Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Fotos: Felipe Figueroa/The Clinic

Entrevistas

26 de Julio de 2025

Jorge Alís, comediante: “En la TV te dicen: ‘¡Sin censura, sin censura!’ Pero es una mentira”

El comediante alista la presentación en el Gran Arena Monticello de su último espectáculo “Nos están cagando”, donde se refiere, entre otras cosas, a la muerte de su papá. Además, repasa sus múltiples proyectos y explica porqué, tras años de negarse, aceptó tener un lugar estable en televisión.

Por Raimundo Flores S.
Compartir

Suscríbete al newsletter

Jorge Alís admite que con su nuevo show ha logrado que más gente que nunca se pare y se vaya en mitad del espectáculo. Lejos de preocuparse, el comediante parece regocijarse en el nivel de provocación que alcanza con este monólogo, donde aborda sin tapujos temas como la migración, el clasismo y la muerte de su padre el año pasado, que según cuenta, es el principal momento donde se suelen retirar algunas personas del público.

“Yo hablo de la muerte de mi viejo, de cosas que me pasaban estando lejos como inmigrante y me emociono. Entonces entro en esa emoción, pero después salgo con un chiste de los ataúdes que son caros, de que ponemos flores más caras para que los vecinos crean que queremos mucho al ser que se murió, o que parte de mi familia está esperando que se muera para vender la casa. Pero lo hago desde la misma emoción, desde el mismo llanto, entonces se genera una cosa que la gente llora y se ríe”, cuenta Alís. 

Luego agrega: “Mucha gente que me espera después y me dice: ‘Me fui de tu show porque perdí a mi viejo, perdí a mi mamá, perdí a alguien en la pandemia y yo no me puedo permitir hace tiempo reírme. Cuando vos empezaste a decir eso me dio mucha rabia, me dio pena, me reí y me castigué, entonces me fui’. Me ha pasado que gente que vuelve a otro show y que me dice: ‘Vine a ver el show la otra vez y me fui en la parte de tu papá y quería saber qué pasaba, porque después me pasó que me empecé a reír y descubrí que en esa risa no puedo tener culpa’”.

Alís, quien vivió la larga enfermedad de su padre a la distancia, visitándolo en Buenos Aires cada vez que podía, dice que hacerle caso a su voz interna y llevar este tema a su stand up ha sido una suerte de catarsis y que, además, lo ha disfrutado mucho. “Siento que puedo traspasar todos los límites porque son cosas muy personales. Si a la gente le hace sentido porque se identifica, bueno, pero no me estoy riendo de otro”, añade.

Además de su duelo personal, en “Nos están cagando”, el nombre que lleva el nuevo unipersonal del argentino, Alís profundiza en una de sus especialidades, la de poner en evidencia las cosas que los chilenos piensan pero no dicen, en este caso refiriéndose a los fenómenos sociales más recientes. El show lo ha presentado mayoritariamente en su teatro, El Cachafaz, pero ahora tiene en el horizonte una presentación mayor, que dará el 15 de agosto en el Gran Arena Monticello.

El comediante explica que, de cierta manera, el show aparece como una respuesta a un humor de denuncia que se instaló en la época del estallido social y la pandemia. Su contrapropuesta es que el público se mire hacia adentro y puedan conectar con ellos mismos. De hecho, aclara que el nombre del espectáculo no apunta ni a la corrupción ni nada por el estilo.

“Tiene que ver con que estamos viviendo de una manera muy loca, muy acelerada y estamos como viviendo la vida que quieren los demás y no la que queremos nosotros”, señala.

Ese ritmo acelerado de vida también explica que Jorge Alís lleve desde la pandemia añadiendo nuevos recursos escenográficos y audiovisuales a sus presentaciones, proyectando animaciones que van contextualizando su monólogo. 

“En una época de mucha imagen, el tema de la palabra es un poco cansador. Yo siento que estoy haciendo un poco más teatro que stand-up, lo que me gusta porque hay una dispersión tan grande en la gente. Viste que todo el mundo tiene TEA ahora. Yo creo que tiene ganas de tener TEA porque tenemos tantas cosas en la cabeza que se nos quemó el disco duro”, dice con acidez.

Y agrega: “No sé cómo mierda liberar gigas de mi cabeza para tener un poco de calma mental. Entonces, dentro de eso, cuando vos tenés un espectador que le cuesta mucho concentrarse, cuando le ponés imagen y palabra, al tipo lo agarrás de dos lugares, entonces lo cagás, lo tenés más presente”.

—¿Hay una necesidad de renovación en el stand up?

