asesinato de Camilo Catrillanca abortó la idea de Piñera y Moreno. Lo que avanzaba, retrocedió. Al entonces ministro y al gobierno los enervó las sucesivas versiones falsas que entregó Carabineros sobre la muerte del comunero.

Un déjà vu de la operación Huracán.

El plan de Moreno duró desde marzo hasta noviembre de 2018. La zona siguió siendo un polvorín, Llaitul figuraba como un luchador social y el frenteamplismo pedía la liberación del Wallmapu.

Moreno partió a Obras Públicas.

Fin de esa historia.

Francisco Huenchumilla, Gabriel Boric y Alfredo Moreno

El llamado de Boric

En 2023, Boric llamó a Moreno para pedirle que participara de la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento, un organismo transversal cuya misión era “asesorar al Presidente en la construcción de una propuesta de solución de largo plazo al conflicto territorial en las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, y contribuir a la creación de una vía institucional y legítima para abordar el conflicto de tierras y establecer una nueva relación entre el Estado de Chile y el pueblo Mapuche”.

Moreno le pidió a Boric que la instancia fuese políticamente “ecuménica”. El Presidente, dicen, dudó sobre la viabilidad de la idea, sobre todo por las dificultades para conseguirlo.

El mundo opositor se había opuesto tajante a las propuestas sobre el mundo indígena del primer experimento constitucional.

“Flaco favor le hizo a la causa mapuche. Extremaron posiciones. Terminaron convirtiéndolos, a ojos de la sociedad, en un grupo que buscaba privilegios más que reparaciones”, me dice un exconvencional de izquierda.

Moreno pensaba que si era solo La Moneda la interesada, no había buen futuro. Y que la Comisión debía sumar a mapuches, pero también a víctimas de la violencia.

Finalmente, la Comisión logró lo improbable: transversalidad.

Un grupo de comisionados relata que el trabajo fue consolidar la información que existía sobre los acuerdos del Estado con las comunidades indígenas. 

“La data era paupérrima, dispersa, incompleta”, dicen. Solicitaron, además, ayuda de expertos internacionales. Y formaron comisiones técnicas. Cada uno de los miembros se movía con sigilo para no pisar huevos. Como en toda comisión, lo que se vive puertas adentro es un sinceramiento entre las opiniones personales y las demandas que exigen sus grupos de pertenencia.

No siempre coinciden.

Unanimidad

Moreno, al comenzar el trabajo de la Comisión, hizo una apuesta que ha sido bien criticada: propuso, para legitimarlo, que el informe final fuese aprobado por unanimidad.

“No era necesario. Obligó al grupo a coincidir, cuando el propio conflicto es complejo. Obligó al consenso”, opina un dirigente de derecha.

Finalmente, la Comisión no logró la unanimidad, pero tuvo solo un voto en contra.

Moreno ha repetido: “¿Si no éramos capaces de ponernos de acuerdo ocho personas, qué autoridad teníamos para pedirle al país un acuerdo?”

Luego de cerrado el trabajo -reuniones intensas durante meses y meses- se vino con toda la capotera del mundo opositor.

Moreno es de ese planeta. He ahí el conflicto.

El oficialismo, por convicción -demandas de los pueblos indígenas- y pragmatismo -asomo de otro conflicto en la derecha, tal como la que provocó la reforma de pensiones- ha decidido cuadrarse.

Moreno, me dicen sus cercanos, ha comentado que el momentum de la entrega del informe no fue el más apropiado: elecciones ad portas. No solo nacionales, sino también parlamentarias en la IX región. Confía en la “buena vejez” de la propuesta y en que las soluciones esbozadas son más propias del mundo de derechas que el de izquierdas.

Hablo con republicanos: me dicen que las propuestas son erradas. “Fin a la violencia de los extremistas primero. Y después todo lo otro”, argumentan. “Moreno no se hizo cargo del problema central: el terrorismo. Cuando Boric lo convocó, a nombre de la derecha, él debería haber el punto: sin Estado de Sitio no hay negociación alguna”, agregan.

Moreno, como buen negociador, me dicen, sabe que hay momentos en que para llegar rápido hay que andar despacio.

“El informe tendrá buena vejez”, dice.

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