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Ca7riel y Paco Amoroso
Felipe Figueroa

Tiempo Libre

14 de Septiembre de 2025

“El sueño lo cumplí”: Ca7riel y Paco Amoroso entregan show urbano en esteroides en un escenario acorde al éxito del Papota tour

En un escenario finalmente a la altura de su éxito, Ca7riel y Paco Amoroso convirtieron el Movistar Arena en una fiesta desbordada: un show de música urbana en esteroides, con láseres, fisicoculturistas y un despliegue que borró cualquier rastro de síndrome del impostor.

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Cuando Ca7riel y Paco Amoroso se presentaron en la última edición del Lollapalooza Chile, la conclusión fue una: el escenario les quedó chico. El SmartFit Stage parecía más la multicancha de un colegio que un escenario para una banda que, desde su presentación en el Tiny Desk, se comió prácticamente todo.

Show musical en el Tonight Show con Jimmy Fallon de NBC, y cabezas de serie en festivales como Coachella, Glastonbury, Fuji Rock, Roskilde y Lollapalooza (tanto en Chicago como en París).

El éxito alcanzado internacionalmente fue acompañado de espectáculos a la altura de una banda de peso. El Papota Tour, con el disco homónimo, incluyó globos gigantes de sus cabezas que se desplegaban al inicio de los conciertos, fuegos, luces y toda una parafernalia acorde a un show mundial.

La jornada de esta noche en el Movistar Arena tuvo todo eso que el público chileno no había podido ver ni en el Lollapalooza, ni en su presentación en solitario en la Discoteque Blondie.

El espectáculo abrió con un monólogo de Chad GPT, el narrador robótico del álbum Papota, y con la canción Dumbai (del disco Baño María), uno de los grandes éxitos del dúo argentino.

El show prosiguió con Baby Gansta. Hasta ahí, ni Ca7riel ni Paco Amoroso necesitaron levantarse de las dos sillas con las que comenzaron el espectáculo para encender al público de un Movistar Arena repleto, que vitoreó cada canción y agotó las entradas del único show en Santiago.

La tercera canción fue Mi Diosa, single en el que Ca7riel, formado en la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola, demostró toda su capacidad vocal —esa misma que, con justicia o no, tanto se les pide a los artistas urbanos—. La banda que los acompaña también mostró sus dotes, cerrando con solos de vientos y percusiones.

Hasta ahí, los artistas seguían sentados.

El público, en cambio, eufórico y de pie.

El síndrome del impostor de Ca7riel y Paco Amoroso

El show continuó con Impostor, una canción en la que el dúo confiesa sentirse fraudes ante la industria musical y la sociedad, a pesar del reconocimiento internacional.

“Y yo no sé ni cantar / Y yo no sé ni rapear / El futuro pinta mal”, dice la letra. Pero la realidad fue otra: Paco Amoroso cantó y Ca7riel rapeó. Solo el síndrome del impostor, con todas sus letras.

El concierto prosiguió con otros singles como Shipea2, que Ca7riel popularizó en solitario, y Mi deseo/BadBitch, con un solo de guitarra de Cato.

Hasta ahí, ambos seguían sentados.

Los amamos Chile, gracias por recibirnos así una vez más”, dijo Paco Amoroso, en la primera de varias intervenciones del dúo.

Luego vinieron Cosas Ricas y la BZRP Music Sessions #3, la canción que hicieron junto a Bizarrap, el productor argentino que ha colaborado con artistas como Shakira, Residente, Duki y los chilenos Drefquila y Polimá WestCoast.

El concierto bajó un cambio con la balada Pirlo. “Esta canción es para cuando los deja la novia”, gritó Paco Amoroso al público.

El segmento discotequero del dúo argentino

Casi en la mitad del show, el dúo continuó con Re Forro, que abre con los versos “El sueño lo cumplí, pero a qué costo”. Una verdadera declaración de principios de la gira y del álbum Papota: el síndrome del impostor una vez más como telón de fondo.

Fue con esa canción que Ca7riel y Paco Amoroso se pusieron de pie por primera vez. Ese gesto marcó un quiebre: el Movistar Arena se transformó en discoteca, con rayos láser amarillos y un set que encadenó temas como SHEESH, Supersónico, Polvo, McFly, Todo el día y Ola Mina XD.

En ese segmento, el dúo pareció meter en una juguera géneros dispares, pasando de la samba al trap, y del mambo a la música thrasher, en un despliegue que dejó claro su eclecticismo y que culminó con un grito de Ca7riel —con voz metalera y chilenismo incluido—: “¡Conchatumadre!”.

Ya en la recta final, interpretaron Cono Hielo, arropada por una sección de bronces que evocaba, por momentos, la banda de Luis Miguel.

El cierre quedó reservado para tres de sus éxitos más masivos. Con #Tetas, el escenario recibió a un grupo de fisicoculturistas, hombres musculosos que parecían replicar la dinámica del propio dúo: música urbana en esteroides.

Después llegaron El día del amigo y El único, que terminaron de sellar la comunión de la banda con un público que coreó sus canciones de principio a fin. Ca7riel y Paco Amoros salieron del escenario y los culturistas permanecieron hasta que las luces se apagaron.

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