—Es como sucede con todas las cosas. Cuando alguien pone una farmacia, se llena de farmacias. Ponen una verdulería y se llena de verdulerías, o de comida china o de sushi. Hay algo muy lindo del stand up, que es que cualquier persona común siente que puede hacer humor. Eso está bárbaro, porque lo acerca mucho a la gente y de ahí en adelante hay un laburo que tiene que ver justamente con desarrollar, con trabajar y ahí es donde empieza el trabajo como en cualquier actividad. Encontrar tu propia voz, qué es lo que querés decir.  Entonces a nivel stand up, como que en un momento sentí un poquito de cansancio, de aburrimiento, y ahí es donde empecé a meter un poco el tema de imágenes, de una cosa más teatral.

—Ese ritmo de vida actual tan acelerado también afecta en el trabajo de los comediantes, que pareciera que están obligados a estar haciendo presencia en redes y creando contenido siempre. ¿Cómo lo lleva?

—Estamos en una época donde todo lo que sucede se manifiesta en las redes y es un medio muy rápido de llegar a todos lados. Entonces, esa historia sucede en lo común. Cuando alguien tiene ganas de decir algo, ya no se lo dice al psicólogo se lo dice al éter, lo sube, llora, grita, patalea por las redes sociales. Entonces de alguna manera, como artista, siento que uno tiene que elaborar más algo, bucear más, buscar otras cosas porque hay una espontaneidad en las redes muy desde la rabia, desde el odio, desde la creación, qué sé yo. Entonces muchas veces necesitamos de alguna manera comunicarnos con la gente. Y hay una forma muy interesante en ese contenido, poder poner tu personalidad, tu pensamiento, tu forma. Hay un sobreuso de las cosas, pero lo importante es que cada uno encuentre su voz.

Jorge Alís, sin olvidar las raíces

Aunque es uno de los nombres más consolidados de la comedia nacional, hay algo en Jorge Alís que lo mantiene emparentado con su versión de hace casi 30 años, cuando llegó a Chile buscándose la vida bailando tango en las calles. Y es que, a pesar del estatus alcanzado, el argentino mantiene una energía creativa que lo convierte siempre en un hombre lleno de proyectos.

En paralelo a “Nos están cagando”, también está realizando un show que se llama “Buscando al +QL”, donde invita a comediantes emergentes a realizar rutinas, que luego son analizadas por otros humoristas consolidados en un programa de conversación que se puede ver en su canal de YouTube. En ese misma plataforma también estrenó recientemente el piloto de espacio llamado “Brayan Estormin”, donde analiza noticias de contingencia junto a un panel de invitados.

También sube regularmente videos cortos a sus redes sociales con pequeños sketches o memes sobre la contingencia y participa periódicamente de “Bohemia”, un encuentro creado por Juan Pablo López, donde se juntan varios humoristas a probar material nuevo frente al público. “Yo voy sin texto. Entonces subís al escenario. Hola, ¿qué tal? Y ahí empezás a sacar lo que venga. Es un ejercicio de romper los órdenes que tenemos en nuestra educación, de romper un poco con el adoctrinamiento”, acota Jorge Alís.

A todo se esto se suma la película “¿Quién tiene la culpa?”, coescrita, dirigida y protagonizada por él, que se estrenó en enero en cines y que actualmente se puede ver en el streaming de Comediaplay.

Pero, por sobre todo, está su labor dirigiendo El Cachafaz, el teatro que tiene hace 27 años. Ahí, no solamente se puede encontrar a Alís recurrentemente sobre el escenario, sino que también se le ve en las calles aledañas invitando a la gente pasar o junto a sus hijos vendiendo cabritas o Super 8 en las filas que se arman antes de sus shows, apoyando el emprendimiento que ingeniaron sus herederos.

“El Cachafaz es parte de mi vida, parte de mi espacio creativo. Es el deseo oculto que he tenido toda mi vida, que no lo supe, y que lo descubrí acá en este país que me abrió las puertas, y que me hace sentir tan bien. Entonces es un ancla para mí, que me pone como un artista de abajo y tengo que bancar eso. Me saca de la comodidad”, afirma.

Jorge Alís dice que su trabajo ahí es dicotómico para él. Por un lado, lo moviliza y lo apasiona, y por el otro, lo enoja y lo entristece.  “A mí me va bien ahí, yo voy solo y funciona, lleno todas las funciones, hay gente que queda afuera. Por suerte estoy agotando entradas así como una o dos semanas antes. Pero ponemos otros espectáculos y no funcionan. Y es como: ‘La puta madre, hueón’. Hay tanto trabajo acá. Tenemos un espectáculo de ocho o nueve artistas de varieté. Entonces salimos a hacer promoción a la calle. La peleo de abajo y eso me hace sentir que es una cosa de todos los días. Es lindo sentir que hay que pelearla y que no todo viene fácil. Es lindo lograr algo que costó”.

—¿Lo siente como una forma de mantenerte conectado con sus inicios?

