Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

18 de Noviembre de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Socialismo Democrático: ratificados, pero interpelados

Foto autor Danilo Herrera Por Danilo Herrera

El analista Danilo Herrera analiza el presente del Socialismo Democrático tras la primera vuelta presidencial y la elección del nuevo Congreso. "Si el Socialismo Democrático quiere futuro como proyecto, debe asumir la experiencia real de esa mayoría social que ha mejorado por su esfuerzo, que no se siente convocada por épicas ni refundaciones, que pide orden justo, mérito, protección frente a los abusos y progreso concreto. Cuando dejamos de hablar en ese registro, otros ocupan ese lugar", escribe.

Compartir

Contra el guion que algunos se apuraron en instalar, las elecciones parlamentarias no dejaron al Socialismo Democrático como un actor marginal, sino como una de las fuerzas más relevantes del nuevo Congreso. Entre el Partido Socialista, el PPD, el Partido Liberal y los diputados del Partido Radical, el bloque alcanza 25 diputados. Si sumamos a la DC, la bancada llega a 33 escaños. En el Senado el espacio suma 12 senadores. No es un detalle: el Socialismo Democrático sigue siendo un actor decisivo en el Congreso que Chile eligió.

Precisamente por eso, la autocomplacencia sería un error. La pregunta central no es cómo quedamos frente al FA o al PC, sino por qué tantos sectores de clase media emergente y jóvenes que alguna vez fueron parte natural de nuestro mundo buscaron representación en espacios ajenos, pese a que siempre estuvimos cerca de sus preocupaciones. El crecimiento del PDG y la vigencia de Parisi muestran una conversación que dejamos de tener.

Si el Socialismo Democrático quiere futuro como proyecto, debe asumir la experiencia real de esa mayoría social que ha mejorado por su esfuerzo, que no se siente convocada por épicas ni refundaciones, que pide orden justo, mérito, protección frente a los abusos y progreso concreto. Cuando dejamos de hablar en ese registro, otros ocupan ese lugar.

Y aquí está el punto central: volver a convencer. No desde la superioridad moral, no desde la mirada academicista, no desde la nostalgia de la transición que a veces nos inmoviliza, sino con humildad democrática, un tono directo y menos solemne. Hay que explicar con claridad por qué nuestras ideas son mejores para la estabilidad del país, para el bienestar cotidiano, para las oportunidades de quienes sostienen Chile con su trabajo. Esa es la verdadera disputa del Socialismo Democrático.

En ese camino, la convergencia entre nuestros partidos, incluso la posibilidad de una futura fusión, es razonable y hasta necesaria. Pero sería un error creer que el problema se resuelve reorganizando siglas. La unidad orgánica ayuda, pero no reemplaza lo esencial: reconstruir un relato claro, actual, conectado con la vida real de esa mayoría social que hoy mira hacia otros lados. La arquitectura partidaria se puede ajustar, el relato no se puede improvisar.

El desafío es volver a ser un proyecto para esa mayoría que no se reconoce en cruzadas ideológicas ni en rabias antisistema, que no milita pero sí vota, que pide certezas antes que discursos. Tenemos bancadas relevantes y una tradición que todavía tiene fuerza, pero nada de eso basta si no sabemos para quién queremos gobernar ni cómo queremos hablarle. Chile cambió más rápido que nosotros. Ahora nos toca alcanzarlo de verdad: sin excusas, sin nostalgias, con soluciones que estén a la altura de lo que tanta gente sigue esperando.

Notas relacionadas