Mónica Rubio, astrónoma y Premio Nacional: “Las preguntas que han acompañado a la humanidad desde siempre no las va a responder ChatGPT”
La Premio Nacional de Ciencias Exactas recuerda su primera mirada a Júpiter como el inicio de una vida dedicada al universo. Su trayectoria combina hallazgos científicos, la apertura de espacios para las mujeres en la ciencia y una defensa firme del conocimiento como motor de desarrollo para Chile. Invitada por The Clinic a reflexionar sobre su carrera y nuestro país por el primer cuarto de siglo del nuevo milenio, Rubio dice: "Ese atractivo que tiene la astronomía hay que usarlo como vehículo para acercar esas otras ciencias a la ciudadanía".
Por Isabel Plant 4 de Octubre de 2025
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Hija de profesora e ingeniero, fue su madre quien le avisó a Mónica Rubio (1955), cuando era solo una adolescente, que había un anuncio sobre un curso de astronomía para aficionados en el Observatorio del Cerro Pochoco. La joven fue durante dos años a mirar hasta allá las estrellas, cuando aún no terminaba el colegio.
“Yo creo que probablemente fue Júpiter el primer planeta que vi, con los cuatro satélites. Y era impresionante, porque uno alcanzaba a verle incluso las franjas, y si la rotación de Júpiter lo permitía, de repente uno distinguía la mancha roja. Así que esa fue la primera vez que miré por un telescopio”, recuerda hoy la Premio Nacional de Ciencias Exactas.
Su carrera ha sido una llena de hitos para una mujer en ciencia en el país: Mónica Rubio en 1992 fue la primera astrónoma chilena en presidir una división de la Unión Astronómica internacional y en 2024 hizo historia también al convertirse en la primera mujer chilena vicepresidenta de esta misma organización. Con más de 150 artículos publicados, ha sido citada en documentos especializados más de 4.500 veces. Desde la observación ha destacado internacionalmente, entre muchos otros hallazgos, por liderar el descubrimiento de un proceso de formación de estrellas en una galaxia enana.
La invitación de The Clinic a Mónica Rubio fue a sentarse a conversar, de sus vereda de conocimientos, en nuestro ciclo de reflexiones su vida y sobre nuestro país, cerrando lo que ha sido el primer cuarto de siglo del nuevo milenio.
Una pionera optimista
Protagonista de las transformaciones en el mundo de la ciencia en Chile durante los últimos cincuenta años, incluyendo la irrupción de las mujeres en un área dominada por hombres, Mónica Rubio suena siempre bastante entusiasta sobre lo que fue abrirse camino; para ser pionera en una época donde las mujeres en ciencias eran pocas, se ve sin mayores complejos por su género.
“Cuando entré a la escuela de Ingeniería, eran 800 las vacantes y éramos veinte mujeres. La verdad es que yo me preocupaba de estudiar y que me fuera bien en las pruebas, porque me entretenía estudiar y a medida que fui conociendo compañeros, nos llevábamos bien y, no sé, nunca sentí que no quisieran estudiar conmigo”, dice. “Estudiábamos en un grupo, íbamos a mi casa, después íbamos a dar las pruebas y a mí me iba bien, o quizás a veces incluso mejor que ellos. Entonces supongo que en ese aspecto, sin yo darme cuenta, de alguna manera ellos tenían un cierto respeto hacia mis habilidades. Yo lo pasé bien en la universidad desde ese punto, nunca tuve ninguna situación difícil, ni con los compañeros, ni con ningún profesor”.
“Y por otra parte, bueno, cuando ya formé una familia, me casé súper joven, pero mientras pololeamos, él tenía que ir conmigo los sábados a observar”.
—Tenía que saber el pololo que le iba a dedicar los fines de semana.
—Saber que los astrónomos teníamos que ir a observar a los telescopios, que iba a tener que estar viajando, así que conocía todas las condiciones cuando decidió que quería estar conmigo.
—El contrato venía con esa letra chica.
—Y ha funcionado hasta el día de hoy.
—En ese sentido, si mira hacia atrás en esta carrera tan larga. ¿Qué ha sido lo más desafiante para ser no una mujer en la ciencia, sino una persona en la ciencia, entonces?
—Lo más desafiante, la verdad es que yo creo que a medida que uno avanza en su carrera académica y en su desarrollo profesional, le toca ir asumiendo más responsabilidades. A las mujeres esas responsabilidades se dan mucho más tarde en la carrera profesional y académica, por distintas razones, como yo, que entremedio quería ser mamá. Yo sabía que me iba atrasar con respecto a mis colegas, para mí no era tema, era más importante poder cumplir ese otro sueño. Pero efectivamente cuando ya uno toma responsabilidades, yo diría que se relaciona con mis habilidades humanas que no eran tan desarrolladas, uno se encuentra con que trabajar en o colaborar o tener gente a su cargo es bastante más complejo.
—El recurso humano es más difícil que descubrir nuevos planetas.
