Opinión
2 de Noviembre de 2025
Ley de etiquetado para políticos
Por Ignacio Bazán
Antes, un UDI era un UDI. Un PS era un PS y un DC, un DC. Pero esto ya no es así. Al menos, no siempre. El símbolo de esta brecha hoy es Jeannette Jara, quien se autopercibe PC, pero hoy habla y hace cosas de socialdemócrata. Casos de este tipo hay más y en diferentes partidos. Y. tal como ocurrió con los alimentos y sus sellos, quizás necesitamos una ley de etiquetados para políticos. Algo que nos ayude a identificar a quienes dejaron de tener el alma en sus partidos y, por lo tanto, dejaron de representar a esos proyectos, para identificarse con otras ideas.
Compartir
Hace ya una década se impulsó desde el Minsal una ley de etiquetado de alimentos con una serie de sellos hexagonales que van en los paquetes de comida y que ya casi son parte de la cultura pop nacional: ‘Alto en calorías’, ‘Alto en sodio’, ‘Alto en grasas saturadas’.
En fin, las marcas del rubro alimentación siempre pelearon contra estos sellos, porque muchos productos que parecían saludables podían ocultar que eran ‘Alto en azúcares’. Y si acumulabas cuatro sellos, el póker del etiquetado en un paquete, era prácticamente mejor transparentar y poner la calavera del veneno para ratas. No, nunca tanto, pero se entiende.
Teniendo a la vuelta de la esquina unas nuevas elecciones, pensaba en lo valioso que sería tener una serie de etiquetados para la clase política. Porque una carrera, una cara, incluso un legado, ya no son suficiente. Muchas veces los dichos y acciones de nuestros políticos están totalmente disociados del partido en el que militan. Y eso no es menor, porque un partido nos puede entregar automáticamente una bajada sobre dónde esa persona se posiciona en la vida y qué tipo de proyecto quiere para el país.
Gladys Marín era del PC y no había ninguna duda de ello. Sebastián Piñera, absolutamente RN. Si daba un paso a la derecha caía, en la UDI, y si daba un paso hacia la izquierda caía en la DC, y en ambos hubiese estado a contrapelo, forzado. ¿Alguien imagina a Guido Girardi en un partido que no sea el PPD? ¿A Michelle Bachelet fuera del PS?
Nos gusten o no, este tipo de políticos nos han hecho la vida más fácil. Sabemos dónde se paran y sabemos que sus ideas están mayoritariamente alineadas con el partido que representan. De alguna forma, de eso se trata la transparencia.
Pero hace varios años, y diría que, coincidiendo con el fin del binominal y, también, con la masificación de las redes sociales, que también aleonan el disfraz, esto dejó de ser algo que se tenga que dar por sentado. La militancia política, que supuestamente funciona como una suerte de ley de etiquetado de las ideas, dejó de ser un predictor de acciones y valores de los políticos en torno a un proyecto común de partido.
Y ahora, lo que necesitamos tal vez, es que los que se autoperciben PS, pero actúan como Amarillos, tengan algún sello hexagonal en alguna parte que nos despeje esta disociación de ideas. Algo que nos clarifique la información en estos tiempos tan confusos.
Aunque hay un montón de casos, voy a empezar con el que está más a mano hoy: Jeannette Jara, que en su rol de candidata presidencial se ve incómoda en el PC, pero sigue militando en ese partido. Hoy evita referirse al estallido social (a pesar de su foto con polera del perro matapacos), habla de encabezar a la centroizquierda e, incluso, coquetea con la idea de ser socialdemócrata.
Para cualquiera que fuera a votar por una candidata del PC, el partido desde donde sale todo el fuego amigo de Lautaro Carmona y Daniel Jadue, tironeándola a la fuerza hacia la izquierda, se necesita algún tipo de advertencia. “Candidata PC, pero de centroizquierda, puede ser un sello. Candidata PC, pero alta en social democracia”, puede ser otro.
Más sellos y más políticos
Quizás un símbolo de este desalineo entre militancia y verdaderos colores políticos es el expresidente de RN, Carlos Larraín.
Siempre fue difícil de entender cómo Renovación Nacional, por mucho tiempo el partido más liberal de la derecha (hasta la llegada de Evópoli) era liderado por Larraín, un hombre más conservador que incluso muchos UDI. La respuesta desde ese círculo era simple: buena parte de las razones de que RN tuviese un presidente que iba a contrapelo del núcleo más despeinado, era que ayudaba a financiar campañas.
Siendo aún militante RN, en esta nueva elección, Larraín, sin sorprender demasiado, anunció que apoya a José Antonio Kast. Es decir, se saltó a RN y la UDI, para plegarse al candidato del partido Republicano, algo nada reprochable la verdad, pero uno esperaría un cambio de partido, tal vez, a estas alturas. Transparentar que las ideas terminaron de cuajar y se fueron simplemente hacia otro lado.
En ese mismo partido está la diputada Camila Flores, orgullosamente pinochetista, y de quien nadie se sorprendería un voto silencioso a Kast o incluso a Kaiser en esta elección, con quien ya ha tenido ciertos coqueteos políticos.
Por el lado del PS existe un caso emblemático: Fidel Espinoza, quien desde su posición de senador del partido ha sido estos cuatros años prácticamente un opositor más del gobierno de Gabriel Boric. Y aunque muchas veces uno le pueda encontrar razón, no se entiende realmente el tipo de matrimonio por conveniencia que tiene con su partido. Una vuelta por su cuenta de X basta para darse cuenta de que hace mucho duermen en habitaciones separadas.
Tal vez, sería apropiado un enroque entre el senador DC Francisco Huenchumilla y el mismo Espinoza. Desde el estallido hasta esta parte, ambos parecen estar en el partido equivocado. Pero bueno, también hay que decir que en la DC hay gente con ideario bien de izquierda y que se mantiene en el partido por una cosa más bien cristiana. Algo que me imagino le pasa a Yasna Provoste, que en la campaña pasada parecía más de izquierda en muchos temas que el mismísimo Gabriel Boric.
Sería injusto terminar esta columna sin valorar a quienes se sintieron incómodos, desalineados de sus partidos y se terminaron yendo por diferentes razones. El caso de los ex DC que eran muy de derecha para convivir con alianzas con el PC o con decisiones partidarias que los volvían a poner en la órbita de la coalición concertacionista y que se había avergonzado de su legado ante la nueva generación del Frente Amplio.
Ximena Rincón, Matías Walker, que se fueron a Demócratas, son dos casos emblemáticos. Pero en Amarillos hay varios exministros concertacionistas como el exradical, Isidro Solís, o la ex DC, Mariana Aylwin.
El mismo José Antonio Kast hizo ese recorrido para salir de UDI y formar su propio partido en 2019. A buena hora, porque durante el estallido ayudó al desfonde de Sebastián Piñera por la derecha. Lo antinatural hubiese sido seguir siendo parte de la UDI desde esa posición totalmente crítica.
Casos de este tipo hay muchos más, son solo algunos los que se vienen a la mente ahora. Pero en tiempos en que se pide más transparencia de información, en que por ahí necesitamos entender desde dónde se paran nuestros políticos, no estaría nada mal una ley de etiquetado, solo para identificar a quienes se autoperciben de un partido, pero en realidad son otra cosa.
Votar sería bastante más fácil. Y sin la mala sangre de las falsas ilusiones.



