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Opinión

1 de Noviembre de 2025
Columna de Marco Moreno
Columna de Marco Moreno
Ilustración: Sandro Baeza / The Clinic

Kast: segundo en todas las encuestas, pero lejos de ser ‘el’ candidato opositor

Foto autor Marco Moreno Por Marco Moreno

"La derecha vive una tensión dentro de su propio espacio: Kast tiene un electorado duro, pero su capacidad de expansión se ve limitada por la fragmentación opositora. Matthei interfiere en el centro, Parisi captura desafección y Kaiser erosiona el flanco derecho", dice Marco Moreno en su columna de esta semana, en la que analiza la baja del candidato republicano en las encuestas, pero que mantiene sólido su segundo lugar que le permite hasta ahora pasar al balotaje.

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Los sondeos recientes insisten en una estabilidad llamativa: desde hace tres meses, las posiciones casi no se mueven. Jeannette Jara se consolida en el primer lugar, en buena medida porque corre sola en el oficialismo. En cambio, José Antonio Kast, aunque se mantiene segundo, enfrenta un dilema estratégico mayor: no logra convertirse en la alternativa de la oposición. La razón es evidente: Matthei, Kaiser y Parisi se disputan el mismo electorado que él necesita para ensanchar su base y proyectar liderazgo sobre todo el sector.

Pero esta fotografía comienza a moverse, no por cambios estructurales, sino por gatillantes de atención como la franja televisiva y los debates. Son momentos institucionalizados que obligan a mirar la política, activando a los indecisos y votantes volátiles, especialmente entre los llamados “votantes obligados”, actor central del nuevo ciclo bajo voto obligatorio: muchos no tienen preferencias fuertes y toman decisiones muy cerca de la elección.

Foto: The Clinic

A este cuadro se suma un fenómeno decisivo: el 1 de noviembre comenzó la veda de encuestas. Desde entonces, la opinión pública dejará de ver datos que confirmen o contradigan percepciones. Es el terreno fértil del efecto vagón de cola: cuando la ciudadanía percibe a un candidato como ganador o perdedor, esa idea puede atraer o espantar apoyos al margen de los hechos. En el caso de Kast, el riesgo es quedar atrapado en la etiqueta del “eterno segundo” justo cuando los ciudadanos empiezan a decidir.

Además, opera el efecto de espiral del silencio: si un votante cree que su opción no es mayoritaria, puede ocultarla o incluso modificarla para no “perder el voto”. La derecha vive esa tensión dentro de su propio espacio: Kast tiene un electorado duro, pero su capacidad de expansión se ve limitada por la fragmentación opositora. Matthei interfiere en el centro, Parisi captura desafección y Kaiser erosiona el flanco derecho.

La literatura de competencia multipartidista (Sartori, Mair) muestra que en sistemas fragmentados la oposición tiene dificultades para articular un liderazgo único. Lo que ocurre es que el votante se distribuye en nichos electorales, generando un “efecto de dispersión” que erosiona la capacidad de un candidato para transformarse en opción mayoritaria. Kast, aunque mantiene un “piso duro” de apoyo derivado de su identidad ideológica clara, no logra expandirse hacia los márgenes moderados. Ese es su verdadero dilema: Kast, aunque competitivo para segunda vuelta, no logra convertirse en candidato de síntesis. Queda atrapado en lo que Giovanni Sartori llamaba polarización segmentada: más energía en la disputa interna que en contrastar a su antagonista real.

Si se observa bajo la lógica de los sistemas de coalición (Lijphart, Sartori), Kast aparece atrapado en un dilema estratégico: ¿debe apostar por mantener la radicalidad que le asegura lealtad de su base, o moderar el discurso para ampliar su alcance? Cualquiera de las dos decisiones tiene costos altos.

La primera lo confina a su nicho ideológico, sin capacidad de crecer; la segunda puede alienar a su electorado duro, facilitando el trasvasije hacia Kaiser. El resultado es un bloqueo político que lo mantiene en segundo lugar, pero lo debilita como figura unificadora.

Consciente de estas restricciones, su comando recalibró la estrategia: instalar el voto útil antes de que opere la veda, y vincular el resultado presidencial con la necesidad de asegurarse mayoría en el Congreso.

La tesis es simple: solo un Kast fuerte en primera vuelta evita que el sector llegue debilitado al Parlamento y garantiza gobernabilidad futura. Es un argumento táctico que busca disciplinar al electorado opositor mediante un cálculo frío: “Divididos perdemos, unidos aseguramos poder”.

En definitiva, Kast encarna lo que el politólogo Peter Mair definió como el vacío de la oposición: un candidato central en los datos, pero con baja capacidad integradora. Mientras Jara avanza sin rivales internos, él está sufriendo el desgaste en una guerra de fracciones dentro de su propio sector. Su apuesta por el voto estratégico —y por una mayoría parlamentaria que lo sostenga— busca contener la fuga de apoyos y disciplinar a una derecha que no lo reconoce como jefe. Pero, por ahora, la paradoja persiste: Kast lidera la oposición… salvo dentro de la oposición.

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