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Opinión

19 de Junio de 2025

Por qué comunicar bien es clave en una sociedad longeva

Foto autor Maribel Vidal Por Maribel Vidal

El envejecimiento de la población no debe ser visto como una carga, sino como un logro social que invita a repensar las ciudades, trabajos y relaciones. Asumir la longevidad como parte del desarrollo implica construir un nuevo relato que valore todas las edades y promueva una verdadera inclusión generacional.

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Chile avanza hacia una nueva etapa demográfica. El Censo de Población y Vivienda 2024 confirmó un fenómeno que ya veníamos observando: estamos convirtiéndonos en una sociedad longeva. Hoy, el 14% de la población tiene 65 años o más y, al mismo tiempo, la natalidad sigue cayendo. En 2023, la tasa de fecundidad fue de apenas 1,4 hijos por mujer —muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1— ubicándonos entre los países con menor natalidad en América Latina. Este cambio no solo impacta en la estructura poblacional: también modifica cómo vivimos, trabajamos, consumimos y nos relacionamos.

Ser una sociedad longeva no es un problema, es un triunfo. Vivimos más años como resultado de avances científicos, mejoras en salud pública, políticas sociales y progreso económico. Es el reflejo de una sociedad que ha sido capaz de mejorar la calidad y la esperanza de vida de su población. Atrás quedó el tiempo en que muchas personas no alcanzaban la adultez mayor. Hoy, gracias a los cuidados preventivos, una mejor educación y trayectorias laborales más largas, el perfil de las personas mayores es diverso, activo y en evolución constante.

La guía para sociedades longevas y multigeneracionales, desarrollada por CONAR y Voces Mayores, pone en el centro este enfoque positivo y transformador. Expone conceptos fundamentales para comprender este fenómeno: ser una sociedad longeva debe asumirse como parte natural del desarrollo social, y la colaboración intergeneracional como una oportunidad para fortalecer tanto la convivencia como los entornos laborales. De hecho, como señala la guía en su página 17, las organizaciones con equipos multigeneracionales tienden a ser más exitosas, gracias a la combinación de experiencia, adaptabilidad y diversidad de perspectivas.

Reconocer el potencial de una sociedad longeva implica también revisar nuestras estructuras y políticas con una mirada más actualizada y anticipatoria. ¿Están nuestras ciudades pensadas para una población que envejece activamente? ¿Nuestros espacios laborales valoran realmente la experiencia acumulada? ¿Los medios de comunicación representan a las personas mayores en toda su complejidad? Estas preguntas no son retóricas: son desafíos concretos que debemos enfrentar si queremos construir una sociedad donde todas las generaciones convivan en igualdad de condiciones.

La transformación es una tarea colectiva y urgente. Instituciones públicas, empresas, gremios, medios de comunicación, centros de estudio y ciudadanía deben dialogar para repensar el país que queremos. Y quienes trabajamos en comunicaciones, en cualquiera de sus formas, tenemos una herramienta poderosa en las manos: la capacidad de contribuir a un relato social que valore la longevidad como un activo, que promueva la inclusión generacional y que deje atrás los estereotipos del pasado. Solo así, con voluntad y colaboración, podremos estar a la altura de este gran logro demográfico y de las posibilidades que representa para el futuro.

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#envejecimiento#longevidad

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