Opinión
24 de Julio de 2025
Los 4 Fantásticos: un intento de volver al espíritu de Marvel
Por Cristián Briones
El crítico cinematográfico Cristián Briones analiza el estreno Los 4 Fantásticos, un filme que hace el intento de volver al espíritu de Marvel. Sobre el rol de Pedro Pascal, asegura que el chileno "se está convirtiendo tanto en un actor consumado como en estrella, aunque no bajo las definición convencional del Star System, quizás justamente porque eso ya no existe, y por ello, le queda ser famoso y carismático, y seguir empujando sus límites como artista".
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Cuenta la historia que Stan Lee entregó la trama de un episodio de Los 4 Fantásticos a Jack Kirby, en el que una entidad intergaláctica llegaba a la tierra para literalmente devorar el planeta. Kirby dibujó el episodio para que Lee pusiera los diálogos, pero agregó un personaje extra que Lee no había escrito: un humanoide plateado en una tabla de surf. Lee le daría a este una personalidad existencialista y un trasfondo trágico. Había nacido el Silver Surfer.
Es necesario hacer notar que esta anécdota era contada por el mismo Stan Lee, así que hay muchas posibilidades de que no sea cierta, pero parafraseando a cierto autor de cómics algo infame en estos días: “Cuando los hechos y la verdad no son ya ni un recuerdo, lo que permanece son las historias”. Y esta ha sabido permanecer en el tiempo justamente porque es un gran ejemplo de un sistema que produjo una sinergía autoral en donde cada engranaje de esa industria creativa aportaba a sus personajes. Puntos de vista distintos entre guionistas, dibujantes y editores, aportaron tensión y conflicto en donde los únicos ganadores fueron las creaciones y sus lectores. Es la historia del ‘Método Marvel’.
Han pasado casi seis décadas desde que Galactus, el Devorador de Mundos, y el Surfista de Plata aparecieran en las páginas de Los 4 Fantásticos. El cómic ha mantenido su cabeza gacha para la gran audiencia y seguido su camino como literatura de menor monta para la crítica (que prefiere tildarle de “novelas gráficas” cuando quiere validar su consumo), y es hoy tan sólo un acervo para superproducciones multimillonarias en otros medios.
La corona ahora le pertenece a otro de esos lenguajes, en donde regenta el Universo Cinematográfico Marvel, (Marvel Cinematic Universe, MCU de aquí en adelante), y esas coloridas viñetas llevan casi dos décadas siendo alimento de una fórmula completamente distinta. Una que ha sido depurada por 36 películas y casi una veintena de series de televisión, en ya 5 ‘Fases’ de éxito arrollador en la taquilla y de una influencia inquietante en la industria hollywoodense.

Pero el MCU nunca ha hecho una película Marvel.
Puede sonar un disparate, pero con sólo media vuelta se puede entender a qué se refiere la afirmación. Aquella tensión, aquella sinergía creativa que surgió en el proceso de crear y narrar a esos personajes, nunca ha sido perseguida por la fórmula del MCU. El constante tono de comedia, el limitado desarrollo de personajes, su estructura recurrente, el ambiente majaderamente familiar, las escenas post créditos, etc. El MCU consiguió que su fórmula fuera tan lograda, que todo el resto de la industria se volcó a tratar de copiarla, con más fracasos que éxitos, todo sea dicho. Pero nada de eso tuvo nunca el corazón de Marvel, de su método, de su concurrencia narrativa. Atrás quedaron los esfuerzos de directores como Sam Raimi o Bryan Singer con Spider-Man y los X-Men, impulsando forma, fondo y tema con esos personajes. El MCU se impuso a tal nivel en su propio medio, que se pudo dar el lujo de ignorar las fuerzas creadoras que sentaron sus bases, y lisa llanamente no hacer una Marvel.
Hasta Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos (The Fantastic Four: First Steps) de Matt Shakman. A quién tendremos que reconocerle el esfuerzo de haberlo intentado.
Porque acá hay ciertos pequeños atrevimientos un tanto innegables, por mucho que se queden cortos en la ejecución final. Son destellos que también estaban en Thunderbolts* de Jake Schreier, película que mientras no se tiene que atener a la fórmula, es lo suficientemente interesante, el problema es que choca contra ella una y otra vez, y termina en una lamentable incoherencia en su relato. Matt Shakman tuvo mucha más suerte, e intentó contrabandear con ello, aunque fuera en menor escala.
Para empezar, Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos no transcurre en el mismo Universo en que hemos consumido los 36 largometrajes previos. Si no en un mundo alternativo, y la solución de los multiversos es tan perezosa como efectiva. Cargado de una estética retrofuturista que luce en lo visual, aunque muy poco utilizada en lo narrativo, este grupo de cuatro aventureros son los protectores y líderes de un planeta Tierra bastante perfecto, en que todo ve incluso mejorado en esos primeros cuatro años desde el accidente que les dió superpoderes. Hasta que llega el anuncio de que el planeta será consumido por Galactus y ahí comienza un recorrido y un dilema.
