Cerros de Chena: la historia de un grupo de amigos de San Bernardo que abrió un bar con identidad chilena en una de las esquinas más concurridas de Barrio Italia
Meses antes del estallido social y la posterior pandemia, un grupo de cinco amigos abrió un bar a escala humana, con la identidad de San Bernardo, comuna reconocida por su tradición folclórica y sus asentamientos prehispánicos. Uno de sus hitos más importantes, el Cerro Chena, inspiró el nombre de la cervecería que comenzaron en la casa de uno de los padres de los fundadores y, posteriormente, del bar que inauguraron en Barrio Italia.
Por Felipe Betancour 19 de Octubre de 2025
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A las 18 horas de un jueves, los primeros clientes llegan al Bar Cerros de Chena después del trabajo. Entre el sol que aún quema con fuerza y el ruido de los autos en Avenida Santa Isabel, el interior del local se convierte en un pequeño oasis y, al mismo tiempo, en un viaje en el tiempo, con referencias a épocas pasadas: un cuadro de Tres Tristes Tigres de Raúl Ruiz, un retrato de Carlos Caszely de su paso por el Mundial de 1982 y fotos de revista Estadio de la época en que Magallanes animaba los campeonatos de Primera División.
Estos guiños a épocas pasadas no son al azar; forman parte de un concepto más grande que se ha puesto de moda últimamente, no solo en locales, sino también en productos: volver a la “escala humana”, abrazar la tradición y evitar ser parte del circuito de las industrias o de la producción a gran escala. Estas definiciones reflejan los valores que no transa un grupo de amigos de San Bernardo, quienes cumplieron el sueño de tener su propio lugar.
Así lo explican los fundadores y dueños de la marca Cerros de Chena, que comenzó como una cervecería y luego se expandió con la idea de abrir un bar. De los cinco que componen el equipo, cuatro nacieron y se criaron en San Bernardo. Con el tiempo, fueron forjando una amistad y construyendo una relación que gira en torno a este lugar de encuentro.
El equipo está compuesto por Raúl Fariña, corazón del proyecto cervecero; Diego Castro (abogado); Gerardo Soto (ingeniero comercial); Daniel González (agrónomo) y Pablo Serrano (diseñador), todos unidos por un fuerte sentimiento de arraigo y compromiso con la identidad chilena.

Antes de Cerros de Chena, en ese mismo espacio había otro bar: Cortesano, que funcionó hasta 2019. Cuando estaba al borde del cierre, le ofrecieron el local a Diego Castro, quien siempre ha tenido espíritu emprendedor. Ante la oportunidad, impulsó a sus amigos a aceptar la propuesta, sin hacer una revisión exhaustiva del lugar ni planear en detalle la estructura del bar.
“Abrimos y no cambiamos nada. Empezamos a sacar cosas, pero no modificamos nada. Siempre pensando que íbamos a hacer todo muy de a poco, sin mucho riesgo y aprendiendo. Tenían un concepto de bar; he visto cómo querían hacer una cervecería”, cuenta Raúl Fariña, maestro cervecero de Cerros de Chena y corazón del proyecto.
El primer gran desafío fue sortear las restricciones del Estallido Social. Sin embargo, al estar a varias cuadras de la “zona cero”, pudieron sobrellevar el momento y atraer al público que normalmente se reunía en locales más cercanos a Plaza Baquedano. Esto no fue nada en comparación con la pandemia, cuando tuvieron que reinventar completamente el negocio, llegando incluso a vender plantas además de cerveza para llevar.
“Ya habíamos puesto en marcha algunas cosas. Habíamos obtenido un crédito para agrandar la cocina. Quedamos parados un mes, cuando cerraron Providencia, y después empezamos a abrir como bazar, vendiendo cerveza para llevar, cactus, quesos, aceitunas y suculentas”, cuenta el equipo. Todos estos productos también reflejaban el espíritu de los negocios locales, ya que muchos provenían de familiares de los socios del bar.
“Afortunadamente, durante la pandemia logramos consolidarnos como una especie de comunidad con los vecinos de acá”, dice Pablo Serrano, diseñador y parte del grupo fundador. Agrega que un año después de salir de la pandemia pudieron ver los frutos de la apuesta del local, que incluso pudieron ampliar tras la quiebra de los locales aledaños.
Un lugar con cerveza propia
Sorteando la pandemia y esquivando los problemas económicos que afectaron a otros locales del sector, Cerros de Chena logró posicionarse como el bar que es hoy, donde, por supuesto, resalta su propia cerveza.
