Jaime Bassa, candidato a diputado (FA): “Curiosamente nada se dice del segundo proceso constituyente, como si no hubiera fracasado”
El abogado constitucionalista y exvicepresidente de la Convención Constitucional sostiene que las críticas hacia los candidatos a la Cámara de Diputados que fueron constituyentes lo tienen sin cuidado, pues, según afirma, provienen de “representantes de la vieja política”. Por otra parte, aborda el tercer aniversario del rechazo de la propuesta constitucional que impulsó y advierte que hay aspectos de esa experiencia que pueden aportar “pensando en lo alicaída que está la legitimidad del Congreso” y revela que le gustaría impulsar alguna de las ideas que ahí se realizaron en el Parlamento. Además, el miembro del comité central del Frente Amplio se refiere al paso de su partido por La Moneda y reconoce que, si bien no se han perdido los vínculos con los movimientos sociales, la experiencia de gobierno ha generado un “desgaste”.
Por Rodrigo Córdova 31 de Agosto de 2025
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Minutos antes de las ocho de la mañana, Jaime Bassa (Frente Amplio) enciende su computador para sostener su primera entrevista luego de haber sido oficializado como candidato a la Cámara de Diputados. El miembro del comité central del FA asegura tener una agenda apretada, pues actualmente está enfocado en su cátedra de derecho constitucional en la Universidad de Valparaíso y en la preparación de su equipo de campaña, que comenzará oficialmente el 17 de septiembre, según establece el calendario electoral.
Tras la confirmación de su candidatura, desde el oficialismo surgieron voces críticas de parlamentarios que cuestionaron que exconvencionales constituyentes aspiren a un escaño en el Congreso, a propósito del fracaso de la propuesta constitucional.
En entrevista con The Clinic, el exvicepresidente de la Convención advierte que esas críticas lo tienen sin cuidado y cree que, más bien, provienen del temor de ciertos parlamentarios a perder sus privilegios.
A días de cumplirse el tercer aniversario de la propuesta constitucional —el jueves 4 de septiembre—, Bassa repasa reflexiones sobre el proceso y revela que, en caso de resultar electo, llevaría al Congreso algunas de las ideas que ahí se discutieron. Entre ellas, la iniciativa popular de ley. “Es necesario implementar mecanismos de participación ciudadana que permitan empujar o fortalecer la legitimidad de la representación popular, pensando en lo alicaída que está la legitimidad del Congreso”, sostiene.
Si bien dice estar “motivado y honrado” de haber sido proclamado candidato, lamenta que la lista de postulantes a la Cámara por su distrito esté compuesta únicamente por hombres. Para Bassa, el aprendizaje de este “error” es que “las reglas tienen que ser más estrictas y tienen que ser obligatorias, porque con la buena voluntad no es suficiente”.

Jaime Bassa y la lista sin paridad en el distrito 7: “Yo creo que no tiene ninguna justificación”
—¿Quedó conforme con la conformación de la lista parlamentaria? ¿quedó muy afectado el oficialismo el hecho de ir en dos listas?
—Los precandidatos estuvimos siempre al margen de esas conversaciones, de esas negociaciones. Los partidos definieron, desde muy temprano, concentrar toda la información y toda la negociación en un par de personas dentro de cada dirección nacional y la verdad es que íbamos sabiendo muy poco lo que ocurría en la negociación. Pero creo que el objetivo de todos los partidos, y particularmente del nuestro, el Frente Amplio, era precisamente ir en una lista única, yo creo que favorecía muy significativamente las posibilidades de elegibilidad y sobre todo de una buena representación en ambas cámaras, pero bueno, lamentablemente, las negociaciones políticas a veces tienen dinámicas muy difíciles de prever.
Sin perjuicio de eso, creo que llevamos listas muy competitivas en este distrito, pero también en el resto del país.
