El rol oculto de la inteligencia artificial en las campañas electorales y su presencia cada vez mayor en las estrategias de los candidatos
La utilización de chatbots ha sido una actividad bajo superficie que han utilizado los equipos de las candidaturas tanto de quienes postulan a La Moneda como de quienes aspiran al Congreso. Su uso se ha centrado en la recopilación de información de métricas de redes sociales, las que permiten llegar a conclusiones que pueden serle útiles en las campañas. Asimismo, la herramienta ha sido considerada como una nueva voz a la hora de elaborar diseños electorales, con un peso que se auspicia que será mayor a medida que avance el período de propaganda política, con sus pros y contras.
Por Jorge Palacios 21 de Septiembre de 2025
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No fue hace muchos años cuando los usuarios de tecnologías sintieron la llegada de una nueva aplicación de la que no se tenía una consideración real del efecto que podría tener en sus vidas. En 2022, ChatGPT, el chatbot de inteligencia artificial creado por OpenAI, fue lanzado en Internet.
En un inicio había curiosidad por lo que el sistema podía ofrecer. A partir de una conversación normal, o sea, un diálogo, se podía adquirir conocimiento que la máquina recopilaba a través de artículos de prensa alojados en la web. Luego de un tiempo, en el que el mercado bursátil global mostró un interés por desarrollar dicha tecnología, el abanico de posibilidades se fue abriendo paulatinamente. Fue así como surgieron otros chatbots, como Copilot, Deepseek, Grok, entre otros, los que también permitían hacer nuevas actividades, como crear imágenes, videos o hasta procesar datos a lo largo del tiempo.
De esto último bien saben gran parte de las candidaturas presidenciales y parlamentarias que se medirán en la papeleta el próximo 16 de noviembre.
Y es que el uso de la inteligencia artificial no quedó supeditada, como lo estaba en un inicio, al ocio, sino también al uso profesional con el que, incluso, los candidatos cuentan con equipos cuyas funciones están destinadas a alimentar al asistente virtual respectivo, lo que luego le permite a este último ser una voz más a la hora de tomar decisiones estratégicas con el fin de alcanzar un resultado próspero en los comicios, tengan como fin el arribo a La Moneda o el Congreso.
Un tema tabú
Los equipos de los candidatos presidenciales o de candidaturas parlamentarios son claros desde un inicio al momento de referirse a la inteligencia artificial. “No es algo que me gustaría comentar de manera pública”, es lo que advierten la mayoría de los consultados requeridos para este reportaje.
¿El motivo? Varios prefieron no compartir los métodos con los que funciona cada campaña. Otro: algunos dicen que una campaña corre el riesgo de “banalizarse” si es que se establece que esta usa la inteligencia artificial como herramienta.
En todo caso, varios consultados no se tardan en reconocer su uso y sostienen que este paulatinamente irá en crecimiento a medida de que avance el período de campañas, el cual comenzó este miércoles 17 de septiembre. Eso sí, también resaltan que las aplicaciones que solían utilizar con antelación han comenzado a implementar, por sí mismas, a la inteligencia artificial.
Con esa objeción dicha, algunas candidaturas sostuvieron a este medio que las funciones principales que tiene la inteligencia artificial al interior de los comandos guarda relación con los análisis que se consiguen a través de las redes sociales.
Por ejemplo, a partir de estos pueden generar “mapas de calor” que ayudan a identificar al potencial electorado del candidato.
Sobre esto profundiza un integrante de un comando de campaña de las presidenciales. En el caso de dicho candidato, señala, la utilización de la inteligencia artificial se enmarca, hasta ahora, a la “extracción de métricas de redes sociales”, información que, dice, es muy “parecida” a la que entregan encuestadoras que divulgan los resultados de los candidatos en redes sociales como Facebook, Instagram, X, TikTok, entre otras.
Las métricas son enviadas al chatbot, el que decodifica la información y otorga un resultado de crecimiento en redes sociales y la red social en la que el candidato es más fuerte. “Esto nos permite orientar el trabajo hacia dónde tenemos que gastar más energía o también, donde tenemos que gastar un poco menos”, explica la persona que prefirió hablar fuera de grabación.
“Uno saca conclusiones junto al chatbot que te permite orientar mejor el trabajo y, también, un mejor uso de los recursos”, sostiene.
Asimismo, revela que al interior de la candidatura existe un “científico de datos” que es el que revisa los asuntos relativos a las métricas y, además un equipo especializado con la información que provenga desde plataformas digitales para alimentar al chatbot.
A partir de eso, existen reuniones periódicas en las que se toman definiciones a partir de los resultados que otorgan las métricas, bajo la interpretación de personas humanas y en donde también se considera la voz de la inteligencia artificial.
“Vemos si es que hay que reorientar el trabajo o dejar como ya está. Ha habido veces en que lo hemos reorientado considerando análisis de la IA”, reconoce este integrante de un comando.
La explicación que otorga para determinados análisis es que las redes sociales, punto crucial en el que trabaja dicha candidatura, guarda información demográfica de los usuarios de las plataformas. O sea, les permite saber su edad, la región en la que viven, su sexo, entre otras cosas, lo que les permite dar luces del electorado que sigue al candidato.

Chequear datos y crear minutas comunicacionales con inteligencia artificial
Otro involucrado en una campaña presidencial dice a este medio que tiene un sistema similar con la inteligencia artificial: que sirve, de momento, para decodificar datos que otorgan las métricas en redes sociales para tomar definiciones posteriores en base a ese análisis.
