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Reportajes

Álvaro España, líder de Fiskales Ad-Hok: “Creo que me voy a morir tocando”

Con 38 años de trayectoria y un receso autoimpuesto, la banda más clásica del punk chileno celebra, por estos días, los treinta años de “Traga!”, su único trabajo con una multinacional y su disco más accesible. Siempre desde los márgenes, la disconformidad y la libertad, el vocalista recuerda un gesto desinteresado de Jorge González en el comienzo de su carrera, la exigencia de drogas blandas del productor en la grabación del álbum, manifiesta su alergia al trap y al reggaetón, rememora una conversación con el Macha sobre dedicarse a la cumbia y dice que, todavía, lo hace feliz hacer música.

Por Felipe Rodríguez 9 de Agosto de 2025
ÁLVARO ESPAÑA PORTADA Fiskales Ad-Hok
ÁLVARO ESPAÑA PORTADA Fiskales Ad-Hok
Francisco Paredes
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En el verano de 1994, casi un año después del lanzamiento de su disco debut homónimo, Jorge González llegó de sorpresa a la casa que compartía Álvaro España, el líder de los Fiskales Ad-Hok, con su compañero de banda, el bajista Rubén “Roli” Urzúa, y su familia.

La madre de “Roli” golpeó la puerta de la habitación de España y le dijo que el cantante de Los Prisioneros estaba afuera, preguntando por él. Cuando salió, González lo conminó a que se acercara a su auto y abrió la maletera. Lo que había en el interior era un equipo nuevo de guitarra profesional marca Marshall. “Es para ustedes. Para que suenen mejor. Sé que le van a sacar provecho”.

El desinteresado gesto del músico era un premio para los Fiskales. Poco después de la publicación del primer álbum del grupo punk (1993) -llamado igual que el cuarteto-, la voz de Los Prisioneros había definido a los Fiskales como “la banda más original y grosa de Santiago”.  

“No la podía creer. Nosotros siempre andábamos al tres y al cuatro con los equipos de música. Nunca teníamos un peso. Recuerdo que llamé al “Víbora” -guitarrista de los Fiskales- para contarle y, de repente, me dejó de hablar. Tomó el teléfono su pareja y me dice ‘que le dijiste al “Víbora”’. Está tirado en el suelo y dándose unas vueltas en el piso, como si tuviera un ataque de epilepsia”, afirma.

La relación de los Fiskales con Jorge González es de larga data. España pone marcha atrás y rememora que, en la primera mitad de los 90, el vocalista compartía barrio con ellos –en los alrededores del parque O’Higgins–, cargaba sus instrumentos en su vehículo y los llevaba a sus shows en el clásico lugar de Serrano 444 y que, incluso, una vez ayudó a curar heridos en una tocata suspendida tras un ataque de grupos nazis a un puñado de punks en ese mismo sitio.

“Las peleas entre grupos era algo muy común en los conciertos. Gente del paradero 25 de Gran Avenida se enfrentaban a otros de la zona norte. A nosotros nos aburría porque no iban a escucharnos. Solo a sacarse la chucha. Hasta que decidimos que si había una pelea se suspendían los conciertos. Veíamos los primeros combos y desenchufábamos todo. Y lo hicimos hasta que aprendieron a no pelearse. Toda esa violencia, sobre todo, a fines de los 80 y comienzos de los 90, venía de la brutalidad que se vivía en el país y estaba súper normalizada”, cuenta España.

Con casi cuatro décadas de trayectoria -se formaron en 1987-, Fiskales Ad-Hok es una institución en el punk chileno. Siempre moviéndose en los márgenes, fueron la expresión de la disconformidad. Cuando volvió la democracia, no creyeron en la llegada de la alegría –“la DC siempre nos pareció un grupo de blandengues”, sentencia España-. Esa consecuencia artística, intransigente en su dogmatismo, ha sido materia de estudio. Se han publicado biografías –“Anarkía y Rebelión (2018)- y documentales –“Malditos” (2004)– sobre su obra y en varios libros sobre música chilena, su nombre es insoslayable.

El próximo 11 de agosto se cumplen treinta años de una efeméride especial en la trayectoria de la banda: la publicación de “Traga!”, el único álbum que hicieron bajo una multinacional y, quizás, su trabajo más accesible. 1995 fue un año definitorio para el rock chileno y, también, para el punk local. Por un lado, se editaron los discos debut de Lucybell, Chancho en Piedra y Javiera y Los Imposibles, entre otros, y bandas como La Ley, Los Tres y el solista Joe Vasconcellos se consolidaban con proyectos de arrastre y masividad.

En ese mismo contexto, coincidiendo con un resurgimiento internacional del punk -algo más pop que el original, pero punk al fin y al cabo-, bandas como Green Day y The Offspring abrieron la puerta para que la industria discográfica local pusiera sus ojos en los exponentes chilenos del estilo. Grupos como Supersordo, Los Peores de Chile, Los Miserables, BBs Paranoicos y los propios Fiskales tuvieron promoción y minutos en prensa escrita, radial y televisiva como nunca antes. “En esos días, el rock estaba de moda.