—Y respecto a su distrito, el siete, ¿cómo se explica que se haya construido una lista sólo de candidatos hombres? Valeria Cárcamo, miembro del comité central del FA y precandidata a diputada por ese distrito lamentó en The Clinic la conformación de esa lista exclusiva de hombres…
—Todos quedamos un poco sorprendidos por la conformación final de la lista. Es algo bien difícil de justificar, yo creo que no tiene ninguna justificación. Porque claro, que nueve candidaturas sean asignadas a nueve hombres por decisiones de distintos partidos políticos, no va en la línea de abrir los espacios de participación a todos los sectores del país, considerando que por lo menos las mujeres son más de la mitad de la población. Desde esa perspectiva, creo que los reclamos y las críticas son bastante justificadas porque los espacios de participación tienen que seguir abriéndose y no pueden cerrarse a ningún grupo social, especialmente a las mujeres.
Valeria, al igual que yo, estábamos punteando las encuestas dentro del distrito, y fue una sorpresa en algún sentido que quedara fuera. No fue una sorpresa de última hora, porque igual el comité central decidió esto hace varias semanas, pero igualmente fue una sorpresa la conformación final de la lista solo con hombres.
—¿Se privilegió mucho a los incumbentes, a quienes ya eran diputados?
—El Frente Amplio estableció dos criterios orientadores para la negociación parlamentaria: uno fue la incumbencia y el otro la competitividad. La definición de las candidaturas de los distritos 6 y 7 en la región de Valparaíso, estaba muy amarrada a la definición de la candidatura senatorial de la región y yo creo que la combinación de ambos criterios terminó dando la posición final, pero afectando no solamente el principio paridad sino también el de alternar el cambio en el poder, por lo que significa precisamente la implementación del criterio de la incumbencia.

Jaime Bassa y el paso del FA por La Moneda: “Efectivamente ‘el despliegue institucional’ del Frente Amplio (…) se ha comido parte importante de nuestras energías”
—Se decía que la paridad era un piso mínimo ¿la izquierda abandonó esa idea?
—Si miráramos solo el distrito 7 uno podría llegar a una conclusión como esa, pero la verdad es que, a pesar de lo difícil de justificar qué es lo que ocurrió en el Distrito 7, no hay que perder de vista que los partidos llevan listas paritarias en todo el país y el Frente Amplio lleva más candidatas mujeres a diputadas que candidatos hombres, entonces me parece que no sería justo llegar a una conclusión como esa, tan categórica.
Lo que sí me parece que es un aprendizaje de este de este error, de este episodio, es que estos criterios no pueden quedar entregados a la buena voluntad para implementar, como el criterio de paridad.
Aquí tienen que haber reglas más claras que garanticen paridad en la representación. Paridad de salida, no solo paridad de entrada. Porque efectivamente si uno realmente quiere corregir la representación y no solo la presencia de ciertos sectores en las listas de candidatos y candidatas, lo importante es pensar en la institución, en cómo funciona la institución. Y ahí yo creo que las reglas tienen que ser más estrictas y tienen que ser obligatorias, porque con la buena voluntad no es suficiente.
—Otra crítica que se deslizó en la inscripción de listas es que el FA y que viene de antes , incluso, es que el partido se alejó de los movimientos sociales. ¿Cree que su partido ha apuntado en esa dirección de convocar a los movimientos sociales?
—Como todo proceso de articulación política entre distintos actores, más o menos institucionalizado, hay distintas etapas. De mayor intensidad, a veces un poco menor, un poco lo que ocurre también pensando en los procesos de cambio social. De repente avanzan con mucha fuerza, pero después hay pequeños retrocesos para volver a avanzar después.
En ese sentido, efectivamente “el despliegue institucional” del Frente Amplio, sobre todo asumiendo la presencia en la República, en todo lo que significa la presencia de un partido en el aparato estatal, se ha comido parte importante de nuestras energías. Pero no hemos dejado de lado la presencia del partido en los espacios de participación social, así como tampoco esos espacios han desaparecido de la orgánica del partido, por ejemplo, hay candidaturas que vienen de Modatima. Me parece que es una relación entre partido y movimiento que sigue vigente y que demuestra la presencia de movimientos sociales tanto en la dirección nacional como en las candidaturas parlamentarias.