Sin embargo, también trata de clarificar que “se han procesados datos con inteligencia artificial, pero no hay un uso sistemático o intensivo”. Lo anterior a pesar de que la candidatura cuenta con un equipo de asesores voluntarios que chequean y contrastan datos con el chatbot.
Una de las informaciones que han requerido a través de la herramienta ha sido un “análisis de política comparada”, es decir, exponer propuestas que se han implementado en el extranjero, medir el resultado de dicha propuesta con otra, también extranjera, y, además, hacer un símil del caso con Chile. Por ejemplo, comparar las políticas de seguridad llevadas a cabo en un país sudamericano con otro país y extrapolar los resultados eventuales a una política similar implementada en territorio nacional.
“Pero no hay un uso sistemático incorporado en el comando, hasta ahora“, clarifica de nuevo.
Eso sí, la inteligencia artificial sí se ha utilizado para la elaboración de minutas comunicacionales y en la parte programática “con datos que lo que se requiere netamente es que sean chequeados”. O sea, el rol verificador queda en manos del chatbot.
“Chequeamos con IA y también tomamos una segunda opinión con IA. Para nosotros la inteligencia artificial es completamente novedosa, pero le puedes dar a ella la redacción de todo un programa de gobierno“, sostiene.
Una persona con trayectoria en campañas parlamentarias resume los beneficios de la inteligencia artificial en ese espacio. “Se ve beneficiado el territorio, es decir, donde uno reparte volantes, y el área comunicacional”, afirma. Sobre este último punto se refiere tanto a minutas como también a la elaboración de imágenes gráficas sin la necesidad de contar con un diseñador que las elabore.
Deepfakes, la cara menos glamorosa de la IA
En mayo de este año, las elecciones legislativas argentinas fueron testigo de un momento particular durante el período de campaña.
Un video con el rostro del expresidente Mauricio Macri lo mostraba a él en primer plano dando su apoyo a un candidato de La Libertad Avanza: se trataba de quien fue vocero de gobierno de Javier Milei, Manuel Adorni.
La pieza audiovisual desconcertó a los argentinos que seguían la elección parlamentaria. Algo no les cuadraba: Macri, que contaba con su propio partido, el PRO —y propios candidatos para los comicios—, se mostraba a favor de otra figura, dando como motivos el avance del kirchnerismo y los resultados favorecedores que podía obtener ese movimiento si la derecha se dividía en los comicios.
Sin embargo, no tuvieron que pasar muchas horas para que el exmandatario argentino clarificara que el video no era auténtico. Macri sufrió lo que se llama una deepfake, una manipulación de su discurso y de su figura, la mayor de las veces creada por inteligencia artificial, que consiste en trucar la imagen de un personaje público para que emita un discurso determinado, sin que este sea verídico.

Es eso a lo que han temido los comandos de campaña de las candidaturas presidenciales, compuestas por Jeannette Jara (PC), José Antonio Kast (Partido Republicano), Evelyn Matthei (UDI), Johannes Kaiser (Partido Nacional Libertario), Franco Parisi (PDG), Harold Mayne-Nicholls, Marco Enríquez-Ominami y Eduardo Artés.
Lo ocurrido al otro lado de la cordillera no es inédito. Ya había ocurrido en una elección en Estonia y se prevé que las campañas cada vez adquieran más elementos provocados por la inteligencia artificial.
Un seminario de abril en la Universidad Católica auspiciaba el escenario. Bajo el título “Presidenciales 2025: Inteligencia Artificial, Transparencia y Democracia“, quienes participaron en el encuentro, entre los que se contó a la presidenta del consejo directivo del Servicio Electoral (Servel), Pamela Figueroa, dieron cuenta de los efectos que se habían generado en las democracias a partir de la inteligencia artificial.
Un término propuesto fue la “democracia eficaz”, acuñada por el académico Rafael Rubio, de la Universidad Complutense de Madrid, quien sostuvo que “estamos dispuestos a asumir que cualquiera que sea capaz de darnos resultados eficaces es mejor que cualquier otro. Dicho muy simplemente, parece que las instituciones democráticas se han convertido en un obstáculo para alcanzar resultados eficaces y no en una garantía para hacerlos (posibles)”.
Pero Rubio también dio a entender que la inteligencia artificial había provocado una alteración en la democracia, sobre todo enmarcado en la confianza. Lo anterior luego de que pusiera sobre la mesa que el dicho “una imagen vale más que mil palabras” hoy pueda ser manoseado y no necesariamente real.
De dicha alerta están al tanto las candidaturas, que se han preocupado de denunciar cualquier intento de desprestigio generado a partir de, sobre todo, redes sociales y el mundo digital, que es el origen y donde se desenvuelve la inteligencia artificial.
En julio la candidata Matthei acusó una “campaña asquerosa” en su contra, dado que había visto videos suyos que circulaban en redes sociales y que habían sido alterados para hacerla ver como una persona con problemas de salud. En ellos se le apreciaba complicada a la hora de recordar palabras. Ella misma mencionó que se le intentó asociar la enfermedad de Alzheimer.
La situación llegó a ser judicializada por parte de dos diputados socialistas, quienes denunciaron ante el Ministerio Público el caso y pidieron que se investigaran los delitos de carácter informático, de asociación ilícita, y cualquier otro que pudiera configurarse a raíz de la causa, que fue acogida por un fiscal el 5 de septiembre y de la cual, uno de los objetivos, es que candidatos presidenciales sean citados por Fiscalía para declarar.
Recientemente el uso de deepfakes ha tenido como ejemplo ilustre al Presidente Gabriel Boric. El mandatario aparece en la pieza audiovisual invitando a que quien visualice el video invierta en una plataforma que generaría ganancias considerables, aunque sin ningún sustento.