—Sin duda, las personas tienen una diversidad y una variedad que por lo menos a mí me ha costado aprender. Me cuesta mucho interpretar los lenguajes no verbales. En eso soy quizás entre poco observadora de esos gestos o quizás ingenua. Yo creo que ha habido bastante ingenuidad, que me ha protegido de alguna manera de ciertas situaciones.
—Esa racionalidad que la caracteriza y también su mirada desde la ciencia, la hace ver a Chile y los cambios que han sucedido en todas estas décadas de una manera distinta. ¿La aprobleman otras cosas, como científica?
—Bueno, cuando uno es más joven se preocupa de su carrera profesional, de su familia. A medida que el tiempo fue pasando, me tocó involucrarme en temas más complejos, sobre todo en el desarrollo de la astronomía a nivel nacional y también de hacer conceptos, cumplir y modificar situaciones que eran asimétricas con respecto a los convenios internacionales que Chile había firmado para tener.
—Para la instalación de los observatorios internacionales en el país.
—La Universidad de Chile, como pionera en esto, firmó acuerdos que fueron muy visionarios que permitieron el desarrollo de la astronomía nacional, ya que en esos acuerdos se puso desde un comienzo que los científicos chilenos teníamos acceso a tiempo. Pero eso no era así con el Observatorio Europeo Austral y entonces ahí me tocó trabajar bastante para modificar esa situación y que también el 10% de ese tiempo fuera para los astrónomos chilenos. Así que eso fue como una contribución distinta que me tocó hacer. Aparte de la parte académica, una diplomacia.
“No soy muy diplomática, creo que eso es algo que he ido aprendiendo y desarrollando con el tiempo. En general somos mucho más de decir las cosas y de decirlas en las reuniones. Siempre me llamaba la atención de que en todos estos temas más políticos, hay muchas conversaciones de café y de pasillo, en las cuales yo no participaba. Entonces ahora aprendí que hay que tomarse el café, y ahora también me tomo el café”.
La importancia de la ciencia según Mónica Rubio

—Qué es lo que aporta el invertir en ciencia, el formar nuevas generaciones de científicos, a Chile en específico.
—Bueno, yo creo que no solo a Chile, pero el invertir en el desarrollo de la ciencia y las capacidades científicas de un país es fundamental en el progreso de una sociedad. Yo estoy convencida que la ciencia, así como la cultura, son parte muy importante de todo el quehacer de una sociedad, y que tiene que estar presente. En el caso particular de la ciencia, todos los fenómenos de la naturaleza, los científicos lo que quieren es tratar de explicarlos y entenderlos. Y para poder hacer eso, tienen que hacer experimentos que requieren de construir instrumentación, desarrollar tecnología que no existe. Y ese hecho es lo que motiva y lo que permite un desarrollo tecnológico, que después tiene los beneficios de aportar a la sociedad y al crecimiento de un país.
Y estos beneficios, en el caso de la ciencia, así como también en la educación, son de largo plazo, o sea, uno no puede estar viendo estos beneficios o estos impactos en la misma escala de tiempo que los procesos administrativos, los procesos políticos. (…) Esos desarrollos finalmente son aplicados al diario vivir y permiten el progreso de las sociedades. Entonces un país que invierte en el desarrollo de esta tecnología, puede hacer uso de todo lo que ahí se aprende, para mejorar entonces el progreso o tener un progreso de la sociedad.
—¿Y usted cree que en Chile esa inversión o esa preocupación y espacio que se le da a la ciencia, ha sido deficitario? ¿O ha avanzado?
—Yo creo que ha ido avanzando, no tan rápido como uno quisiera. Todos estos desarrollos científicos, tecnológicos, tienen un costo alto y requieren de largo plazo. Y por supuesto que eso tiene que balancearse de alguna manera con otras necesidades que tiene el país, a veces más urgentes. Ahora, yo creo que se podría hacer más en el país para poder tener estas políticas de más largo plazo. Pero por otra parte, han existido políticas de financiamiento, sobre todo el programa que a mí me parece estrella de la ciencia en Chile, Fondecyt, creado en los años 80, que permitió el desarrollo de la ciencia básica a niveles que no teníamos antes y que ha permitido entonces también tener una gran cantidad de científicos en todas las disciplinas que son capaces de competir a nivel mundial y cuya producción científica per cápita es muchísimo mayor que muchos países, sobre todo más alto que los países latinoamericanos. Entonces creo que sí ha habido un avance, pero estoy convencida de que Chile tiene mucho talento, de que tenemos que aprovechar ese talento, porque en el futuro, aprovechando ese talento vamos a poder progresar también como país en forma mucho más global.
—Respecto a eso, nos estamos enfrentando a otro problema, que ahora hay mucho más graduados, doctores, lo cual es maravilloso porque generamos conocimiento a nivel mundial, pero el problema es que después no tienen en qué trabajar. Un “exceso” de doctorados. ¿Es posible eso acaso? ¿Como que quizá es el desafío actual de haber entusiasmado a las nuevas generaciones con estudiar Astronomía y que se metan este tipo de carreras, pero después qué hacemos con eso?