—Este paso como institucionalización de la militancia y de los cuadros, ¿no cree que ha elitizado al Frente Amplio?
—No. Yo participo activamente en el comunal de Viña del Mar, por ejemplo, y tanto los participantes, las participantes de los espacios basales del partido, como las propias candidaturas políticas de los frentes y de los comunales, son de una composición bastante diversa en términos de edad, de género y de clase. Y si uno mira los espacios de representación institucional yo creo que ocurre un poco lo mismo. La dirección nacional no es precisamente el reflejo de la élite oligárquica del país, más bien diría yo, todo lo contrario y como te decía recién, la propia presencia de organizaciones sociales en nuestra orgánica y en nuestras candidaturas parlamentarias da cuenta un poco de eso. Yo entiendo que los partidos de élite, propiamente de élite, que representan a las clases acomodadas, han tratado de instalar la idea de una elitización del Frente Amplio, pero yo creo que eso no tiene práctica del partido.
—A propósito de la polémica de la semana, sobre la discusión sobre los dichos de Lautaro Carmona y que podrían afectar la candidatura presidencial de Jeannette Jara, ¿cree que podría afectar el rendimiento electoral de la lista parlamentaria?
—Una de las riquezas que significa tener una articulación amplia de partidos y de movimientos políticos en un proceso electoral es precisamente esa multiplicidad de voces. Hay distintos partidos detrás de la candidatura presidencial, hay además distintas listas parlamentarias detrás de la candidatura presidencial, que es una cuestión bien interesante, creo yo. Tenemos candidatos presidenciales que no tienen listas parlamentarias, pero tenemos una candidata presidencial con dos listas parlamentarias detrás y creo que ese despliegue político es muy interesante, que habla precisamente de la amplitud de la diversidad y de cuál es la propuesta país que formula tanto la candidata Jara como sus candidatos y candidatas al parlamento.
Yo no me preocuparía mayormente de las polémicas que tratan de levantar desde la oposición. Son polémicas evidentemente con intención política, tratan de obtener un rédito electoral y yo la verdad que no veo esas polémicas reflejadas ni en la marcha electoral de la candidatura presidencial, ni en la marcha electoral de las candidaturas parlamentarias.
—¿Cuánto se juega el Frente Amplio en esta elección parlamentaria? considerando que está terminando el Gobierno, el candidato presidencial del partido quedó en tercer lugar en las elecciones primarias y hay una bancada de diputados que pretende mantener.
—Los partidos políticos, cuando enfrentan procesos electorales, buscan mantener o ampliar sus espacios de participación y de representación. Y siempre es difícil determinar el criterio para saber si se ganó o se perdió, cuánto se avanzó o cuánto se retrocedió. Porque hay muchos criterios que juegan de manera conjunta. Uno podría decir, claro, la cantidad total de diputados, diputadas, o pensar en el éxito en distrito específico o en la senatorial, por ejemplo. Para nosotros es muy significativo ampliar la representación del partido en el Senado. Por ejemplo, si pudiéramos pasar de un senador a dos, yo creo que sería un resultado muy positivo, que eventualmente se evaluaría con un ojo distinto a subir o bajar en la cantidad de diputados o diputadas.

“Curiosamente nada se dice del segundo proceso constituyente, como si no hubiera fracasado”
—Esta semana se cumplen tres años del plebiscito en donde la propuesta de la convención constitucional, en la que usted fue vicepresidente, fue rechazada por un 62%. ¿Cómo evalúa ese proceso ahora que ha pasado más tiempo?
—Lo más importante de ese proceso es precisamente aquello de lo que menos se habla: toda la activación de la organización social que significó la discusión constituyente. Hay una intención política detrás de que no conversemos de estas cosas, pero se tiende a olvidar la importancia que tuvieron, por ejemplo, los cabildos ciudadanos que se convocaron espontáneamente a partir de octubre del 2019 en adelante.