EMI y BMG se peleaban para fichar bandas chilenas. Nosotros habíamos publicado nuestro debut con total libertad y cuando nos llamaron ofreciéndonos grabar, no creíamos tanta maravilla. Fundamentalmente, porque siempre fuimos desconfiados. Querían que firmáramos un contrato de tres discos por tres años. Pero lo cambiamos. Les dijimos solo por un disco y que se quedaran con el master. Y a nosotros todo nos daba lo mismo. No teníamos representante, siempre nos cagaban. Y solo queríamos tocar y hacer música”, señala.

La popularidad subterránea de Los Fiskales Ad-Hok, en esa primera mitad de los 90, había crecido. A la buena recepción de su disco debut homónimo, sus bonos estaban al alza tras telonear a los Ramones en el Velódromo del Estadio Nacional en 1992. Esa actuación, gestionada por Jorge Esteban, productor de su primer álbum y que había trabajado en la grabación de “Animal Boy” (1986) del cuarteto estadounidense, fue un punto aparte.

Pasaron a otro nivel. “Nosotros nos dejamos llevar mucho por los consejos de Jorge (Esteban) en nuestro primer disco. No teníamos idea de lo que era un estudio y, como tenía experiencia en grabaciones, le hacíamos caso. Él, por ejemplo, nos dijo que meter un cover siempre funcionaba en un primer disco. Y por eso grabamos “Papapa” de Los Prisioneros”, confidencia.

Al trabajar por primera vez con presupuesto para “Traga!”, “Víbora”, el guitarrista de la banda, convocó en la producción a Guido Nisenson, un ingeniero de sonido argentino que trabajó con Luis Alberto Spinetta y Charly García y responsable de “Big Yuyo” (1992), el primer gran éxito internacional de Los Pericos.

“Le dijimos a la discográfica que esas eran nuestras condiciones. Y, la verdad, nunca nos decían no a ninguna cosa que se nos ocurría. Estábamos felices porque trabajamos siempre por cero peso”, dice España. Nisenson accedió, pero puso condiciones. Quería laborar con los mejores equipos que existían en Chile. Y tuvo un detalle en que fue inflexible.

“Le dijo a la gente del sello que todos los días quería tener en el estudio diez lucas de marihuana para el equipo. Era choro y un amor de persona. Se acercó mucho a nosotros. Fueron días felices. Teníamos un amigo que nos iba a dejar copete todos los días al estudio. Pisco, ron y cervezas. El primer día que llegamos a trabajar, el tipo encargado del estudio nos dijo que en un sector no se podía fumar ni tomar. Nos dio lo mismo. Dimos un jugo carreteando hasta tarde. Hacíamos lo que queríamos. Guido era un obsesivo por el sonido. Hasta se agarró a combos con alguien del grupo porque estaban pasados de rosca. Nos hacía mal estar muchas horas en el estudio. La mezcla de tomar y tocar también era fatal. A veces, estábamos tocando más de diez horas al día”.

–¿Cuáles son tus recuerdos de la época de “Traga!”?

–Lo que más me impresiona es que esas canciones no tenían más expectativa que expresar un pensamiento íntimo, propio y exponerlo al mundo. Nunca te imaginas que servirá de inspiración para otros. Esas letras, como todas las de Fiskales, son fotografías sociales. Como leer el diario. Hay gente que se acerca en los conciertos y que agradece porque le sirvió para botar la rabia cuando era pendejo o sentir que otros tenían su misma visión. Ah! Y recuerdo que grabamos un video en los juegos Diana, donde invitamos a hartos amigos músicos. Estaban los Pánico, por ejemplo, otros que hacían autogestión como nosotros.

–Con 38 años haciendo música. ¿Qué es lo que te motiva?

–El feedback con la gente. Es emocionante, adrenalínico, tirarte un piquero arriba del público. Llevo 38 años tocando y siempre me cago de nervios antes de tocar. Hasta que me subo al escenario, recién me sale el demonio y me apodero de lo que debo hacer. No sé porque me pasa que me pongo neurótico antes de salir a tocar, pero creo que está bien que suceda. Los shows no tendrían esa fuerza sin esa sensación previa.

Pasado y futuro de los Fiskales Ad-Hok

Cuando realiza un repaso por su vida, el líder de los Fiskales Ad-Hok siempre llega a una misma conclusión: su pasión por la libertad. Desde que estudió en el colegio Amunátegui, quería ser libre, hacer lo que se le antojara. “Odiaba tanto el colegio que no repetí nunca. No soportaba el infierno de la educación. Cuando salí, mi mamá no me podía controlar”, sostiene.