—Bueno, yo diría que en Ciencia Exacta y en las carreras que se llaman STEM no tenemos tantos doctorados. De hecho, en las estadísticas de Becas Chile dice que solamente entre un 12 y un 15 por ciento de los estudiantes fueron a carreras de STEM, el resto fueron a otras áreas. Así que yo creo que en la medida que vayamos avanzando, incorporar estos talentos no solamente en la academia sino que también en otros ámbitos; creo que la administración pública requiere de muchos especialistas, porque los temas hoy día requieren de ese conocimiento también para que el desarrollo de empresas e industrias sea más competitivo a nivel internacional. Eso ha sido más lento de lo que uno esperaría. Y bueno, hay que seguir trabajando en tender esos puentes entre el mundo de la academia y estos otros mundos que componen una sociedad. Ha sido lento, pero yo tengo optimismo de que cada vez más, y en astronomía sin duda, que Chile es el lugar para estar, no le van a faltar a los astrónomos trabajo.
—¿Qué es lo que más la entusiasma y lo que más la preocupa de las nuevas generaciones de científicos y científicas chilenas? ¿Qué es lo que ve usted en esta gente joven?
—A ver, yo diría que lo que me entusiasma de la gente joven es que tiene mucha energía y tienen muchos sueños, y eso sin duda es una motivación muy grande para poder perseguir y lograr lo que ellos quieren. Una preocupación tiene que ver con la forma de abordar el trabajo que hay que hacer para ser científico. Para dedicarse a cualquier cosa se requiere mucha tenacidad, hay que estar trabajando permanentemente y creo que ahí el nivel de frustración o el nivel de entrega de los jóvenes es bajo, o sea, una vez que les va mal en algo, como que les cuesta salir adelante. Por otra parte, se requiere trabajo permanente, o sea, si uno quiere aprender piano, tiene que tocar todos los días y tiene que tocar cada vez más si quiere ir avanzando. Lo mismo pasa con todas las actividades, uno tiene que trabajar, uno tiene que estudiar, uno tiene que resolver los problemas todos los días. Y yo veo entonces en los estudiantes de que esa tenacidad, esa perseverancia que se requiere, no es su fuerza para hacer ciencia.
—¿Cómo ve que es la cercanía de los chilenos con el mundo científico? ¿Hay alguna? ¿Hay que trabajarla más?
—A ver, yo lo que puedo decir es que en astronomía somos privilegiados, porque el cielo, las estrellas, los planetas, es algo que todos tenemos, los conocemos, hemos tenido la oportunidad de mirar el cielo en una noche despejada, de ver una puesta de sol, de salir a caminar con luna llena. Y eso es una tremenda ventaja con respecto a las otras ciencias como la física, la química.
Entonces ese atractivo que tiene la astronomía hay que usarlo como vehículo para acercar esas otras ciencias a la ciudadanía. Hemos tenido dos eclipses de sol total hace poco, que toda la población, todos los ciudadanos, los niños, los jóvenes, los abuelitos, estuvimos mirando ahí cómo se tapaba el sol y que fue maravilloso. Las imágenes espectaculares que nos brindan todos los telescopios hacen que la astronomía sea un muy buen vehículo para difundir la ciencia. Y yo creo que cada vez más la ciudadanía está consciente de eso, le gusta la astronomía y está conociendo que Chile se reconoce a nivel internacional y a nivel mundial por la astronomía.
—Realmente lo bonito de eso, es que acercar la ciencia y la ciudadanía es acercarlos a hacerse preguntas tan profundas como quiénes somos, a dónde vamos, un pensamiento que nos conecta con algo muy del ser humano, de nuestra capacidad lógica.
—Son las preguntas que han acompañado a toda la humanidad desde siempre. Creo que esas preguntas no las va a contestar ChatGPT, son preguntas que tienen que ver mucho con cómo es el ser humano, dónde está, donde vive el ser humano, cómo es el planeta en este entorno maravilloso que es el universo.
—Pensando en su legado. ¿Por qué quería que la recordara?
—Me gustaría que me recordaran porque fui una buena persona, mucho más importante que cualquier descubrimiento científico.
—¿Le quedan sueños por cumplir?
—A ver… Sueños por cumplir… Mirar la tierra desde fuera.
—Para finalizar: ¿cómo describiría la experiencia de contemplar el cielo estrellado de Chile a alguien que nunca lo hizo?
—Bueno, el cielo estrellado de Chile en un lugar muy oscuro, realmente impresionante. Las zonas oscuras dentro de la Vía Láctea se ven y toda la parte de la luminosidad se ve con una cercanía y con una profundidad que uno no puede ver desde otras partes, sobre todo en el hemisferio norte. Sobre todo en el norte, a cinco mil metros, incluso en San Pedro de Atacama o cualquier parte del desierto. La transparencia de la atmósfera y la tranquilidad de la atmósfera hacen que todo se vea súper, súper nítido. Es como sentir como que uno puede levantar la mano y tocar las estrellas.