Eso da cuenta un poco de la debilidad bastante estructural que ha tenido la democracia chilena por abrir canales de participación y por contar con una representación democrática más plural, más diversa. Yo mismo participé aquí en la región de Valparaíso, pero también en Concepción, en Santiago, en Antofagasta, de cabildos autoconvocados donde llegaron más de mil personas.
—¿Ese ánimo de participación ciudadana es algo que se ha mantenido hasta ahora?
—Ha ido fluctuando. Hoy día es razonable pensar, no solamente por lo que ocurre en Chile sino también por lo que ocurre en el mundo, que hay un cierto avance de la agenda conservadora, una suerte de reacción autoritaria, con claros ribetes patriarcales que no solamente se ha hecho presente en Chile, también lo vemos en Argentina, lo vimos con el presidente anterior de Brasil, está ocurriendo en Estados Unidos, con el auge de la extrema derecha en países importantes de Europa, Italia, España, etc.
Entonces, efectivamente hay una suerte de reflujo del movimiento social y de la participación social, pero no es un hecho propio de Chile, es una cuestión bastante epocal, creo yo.
—¿Y el cambio constitucional es algo que aún está en deuda?
—Es una pregunta que siempre debe ser analizada en términos situados. Hoy día, efectivamente, las prioridades de la ciudadanía y del sistema político son otras. Parte de esas prioridades eventualmente pasan por el diseño constitucional, pero me parece que en este momento hay prioridades más importantes como trabajo, como los salarios, como la seguridad, de las cuales hay que hacerse cargo y probablemente se van a tomar la agenda legislativa del próximo periodo.
—A propósito del trabajo que se hizo en la Convención Constitucional y su resultado, parlamentarios oficialistas se han referido a los candidatos que fueron convencionales como “la bancada de la vergüenza”. De hecho, incluso el diputado Jaime Sáez dijo en La Tercera que “habemos varios que nunca vamos a olvidar que ellos son los rostros de la farra y que traicionaron a la confianza al pueblo de Chile”. ¿Cómo recibe esos comentarios?
—A mi no me sorprende que este tipo de reclamos, que se han dirigido a la presencia de nuevos rostros en el espacio de la representación institucional, vengan de parte de representantes de la vieja política. Lo veo más bien como de parlamentarios en ejercicio que ven amenazado sus posiciones de privilegio y una crítica más que a los procesos constituyentes, porque curiosamente nada se dice del segundo proceso, como si ese segundo proceso no hubiera fracasado.
—¿Cree que hay una suerte de persecución o fijación con los exconvencionales que fueron de izquierda?
—De parte de la clase política más tradicional hay un cierto temor, una cierta reticencia a un proceso que efectivamente desplegó una potencia constituyente que pudo haber cambiado las estructuras de poder de este país de raíz. Y eso los habría sacado muy radicalmente de sus posiciones de privilegio. Porque la crítica es a las personas que participamos del proceso, no es a los contenidos de la propuesta, no es a los cambios sociales que esa propuesta significaba, no es la mayor o menor coherencia con el contexto político, es una crítica personal. La personificación de una crítica política da cuenta, no tanto de la individualización del sujeto que es criticado, sino de que es lo que proyecta el sujeto que critica.
En ese caso, especialmente cuando hablan parlamentarios en ejercicio, ellos muestran el miedo a perder sus propias posiciones de privilegio, que es un miedo, en algún sentido, avivado por nuestra presencia, pero también por lo que significó el trabajo de la Convención Constitucional.
—¿Entonces hay parlamentarios en ejercicio que temen que con la entrada de ex convencionales se pueden ver reducidos sus privilegios?
—La cuestión es más profunda. La crisis de legitimidad y confianza que aqueja al Congreso Nacional, que es la institución de los tres pueblos del Estado con peor imagen en la ciudadanía, es el reflejo de una crisis en la representación democrática. Uno de los principales responsables de la crisis son los representantes, no es el pueblo.