Todo de pronta presentación y nítida resolución. Un breve y ocasionalmente alucinante viaje por el espacio, un nuevo miembro en la familia. Sólida, con momentos inspirados, pero con poquísima profundidad emotiva. Y se puede entender la razón. Porque más allá de una necesidad de refrescar su propio y agotado lugar en la industria, lo que más necesita Kevin Feige, el brazo de hierro detrás de la fórmula, es volver al éxito arrollador. Y por ello, tampoco puede permitir alejarse tanto de aquello que los hizo los triunfadores.
Esta restricción en la escritura es de lo que más adolece la película 37 del MCU, porque no se siente que nada haya cambiado para cuando termina. Ni en la pantalla, ni en las butacas. Tampoco puede verse que se trate de algo en concreto. La “primera familia” parte y termina en el mismo lugar, no cambian ellos ni afectan al mundo a su alrededor, porque todo era perfecto desde el reel del inicio, y todo termina perfecto en el reel del final. Esa aspiración de la constante búsqueda de conocimiento sobre ellos mismos y del universo que los rodea que los “imagonautas” han tenido en sus casi 60 años de historia, no alcanza a aparecer.
El choque entre las fuerzas creativas que los mueve, tampoco. Shakman intenta homenajear a Jack ‘The King’ Kirby a nivel visual, e incluso llega a conseguirlo, pero le faltó el peso y el pulso para imponer su visión como alguien que sí sabía a qué personajes estaba plasmando en la pantalla. Todo termina estando en un lugar tan familiar, tan cuidado, tan poco arriesgado, que la novedad está sólo en que los personajes son nuevos para ese universo.
Excepto en dos aspectos que se escapan del mismo promedio de la película. Lo primero es el trabajo de Michael Giacchino en la composición de la banda sonora. Es muy curioso que en una obra sobre la cual cae la larga sombra de Los Increíbles (The Incredibles) de Brad Bird, tanto por la coincidencia en el factor familiar, los superpoderes, e incluso el retrofuturismo, el único involucrado en esa película sea quien más se aleja de ella y se convierte en lo mejor en el apartado musical que ha entregado el MCU, incluso por sobre la ganadora del Oscar, Black Panther, de Ludwig Göransson. Giacchino capta la esencia del propio Universo, de la familia, de los aventureros, exploradores, el terror frente a lo imposible o lo cotidiano, con una precisión que no logra casi ningún otro cariz de la película, elevándola muchas veces. El otro es el actual regalón de Hollywood, pronto a ser declarado enemigo imaginario número 1 de la ola reaccionaria, y compatriota, José Pedro Balmaceda Pascal.
Y lo entiendo, a muchos les podrá parecer un acto de chovinismo provinciano el alabar el trabajo de Pascal. Pero es un tanto inevitable. Es cierto que en personajes tan reducidos en la escritura de sus conflictos, tanto internos como interpersonales, un actor tiene muy poco espacio para lucirse. Es lo que le pasa a la talentosa Vanesa Kirby, cuya Sue Richards tiene la capacidad de resolver todos los conflictos con una habilidad u otra, y por lo tanto su personaje tiene una escasa tensión para aportar.
Lo mismo para Joseph Quinn, su Antorcha Humana está en una búsqueda tan constante de asirse a una personalidad, pero nunca lo consigue, incluso en su muy predecible desenlace. Y ni hablar de Ebon Moss-Bachrach, a quién casi literalmente no podemos ver en la película, porque todos los dilemas de la Mole acá no están, y eso es un tremendo desperdicio.
Reed Richards está tan limitado como el resto de sus compañeros en Los 4 Fantásticos, pero Pascal consigue jugar lo suficiente con esos dilemas apenas escritos, el pánico de un padre, la torpeza de un genio, la impotencia de alguien cuyas emociones siempre van a estar enterradas bajo su sobresaliente intelecto. Tenemos a alguien que está persiguiendo el valor de su propio arte, más allá de los espacios que le toque ocupar, y este es un espacio especialmente estrecho. Pascal se está convirtiendo tanto en un actor consumado como en estrella, aunque no bajo las definición convencional del Star System, quizás justamente porque eso ya no existe, y por ello, le queda ser famoso y carismático, y seguir empujando sus límites como artista.

Y ese es ciertamente el gran problema de que Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos sea la número 37 en una saga que ha probado ser exitosa, porque ahí, hay menos espacios para empujar fronteras narrativas. Por mucho que se intente, simplemente hay riesgos que no se permitirá que se tomen. Y acá se notan las tijeras editoriales.
Que el personaje de John Malkovich fuera retirado se entiende al ver la película. Era el espacio para establecer a los protagonistas, darles el fuelle para que se entendiera por qué son lo que son y por qué su mundo es el que es. Pero acá todo queda en una intro que peca de una tibieza innecesaria. Bien pudo durar 15 minutos más y lo más probable es que nadie en las butacas se hubiera quejado.
Pero es el MCU. Estas son las reglas. Matt Shakman al menos, lo intentó. Van a tener que perdonarme el apreciar ese esfuerzo.



