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Ilustración: Sandro Baeza - The Clinic

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14 de Julio de 2025

Contaminación y desigualdad democrática: estudio liderado por investigador chileno revela cómo factores sociales y políticos aceleran el envejecimiento de las personas

Un estudio coordinado por BrainLat de la Universidad Adolfo Ibáñez, en donde participaron más de 160.000 personas de 40 países, revela que la contaminación, la desigualdad social y la fragilidad democrática aceleran sustancialmente el envejecimiento de las personas.

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Un estudio publicado en Nature Medicine revela que nuestros entornos —incluyendo la contaminación, la desigualdad social y las instituciones democráticas débiles— aceleran significativamente el envejecimiento de las personas en distintas partes del mundo.

La investigación, que involucró a 161.981 personas de 40 países, introduce un marco global del exposoma y muestra que múltiples exposiciones pueden predecir brechas de edad bioconductual (BBAGs, por sus siglas en inglés), una nueva medida del envejecimiento acelerado. Se debe tener en cuenta que las BBAGs son la diferencia entre la edad real de una persona y la edad predicha a partir de su salud, cognición, educación, funcionalidad y factores de riesgo como la salud cardiometabólica o discapacidades sensoriales.

Este estudio —dirigido por un equipo multinacional de América Latina, África, Europa, Asia y América del Norte— analizó factores ambientales, sociales y políticos y su impacto en el envejecimiento cerebral utilizando inteligencia artificial avanzada y modelado epidemiológico. Los resultados muestran que el lugar donde vives —tu exposoma— puede hacer que envejezcas varios años más rápido, aumentando el riesgo de deterioro cognitivo y funcional.

“Las condiciones ambientales y políticas dejan huellas medibles”

“Nuestra edad biológica refleja el mundo en el que vivimos. La exposición al aire tóxico, la inestabilidad política y la desigualdad, por supuesto, afectan a la sociedad, pero también moldean nuestra salud”, explica Agustín Ibáñez, uno de los autores del estudio e investigador del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral de la Universidad Adolfo Ibáñez. “Debemos dejar de pensar en la salud cerebral como una responsabilidad puramente individual y considerar un marco más ecológico y neurosindémico“.

Los hallazgos llegan en un momento crítico: con la democracia en retroceso en todo el mundo, la contaminación del aire alcanzando niveles de crisis y el aumento de las brechas de riqueza. Estos datos presentan la primera evidencia de que las exposiciones estructurales combinadas —más allá del estilo de vida individual— están profundamente incrustadas en nuestro proceso de envejecimiento. “Esto no es una metáfora. Las condiciones ambientales y políticas dejan huellas medibles en 40 países, revelando un claro gradiente de envejecimiento acelerado desde África hasta América Latina, Asia y Europa” dice el Dr. Hernán Hernández, autor del estudio.

Principales hallazgos

Usando herramientas computacionales, los investigadores desarrollaron la brecha de edad bioconductual (BBAG), un marcador biológico que compara la edad predicha con la edad cronológica. Las BBAGs son la diferencia entre la edad real de una persona y la edad predicha a partir de su salud, cognición, educación y factores de riesgo como enfermedades cardíacas o discapacidades sensoriales.

Las BBAGs coincidieron estrechamente con las edades reales de las personas, pero muchas mostraron envejecimiento retrasado o acelerado más allá de lo esperado. Luego, los investigadores usaron estas brechas para examinar patrones entre diferentes regiones del mundo y los tipos de exposiciones que podrían acelerar el envejecimiento. Europa presentó el envejecimiento más saludable, mientras que Egipto y Sudáfrica mostraron el más rápido. Las personas en Asia y América Latina estaban en el medio. Dentro de Europa, los países del este y del sur mostraron un envejecimiento más rápido.

A nivel global, el envejecimiento más rápido se vinculó fuertemente con niveles más bajos de ingreso nacional. Varios tipos de exposiciones estuvieron relacionados con un envejecimiento más rápido, como por ejemplo:

  • Factores físicos: como la mala calidad del aire
  • Factores sociales: como la desigualdad económica, desigualdad de género y migración
  • Factores sociopolíticos: como la falta de representación política, libertad de partidos limitada, derechos de voto restringidos, elecciones injustas y democracias débiles

BBAGs más altos se asociaron con consecuencias reales. Predijeron futuros descensos, tanto en habilidades cognitivas como en funcionamiento diario. Las personas con mayores brechas de edad eran más propensas a mostrar pérdidas significativas en estas áreas con el tiempo. “Si una persona envejece de manera saludable o acelerada está determinado no solo por decisiones individuales o biología, sino también por sus entornos físicos, sociales y políticos y estos efectos varían ampliamente entre países” dijo Sandra Baez, coautora de la investigación.

Llamado de atención para la política y la prevención

Este estudio redefine el envejecimiento saludable como un fenómeno ambiental, social y político. Las estrategias de salud pública deben ir más allá de las prescripciones de estilo de vida para abordar las desigualdades estructurales y los déficits de gobernanza.

Para Hernando Santamaría-García, otro de los autores del estudio, “los gobiernos, organizaciones internacionales y líderes de salud pública deben actuar con urgencia para rehacer los entornos. Desde reducir la contaminación del aire hasta fortalecer las instituciones democráticas“. Estas medidas van más allá de los problemas climáticos o de gobernanza, e llaman a intervenciones de salud urgentes.

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