La más vendida es la Rubia Popular, una refrescante blonde ale con un amargor bajo y 4,7° de alcohol. También Portezuelo figura entre las favoritas de los clientes: una American Amber Ale ligera con 5,5° de alcohol. En línea con los guiños y recuerdos del pasado, cada lata tiene un diseño que cuenta la historia de San Bernardo, al igual que sus nombres.
En el caso de la Rubia Popular, la lata muestra carreras de autos antiguas que se hacían desde Puente Alto hasta San Bernardo, con una foto del paso por el paradero 41 de Gran Avenida. Otra cerveza, por ejemplo, lleva el nombre de Catemito, en referencia a un antiguo camino rural ubicado en el límite de San Bernardo y Calera de Tango.

Este homenaje tiene relación directa con los inicios de la cervecería en 2007. Las primeras ventas fueron en el Festival de Folklore de San Bernardo; el primer año la producción fue muy rústica, con apenas 20 litros. “También se probó la buena recepción, porque era algo que no había en San Bernardo y que gustó mucho a la gente”, dice Pablo Serrano sobre los comienzos de la marca.
La cervecería sigue ubicada en el mismo lugar desde 2007: Av. América 1148, a pasos de la estación Lo Blanco de EFE. Ese espacio era la casa de los padres del maestro cervecero, quienes, ante el crecimiento de la fábrica, tuvieron que mudarse. La planta, que hoy produce 10.000 litros mensuales, es operada por la misma familia de Raúl.
Los nueve estilos de cerveza se pueden encontrar actualmente en el bar y también en algunos bares y botillerías, pero no en supermercados. “Ellos no lo necesitan y nosotros tampoco”, dicen los fundadores, que buscan mantener las ventas a una escala humana. “Por ejemplo, los vinos o los vermouth que ofrecemos acá los compramos directamente, sin pasar por distribuidores. Esa es la escala que nos interesa”, explica Pablo.
Ambos coinciden en que una de las deudas pendientes es poder abrir otro bar en San Bernardo, cerrando así el círculo que comenzó como un proyecto en 2007, cuando la cerveza artesanal aún no había experimentado el boom que llegaría años después con productores de todo el país.
“Hoy en día es mucho más sencillo encontrar insumos, lúpulo en general y variedades de materias primas. Antes, no; esto era mucho más complejo”, dice Fariña.
Bailando en Chena
Volviendo a Barrio Italia, el local de cerveza no solo se ha convertido en un punto de encuentro para gente joven y vecinos del lugar, sino que también han apostado por la música en vivo, abarcando distintos estilos, desde el pop hasta la cueca. Por ejemplo, para celebrar los cinco años del local, invitaron al dúo de San Felipe Denver para que tocaran. También han pasado importantes nombres de la música, como Javiera Parra, Gepe, Dominga Corral y varios jazzistas.
Incluso un amigo de los fundadores, Cristo Salves, les dedicó una canción titulada “El Bar”: “Me gusta ir al bar, encontrarme contigo y con todos los amigos que siempre están. Nada como tomar esa primera cerveza y fumar hasta que amanezca”, una descripción perfecta del sentimiento de bar cercano y amigo que los dueños buscan alimentar, sellando un lazo con su comunidad.
La idea de traer bandas comenzó, como todo en el bar, a partir de una conversación sin mucha estructura, como una idea de un grupo de amigos. Se prestaba el espacio para que alguien se animara a tocar, y a la gente le empezó a gustar. Así empezó a formarse una comunidad de músicos; de hecho, ya tienen agendado el resto del año para distintos artistas. Lo importante es darle cabida a muchos estilos musicales.
“También ser más relajado, sin un escenario como tal, sin tanta challa, sin maquillajes; que sea como de una casa, que alguien pueda tocar más o menos como entonces”, explican.
Ese espíritu relajado también lo comparten con sus propias familias, quienes también van al bar: algunos a trabajar, otros a celebrar. Por ejemplo, Pablo hizo su fiesta de matrimonio en el local, y Raúl conoció a su señora allí. Otros han tenido hijos durante estos años, haciendo que la familia de Cerros de Chena crezca aún más.
Sin campañas en redes sociales —admiten que son flojos para eso— apuestan por el boca a boca para que más gente llegue al lugar. Aceptar la espontaneidad y la simpleza de las cosas ha marcado estos años del local, aunque también reconocen que el barrio se ha visto beneficiado por la migración del público de Bellavista, que, ante la sensación de inseguridad, prefiere acercarse a Barrio Italia.