—Exactamente. Tiene que ver con estos tercer tiempo cuando hacemos teatro y después nos quedamos ahí comiendo pizza o haciendo las hamburguesas y te quedás hablando. Hacemos espectáculos a la gorra los sábados y domingos y hacemos tres shows y entran por ahí 300 personas, que si cobrás entrada no entrarían. Tenemos una escuela de varieté, donde se puede estudiar stand up, burlesque, circo para niños, para grandes. Tenemos una sala de exposiciones para gente emergente. Entonces, más allá de momentos bonitos y maravillosos que yo logré con lo mío, el teatro ese tiene una magia.

Su incursión en la TV

El aura de autogestión que hay en torno a Jorge Alís y sus proyectos se refleja bien en el proceso creativo de “¿Quién tiene la culpa?”, la película que estrenó en enero. Si bien una plataforma les ofreció financiarla, Alís no estuvo dispuesto a hacer las concesiones que exigían. Así, con un presupuesto más acotado se lanzaron a la aventura, solo que a la hora de tener que promocionar el filme, ya se les había acabado la plata. 

“La gente tiene que enterarse que vos estrenás la película en el puto cine y que dura o una semana o cinco, según como se sepa. Entonces no había plata y tuvieron que ir los actores, radio por radio,  a promocionar la hueá y todo. Yo fui a todos los programas, podcast, radio, televisión, a todos los que podía. Me metía en un canal y empezaba por los pasillos a pasear por un lado, por otro. Y ahí empezaban: ‘¡Hola Jorge! ¿Qué hacés? ¿No querés salir acá? Pasó también que en el verano me empezaron a llamar porque a George Harris le fue como el pico, y me llamaron como un ejemplo de que a mí me había ido bien y que no había xenofobia. Entonces me invitaron al 13, al Mega, a TVN, a Chilevisión y de ahí me empezaron a llamar para trabajar”, cuenta Jorge Alís.

Fue en ese momento donde se decidió a hacer algo que estaba evitando al menos desde su exitoso paso por Viña 2019: Sumarse establemente a un programa de televisión.

El espacio elegido fue “¡Hay que decirlo prime!”, en Canal 13, con la conducción de Ignacio Gutiérrez y Pamela Díaz. Ahí estuvo durante tres meses como panelista y haciendo rutinas cada semana, aunque cuando el ciclo se alargó, decidió no continuar.

“No quise seguir porque todas las semanas hacer rutinas, más allá de que era un trabajo muy duro, es un trabajo que no tenés ninguna posibilidad de tener un error con la rutina y corregirlo y que salga mejor. Me dio miedo de empezar a hacer una fabriquita de salchichas y después decir cualquier cosa. Y sentí que hasta ese momento había hecho un trabajo interesante, que estaba bueno, que la mayoría de las rutinas que tiré zafaban, que tenían un trabajo visual, que tenían una crítica y que un poco me cagué de risa y en Canal 13 dije lo que se me cantó el culo”, sostiene Jorge Alís.

Luego agrega: “Hay mucha censura, boludo. Hay una cosa así de doble sentido que te dicen; ‘¡Sin censura, sin censura!’ pero eso es mentira. Entonces de alguna manera traspasé un montón de límites editoriales ahí, dentro de todo lo que se podía. También me cuidé porque el equipo humano que yo conozco, que genera el programa y todo, los quiero mucho, son divinos. Pero bueno, tres meses haciendo rutina, hice 12 rutinas, una vez por semana. Entonces sentí que estaba bien y que me quería tomar un descanso. Y si más adelante se sigue, tengo las puertas abiertas en el 13, tengo relación muy linda con todo el equipo creativo y con toda la gente que lo hace. Entonces eso está bien. No soy un hombre de tele, pero estuve haciendo muchos programas entonces me gusta esto de entrar y salir un poco”

—¿Y esa censura de la que habla es explícita o se subentiende por estar en la TV?

—No, tenés cosas que no se pueden decir claramente. Hay que mandar un guion y te lo ven y te dicen: ‘Esto no, esto sí’. Hice mucho caso a la mayoría de las cosas y a otras no porque hay cosas que uno dice: ‘Sí, es verdad, no digamos esto, no ofendamos a nadie’ Pero hay ciertas cosas que tienen que ver ‘Esto no porque qué van a pensar’. Y para saber qué van a pensar, hay que hacerlo. Entonces muchas veces pedí perdón y no pedí permiso.

—En el pasado dijo que no quería hacer TV para no aburguesarse.

—Yo creo que uno tiene que ubicarse, pero tampoco aburguesarse. Uno se pone a pensar: ’¿Para qué voy a meter en esto? Mejor no lo digo’. Y muchas veces esa zona de confort te hace perder la esencia. 

—¿Por qué ahora se permitió entrar en la TV?

—Es que estar en el medio también tiene que ver un poco con el teatro que tengo, que no es fácil mantenerlo. Pago cinco palos de alquiler. Antes yo tenía restaurante bar, que vendías otras cosas. Acá tengo un montón de gente laburando y bueno, hay que facturar y poder bancar a los equipos que laburan.

Temas relevantes

#comedia#jorge alis#stand up

Comentarios

Notas relacionadas