Las ganas de volar lo hicieron partir de su casa a los 16 años y vivir con su abuela, una mujer fanática de Pinochet. “Amaba al dictador y discutíamos por su visión fascista. Pero estaba obligada a amarme porque era su único nieto”.

Cuenta que en sus años de juventud se perdía una semana de su hogar. Y a nadie le importaba. Su cable a tierra fue siempre la música. En un comienzo, el new wave. Luego, otros estilos. Cuando salió del colegio, a su barrio llegaron a vivir los Pinochet Boys. Fue su revolución interior. Era primera vez que veía a personas con pelo verde, mohicanos y aros. Una rareza para un Chile que, en esa época, era uniforme y gris. Y se hizo amigo de ellos.

“Mi abuela los veía y decía ‘comunistas de mierda’. Eran mis ídolos. Para mí, fueron una bocanada de cambio. Había vivido toda mi vida en dictadura y veía a esta gente distinta, buena onda. Me empecé a vestir como ellos cuando salí de cuarto medio. Y como vestíamos pintas estrafalarias, por cada cuadra nos gritaban ‘maricón’, al menos unas cuatro veces”.

Gracias a los Pinochet Boys conoció a músicos como Dead Kennedys, los Ramones y bandas de post punk y new wave. Fundamentalmente, debido a los videos musicales que amigos de esa banda les enviaban desde Europa como una forma de conectar con la vanguardia artística que se vivía en Inglaterra. “Eran carretes todos los días. No hacíamos nada y lo disfrutábamos. Escuchábamos música, hacíamos vacas para comprar cervezas y nos reíamos. Otro Chile”.

–Ustedes nunca han tenido un ego desbordado. ¿Cómo se maneja?

–Porque, al final, todos cuando van al baño, hacen lo mismo. ¿De qué me voy a creer? Hay ocho mil cantantes mejores que yo y música que también es mejor, pero tenemos actitud. He visto a artistas que les traiciona el ego. A veces, les va bien, pero después de los 15 minutos de fama no existen. Nosotros somos de compartir con la gente. Por ejemplo, es mucho más entretenido estar tocando con el público al lado tuyo que en un estadio para 8000 personas. Me gusta esa cercanía. Como me gusta estar en un bar o tomando en una esquina con cualquiera que pueda tener una buena conversación.

–En la primera etapa de los Fiskales estuvo Pogo, luego famoso por Los Peores de Chile. ¿Cómo viviste su muerte?

–Era un hueon muy querido, nos defendía siempre. Cuando supe que estaba mal, agarré la bicicleta y fui a su casa. Estaba frágil, sin ánimo. Cuando supo que tenía cáncer no quiso atenderse por la salud pública porque le parecía una mierda. Y murió con las botas puestas. Nos tomamos la mano y lloramos. Le dije que era un ídolo para mí y me fui mal de su casa. Fue una despedida emocionante.

España continúa con su trabajo de DJ en diversos locales capitalinos. Asegura que la nueva música lo sigue sorprendiendo y manifiesta desagrado con el trap y el reggaetón. “El autotune me molesta escucharlo y es raro analizar por qué a los jóvenes les gusta tanto. Las letras son infantiles y tienen esa obsesión por querer ser lo que no son. O sea, querer lo que tienen los ricos, pero en versión cuma. Por otra parte, siempre escucho cosas nuevas que me gustan. Yard Act, Amy and the Sniffers, Fontaines DC, Fat White Family, Viagra Boys, The Buttertones. Son bandas alucinantes”, expresa.

–Siempre fuiste muy crítico de Chile. ¿Te has reconciliado con el país?

–Siempre lo he visto como la callampa. Pero es mi barrio. Aquí están las personas que quiero. Cuando sales del país y vuelves, aunque sea asqueroso, sientes que estás en tu lugar, donde has caminado toda tu vida. Me considero más santiaguino que la chucha. Aunque lo mejor para un ser humano es viajar y conocer.

–Están en un periodo de hibernación con los Fiskales. ¿Se viene el regreso?

–Sí, hubo unos problemas entre algunos integrantes y decidimos parar. Pero volveremos luego. Nunca pensamos mucho el futuro, pero seguimos con las ganas de tocar y hacer música. Nada nos motiva más que eso, porque somos una familia. Es más, creo que voy a morir tocando.

Una de las cosas que siempre me impresionó de ustedes era el cariño que tienen por otras bandas y la cero competencia. ¿Siguen viendo a otros grupos?

–Sí, con el Macha y Pánico, por ejemplo, somos de la misma época y nos hicimos amigos en la autogestión. Con esas bandas nos influenciamos mutuamente. El Macha era fan nuestro, iba harto a los recitales. Una vez, carreteando y curados, el Roli le dijo al Macha que la única posibilidad para forrarse en la música era haciendo cumbias. Y el Macha la hizo y siento mucho orgullo porque es muy bueno. Con él, comíamos pan con mantequilla. Me hace feliz su éxito. Tenemos historias que nos hacen compartir para toda la vida.

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