Lo que de, alguna manera, dejó en evidencia la Convención Constitucional es que un órgano de representación popular, paritario, con escaños reservados para los pueblos originarios y con una diversidad socioeconómica muy amplia, puede trabajar y ponerse de acuerdo en la defensa de los intereses generales y no en defensa de los intereses particulares, como hemos visto en el último tiempo con parlamentarios desaforados e involucrados en causas de corrupción. Ese temor es, creo yo, real.
Aquí hay parlamentarios que llevan muchos periodos en el poder y se tuvo incluso que hacer un límite a la reelección para forzar la renovación en la representación democrática y ven en la experiencia de la Convención Constitucional una amenaza porque en esa instancia esos sectores representativos de los grandes grupos económicos no tuvieron mucho espacio y no dieron mucha representación.
—Hubo una crítica directa, de hecho, a Elisa Loncon, quien fue presidenta de la convención constitucional cuando usted fue vicepresidente, por el hecho de postular a un cargo en el Senado que la misma propuesta constitucional pretendía eliminar. ¿Cómo evalúa la crítica? ¿Hay una insistencia de Loncon al postular al senado?
—La propuesta del 2022 no eliminaba al Senado, lo transforma en una cámara de representación territorial. Es una cuestión súper importante porque la propuesta no era unicameral, era bicameral con un plano que representaba los intereses de las regiones, y es algo hoy en día claramente muy necesario. Y en segundo lugar, el Senado hoy día existe y es un espacio de representación que tiene que estar abierto a distintas voces que no han tenido participación en espacios más bien elitizados. A mí me parece que no hay ninguna inconsistencia en tratar de abrir espacios de participación que han estado históricamente más bien cerrados.
—¿Entonces cómo explica la crítica a Loncon?
—De nuevo, responde a la intención de mantener limitado el acceso a esos espacios de representación popular, que no accedan a esos espacios grupos que han estado históricamente excluidos.
—Loncon también fue crítica del proceso de consulta indígena que impulsó el gobierno. ¿Usted cree que debería llevarse a cabo la consulta o proponerse, como ha planteado ella y también otros senadores oficialistas?
—Hay una comisión trabajando detrás de ese proceso. Es importante que las etapas de los procesos que se han diseñado puedan ir cumpliéndose poco a poco. Los procesos de consulta indígena son de alguna manera una etapa concreta dentro de un proceso más largo y ahí esperaría que efectivamente el diseño siempre se pueda mejorar. Siempre se puede esperar mejor el resultado, pero la ejecución de una consulta indígena en este momento no cierra la participación en un futuro que permite cumplir la etapa dentro de un diseño más general.
—¿Hay algo del trabajo de la convención que le gustaría llevar a la Cámara en caso de resultar electo?
—Si algo muestra la agenda conservadora que ha empujado los presidentes de extrema derecha en otros países, es que hay avances importantes en materias sociales que se grafican en derechos que hay que proteger, en los cuales no es posible aceptar retrocesos. En materias tan sensibles como paridad de género, la participación democrática, los derechos de las personas que viven con discapacidad, que son retrocesos concretos en el gobierno de Milei, de Bolsonaro, de Trump, debería ser una agenda que empujemos con fuerza en el Congreso Nacional.
También es necesario implementar mecanismos de participación ciudadana que permitan empujar o fortalecer la legitimidad de la representación popular pensando en lo alicaída que está la legitimidad del Congreso. Por ejemplo, pienso en iniciativas populares de ley, por ejemplo, o mecanismos de mayor control y fiscalización ciudadana, pensando en que efectivamente los mecanismos de control y contrapeso al ejercicio del poder son muy necesarios y muy importantes, especialmente en un contexto de regresión autoritaria como el que estamos viendo hoy día, donde hay candidatos que amenazan gobernar por decreto.



